domingo, 29 de noviembre de 2015

DOMINGO 1º DE ADVIENTO


¡Levanten la cabeza, porque está por llegarles la liberación!

Empezamos el tiempo llamado de “Adviento”. Le seguirán otros: Navidad, Cuaresma y Pascua. Todos ellos significan ciclos espirituales por los que pasamos las personas y las comunidades. Nos configuran distintos periodos de tiempo que nos hacen madurar espiritualmente y que nos ayudan cada año a profundizar en el propósito de nuestra vida. ¿Cuál será la esencia del ciclo espiritual del Adviento? Podemos apuntar una palabra: llegada.

El Adviento es un tiempo de llegada de las cosas de Dios envueltas en circunstancias personales, comunitarias, sociales que irán variando según los lugares en donde nos encontremos. No es tanto un tiempo de clamar: ¡Ven Señor Jesús! Jesús ya vino hace 2015 años. Es un tiempo de levantar la cabeza, los ojos, el corazón, la vida, la comunidad al Reino de Dios, a un mundo nuevo que está llegando cada día más y que un día llegará plenamente. El Evangelio de San Lucas y su anexo (los “Hechos de los apóstoles”), la carta de San Pablo a los Tesalonicenses (2ª lectura) nos ayudarán a ahondar en esa presencia del “retoño legítimo de David que hará justicia y derecho en la tierra” que anunciaba Jeremías (1ª Lectura) y nos darán fuerzas para lograr su plenitud.

Adviento es un tiempo de pararnos y ver las señales (evangelio) del Reino que llega a nivel del planeta tierra, a nivel de las relaciones sociales y también a nivel personal. Es verdad que también se tambalearán las fuerzas del universo; es decir algunas realidades que parecían tener consistencia hasta ahora (la paz, la honradez, la esperanza, la convivencia, la solidaridad, el amor). Pero el Adviento nos invita a ver en todo ello –señales y fracasos- motivos de camino, de lucha, de indignación y de confianza porque hay salida. “Un tal Jesús” (título del libro de los hermanos Vigil) vino un día no muy lejano a mostrarnos el camino de la creación de un mundo nuevo y sigue ahí caminando a nuestro lado alentándonos con su Espíritu.

DIOS NOS HABLA. CONTEMPLAMOS SU PALABRA.

I LECTURA

“El Mesías, nuestro rey esperado, probablemente pase por similares experiencias, porque como enseñaron nuestros Maestros, los sucesos de los antiguos sirven como señales para los nuevos. Así que no esperemos terremotos, cometas cayendo, inundaciones, guerras nucleares, estrellas en los cielos, invasión de platos voladores, camellos con reyes desconocidos. 
Esperemos que acontecimientos normales se transformen en liberación. Esperemos a que lo normal y probable, tantas veces imposible de lograr, como la paz, la armonía entre los diversos grupos humanos o el cuidado del planeta, se haga posible”

Lectura del libro de Jeremías 33, 14-16

Llegarán los días –oráculo del Señor– en que yo cumpliré la promesa que pronuncié acerca de la casa de Israel y la casa de Judá: En aquellos días y en aquel tiempo, haré brotar para David un germen justo, y él practicará la justicia y el derecho en el país. En aquellos días, estará a salvo Judá y Jerusalén habitará segura. Y la llamarán así: “El Señor es nuestra justicia”.
Palabra de Dios.

Salmo 24, 4-5a. 8-10. 14

R. A ti, Señor, elevo mi alma.

Muéstrame, Señor, tus caminos, enséñame tus senderos. Guíame por el camino de tu fidelidad; enséñame, porque tú eres mi Dios y mi salvador. R.

El Señor es bondadoso y recto: por eso muestra el camino a los extraviados; él guía a los humildes para que obren rectamente y enseña su camino a los pobres. R.

Todos los senderos del Señor son amor y fidelidad, para los que observan los preceptos de su alianza. El Señor da su amistad a los que lo temen y les hace conocer su alianza. R.

II LECTURA

Esperamos un encuentro definitivo. Sin saber cuándo o cómo será, creemos que será definitivo. Nos preparamos para ese encuentro. Y, ¿cómo lo hacemos? San Pablo nos ayuda a descubrirlo: a través del amor mutuo y solidario.

Lectura de la primera carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Tesalónica 3, 12—4, 2

Hermanos: Que el Señor los haga crecer cada vez más en el amor mutuo y hacia todos los demás, semejante al que nosotros tenemos por ustedes. Que él fortalezca sus corazones en la santidad y los haga irreprochables delante de Dios, nuestro Padre, el Día de la Venida del Señor Jesús con todos sus santos. Amén. Por lo demás, hermanos, les rogamos y les exhortamos en el Señor Jesús, que vivan conforme a lo que han aprendido de nosotros sobre la manera de comportarse para agradar a Dios. De hecho, ustedes ya viven así: hagan mayores progresos todavía. Ya conocen las instrucciones que les he dado en nombre del Señor Jesús.
Palabra de Dios.

