domingo, 27 de noviembre de 2016

DOMINGO 1º DE ADVIENTO - CICLO A


“Estén prevenidos, porque ustedes no saben qué día vendrá”

Comenzamos, con el primer domingo de Adviento, un nuevo año litúrgico. Ante el nuevo año, ¿por qué no?, una nueva posibilidad, una nueva oportunidad. Es la ocasión de hacer un stop y visionar para repasar lo ya vivido: ¿Todo va bien? ¿Qué me dice mi corazón? ¿Qué me dice mi razón? ¿Qué me enseñan mis actos? o ¿Qué tal mis relaciones: con los demás, con Dios, conmigo mismo? Si eso de visionar no queda muy claro, planteemos la cuestión desde un enfoque más de futuro: ¿Cuáles son mis expectativas? ¿Qué pretendo hacer de mi vida? ¿Cómo… me basto yo sólo o realmente necesito de Dios, de los demás?

El Hijo del hombre, ya fue, es una realidad. En su proceso humano quedó bien reflejada su pretensión, que coincidía con el plan de Dios.

Adviento, la oportunidad que, con actitud de adoración y de contemplación ante la Palabra de Dios -que la celebraremos una vez más como un niño que despierta nuestro corazón, nuestra ternura y se nos da para ser acogido- tenemos para confrontar lo ya vivido, las relaciones que sostenemos, los deseos que nos proponemos, con el discurso del Hijo de Dios para ser cada día más coherentes, más responsables, más veraces y hacer posible el plan de Dios.

DIOS NOS HABLA. ESCUCHAMOS SU PALABRA.

I LECTURA

 “Esta es la meta hermanos, meta que señalaron los profetas, meta que sigue señalando la Iglesia. Los enemigos, los que tratan de que la Iglesia no hable, la desacreditan y dicen: ‘predica violencia, predica política, comunismo, son las distorsiones del pecado’. Pero quienes superando las fuerzas del mal oyen a la Iglesia auténtica, oirán siempre el eco de Isaías, el eco de Cristo, el eco de los profetas.”

Lectura del libro de Isaías 2, 1-5

Palabra que Isaías, hijo de Amós, recibió en una visión, acerca de Judá y de Jerusalén: “Sucederá al fin de los tiempos, que la montaña de la casa del Señor será afianzada sobre la cumbre de las montañas y se elevará por encima de las colinas. Todas las naciones afluirán hacia ella y acudirán pueblos numerosos, que dirán: ‘¡Vengan, subamos a la montaña del Señor, a la casa del Dios de Jacob! Él nos instruirá en sus caminos y caminaremos por sus sendas”. Porque de Sión saldrá la Ley, y de Jerusalén, la palabra del Señor. Él será juez entre las naciones y árbitro de pueblos numerosos. Con sus espadas forjarán arados y podaderas con sus lanzas. No levantará la espada una nación contra otra ni se adiestrarán más para la guerra. ¡Ven, casa de Jacob, y caminemos a la luz del Señor!”.
Palabra de Dios.

Salmo 121, 1-2. 4-9

R. Vamos con alegría a la casa del Señor.

¡Qué alegría cuando me dijeron: “Vamos a la casa del Señor!”. Nuestros pies ya están pisando tus umbrales, Jerusalén. R.

Allí suben las tribus, las tribus del Señor para celebrar el nombre del Señor. Porque allí está el trono de la justicia, el trono de la casa de David. R.

Auguren la paz a Jerusalén: “¡Vivan seguros los que te aman! ¡Haya paz en tus muros y seguridad en tus palacios!”. R.

Por amor a mis hermanos y amigos, diré: “La paz esté contigo”. Por amor a la casa del Señor, nuestro Dios, buscaré tu felicidad. R.

II LECTURA

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Roma 13, 11-14ª

El cristiano no puede ser “un dormido”. Debemos estar despiertos ante las mentiras, las injusticias, y todo aquello que hace sufrir al hermano. Debemos por fin levantarnos de los letargos y perezas para construir un mundo nuevo.

