domingo, 17 de julio de 2016

DOMINGO 16º DEL TIEMPO ORDINARIO


María ha escogido la parte mejor

El salmista nos invita a “proceder honradamente y practicar la justicia” y refrescando la memoria en este año de la misericordia nos ofrece la posibilidad de ahondar en el imperativo de acoger al peregrino. Hospitalidad cristiana y acogida, actitudes a cultivar por nuestras comunidades en este tiempo de migraciones globales.

Abrahán, Marta y María se nos presentan como prototipos del empeño que todo creyente ha de perseguir por reconocer la presencia del Señor en su vida, reconocimiento que pasa necesariamente por el rostro del hermano y de entre ellos, los más débiles.

Vivir la madurez de la fe, en palabras de Pablo, supone poner a Jesús en el centro de nuestra vida, para superar todo falso antagonismo entre la contemplación y la acción cristiana. No hay auténtico servicio sino nace de la escucha de la Palabra, no hay verdadera intimidad con el Señor que no se verifique en el compromiso con los hermanos.

DIOS NOS HABLA. ESCUCHAMOS SU PALABRA.

I LECTURA

La hospitalidad era un deber primordial en el mundo antiguo. Abraham no es indiferente a estos hombres que pasan frente a su tienda. Todos los cuidados, desde preparar el pan hasta lavar los pies, indican la disposición para el servicio que Abraham y Sara tienen hacia sus huéspedes. Y, sin saberlo, en su acción están sirviendo al mismo Dios.

Lectura del libro del Génesis 18, 1-10ª

El Señor se apareció a Abraham junto al encinar de Mamré, mientras él estaba sentado a la entrada de su carpa, a la hora de más calor. Alzando los ojos, divisó a tres hombres que estaban parados cerca de él. Apenas los vio, corrió a su encuentro desde la entrada de la carpa y se inclinó hasta el suelo, diciendo: “Señor mío, si quieres hacerme un favor, te ruego que no pases de largo delante de tu servidor. Yo haré que les traigan un poco de agua. Lávense los pies y descansen a la sombra del árbol. Mientras tanto, iré a buscar un trozo de pan, para que ustedes reparen sus fuerzas antes de seguir adelante. ¡Por algo han pasado junto a su servidor!”. Ellos respondieron: “Está bien. Puedes hacer lo que dijiste”. Abraham fue rápidamente a la carpa donde estaba Sara y le dijo: “¡Pronto! Toma tres medidas de la mejor harina, amásalas y prepara unas tortas”. Después fue corriendo hasta el corral, eligió un ternero tierno y bien cebado, y lo entregó a su sirviente, que de inmediato se puso a prepararlo. Luego tomó cuajada, leche y el ternero ya preparado, y se los sirvió. Mientras comían, él se quedó de pie al lado de ellos, debajo del árbol. Ellos le preguntaron: “¿Dónde está Sara, tu mujer?”. “Ahí en la carpa”, les respondió. Entonces uno de ellos le dijo: “Volveré a verte sin falta en el año entrante, y para ese entonces Sara habrá tenido un hijo”.
Palabra de Dios.

Salmos 14, 2-5

R. Señor, ¿quién entrará en tu Casa?

El que procede rectamente y practica la justicia; el que dice la verdad de corazón y no calumnia con su lengua. R.

El que no hace mal a su prójimo ni agravia a su vecino, el que no estima a quien Dios reprueba y honra a los que temen al Señor. R.

El que no se retracta de lo que juró aunque salga perjudicado. El que no presta su dinero a usura ni acepta soborno contra el inocente. El que procede así, nunca vacilará. R.

II LECTURA

¿Se puede agregar algo a la entrega perfecta de Jesús? San Pablo interpreta que nuestros sufrimientos se asocian al sentido redentor de la Pascua de Jesucristo. Hay un lugar donde poner nuestros dolores y sufrimientos, y ese lugar es el sufrimiento de Jesús.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Colosas 1, 24-28

Hermanos: Me alegro de poder sufrir por ustedes, y completo en mi carne lo que falta a los padecimientos de Cristo, para bien de su Cuerpo, que es la Iglesia. En efecto, yo fui constituido ministro de la Iglesia, porque, de acuerdo con el plan divino, he sido encargado de llevar a su plenitud entre ustedes la Palabra de Dios, el misterio que estuvo oculto desde toda la eternidad y que ahora Dios quiso manifestar a sus santos. A ellos les ha revelado cuánta riqueza y gloria contiene para los paganos este misterio, que es Cristo entre ustedes, la esperanza de la gloria. Nosotros anunciamos a Cristo, exhortando a todos los hombres e instruyéndolos en la verdadera sabiduría, a fin de que todos alcancen su madurez en Cristo.
Palabra de Dios.

ALELUYA cf. Lc 8, 15

Aleluya. Felices los que guardan la Palabra de Dios con un corazón bien dispuesto, y dan fruto gracias a su constancia. Aleluya.

EVANGELIO

Las dos hermanas amaban a Jesús y querían honrarlo como maestro y amigo. Jesús aceptó este servicio y esta amistad. Entre las muchas cosas que todo servicio implica, Jesús quiere que encontremos esa “una sola cosa” que nos unifica. Y esa “una sola cosa” es el discipulado. Hacernos discípulos y discípulas es estar a los pies de Jesús como María de Betania. Este es el eje que unifica y equilibra nuestras “muchas cosas” en el servicio a los demás.

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 10, 38-42

Jesús entró en un pueblo, y una mujer que se llamaba Marta lo recibió en su casa. Tenía una hermana llamada María, que sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra. Marta, que estaba muy ocupada con los quehaceres de la casa, dijo a Jesús: “Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola con todo el trabajo? Dile que me ayude”. Pero el Señor le respondió: “Marta, Marta, te inquietas y te agitas por muchas cosas, y sin embargo, una sola cosa es necesaria. María eligió la mejor parte, que no le será quitada”.
Palabra del Señor.

MEDITAMOS LA PALABRA DE DIOS.

Entre la acción y la contemplación

Respondiendo a las inquietudes teológicas de una época, en no pocas ocasiones el episodio del encuentro del Señor con Marta y María ha sido utilizado para ilustrar un pretendido antagonismo entre la dimensión contemplativa de la fe -el estar sentados a los pies del Señor- y la praxis evangélica, concretada en el servicio. Más aún, a afirmar una pretendida superioridad de la primera sobre la segunda.

Hoy sería más adecuado entender las palabras de Jesús como una propuesta de integración de estas dos dimensiones imprescindibles en una vida creyente que quiera denominarse plena.

Colocados a la escucha de la Palabra de Dios, lejos de desentendernos de la realidad, descubrimos que “los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo” (GS, 1)

Del mismo modo, toda actitud de servicio, toda praxis diaconal que se entienda a sí misma como cristiana, no puede más que proceder de la intimidad con el Maestro, en cuyas palabras escuchamos también el clamor de nuestros hermanos.

