domingo, 19 de noviembre de 2017

DOMINGO 33º DEL TIEMPO ORDINARIO



“Eres un empleado fiel y cumplidor”

A propósito de la parábola de hoy de los talentos, nos podemos preguntar qué estamos haciendo con todo lo que Dios nos ha regalado. ¿Qué estamos haciendo con nuestros dones naturales? ¿Qué estamos haciendo con Jesús y todo lo que él nos ha regalado? ¿Cómo y dónde estamos invirtiendo todos estos bienes?

DIOS NOS HABLA. ESCUCHAMOS SU PALABRA.

I LECTURA

 “El libro que nos ha presentado a la mujer modelo es una reflexión de la sabiduría del pueblo de Israel que vivía esta filosofía como pueblo, era su sabiduría popular, era su creencia, en que no es la vanidad de la mujer lo que cuenta, sino su temor de Dios, su interioridad”.

Lectura del libro de los Proverbios 31, 10-13. 19-20. 30-31

Una buena ama de casa, ¿quién la encontrará? Es mucho más valiosa que las perlas. El corazón de su marido confía en ella y no le faltará compensación. Ella le hace el bien, y nunca el mal, todos los días de su vida. Se procura la lana y el lino, y trabaja de buena gana con sus manos. Aplica sus manos a la rueca y sus dedos manejan el huso. Abre su mano al desvalido y tiende sus brazos al indigente. Engañoso es el encanto y vana la hermosura: la mujer que teme al Señor merece ser alabada. Entréguenle el fruto de sus manos y que sus obras la alaben públicamente.
Palabra de Dios.

Salmo 127, 1-5

R. ¡Feliz quien ama al Señor!

¡Feliz el que teme al Señor y sigue sus caminos! Comerás del fruto de tu trabajo, serás feliz y todo te irá bien. R.

Tu esposa será como una vid fecunda en el seno de tu hogar; tus hijos, como retoños de olivo alrededor de tu mesa. R.

¡Así será bendecido el hombre que teme al Señor! ¡Que el Señor te bendiga desde Sión todos los días de tu vida: que contemples la paz de Jerusalén! R.

II LECTURA

San Pablo nos ayuda a considerar que debemos asumir la vida presente con atención, vigilando nuestros actos y elecciones. No simplemente porque pueda llegar pronto “el Día del Señor”, sino porque somos hijos de la luz y, por lo tanto, responsables de iluminar un mundo en el que parece dominar la oscuridad.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Tesalónica 5, 1-6


Hermanos: En cuanto al tiempo y al momento, no es necesario que les escriba. Ustedes saben perfectamente que el Día del Señor vendrá como un ladrón en plena noche. Cuando la gente afirme que hay paz y seguridad, la destrucción caerá sobre ellos repentinamente, como los dolores del parto sobre una mujer embarazada, y nadie podrá escapar. Pero ustedes, hermanos, no viven en las tinieblas para que ese Día los sorprenda como un ladrón: todos ustedes son hijos de la luz, hijos del día. Nosotros no pertenecemos a la noche ni a las tinieblas. No nos durmamos, entonces, como hacen los otros: permanezcamos despiertos y seamos sobrios.
Palabra de Dios.

ALELUYA        Jn 15, 4-5

Aleluya. “Permanezcan en mí, como yo permanezco en ustedes. El que permanece en mí da mucho fruto”, dice el Señor. Aleluya.

EVANGELIO

Con un extraño ejemplo económico, Jesús nos enfrenta a una realidad: Dios nos ha dado “algo” que debemos multiplicar. Ahora bien, será necesario hacer un camino de búsqueda muy sincero para descubrir qué nos ha dado el Señor, luego agradecerlo (¡es un don!) y, por fin, ponerlo a disposición del Reino con absoluta sinceridad y coraje. Debemos saber que tenemos “algo” que solo nosotros podemos dar a los demás. Y Dios espera que así lo hagamos.