ALELUYA        Sal 84, 8
Aleluya. ¡Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación! Aleluya.

EVANGELIO

Ver al Señor que desciende es una hermosa imagen. Consideramos que el Señor volverá del mismo modo que se elevó desde este mundo. Por eso, repetimos imágenes maravillosas y que nos ayudan a ver que el Señor nunca nos abandonará. En este tiempo de Adviento, que hoy empezamos, esperamos no solamente la venida de Jesús hecho hombre y nacido de mujer, sino también su retorno triunfante, glorioso, y resucitado.

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 21, 25-28. 34-36

Jesús dijo a sus discípulos: “Habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas; y en la tierra, los pueblos serán presa de la angustia ante el rugido del mar y la violencia de las olas. Los hombres desfallecerán de miedo ante la expectativa de lo que sobrevendrá al mundo, porque los astros se conmoverán. Entonces se verá al Hijo del hombre venir sobre una nube, lleno de poder y de gloria. Cuando comience a suceder esto, tengan ánimo y levanten la cabeza, porque está por llegarles la liberación. Tengan cuidado de no dejarse aturdir por los excesos, la embriaguez y las preocupaciones de la vida, para que ese día no caiga de improviso sobre ustedes como una trampa, porque sobrevendrá a todos los hombres en toda la tierra. Estén prevenidos y oren incesantemente, para quedar a salvo de todo lo que ha de ocurrir. Así podrán comparecer seguros ante el Hijo del hombre”.
Palabra del Señor.

MEDITAMOS LA PALABRA DE DIOS.

En la introducción se decía que el Adviento es el ciclo espiritual que nos invita a ahondar en la llegada, o en la venida, del Reino de Dios. Los primeros cristianos especialmente y también los de otras épocas y los de la época actual en el Adviento ahondamos en la venida de Jesús y el Reino y promovemos su venida definitiva. Es lo que los cristianos de la primera generación llamaban preparar la “Parusía”. “Parusía” era en el lenguaje civil la “venida” o “llegada” del emperador con pompa y boato. Pero “Parusía” era para los seguidores de Jesús su llegada definitiva y la instauración en el mundo de un nuevo orden, nada parecido al anterior, donde se diera de verdad el cumplimiento de los derechos humanos. Donde “los jefes de las naciones no dominen sobre ellas y los poderosos no hagan sentir su autoridad” (Mt.20,25-27)

La “llegada” a nivel personal

Siempre ha estado ahí ese anhelo, esa mirada, esa pregunta por la llegada a cada corazón. No siempre sabemos ponerle nombre, pero, tenemos sed de Jesús, de justicia, de respuestas, sobre todo, de amor. De un amor radical, profundo, incondicional y eterno. En este tiempo de Adviento se nos recuerda que Jesús y su Reino están viniendo a nuestro corazón. En este tiempo de Adviento se nos pide un toque de atención para no distraernos con anhelos que se agotan pronto, con hambres que no nos satisfacen, con motivos que nos entretienen pero no nos dan sentido. San Agustín llamaba a esta búsqueda “corazón inquieto”: “nos has hecho para Ti y nuestro corazón está inquieto hasta que repose en Ti”. En Adviento vamos a dar alas a ese anhelo de absoluto que no puede resolverse en el tiempo y el espacio pero que si puede mostrarse ya en pequeñas actitudes que vamos a ir poniendo en nuestra vida.

La “llegada” del Reino a nivel global

También hace unos meses el Papa Francisco publicó su encíclica “Laudato si” sobre el cuidado de la casa común que es nuestro mundo. En ella se pregunta cómo es posible que se pretenda construir un futuro mejor sin pensar en la crisis del ambiente y en el sufrimiento de los excluidos. “El desafío urgente de proteger nuestra casa común incluye la preocupación de unir a toda la familia humana en la búsqueda de un desarrollo sostenible e integral, pues sabemos que las cosas pueden cambiar. El Creador no nos abandona, nunca hizo marcha atrás en su proyecto de amor, no se arrepiente de habernos creado. La humanidad aún posee la capacidad de colaborar para construir nuestra casa común. Deseo reconocer, alentar y dar las gracias a todos los que, en los más variados sectores de la actividad humana, están trabajando para garantizar la protección de la casa que compartimos. Merecen una gratitud especial quienes luchan con vigor para resolver las consecuencias dramáticas de la degradación ambiental en las vidas de los más pobres del mundo (Laudato si, nº 13). El ámbito de la miseria y de la degradación del medio ambiente también es un espacio que requiere nuestra reflexión y compromiso político y social alentado por las palabras del Papa Francisco.