Esa disposición a la escucha es condición necesaria de una contemplación que ha de verificarse en la calidad de nuestro empeño en la construcción de relaciones fraternas basadas en la justicia.

En clave de mujer

Una vez más, el evangelista Lucas nos muestra el contacto de Jesús con distintas mujeres en su condición de verdaderas discípulas. En esta ocasión María, a los pies del Señor siguiendo la tradición rabínica del discípulo, atenta a recibir la enseñanza del maestro.

Justamente en ese gesto radica la novedad de la actitud de Jesús (y acaso también el origen del reproche a Marta). La mujer ha de dejar de ser únicamente entendida como quien ha de estar presta a satisfacer las necesidades de otros, su valor no es instrumental, sino que su dignidad es reconocida en igualdad con el resto de los discípulos. También a ellas se les ofrece el contacto cercano con el Señor, también para ellas está reservada la mejor parte.

Únicamente, cuando a ejemplo de Jesús, nuestras comunidades cristianas sepan avanzar en este camino del reconocimiento en igualdad y dignidad de las mujeres podremos afirmar con el Apóstol que estamos anunciando el mensaje completo, para que todos lleguen a la madurez de la vida en Cristo.

La acogida como imperativo

En un tiempo como el actual en que distintas tensiones sociales parecen poner en entredicho el valor de la acogida, conviene subrayar y poner en valor la tradición bíblica de la hospitalidad a la que hoy nos remiten las lecturas. Las actitudes de Abrahán, Marta y María se nos presentan como modelo.

El Señor llega a nuestra puerta y, como Abrahán, habremos de descubrirle en el rostro de los hermanos. En nuestro entorno y en nuestros tiempos, acaso en los rostros de la innumerable masa de personas, refugiadas, inmigrantes que apelan a nuestra sensibilidad humana y creyente en busca del reconocimiento de sus necesidades y de su dignidad.

Quizás sean ellos también para nosotros esos mensajeros de Dios, cuya atención y acogida nos anuncie –como a Sara – el tiempo nuevo de una humanidad fecunda.

ESTUDIO BÍBLICO.

Iª Lectura: Génesis (18,1-10): Abrahán, a la escucha de Dios

I.1. En la primera lectura nos encontramos con una de las estampas más evocadoras de los relatos en torno al padre del pueblo de Israel, Abrahán. Es un relato que tiene todas las connotaciones de leyenda sagrada, pero que expresa el misterio de la vida de este personaje que todo se lo jugó apoyado en la palabra de Dios, en su promesa de darle un tierra y una heredad. Tres personajes aparecen a lo lejos, que son como uno, porque es uno el que al final habla al Patriarca. Se pone en funcionamiento la sagrada ley de la hospitalidad en el Oriente, y muy especialmente en el desierto, aunque aquí nos encontremos en Mambré. Son varias las experiencias religiosas que Abrahán tiene en Mambré y que han sellado el nombre y el lugar como algo religioso.

I.2. La iconografía de la tradición cristiana ortodoxa ha visto aquí el misterio de la Trinidad, e incluso de la Eucaristía, ante los dones que ofrece Abrahán. Todo ello se ha reproducido en un bello Icono que es de los más conocidos del mundo. Efectivamente, se ha querido representar la visita del Señor para hacerle la promesa de que tendrá un verdadero heredero. El paso de Dios a nuestro lado, por nuestra vida, constantemente o en momentos puntuales, es una experiencia de la cual han hablado grandes y pequeños personajes de la historia de la humanidad. Ése es el tema teológico de las lecturas de este domingo.

IIª Lectura: Colosenses (1,24-28): El misterio de Dios y su revelación

II.1. La segunda lectura pone de manifiesto que el misterio de Dios se ha revelado a los suyos, a la Iglesia, por medio de su ministro. Es Pablo, aunque no sea precisamente el autor de esta carta, el que se ha dedicado a contemplar ese misterio que es Cristo, para darlo a conocer a los hombres. No se trata, claro está, de una elección esotérica, reservada a algunos, sino que todo el que quiera conocer a Dios lo puede hacer por medio de Cristo. Pablo subraya con énfasis que este misterio se abre de par en par a todos los hombres y nadie está excluido.

II.2. El “misterio de Dios” se ha hecho presente en Cristo, y de alguna manera ha dejado ya de estar velado y de ser algo imposible para los hombres. Es verdad que sigue siendo misterio, pero está humanizado; está humanizado en Cristo y está humanizado en el servicio de proclamarlo a los hombres. Dios ¡misterio escondido! No es una esencia sin entrañas, al contrario es un “personaje” que se siente el verdadero Dios en la medida en que puede comunicarse y no guardarse para sí su bondad. Aquí se cumple aquello del «Bonum est difusivum sui»: El bien es de suyo difusivo. Para ello, Dios tiene a Cristo y al apóstol, para comunicarse.

Evangelio: Lucas (10,38-42): Saber elegir lo que Dios desea

III.1. El evangelio de Lucas nos presenta a Jesús, en su camino a Jerusalén, que hace una pausa en casa de Marta y María. Ya es sintomático que se nos describa esta escena en la que el Señor entra en casa de unas mujeres, lo que no podía ser bien visto en aquella sociedad judía. Pero el evangelista Lucas es el evangelista de la mujer y pone de manifiesto aquellos aspectos que deben ser tenidos en cuenta en la comunidad cristiana. Sin la cooperación de la mujer, el evangelio hubiera sido excluyente. El sentido de este episodio ha dado mucho que hablar, dependiendo del tipo de traducción que se adopte del original griego: “una sola cosa es necesaria”, o por el contrario “pocas cosas son necesarias”, dependiendo de los manuscritos. La primera opinión parece más coherente. Muchos pensaron que se trataba de defender la vida contemplativa respecto de la vida activa o apostólica. Esta es ya una vieja polémica que no tiene sentido, porque las dos cosas, los dos aspectos, son necesarios en la vida cristiana. La opción polémica entre la vida activa y la vida contemplativa sería empequeñecer el mensaje de hoy, porque debemos armonizar las dos dimensiones en nuestra vida cristiana.

III.2. Lo que Lucas subraya con énfasis es la actitud de escuchar a Jesús, al Maestro, quien tiene lo más importante que comunicar. No quería decir Jesús que “un solo plato basta”, como algunos han entendido, sino que María estaba eligiendo lo mejor en ese momento que él las visita. Este episodio, todavía hoy, nos sugiere la importancia de la escucha de la Palabra de Dios, del evangelio, como la posibilidad alternativa a tantas cosas como se dicen, se proponen y se hacen en este mundo. Jesús es la palabra profética, crítica, radical, que llega a lo más hondo del corazón, para iluminar y liberar. Ya es sintomático, como hemos apuntado antes, el detalle que Lucas quiera poner de manifiesto el sentido del discipulado cristiano de una mujer en aquél ambiente.