Hermanos: Ustedes saben en qué tiempo vivimos y que ya es hora de que se despierten, porque la salvación está ahora más cerca de nosotros que cuando abrazamos la fe. La noche está muy avanzada y se acerca el día. Abandonemos las obras propias de la noche y vistámonos con la armadura de la luz. Como en pleno día, procedamos dignamente: basta de excesos en la comida y en la bebida; basta de lujuria y libertinaje; no más peleas ni envidias. Por el contrario, revístanse del Señor Jesucristo.
Palabra de Dios.

ALELUYA        Sal 84, 8

Aleluya. ¡Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación! Aleluya.

EVANGELIO

Mientras pensamos que “todo es igual”, que es “lo mismo un burro que un gran profesor”, el Señor conoce muy bien la diferencia. Y nosotros también. Quizás busquemos acomodarnos en cada situación a aquello que nos dé más beneficios, pero en el fondo de nuestro corazón sabemos qué es lo que Dios espera de nosotros.

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 24, 37-44

Jesús dijo a sus discípulos: “Cuando venga el Hijo del hombre, sucederá como en tiempos de Noé. En los días que precedieron al diluvio, la gente comía, bebía y se casaba, hasta que Noé entró en el arca; y no sospechaban nada, hasta que llegó el diluvio y los arrastró a todos. Lo mismo sucederá cuando venga el Hijo del hombre. De dos hombres que estén en el campo, uno será llevado y el otro dejado. De dos mujeres que estén moliendo, una será llevada y la otra dejada. Estén prevenidos, porque ustedes no saben qué día vendrá su Señor. Entiéndanlo bien: si el dueño de casa supiera a qué hora de la noche va a llegar el ladrón, velaría y no dejaría perforar las paredes de su casa. Ustedes también estén preparados, porque el Hijo del hombre vendrá a la hora menos pensada”.
Palabra del Señor.

MEDITAMOS LA PALABRA DE DIOS.

¿Cómo antes? ¿Cómo siempre?

El “antes” no está, el “cómo siempre”, no es cierto. El pasado no podemos remediarlo; el “siempre” es exagerado. Más oportuno, quizá, sea pensar: “en ocasiones”, “algunas veces”, todo depende de muchas variables. Sin embargo, precisamos de la historia, como no podemos prescindir de la memoria.

“Lo que pasó en tiempos de Noé…” (37) El Génesis nos cuenta: “Al ver el Señor que en la tierra crecía la maldad del hombre y que toda su actitud era siempre perversa, se arrepintió de haber creado al hombre en la tierra y le peso de corazón” (6,5-6). El texto evangélico no parece que nos hable de la maldad del hombre, sino más bien de la despreocupación. Estamos tan preocupados por lo inmediato y lo particular, lo cotidiano, que pasamos por la vida y la vida no pasa por nosotros. “¡Que cada uno se las arregle!”. Y el anuncio no es un diluvio, nos recuerda que Cristo es juez y, por tanto, al final lo que prevalecerá será su verdad, Él es la verdad. Y camina con nosotros, el Emmanuel, “Dios con nosotros”.

La historia nos ayuda a comprender el presente y en caso de buscar soluciones no sirven las que se dieron entonces, se precisan soluciones nuevas. Insisto, nos ayuda a interpretar y comprender el presente que es una consecuencia del pasado. La memoria, no es un almacén de cosas, de experiencias; más bien es el motor que nos mueve a hacer, a responder, nos da pistas.

Sin perder el hilo, lo mismos que en tiempos de Noé la gente pudo gritar: “¡Por qué no avisaste, no nos diste tiempo!” Hoy, no nos serviría decir: “¡Avísanos!” Sería igual… No es cuestión de que se nos avise, el secreto es estar atentos, vigilantes…