La “llegada” a nivel eclesial

Es evidente que la llegada del Papa Francisco ha supuesto la entrada de un aire fresco por las puertas y ventanas de la Iglesia.” Evangeli Gaudium” recogió su programa. Hace falta que personas y comunidades recojamos su legado y allí donde se desenvuelve nuestra vida cristiana cada día hagamos posible que estás palabras tomen cuerpo. Hay ámbitos que deben crecer: la renovación de nuestras celebraciones litúrgicas, la profundización en la palabra de Dios mediante la “lectio divina”, la promoción de la mujer y del laicado en nuestras parroquias y comunidades, la democratización de nuestras parroquias y comunidades, la opción preferencial por los pobres, la creación de comunidades vivas. La presencia de Jesús y su Reino se debe notar en estas cosas. Lo mismo que debe notarse en nuestras “iglesias domesticas”. La familia ha de ser un espacio de vivencia y educación en los valores de Jesús, poniendo un especial énfasis en la igualdad de hombre y mujer, en la educación en la fe de los hijos, en la apertura a las necesidades que nos rodean, y en el especial cuidado de los mayores. El reciente Sínodo de la Familia nos dará pautas para acercarnos con cariño a aquellas familias que necesiten una especial atención.


ESTUDIO BÍBLICO

Se acerca nuestra liberación

Iª Lectura: Jeremías (33,14-15): El Señor es nuestra justicia

I.1. Forma parte esta hermosa lectura de los oráculos de salvación del profeta, oráculos que presentan al pueblo la restauración, oráculos de esperanza (cc. 30-33). Todos estos epígrafes encuentran su equivalencia en esos oráculos que proponían la restauración del reino del Norte, Israel y también para Judá. Quizá no responden a una etapa demasiado concreta de su vida de profeta “quemado” por la palabra de Dios. Pero un profeta no sería verdadero si además de anunciar el “juicio” no se atreviera también con la salvación y la restauración. Jeremías, asimismo, tenía alma y sensibilidad para ello. Un profeta perseguido como él siempre se atreve a ver más allá de lo que los demás ven o experimentan. Es un oráculo que se repite en su obra como podemos cotejar en Jr 23,5-6. El profeta juega con el nombre nuevo que ha de llevar el descendiente de David: “Señor, justicia nuestra” (Yhwh sidquenû), de la misma manera que Isaías 7,14 le pondrá, simbólicamente, al descendente de Acaz, “Dios con nosotros” (Inmanûel), y ya sabemos la trascendencia que ese nombre ha tenido para la teología mesiánica cristiana. Los nombres significan mucho en la Biblia y si son simbólicos con más razón.

I.2. El exhorto del profeta Jeremías reza así: el Señor es nuestra justicia. No es un título, sino el proyecto y el compromiso del Dios de la Alianza, con Israel y con todos los pueblos. Ese es el Dios que se encarna, el que hace justicia. Que es más que dar a cada uno lo que le pertenece. Esa idea de justicia (sdq) es algo pobre para el Dios de Jesucristo. Significa mucho más: Dios levanta al oprimido; hace valer al que no vale, porque a Él todos los seres humanos le importan como hijos; hace abajarse al que se ha levantado hasta las nubes sin valer, apoyándose en un poder que no le pertenece. Ese proyecto y ese compromiso divino, sin embargo, no se impone por la fuerza, como hacen los poderosos de este mundo con sus estrategias, sino que se nos llama en el Adviento a considerarlo como una espera y esperanza para convertirnos a El. Así podemos precisar el primer paso del Adviento: la conversión al Dios de una justicia prodigiosa. Y la conversión es mucho mas que hacer penitencia; es un cambio de mentalidad, un cambio de rumbo en nuestra existencia, un cambio de valores. Porque cuando se cambian los valores de nuestra vida, transformamos nuestra forma de ser, de vivir y de actuar.

IIª Lectura: Iª Tesalonicenses (3,12-4,2): La dedicación a lo divino

II.1. Esta es una invocación de Pablo, urgido y urgiendo a la comunidad para preparase a la pronta “venida del Señor”. Hoy día no cabe duda que Pablo pensó ver este momento con sus ojos. Como la mayoría de los primeros cristianos pensaba que la “parusía”, la presencia efectiva del Señor resucitado estaba a punto de llegar. Después fue cambiando poco a poco esa mentalidad influida por un perfil apocalíptico por una visión histórica más concorde con la realidad de “transformar” el mundo y “transformarse” personalmente a imagen de Cristo, por medio del amor y de la muerte. Eso es lo que se infiere del final de esta invocación que habla de la “manifestación (parousía) de nuestro Señor Jesucristo”. Después Pablo llegaría a la conclusión personal de que esa experiencia de la manifestación había que vivirla personalmente en el momento de la muerte (cf 2Cor 4,7-15; Flp 3,7-11).