III.3. Tampoco se debería juzgar que Marta es desprestigiada, ¡ni mucho menos!, ¡está llevando a cabo un servicio!, pero tiene que saber elegir. Muchas veces, actitudes contemplativas pueden ocultar ciertos egoísmos o inactividad de servicio que otros deben hacer por nosotros. Porque Jesús, camino de Jerusalén, ha pasado por su lado y es posible que en su afán no supiera, como María, que tenía que dejar huella en su vida. María se siente auténtica discípula de Jesús y se pone a escuchar como la única cosa importante en ese momento. Y de eso se trata, de ese ahora en que Dios, el Señor, pasa a nuestra lado, por nuestra vida y tenemos que acostumbrarnos a elegir lo más importante: escucharle, acogerle en lo que tiene que decir, dejando otras cosas para otros momentos. Lucas, sin duda, privilegia a María como oyente de la palabra y eso, en este momento de subida a Jerusalén, es casi decisivo para el evangelista. Se quiere subrayar cómo debemos, a veces, sumergirnos en los planes de Dios. De eso es de lo hablaba Jesús camino de Jerusalén (según Lucas) y María lo elige como la mejor parte. Marta… no ha podido desengancharse… y ahora debiera haberlo hecho. (Fray Miguel de Burgos Núñez, O. P.).


domingo, 10 de julio de 2016

DOMINGO 15 º DEL TIEMPO ORDINARIO


“Amarás al Señor, tu Dios; y al prójimo como a ti mismo”

El religioso brasileño Frei Betto en “El cristianismo como proyecto civilizatorio” hace mención de que las “bienaventuranzas” de Jesús hoy pueden hacer un mundo mejor y más feliz pues son “las ocho vías que imprimen sentido altruista a nuestras vidas (Mateo 5,3-12)” Y las explicita así: “ser solidario con los excluidos, como hizo el buen samaritano; compasivo, como el padre del hijo pródigo; despojado, como la viuda que donó a la comunidad el dinero que necesitaba. Hay que asegurar a todos condiciones dignas de vida, como en el relato de la multiplicación de panes y peces. Hay que denunciar a los que ponen la ley por encima de los derechos humanos y hacen de la casa de Dios una cueva de ladrones. Hay que hacer de nuestra carne y sangre pan y vino para que todos, en torno a la misma mesa, comulguen en el milagro de la vida unidos por un solo Espíritu”. Y precisamente el evangelio del buen samaritano es como el resumen de todo; es el evangelio dentro del evangelio.

Moisés (1ª lectura) intentó dotar al pueblo de un “proyecto civilizatorio”: el Decálogo y el Código de la Alianza” para salir del caos vivido en Egipto. Jesús de Nazaret intenta adecuar el “proyecto civilizatorio” de Moisés a las nuevas circunstancias, superando la Ley de Moisés” por el amor, la compasión, la generosidad, el desinterés y la misericordia (Evangelio). Pablo insta a los Colosenses a ser testigos de la centralidad de Jesús en medio de un mundo que tienta a la comunidad con ideologías falsas y religiones ambiguas. El Papa Francisco recientemente nos ha invitado a vivir las bienaventuranzas, como "GPS", como el camino correcto frente a los ídolos del egoísmo, el dinero y la saciedad de un corazón que se ríe con satisfacción ignorando a los otros. Y ¿Qué mejor GPS que la parábola de Lucas?

DIOS NOS HABLA. ESCUCHAMOS SU PALABRA.

I LECTURA

Los preceptos del Señor han sido dados, son una Gracia, para que vivamos nuestra vida con fidelidad. Dios nunca nos pedirá algo que nos exceda, sino aquello que nos haga mejores hijos suyos.

Lectura del libro del Deuteronomio 30, 9-14

Moisés habló al pueblo, diciendo: El Señor, tu Dios, te dará abundante prosperidad en todas tus empresas, en el fruto de tus entrañas, en las crías de tu ganado y en los productos de tu suelo. Porque el Señor volverá a complacerse en tu prosperidad, como antes se había complacido en la prosperidad de tus padres. Todo esto te sucederá porque habrás escuchado la voz del Señor, tu Dios, y observado sus mandamientos y sus leyes, que están escritas en este libro de la Ley, después de haberte convertido al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma. Este mandamiento que hoy te prescribo no es superior a tus fuerzas ni está fuera de tu alcance. No está en el cielo, para que digas: “¿Quién subirá por nosotros al cielo y lo traerá hasta aquí, de manera que podamos escucharlo y ponerlo en práctica?”. Ni tampoco está más allá del mar, para que digas: “¿Quién cruzará por nosotros a la otra orilla y lo traerá hasta aquí, de manera que podamos escucharlo y ponerlo en práctica?”. No, la palabra está muy cerca de ti, en tu boca y en tu corazón, para que la practiques.
Palabra de Dios.

Salmo 68, 14. 17. 30-31. 36-37

R. Busquen al Señor, y vivirán.

Mi oración sube hasta ti, Señor, en el momento favorable: respóndeme, Dios mío, por tu gran amor, sálvame, por tu fidelidad. R.

Respóndeme, Señor, por tu bondad y tu amor, por tu gran compasión vuélvete a mí; yo soy un pobre desdichado, Dios mío, que tu ayuda me proteja: así alabaré con cantos el nombre de Dios, y proclamaré su grandeza dando gracias. R.

Porque el Señor salvará a Sión y volverá a edificar las ciudades de Judá: el linaje de sus servidores la tendrá como herencia, y los que aman su Nombre morarán en ella. R.

O bien:         Sal 18, 8-11

R. Los preceptos del Señor son rectos, alegran el corazón.
La ley del Señor es perfecta, reconforta el alma; el testimonio del Señor es verdadero, da sabiduría al simple. R.

Los preceptos del Señor son rectos, alegran el corazón; los mandamientos del Señor son claros, iluminan los ojos. R.

La palabra del Señor es pura, permanece para siempre; los juicios del Señor son la verdad, enteramente justos. R.

Son más atrayentes que el oro, que el oro más fino; más dulces que la miel, más que el jugo del panal. R.

II LECTURA

Este texto es un himno, un gran canto producto de la fe de la Iglesia. Experimentamos así que la Iglesia canta lo que cree y también anima la fe de quienes celebran.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Colosas 1, 15-20

Cristo Jesús es la Imagen del Dios invisible, el Primogénito de toda la creación, porque en él fueron creadas todas las cosas, tanto en el cielo como en la tierra, los seres visibles y los invisibles, Tronos, Dominaciones, Principados y Potestades: todo fue creado por medio de él y para él. Él existe antes que todas las cosas y todo subsiste en él. Él es también la Cabeza del Cuerpo, es decir, de la Iglesia. Él es el Principio, el Primero que resucitó de entre los muertos, a fin de que él tuviera la primacía en todo, porque Dios quiso que en él residiera toda la Plenitud. Por él quiso reconciliar consigo todo lo que existe en la tierra y en el cielo, restableciendo la paz por la sangre de su cruz.
Palabra de Dios.