Estad vigilantes. Sed conscientes

“Por tanto manteneos despiertos…”(42) Esta es la actitud que se nos pide, estad vigilantes, es lo mínimo para no conformarse con pasar por la vida. Ese estar despierto no sólo para lo material, que para la Escritura sería “estar dormido”, sino despierto para ser conscientes de nuestra realidad humana, que nos sorprende y nos proporciona certezas que parecen estar más allá de nosotros mismos, y lo están, lo son, la riqueza espiritual de la que es capaz el ser humano en el que Dios forma parte de su vida. Porque Dios está ahí. Dios está y es en el corazón de cada ser humano. Si no estoy espabilado no me voy a enterar. No voy a oír, ni sabré leer, lo que veo, lo que siento, lo que tengo delante de mí, como esa palabra o esa pregunta, que se me ofrece para crecer, para ser más humano, para saberme hijo de Dios. Porque nada viene de fuera, y hasta el mismo Dios, viene desde dentro.
¿Os imagináis la tristeza del que no se entera de nada? No vive mas tranquilo porque no vive, vegeta… Si, también, a veces, es mejor no saber… Pero es que estar vigilantes, ser conscientes, no es una cuestión de simple curiosidad, de saber el cómo o el cuándo, es un compromiso, no es una alternativa. El compromiso me humaniza y da un carácter de “sobriedad” a mi vida, y no se despista ni huye de la cruz, sino que se esta dispuesto al servicio, a la donación, y no encuentra sentido al hecho de conservar. En el texto de Lucas paralelo a este de Mateo leemos: ”Quien se empeñe en conservar la vida la perderá, pero quien la pierda la conservará” (17,33)

Actuar, no “por si acaso” sino con responsabilidad.

Cuando algo está integrado, forma parte de uno mismo, de su vida, no plantea ni se plantea preguntas que tengan que ver con “cuándo” o con “cómo”, no es la curiosidad lo que prevalece, sino la necesidad de expresarlo en nuestra vida, con nuestra vida. Hay cuestiones, circunstancias, que tienen que ver con su oportunidad o con su utilidad. Como por ejemplo la imagen que nos presenta el texto evangélico: “Ya comprendéis que si el dueño de casa supiera a qué hora de la noche va a llegar el ladrón, se quedaría en vela y no lo dejaría abrir un boquete en su casa.” (43) Cuando alguien sospecha o la experiencia le dice que puede ocurrir tal o cual catástrofe, pone los medios para evitarlo. Sin embargo, la preocupación por el “cuándo” y el “cómo” de la promesa de Dios, de la obra de Dios, desvirtúa la fe, la confianza en Dios, ya que esa fe y esa confianza no es algo que debo guardar o recordar, traerla a mi vida, sólo ante el peligro, cuando me convenga, no es algo a utilizar como un remedio, etc. … Hemos de tener presente que la salvación es un hecho. Dios Padre, a través de su Hijo, ha hecho realidad nuestra salvación. Por tanto, no consiste tanto en esperar, más bien consiste en actuar, en vivir desde esta certeza y así merecer lo que ya tenemos. Estar vigilantes, estar atentos, es lo mismo que decir: vivir responsablemente. Preparemos el camino, hagamos realidad lo que ya tenemos y esperamos, seamos activos en la construcción de un mundo nuevo. Vivir desde esta responsabilidad es vivir desde la fe y la confianza que profesamos al Señor.


ESTUDIO BÍBLICO.

 Iª Lectura. Isaías (2,1-5): De las espadas, arados; de las lanzas, podaderas

I.1. En este Primer Domingo de Adviento, todo impresiona; no obstante, esta lectura del Profeta Isaías es uno de los oráculos más característicos del gran maestro del siglo VIII a. C. Isaías era un hombre de Jerusalén, de familia acomodada, sacerdotal quizás, de cultura refinada. Su pasión por Jerusalén es, en el fondo, una pasión por Dios; el Dios que se adora en el templo. Cuando el profeta habla del templo, de los sacrificios, de las ofrendas. entiende que eso ante Dios no vale apenas nada.¡Y eso que no era un irreverente, y su vocación la describe en el templo (Is 6)!. Pero Isaías no está convencido que sus paisanos hayan entendido adecuadamente la presencia de Dios en Sión. Su oráculo es muy parecido al de su contemporáneo Miqueas (cf. 4,1-3). Para el profeta, Jerusalén debe ser la ciudad de la paz, de la justicia. De esa forma sí acontece una presencia viva de Dios en Sión y en cualquier parte del mundo. De sus resortes culturales hará una profecía crítica contra Jerusalén y contra los dirigentes políticos y los responsables religiosos. Y por eso nos habla (sueña más bien) de una Jerusalén que debe ser sabia: la que se atreva a hacer de las espadas arados y de las lanzas podaderas. Esta opción por la paz y no por la guerra es, para el profeta, una opción divina ¡no hay duda!