II.2. En todo caso ¿qué expone como punto práctico?: pues una disposición que hay que tener para el día del encuentro del Señor (también expresado en lenguaje apocalíptico): un amor más grande a todos los hombres, porque esa es la forma de progresar en la santidad. Muchas veces nos preguntamos qué es ser santo. Pues aquí encontramos una buena respuesta: es vivir amando siempre, cada vez más, sin excepción, como Dios mismo hace. Por eso se le define a Él como el Santo: porque no excluye a nadie de su amor. Sin duda que el Apóstol nos habla de algo inconmensurable, utópico: ¡cuando amemos a todos los hombres! Así es la respuesta, la conversión, al Dios de la justicia, al Dios de la encarnación, al Dios de la Navidad, para lo que nos prepara el Adviento. ¿Cómo podemos, pues, vivir dedicados a Dios? Amando a todos los hombres. Esa es la dedicación del cristiano a lo divino.

Evangelio: Lucas (21,25-28.34-36): Se acerca nuestra liberación

III.1. Todos los años comenzamos el nuevo ciclo litúrgico con el Adviento, que es presencia y es llegada. Es una presencia de siempre y constantemente renovada, porque nos preparamos para celebrar el misterio del Dios que se encarna en la grandeza de nuestra miseria humana. En el Primer Domingo de Adviento, "Ciclo C" del año litúrgico, que estará apoyado fundamentalmente en el evangelio de Lucas, se ofrece un mensaje lleno de fuerza, una llamada a la esperanza, que es lo propio del Adviento: Levantad vuestras cabezas porque se acerca vuestra liberación. Esa es la clave de la lectura evangélica del día. No son los signos apocalípticos los que deben impresionar, sino el mensaje de lo que se nos propone como oferta de parte de Dios. Los signos apocalípticos, en este mundo, siempre han ocurrido y siempre estarán ocurriendo.

III.2. Lucas también nos ha trasmitido el discurso apocalíptico en boca de Jesús (c. 21) a semejanza de lo que hace Mc 13. En Lucas comienza con una enseñanza que contrasta con la actitud de algunos que están mirando y contemplando la grandeza del templo (21,5ss). Los vv. 25-28 se centran en la famosa venida (parousía) del Hijo del hombre que ha de arrancar de los cristianos, ¡no pánico!, sino una actitud contraria: ¡levantar la cabeza, porque ese es el momento de la liberación!. Digamos que esta última expresión es lo propia de Lucas ante las palabras que le ha suministrado la tradición apocalíptica sobre la llegada misteriosa del Hijo del hombre. Lucas es muy conciso sobre los signos extraordinarios que acompañarán ese momento. Pero no puede sustraerse totalmente a esos signos. Y especialmente significativo es en Lucas la actitud que se ha de tener ante todo eso: vigilad (agrupneô) con la oración (v.36). Es lo propio de Lucas: la vigilancia que pide es teológica, la que mantiene abiertos los ojos del alma y de la vida. En la obra de Lucas, el talante de oración es la clave de las grandes decisiones de Jesús y de la comunidad. Y este momento que describe es clave en cada historia personal y de toda la humanidad. En definitiva, la llamada a la “vigilancia en la oración” responde muy bien a la visión cristológica del tercer evangelista: eso quiere decir que la conducta del cristiano debe inspirarse más en la esperanza que en el temor. No en vano Lucas se ha cuidado mucho de presentar a Jesús, en este caso sería el mismo Hijo del hombre, más como salvador de todos que como juez de todos.

III.3. A los hombres, continuamente se nos escapan muchas cosas por los "agujeros negros" de nuestro universo personal, pero la esperanza humana y cristiana no se puede escapar por ellos, porque eso se vive en la mismidad de ser humano. Lo apocalíptico, mensaje a veces deprimente, tiene la identidad de la profunda conmoción, pero no es más que la expresión de la situación desamparada del ser humano. Y sólo hay un camino para no caer en ese desamparo inhumano: vigilar, creer y esperar que del evangelio, del mensaje de Jesús, de su Dios y nuestro, nos viene la salvación, la redención, la liberación. Por eso, en la liturgia del Primer Domingo de Adviento se pide y se invoca a la libertad divina para que salga al encuentro del impulso desvalido de nuestra impotencia. (Fray Miguel de Burgos Núñez O.P.).






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