ALELUYA        cf. Jn 6, 63c. 68

Aleluya. Tus palabras, Señor, son Espíritu y Vida; tú tienes palabras de Vida eterna. Aleluya.

EVANGELIO

“El prójimo no es el que se acerca a mí a pedirme algún servicio, sino aquel al cual yo descubro necesitado y a quien acompaño para cuidar su vida y devolverle su dignidad, aunque pierda tiempo, bienes, honor, estima”.

Ì Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 10, 25-37

Un doctor de la Ley se levantó y le preguntó a Jesús para ponerlo a prueba: “Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la Vida eterna?”. Jesús le preguntó a su vez: “¿Qué está escrito en la Ley? ¿Qué lees en ella?”. Él le respondió: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con todo tu espíritu, y a tu prójimo como a ti mismo”. “Has respondido exactamente, –le dijo Jesús–; obra así y alcanzarás la vida”. Pero el doctor de la Ley, para justificar su intervención, le hizo esta pregunta: “¿Y quién es mi prójimo?”. Jesús volvió a tomar la palabra y le respondió: “Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó y cayó en manos de unos ladrones, que lo despojaron de todo, lo hirieron y se fueron, dejándolo medio muerto. Casualmente bajaba por el mismo camino un sacerdote: lo vio y siguió de largo. También pasó por allí un levita: lo vio y siguió su camino. Pero un samaritano que viajaba por allí, al pasar junto a él, lo vio y se conmovió. Entonces se acercó y vendó sus heridas, cubriéndolas con aceite y vino; después lo puso sobre su propia montura, lo condujo a un albergue y se encargó de cuidarlo. Al día siguiente, sacó dos denarios y se los dio al dueño del albergue, diciéndole: “Cuídalo, y lo que gastes de más, te lo pagaré al volver”. ¿Cuál de los tres te parece que se portó como prójimo del hombre asaltado por los ladrones?”. “El que tuvo compasión de él”, le respondió el doctor. Y Jesús le dijo: “Ve, y procede tú de la misma manera”.
Palabra del Señor.



MEDITAMOS LA PALABRA DE DIOS.

Las lecturas de este domingo tienen un contenido bien claro: la necesidad de tener en la vida unos valores a los que referirnos personal y comunitariamente. Valores que además de estar escritos en tablas de piedra, en libros sagrados y otros documentos están escritos en nuestros corazones desde el día en que llegamos a este mundo. Valores que tenemos que poner en juego si queremos ser felices y hacer un mundo feliz. La lectura del evangelio de hoy, la magnífica parábola de “el buen samaritano” – resumen de todo el evangelio-, además nos pone de relieve que el amor, la compasión, la generosidad, el desinterés y la misericordia hacia el necesitado son valores humanos que tienen que formar parte de los seguidores de Jesús y también de todas las personas y sociedades. Hay alguien –Jesús de Nazaret- que vivió de manera plena esos valores por eso fue “cabeza de este cuerpo que es la Iglesia”. La iglesia debe se hoy el referente de esos valores (“sacramento de salvación”, que diría el Concilio Vaticano II) ; “Iglesia samaritana” que diríamos en este domingo. Pero estos valores por ser humanos son también patrimonio de toda la humanidad.

Peligros del mundo sagrado

Una de las enseñanzas de las lecturas de hoy, sobre todo del evangelio, es el peligro de anular con las leyes religiosas los valores humanos más esenciales. El sacerdote y el levita son muy observantes de las leyes religiosas pero analfabetos en valores humanos. El samaritano, tal vez es suspenso en el cumplimiento de las leyes religiosas pero es sobresaliente en valores humanos. Los papeles del sacerdote, el levita y el samaritano se pueden repetir en nuestras comunidades cristianas hoy. La iglesia ha de ser samaritana; y las personas y las comunidades. Una iglesia no samaritana sería una Iglesia muy cuidadosa por una buena teoría religiosa y muy amante del culto, pero que, cuando en la vida se presentan situaciones humanas comprometidas, da un rodeo, se refugia en el templo, e ignora la compasión. Y puede haber personas que no militan en ninguna religión y son espléndidos en valores humanos. El Papa Francisco habla con frecuencia de la necesidad de superar este desfase poniendo por delante siempre la misericordia y la compasión. Precisamente lo que hizo el buen samaritano.

La misericordia y la compasión.

Estamos viviendo el “Año de la Misericordia”. Si la historia de nuestras comunidades está manchada de pecado e inconsecuencias, también es cierto que la historia universal no sería la misma sin las iniciativas de las comunidades cristianas que han desarrollado una variopinta red de creativas respuestas al sufrimiento, a las injusticias y desigualdades; fundaciones cuyo principal objetivo es la “misericordia” y la “compasión”.

La leyenda negra anticristiana ha tenido éxito hasta dentro de nuestras comunidades que ignoran cuanto ha sido nuestro aporte a la “civilización del mundo” cuya referente es el respeto a los valores humanos con sus derechos y deberes. Es bueno “corregir al que yerra” y “enseñar al ignorante”, superando las tendencias autodestructivas y poco realistas que tienden a minimizar el impacto del evangelio vivido por nuestras comunidades a través del tiempo. El pecado es pecado y estamos empeñados en superarlo, pero en nuestra historia no todo ha sido pecado.

La misericordia y la compasión debemos cultivarla como un valor esencial en cada Comunidad Cristiana haciendo del evangelio un “proyecto civilizatorio”. Misericordia y Compasión que no se queda en un gesto de ayuda sino que se indigna, descubre las raíces del sufrimiento y trata de sanarlo.

“¿Qué te ha pasado Europa?”

Apareció en la prensa europea una viñeta en la que un grupo de personas, huyendo de la violencia y la pobreza, se aproximaban a las fronteras de Europa y decían: “tenemos mucha suerte porque vamos a llegar a países cristianos en el año de la misericordia”. Pero Europa ya no es lo que fue. El Papa Francisco se lamentaba hace poco: “¿Qué te ha pasado Europa?”. Fue en la entrega que se le hizo del premio Carlomagno. Se refería al cierre de fronteras ante la llegada de refugiados, decretada por los altos cargos de la CEE. ¿No estamos repitiendo la historia del sacerdote y el levita? Mientras tanto miles de voluntarios arriesgan su vida como el buen samaritano para paliar el sufrimiento de unos seres atrapados entre las fronteras de Europa y las de la miseria y la guerra. Dijo el Papa Francisco en su discurso: “Sueño una Europa joven capaz de ser aún madre porque respeta la vida; sueño una Europa que se hace cargo del niño, socorre al pobre y a los que buscan refugio; sueño una Europa que escucha y valora a los enfermos; una Europa donde ser inmigrante no sea delito sino invitación a un mayor compromiso con la dignidad del ser humano; sueño una Europa de la cual no se pueda decir que su compromiso con los derechos humanos ha sido su última utopía”.