I.2. Probablemente éste era un cántico que circulaba en ambientes de la escuela de Isaías (o de algún círculo profético desconocido ahora para nosotros) y que ha venido a ser santo y seña de este hombre que representa la edad de oro del profetismo. Jerusalén no será la ciudad de Dios y de su presencia, sin justicia y paz, los bienes más anhelados de la humanidad. Y éste sigue siendo el reto de la Jerusalén actual. Esta lectura, pues, de Isaías, es una portada extraordinaria, la más adecuada sin duda, para comenzar este Adviento: porque en el mundo de hoy, nacionalismos, fundamentalismos religiosos, xenofobias y rencores, anidan y reverdecen en los corazones de los hombres, ¡y eso que estamos en el tercer milenio! No es posible que dejemos de sentir y de anhelar que necesitamos rehacer esta "historia" de aquí, como algo nuevo y profético. Es eso lo que cambiará el mundo ya no de espadas y lanzas, sino de cañones y tecnología maldita a punto para aniquilar a los pueblos y a la misma humanidad.

 IIª Lectura: Romanos (13,11-14): Llenarse del evangelio, llenarse de Cristo

II.1. Dentro de la sección parenética o exhortativa de la carta a los Romanos (12,1-15,13) no podía faltar un apunte sustancial a la dimensión escatológica de la vida cristiana, poniendo en guardia sobre la espera del día del Señor que fue algo imprescindible en la experiencia de la salvación de Dios. El apóstol describe en antítesis lo que se vive en este mundo y lo que debe ser el anhelo y la esperanza de los que, sintiendo la salvación de Dios en Cristo, todavía deben hacer historia en este mundo. Con las metáforas de contraste entre la noche y el día o entre la luz y las tinieblas, se expresan esas radicalidades escatológicas. ¿Qué hay que hacer? El apóstol lo expresa con una imagen sin precedentes: "revestirse del Señor Jesús" (13,14). No es algo insustancial o externo como pudiera parecer. Más bien es colmar nuestra interioridad de la vida del Señor Jesús. Así se debe vivir en la historia.

II.2. El texto, pues, es una llamada de Pablo a salir de la vida sin sentido que vivimos tantas veces. Diríamos que las armas de la luz, en este caso, son la justicia y la paz. Y revestirse del Señor Jesús es vivir en el proyecto del evangelio. La carta más importante de Pablo, por muchos motivos, nos ofrece los elementos éticos de la vida cristiana. Pero no es solamente una exhortación moralizante, sino una invitación a una vida más radicalmente cristiana (revestirse de Cristo es toda una expresión teológica): cambiar de rumbo en la existencia, de planteamientos. Pablo pretende que los más fuertes de la comunidad busquen un tipo de experiencia que solamente encuentra su razón de ser en Jesús, es decir, en su evangelio. No olvidemos que éstas fueron las palabras que leyó San Agustín, cuando tomó el libro que había en la casa, en el que se había fijado Ponticiano, el narrador de la vida eremítica de Antonio en el desierto; pero Agustín y Alipio todavía seguían planteándose muchas cosas y buscaban.; el libro en cuestión no versaba sobre retórica o gramática. Finalmente Agustín escuchó esas voces misteriosas que decían "toma y lee". Era exactamente el texto de nuestra carta con las palabras de Pablo "revestíos del Señor Jesús". Son palabras que bien merecen una conversión. Ni la retórica ni los cultos mistéricos pudieron llenar su corazón. Fue Cristo Jesús, en esa experiencia de "interioridad", quien cambió una vida sin sentido.