Jesús, “el buen samaritano”

Jesús no solo hablaba sino que hacía. Si hay algo que se repite en los evangelios son la cantidad de gestos en los que obra desde unas entrañas conmovidas. Es compasivo como el Padre es compasivo. Respira esa compasión en los encuentros de oración ante el Padre y vuelca esa compasión a lo largo del día. En algunos momentos esa compasión es tan fuerte que se vuelve indignación con los causantes del sufrimiento, en su mayoría líderes religiosos. Por eso terminará su vida crucificado. El obispo brasileño Helder Cámara decía: “Cuando alimenté a los pobres me llamaron santo; pero cuando pregunté por qué hay gente pobre me llamaron comunista”. Oscar Romero también padeció por ser samaritano. Se repite la vida de Jesús en los samaritanos de hoy día. Pero como dice Pablo hoy Jesús no deja de ser para nosotros el que va delante: “la imagen de Dios invisible”, “la cabeza de la iglesia”, “el primero en todo”. El no deja de ser nuestro líder, nuestro “superstar” (que decían los jóvenes hace años) y tenemos la suerte de hacer su memoria cada domingo en la eucaristía e identificarnos con él compartiendo su espíritu samaritano.



ESTUDIO BÍBLICO.

La ley de Dios es dar vida

I Lectura: Deuteronomio (30,10-14): La Ley en el corazón

I.1. La primera lectura está tomada de uno de los libros que más ha influido en la vida y en la teología del pueblo del Antiguo Testamento, el Deuteronomio (30,10-14). Fue un libro que se escribió para catequizar; la “leyenda” admite que en momentos determinados y de dificultades se escondió en el templo de Jerusalén y que apareció después de muchos años, lo que motivó una reforma religiosa en tiempo de rey Josías (cf 2Re 22,3-4ss), cuando vivía el profeta Jeremías. Pudiera ser que el Deuteronomio no fuera encontrado por el sacerdote Jilquías bajo los cimientos del templo de Jerusalén en el año 622 ac. Según algunos expertos, estos escritos (la obra deuteronomista) fueron redactados para proporcionarle al rey Josías una base de autoridad en la que fundamentar su reforma religiosa, que centralizo la religión alrededor de un solo templo y altar, el de Jerusalén. Algunos defienden que el recopilador y autor de la literatura deuteronomista pudo ser el profeta Jeremías, colaborador de la reforma religiosa que el rey Josías emprendió en el año 621 ac.

I.2. El texto de hoy es de los más densos, profundos y expresivos. Los sabios siempre habían comparado la ley de Dios a la Sabiduría, y ésta se consideraba inaccesible. En esta exhortación de hoy se quiere poner de manifiesto que aquello que Dios quiere para su pueblo y para cada uno de nosotros es muy fácil de entender, con objeto de que se pueda llevar a la práctica. Lo que Dios quiere que hagamos no hay que ir a buscarlo más allá del cielo o a las profundidades del mar: lo bueno, lo hermoso, lo justo, es algo que debe estar en nuestro corazón, debe nacer de nosotros mismos. Y esa es la voluntad de Dios. En la liturgia de hoy resonará con fuerza una concepción de la ley, de la voluntad de Dios, que nada tiene que ver con un determinismo o un fundamentalismo irracional. Dios no nos obliga a hacer cosas porque sí, porque Él sea Dios y nosotros criaturas, sino que pretende conducirnos con libertad para ser liberados de una inercia social y religiosa en la que hasta lo más hermoso se quiere determinar de una forma puntual.

II Lectura: Colosenses (1,15-20): Cristo imagen del Dios invisible

II.1. La carta a los Colosenses nos ofrece hoy un himno cristológico de resonancias inigualables: Cristo es la imagen de Dios, pero es criatura como nosotros también. Lo más profundo de Dios, lo más misterioso, se nos hace accesible por medio de Cristo. Y así, Él es el “primogénito de entre los muertos”, lo que significa que nos espera a nosotros lo que a Él. Si a Él, criatura, Dios lo ha resucitado de entre los muertos, también a nosotros se nos dará la vida que Él tiene.

II.2. Entre las afirmaciones o títulos sobre Cristo que podrían parecernos alejadas de nuestra cultura y de nuestra mentalidad, podemos escuchar y cantar este “himno” como una alabanza al “primado” de Cristo en todo: en su creaturalidad, en su papel salvífico, en su resurrección de entre los muertos. Para los cristianos ello no debe ser extraño, porque nuestra religión, nuestro acceso a Dios, está fundamentada en Cristo. Puede que, en el trasfondo, se sugiera alguna polémica para afirmar la “plenitud” de todas las cosas en Cristo. Pero este canto es como un grito necesario, porque hoy, más que nunca, podemos seguir afirmando que Cristo es el “salvador” del cosmos.

Evangelio: Lucas (10,25-37): ¿A quién debemos amar?

III.1. Y ahora el evangelio del día: una de las narraciones más majestuosas de todo el Nuevo Testamento y del evangelio de Lucas. Una narración que solamente ha podido salir de los labios de Jesús, aunque Lucas la sitúe junto a ese diálogo con el escriba que pretende algo imposible. El escriba quiere asegurarse la vida eterna, la salvación, y quiere que Jesús le puntualice exactamente qué es lo que debe hacer para ello. Quiere una respuesta “jurídica” que le complazca. Pero los profetas no suelen entrar en esos diálogos imposibles e inhumanos. Ya la tradición cristiana nos puso de manifiesto que Jesús había definido que la ley se resumía en amar a Dios y al prójimo en una misma experiencia de amor (cf Mc 12,28ss). No es distinto el amor a Dios del amor al prójimo, aunque Dios sea Dios y nosotros criaturas. Pero el escriba, que tenía una concepción de la ley demasiado legalista, quiere precisar lo que no se puede precisar: ¿quién es mi prójimo, el que debo amar en concreto? Aquí es donde la parábola comienza a convertirse en contradicción de una mentalidad absurda y puritana.

III.2. Dos personajes, sacerdote y levita, pasan de lejos cuando ven a un hombre medio muerto. Quizás venían del oficio cultual, quizás no querían contaminarse con alguien que podía estar muerto, ya que ellos podrían venir de ofrecer un culto muy sagrado a Dios. ¿Era esto posible? Probablemente sí (es una de las explicaciones válidas). Pero eso no podía ser voluntad de Dios, sino tradición añeja y cerrada, intereses de clase y de religión. Entonces aparece un personaje que es casi siniestro (estamos en territorio judío), un samaritano, un hereje, un maldito de la ley. Éste no tiene reparos, ni normas, ha visto a alguien que lo necesita y se dedica a darle vida. Mi prójimo -piensa Jesús-, el inventor de la parábola, es quien me necesita; pero más aún, lo importante no es saber quién es mi prójimo, sino si yo soy prójimo de quien me necesita. Jesús, con el samaritano, está describiendo a Dios mismo y a nadie más. Lo cuida, lo cura, lo lleva a la posada y la asegura un futuro.

III.3. Una religión que deja al hombre en su muerte, no es una religión verdadera (la del sacerdote y el levita); la religión verdadera es aquella que da vida, como hace el Dios-samaritano. Algunos Santos Padres hicieron una interpretación simbólica muy acertada: vieron en el “samaritano” al mismo Dios. Por tanto cuando Jesús cuenta esta historia o esta parábola, quiere hablar de Dios, de su Dios. Y si eso es así, entonces son verdaderamente extraordinarias las consecuencias a las que podemos llegar. Nuestro Dios es como el “hereje” samaritano que no le importa ser alguien que rompa las leyes de pureza o de culto religiosas con tal de mostrar amor a alguien que lo necesita. La parábola no solamente hablaba de una solidaridad humana, sino de la praxis del amor de Dios. Fue creada, sin duda, para hablar a los "escribas" de Israel del comportamiento heterodoxo de Dios, el cual no se pregunta a quién tiene que amar (como hace el escriba, nómikos del relato), sino que quiere salvar a todos y ofrecerles un futuro. (Fray Miguel de Burgos Núñez, O. P.).



domingo, 3 de julio de 2016

DOMINGO 14º DEL TIEMPO ORDINARIO


¡Pónganse en camino!

La evangelización es la vocación propia de la Iglesia de Jesucristo, de cada uno de sus miembros. Debe ser permanentemente evangelizada y evangelizadora, pues de no ser así tendrá un nefasto olor a cerrado.

DIOS NOS HABLA. ESCUCHAMOS SU PALABRA.

I LECTURA

La esperanza es una de las grandes actitudes de los profetas. Ellos ven luto en sus pueblos, pero también saben que algún día celebrarán la alegría de ver su grandeza, y el triunfo de la paz y la justicia.

Lectura del libro de Isaías 66, 10-14

¡Alégrense con Jerusalén y regocíjense a causa de ella, todos los que la aman! ¡Compartan su mismo gozo los que estaban de duelo por ella, para ser amamantados y saciarse en sus pechos consoladores, para gustar las delicias de sus senos gloriosos! Porque así habla el Señor: Yo haré correr hacia ella la prosperidad como un río, y la riqueza de las naciones como un torrente que se desborda. Sus niños de pecho serán llevados en brazos y acariciados sobre las rodillas. Como un hombre es consolado por su madre, así yo los consolaré a ustedes, y ustedes serán consolados en Jerusalén. Al ver esto, se llenarán de gozo, y sus huesos florecerán como la hierba. La mano del Señor se manifestará a sus servidores, y a sus enemigos, su indignación.
Palabra de Dios.

Salmo 65, 1-3a. 4-7a. 16. 20

R. ¡Aclame al Señor toda la tierra!

¡Aclame al Señor toda la tierra! ¡Canten la gloria de su Nombre! Tribútenle una alabanza gloriosa, digan al Señor: “¡Qué admirables son tus obras!”. R.

Toda la tierra se postra ante ti, y canta en tu honor, en honor de tu Nombre. Vengan a ver las obras del Señor, las cosas admirables que hizo por los hombres. R.

Él convirtió el mar en tierra firme, a pie atravesaron el río. Por eso, alegrémonos en él, que gobierna eternamente con su fuerza. R.

Los que temen al Señor, vengan a escuchar, yo les contaré lo que hizo por mí. Bendito sea Dios, que no rechazó mi oración ni apartó de mí su misericordia. R.

II LECTURA

San Pablo no acepta divisiones entre aquellos que se ponen a favor de la circuncisión o en contra de ella. Esas son discusiones que atrasan el crecimiento de la comunidad, porque lo importante es vivir como criaturas nuevas. Pensemos en cuánto tiempo y energía perdemos discutiendo en nuestras comunidades y nos olvidamos de vivir la novedad del Evangelio.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Galacia 6, 14-18

Hermanos: Yo sólo me gloriaré en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo está crucificado para mí, como yo lo estoy para el mundo. Estar circuncidado o no estarlo, no tiene ninguna importancia: lo que importa es ser una nueva criatura. Que todos los que practican esta norma tengan paz y misericordia, lo mismo que el Israel de Dios. Que nadie me moleste en adelante: yo llevo en mi cuerpo las cicatrices de Jesús. Hermanos, que la gracia de nuestro Señor Jesucristo permanezca con ustedes. Amén.
Palabra de Dios.

ALELUYA        Col 3, 15a-16a

Aleluya. Que la paz de Cristo reine en sus corazones; que la Palabra de Cristo habite en ustedes con toda su riqueza. Aleluya.

EVANGELIO

“Con frecuencia, los enviados de Jesús serán rechazados por aquellos a quienes llevan la Buena Noticia. Con la imagen de sacudirse hasta el polvo de los pies, Jesús les pide a sus mensajeros que no adquieran las mismas actitudes de los que se oponen al Evangelio”.

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 10, 1-12. 17-20

El Señor designó a otros setenta y dos, además de los Doce, y los envió de dos en dos para que lo precedieran en todas las ciudades y sitios adonde él debía ir. Y les dijo: “La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha. ¡Vayan! Yo los envío como a ovejas en medio de lobos. No lleven dinero, ni provisiones, ni calzado, y no se detengan a saludar a nadie por el camino. Al entrar en una casa, digan primero: ‘¡Que descienda la paz sobre esta casa!’. Y si hay allí alguien digno de recibirla, esa paz reposará sobre él; de lo contrario, volverá a ustedes. Permanezcan en esa misma casa, comiendo y bebiendo de lo que haya, porque el que trabaja merece su salario. No vayan de casa en casa. En las ciudades donde entren y sean recibidos, coman lo que les sirvan; sanen a sus enfermos y digan a la gente: ‘El Reino de Dios está cerca de ustedes’. Pero en todas las ciudades donde entren y no los reciban, salgan a las plazas y digan: ‘¡Hasta el polvo de esta ciudad que se ha adherido a nuestros pies, lo sacudimos sobre ustedes! Sepan, sin embargo, que el Reino de Dios está cerca’. Les aseguro que en aquel Día, Sodoma será tratada menos rigurosamente que esa ciudad”. Los setenta y dos volvieron y le dijeron llenos de gozo: “Señor, hasta los demonios se nos someten en tu Nombre”. Él les dijo: “Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo. Les he dado poder para caminar sobre serpientes y escorpiones y para vencer todas las fuerzas del enemigo; y nada podrá dañarlos. No se alegren, sin embargo, de que los espíritus se les sometan; alégrense más bien de que sus nombres estén escritos en el cielo”.
Palabra del Señor.