 Evangelio: Mateo (24,37-44): Vigilancia y discernimiento

III.1. El evangelio del día (en el ciclo de Mateo que comienza hoy) nos ofrece un pasaje del último discurso de este evangelista, de los cinco que estructuran su obra (5-7; 10; 13; 18; 24-25), que en realidad es el equivalente de Mc 13, conocido como discurso apocalíptico. De alguna manera se quiere hacer una unión con el penúltimo domingo del año litúrgico. Y es que el Adviento parte de la experiencia de una historia gastada, agotada, y apunta a una esperanza nueva e inaudita: la esperanza de un salvador que traiga luz, justicia y paz a los hombres. Un juicio sobre nuestras acciones, un discernimiento más bien, es algo que está presente en la proclamación profética y que cobra tintes más dramáticos en los profetas de tendencia apocalíptica. Este mundo, piensan, no puede seguir así y Dios tiene que tomar las riendas de la historia humana, como en el tiempo de Noé y el diluvio. Sobre esta comparación está montada la parte del discurso que quiere trasmitir a los cristianos, en nombre de palabras de Jesús, la necesidad de la "vigilancia".

III.2. En la prehistoria de Israel, el diluvio universal es todo un mito simbólico que prepara adecuadamente la aparición de un tiempo nuevo: la llamada de Abrahán, el padre del pueblo, el creyente que confía en Dios. Los once primeros capítulos del Génesis narran cómo la humanidad busca su identidad al margen de su creador y está a punto de perderse por la maldad y la arrogancia. Parece como si la obra que había salido de las manos de Dios hubiera perdido su sentido. Los hermanos no se respetan, se matan y la humanidad se pervierte perdiendo su chispa divina. La "historia" o narración del diluvio, no obstante, pone como símbolo un "resto" que pueda garantizar un futuro mejor. Es evidente que la historia, nuestra historia, necesita ser siempre renovada. Eso es lo que buscan los hombres de todas las religiones y tendencias. Y eso es lo que se propone también con este tipo de discurso, producto de una mentalidad apocalíptica, que no es lo más característico de Jesús, sino más bien de una comunidad, como la de Mateo, en la que permanecen muchas concepciones del judaísmo.

III.3. Llamada, pues, a convertirse; llamada de recomenzar, porque siempre es posible "recomenzar" para el ser humano. Los animales u otros seres vivientes no pueden nunca "recomenzar", les es imposible, pero el ser humano sí. Esa es nuestra grandeza y nuestro reto. Es algo que Dios ha puesto en la entraña misma del ser humano que sacó de la nada, o de la tierra, si queremos usar el símil bíblico de Gn 2. Así sucedió en tiempos de Noé después del diluvio; así sucedió también en tiempos de Abrahán tras lo de la torre de Babel. Esto será todo lo mítico que queramos, pero es muy elocuente para desentrañar el sentido de estas palabras "escatológicas" del discurso que inaugura el Adviento. "Estad preparados", en el lenguaje apocalíptico, puede sonar a algo poco agradable; pero desde la lectura profética de la acción y las palabras de Jesús es una llamada exhortativa a vivir en concordia, en paz, en justicia. y en alegría. Es verdad que estas palabras no están presentes en esta parte del discurso mateano, pero si en el "espíritu" del Adviento. No se pueden cambiar, tienen que sonar como están escritas, pero debemos interiorizarlas con el talante de que podemos comenzar una etapa nueva, un momento nuevo, una actitud nueva. por la llegada del "Hijo del Hombre". El Hijo del hombre, en la interpretación cristiana es Jesús de Nazaret, el Señor, quien comenzó, de parte de Dios, una "historia" radicalmente nueva para que podamos vivir con dignidad en el temor o la confianza en Dios, sin miedo a ser destruidos, sino con discernimiento. Discernimiento de lo que no tiene sentido y de lo que hay que arrancar, si fuera posible de raíz; pero aún no siendo posible, siempre es maravilloso que se nos dé la ocasión o la oportunidad, si queremos la terapia, para que nuestra historia personal no tenga por qué estar envejecida para siempre. Dios, el Dios de Jesús, siempre tendrá un proyecto de salvación con la humanidad. (Fray Miguel de Burgos Núñez, O. P.).


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