O bien, más breve    

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 10, 1-9

El Señor designó a otros setenta y dos, además de los Doce, y los envió de dos en dos para que lo precedieran en todas las ciudades y sitios adonde él debía ir. Y les dijo: “La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha. ¡Vayan! Yo los envío como a ovejas en medio de lobos. No lleven dinero, ni provisiones, ni calzado, y no se detengan a saludar a nadie por el camino. Al entrar en una casa, digan primero: ‘¡Que descienda la paz sobre esta casa!’. Y si hay allí alguien digno de recibirla, esa paz reposará sobre él; de lo contrario, volverá a ustedes. Permanezcan en esa misma casa, comiendo y bebiendo de lo que haya, porque el que trabaja merece su salario. No vayan de casa en casa. En las ciudades donde entren y sean recibidos, coman lo que les sirvan; sanen a sus enfermos y digan a la gente: ‘El Reino de Dios está cerca de ustedes’”.
Palabra del Señor.



MEDITAMOS LA PALABRA DE DIOS

El Papa Francisco el pasado 4 de mayo afirmó: "corremos el peligro de encerrarnos dentro de un redil, donde no habrá olor de oveja sino olor a encierro. ¿Y los cristianos? No debemos ser cerrados, porque tendremos el olor de las cosas cerradas. ¡Nunca! Hay que salir y no cerrarse en sí mismo, en las pequeñas comunidades, en la parroquia, considerándose 'los justos'. Esto sucede cuando falta el impulso misionero que nos lleva al encuentro de los demás."

Continuamos con la lectura del Evangelio según San Lucas (10, 1-12.17-20). Hoy es el relato del envío de los setenta y dos discípulos, o seguidores del Maestro, que Lucas distingue del envío de los Doce Apóstoles, o Enviados (9,1-5), pero que tiene bastantes elementos comunes y siguen el modelo de los profetas itinerantes veterotestamentarios: austeridad y sencillez, confianza en Dios que es quien ha elegido y envía, que es quien hace crecer y fructificar, etc.


Y es que a partir de la Resurrección del Maestro y por mandato suyo, sus seguidores o somos evangelizadores o no somos nada. La evangelización es la vocación propia de la Iglesia de Jesucristo, de cada uno de sus miembros.

Pero ¿qué es evangelizar? Es un proceso que tiene un conjunto de elementos complementarios y mutuamente enriquecedores: la proclamación de la Buena Nueva de Jesucristo mediante el testimonio de vida, acompañada por del anuncio explícito, que lleva a la adhesión del corazón expresada por la entrada en la comunidad cristiana acogiendo los signos sacramentales y que lleva a la tarea evangelizadora.

En ella tiene una importancia primordial el testimonio de vida, claro y elocuente, sin palabras, que hace plantearse a los que lo contemplan: ¿por qué son así? ¿por qué viven de esta manera? ¿qué es o quién es el que los inspira? ¿por qué están con nosotros?

En ocasiones los evangelizadores se quejan de la falta de resultados, de la poca eficacia de su tarea y con escaso espíritu de autocrítica hablan negativamente del rechazo de la sociedad actual, de….etc. Pero no deben olvidar el refrán mencionado por el mismo Jesús: “uno es el sembrador, otro el segador” (Jn 4,37); además es que únicamente Dios es quien hacer creer, fructificar lo sembrado porque "ni el que planta es algo, ni el que riega. Sino Dios que hace crecer" (1 Co 3,7). Así pues, lo que todos los cristianos están llamados a hacer es sembrar. Segar es una gracia que solo se concede a algunos.

Sin duda, la evangelización es una tarea apasionante, pero no es fácil. En muchas ocasiones no aparecen los resultados esperados. ¿Significa esto que no es eficaz? De ningún modo. Significa que los resultados aparecen cuando menos se esperan, pues será en la hora de Dios.

La Segunda Lectura (Gal 6, 14-18) hablaba de la espiritualidad cristiana ante las dificultades, ante las cruces. Espiritualidad que no es negativa. Todo lo contrario: tiene como finalidad ir alumbrando constantemente un tipo nuevo de ser humano. Sin esta dolorosa y gloriosa apertura a lo nuevo venga de donde venga, el Cristianismo se desnaturaliza y se hace inhumano e insoportable.

Por otra parte, en la Primera Lectura (Is 66, 10-14c) la insignificante y apocada comunidad de repatriados oye de su profeta una palabra de aliento, creadora de esperanza. La Jerusalén del futuro es vista por él como una madre que sin dolor pare hijos numerosos y los cubre de su cariño. Los que por ella sufrieron en la humillación, podrán hacerle fiesta; lo harán todos los pueblos. El simbolismo del amor filial y maternal habla de Dios, anuncia paz, ensancha la esperanza y hace sentir su presencia salvadora. Y ello es lo que se debe proponer en la evangelización.

Cuando se pregunta por la eficacia de ella, no se puede medir con los actuales criterios de marketing, o sea en sus resultados inmediatos o deslumbrantes, aunque estos evidentemente gustan, pero pueden ser muy engañosos por su superficialidad y por ser momentáneos. Lo lógico es que sean a largo plazo, porque la auténtica adhesión de corazón requiere tiempo, implica desprenderse de muchas ideas y actitudes, es un cambio radical de vida. La fe cristiana necesita tiempo para madurar. Jesús nos pone en guardia contra nuestras impaciencias, a veces calificadas de “divinas, santas”. Él no quiere que se arranque la cizaña antes de hora, como pretenden sus discípulos. Hay que dar tiempo al crecimiento. Solo en la hora final será posible la siega y la separación (cf. Mt 13,24-30).

Como dice el Papa Francisco no debemos obsesionarnos por los resultados inmediatos. Tenemos que estar dispuestos a soportar con paciencia situaciones difíciles y adversas, o los cambios de planes que impone el dinamismo de la realidad. Pero hay más: tenemos que saber que Dios puede actuar en medio de aparentes fracasos. La fecundidad es muchas veces invisible, “no puede ser contabilizada. Uno sabe bien que su vida dará frutos, pero sin pretender saber cómo, ni dónde, ni cuándo... A veces nos parece que nuestra tarea no ha logrado ningún resultado, pero la misión no es un negocio ni un proyecto empresarial, no es tampoco una organización humanitaria, no es un espectáculo para contar cuánta gente asistió gracias a nuestra propaganda; es algo mucho más profundo que escapa a toda medida. Quizás el Señor toma nuestra entrega para derramar bendiciones en otro lugar del mundo donde nosotros nunca iremos” (Papa Francisco, Evangelii gaudium, 279).

Sin olvidar nunca que, como cristianos y como comunidad cristiana, hemos de ser también permanentemente evangelizados, hemos de dejar que la luz del Evangelio ilumine nuestras vidas en sus zonas luminosas y en sus claroscuros.


ESTUDIO BÍBLICO

La alegría de la misión evangelizadora

Iª Lectura: Isaías (66,10-14): Una Jerusalén nueva

I.1. La primera lectura del libro de Isaías nos habla de una restauración de Jerusalén, después del luto  que implica un designio de catástrofe y de muerte. Dios mismo, bajo la fuerza de Jerusalén como madre que da a luz un pueblo nuevo, se compromete a traer la paz, la justicia y, especialmente el amor, como la forma de engendrar ese pueblo nuevo. Toda la alegría de un parto se encadena en una serie de afirmaciones teológicas sobre la ciudad de Jerusalén. Desde ella hablará Dios, desde ella se podrá experimentar la misma “maternidad de Dios” con sus hijos. Porque Dios, lo que quiere, lo que busca, es la felicidad de sus hijos.

I.2. Pero esa Jerusalén no existe, hay que crearla en todas partes, allí donde cada comunidad sea capaz de sentir la acción liberadora del proyecto divino. El profeta desconocido para nosotros (la lectura de hoy pertenece al tercer Isaías, alguien de la escuela que dejó el gran profeta y maestro del siglos VIII), siente lo más íntimo de Dios y así quiere animar a la comunidad post-exílica para crear una Jerusalén nueva.

IIª Lectura: Gálatas (6,14-18): La fuerza de la cruz

II.1. La segunda lectura viene a ser el colofón a la carta más polémica de San Pablo. Una polémica que se hace en nombre de la cruz de Cristo, por la que hemos ganado la libertad cristiana, como se ponía de manifiesto el domingo pasado. Pablo se despacha ahora, con su propia mano, para firmar la carta con una verdadera “periautología”, una confidencia personal de su vida, de su amor por Cristo y por lo que le ha llevado a ser apóstol de los paganos. La cruz, aquello que antes de su conversión era una vergüenza, como para cualquier judío, se convierte en el signo de identidad del verdadero mensaje cristiano. Los cristianos debemos “gloriarnos” en esa cruz, que no es la cruz del “sacrificio” sin sentido, sino el patíbulo del amor consumado. Allí es donde los hombres de este mundo han condenado al Señor, y allí se revela más que en ninguna otra cosa ese amor de Dios y de Jesús.

II.2. Por eso Pablo no puede permitir que se oculte o se disimule la cruz del evangelio. Es más, la cruz se hace evangelio, se hace buena noticia, se hace agradable noticia, porque en ella triunfa el amor sobre el odio, la libertad sobre las esclavitudes de la Ley y de los intereses del este mundo; en ella reina la armonía del amor que todo lo entrega, que todo lo tolera, que todo lo excusa, que todo lo pasa. Pablo, pues, habla desde lo que significa la cruz como fuerza de amor y de perdón. Aquí se marca el punto álgido que acredita la verdadera identidad cristiana. El que vive de la Ley, en el fondo, se encuentra solo consigo mismo; el que vive en el ámbito del evangelio, deja de estar solo  para vivir "con Cristo" o "Cristo en mí". Y ¿quién es Cristo? Pablo lo revela al principio de la carta: "el que se entregó a sí mismo por nosotros, por nuestros pecados" para darnos la gracia de la salvación.
Evangelio: Lucas (10, 1-12.17-20): La alegría de anunciar el evangelio

III.1. El evangelio (Lucas 10,1ss) es todo un programa simbólico de aquello que les espera a los seguidores de Jesús: ir por pueblos, aldeas y ciudades para anunciar el evangelio. Lucas ha querido adelantar aquí lo que será la misión de la Iglesia. El “viaje” a Jerusalén es el marco adecuado para iniciar a algunos seguidores en esta tarea que Él no podrá llevar a cabo cuando llegue a Jerusalén. El evangelista lo ha interpretado muy bien, recogiendo varias tradiciones sobre la misión  que en los otros evangelistas están dispersas. El número de enviados (70 ó 72) es toda una magnitud incontable, un número que expresa plenitud, porque todos los cristianos están llamados a evangelizar. Se recurre a Num 11,24-30, los setenta ancianos de Israel que ayudan a Moisés con el don del Espíritu; o también a la lista de Gn 10 sobre los pueblos de la tierra. No se debe olvidar que Jesús está atravesando el territorio de los samaritanos, un pueblo que, tan religioso como el judío, no podía ver con buenos ojos a los seguidores de un judío galileo, como era Jesús.

III.2. El conjunto de Lc 19,2-12 es de la fuente Q; sus expresiones, además, lo delatan. Eso significa que las palabras de Jesús sobre los discípulos que han de ir a anunciar el evangelio fueron vividas con radicalidad por profetas itinerantes judeocristianos, antes que Lucas lo enseñase y aplicase a su comunidad helenista. Las dificultades, en todo caso, son las mismas para unos que para otros. El evangelio, buena noticia, no es percibido de la misma manera por todos los hombres, porque es una provocación para los intereses de este mundo. El sentido de estas palabras, con su radicalidad pertinente, se muestra a los mensajeros con el saludo de la paz (Shalom). Y además debe ser desinteresado. No se puede pagar un precio por el anuncio del Reino: ¡sería un escándalo!, aunque los mensajeros deban vivir y subsistir. Y, además, se obligan a arrostrar el rechazo… sin por ello sembrar discordias u odio.

III.3. Advirtamos que no se trata de la misión de los Doce, sino de otros muchos (72). Lo que se describe en Lc 10,1 es propio de su redacción; la intencionalidad es poner de manifiesto que toda la comunidad, todos los cristianos deben ser evangelizadores. No puede ser de otra manera, debemos insistir mucho en ese aspecto del texto de hoy. El evangelio nos libera, nos salva personalmente; por eso nos obligamos a anunciarlo a nuestros hermanos, como clave de solidaridad. Resaltemos un matiz, sobre cualquier otro, en este envío de discípulos desconocidos: volvieron llenos de alegría (v. 20), “porque se le sometían los demonios”. Esta expresión quiere decir sencillamente que el mal del mundo se vence con la bondad radical del evangelio. Es uno de los temas claves del evangelio de Lucas, y nos lo hace ver con precisión en momentos bien determinados de su obra. Los discípulos de Jesús no solamente están llamados a seguirle a Él, sino a ser anunciadores del mensaje a otros. Cuando se anuncia el evangelio liberador del Señor siempre se percibe un cierto éxito, porque son muchos los hombres y mujeres que quieren ser liberados de sus angustias y de sus soledades. ¡Debemos confiar en la fuerza del evangelio! (Fray Miguel de Burgos Núñez O. P.).