Ì Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 25, 14-30

Jesús dijo a sus discípulos esta parábola: El Reino de los Cielos es como un hombre que, al salir de viaje, llamó a sus servidores y les confió sus bienes. A uno le dio cinco talentos, a otro dos, y uno solo a un tercero, a cada uno según su capacidad; y después partió. En seguida, el que había recibido cinco talentos, fue a negociar con ellos y ganó otros cinco. De la misma manera, el que recibió dos, ganó otros dos, pero el que recibió uno solo, hizo un pozo y enterró el dinero de su señor. Después de un largo tiempo, llegó el señor y arregló las cuentas con sus servidores. El que había recibido los cinco talentos se adelantó y le presentó otros cinco. “Señor, le dijo, me has confiado cinco talentos: aquí están los otros cinco que he ganado”. “Está bien, servidor bueno y fiel, le dijo su señor; ya que respondiste fielmente en lo poco, te encargaré de mucho más: entra a participar del gozo de tu señor”. Llegó luego el que había recibido dos talentos y le dijo: “Señor, me has confiado dos talentos: aquí están los otros dos que he ganado”. “Está bien, servidor bueno y fiel; ya que respondiste fielmente en lo poco, te encargaré de mucho más: entra a participar del gozo de tu señor”. Llegó luego el que había recibido un solo talento. “Señor, le dijo, sé que eres un hombre exigente: cosechas donde no has sembrado y recoges donde no has esparcido. Por eso tuve miedo y fui a enterrar tu talento: ¡aquí tienes lo tuyo!”. Pero el señor le respondió: “Servidor malo y perezoso, si sabías que cosecho donde no he sembrado y recojo donde no he esparcido, tendrías que haber colocado el dinero en el banco, y así, a mi regreso, lo hubiera recuperado con intereses. Quítenle el talento para dárselo al que tiene diez, porque a quien tiene, se le dará y tendrá de más, pero al que no tiene, se le quitará aun lo que tiene. Echen afuera, a las tinieblas, a este servidor inútil; allí habrá llanto y rechinar de dientes”.
Palabra del Señor.
O bien, más breve:

Ì Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 25, 14-15. 19-21

Jesús dijo a sus discípulos esta parábola: El Reino de los Cielos es como un hombre que, al salir de viaje, llamó a sus servidores y les confió sus bienes. A uno le dio cinco talentos, a otro dos, y uno solo a un tercero, a cada uno según su capacidad; y después partió. Después de un largo tiempo, llegó el señor y arregló las cuentas con sus servidores. El que había recibido los cinco talentos se adelantó y le presentó otros cinco. “Señor, le dijo, me has confiado cinco talentos: aquí están los otros cinco que he ganado”. “Está bien, servidor bueno y fiel, le dijo su señor; ya que respondiste fielmente en lo poco, te encargaré de mucho más: entra a participar del gozo de tu señor”.
Palabra del Señor.

MEDITAMOS LA PALABRA DE DIOS.

Desterrar el miedo

En un primer momento, nos vamos a centrar en el tercer empleado de la parábola de este domingo. Cuando su señor le pidió cuentas del talento recibido, se defendió con la disculpa del miedo. Tenía miedo de su señor porque era exigente, severo y, al parecer, un tanto injusto porque quiere “segar y recoger donde no ha sembrado”.

Desde luego, el señor de esta parábola no se parece en nada a Cristo Jesús, nuestro Maestro y Señor. Vemos que son muy distintos. Nunca podemos tener miedo a Jesús sus seguidores.

Cómo vamos a tenerle miedo, si sabemos que ha sido capaz hasta de lavarnos los pies.

Cómo vamos a tenerle miedo, si sabemos que sigue siendo capaz en cada eucaristía de entregarnos su persona, hecha alimento, para caminar con fuerza e ilusión por las, a veces, empinadas cuestas de nuestra vida. “Tomad y comed esto es mi cuerpo. Tomad y bebed esta es mi sangre”.

Cómo vamos a tenerle miedo, si sabemos que cada día nos sigue ofreciendo eso que tanto nos gusta a los hombres que es la amistad. “A vosotros os llamo amigos”.

Cómo vamos a tenerle miedo, si sabemos que nunca nos dejará huérfanos, que, si le dejamos, se adentra en nuestro corazón, y allí mora, y desde allí nos anima, nos fortalece, nos guía, nos consuela. Por eso, nos exhorta san Pablo: “¿No lográis descubrir a Cristo en vosotros”? “Ya no soy yo quien vive es Cristo quien vive en mí”.
Cómo vamos a tenerle miedo, si sabemos que cuando le damos la espalda y le negamos como Pedro, vuelve a salir a nuestro encuentro para perdonarnos y preguntarnos “Pedro, ¿me amas?

Cómo vamos a tenerle miedo, si sabemos que cuando nos llegue “el día y la hora” nos ha prometido que saldrá a nuestro encuentro, para recibirnos con los brazos abiertos e invitarnos al banquete de su Reino: “Venid, benditos de mi Padre, a disfrutar del reino preparado para vosotros desde la creación del mundo”.

Por  todo lo dicho, hemos de desterrar para siempre el miedo ante Cristo Jesús y ante Dios nuestro Padre. La confianza y el amor es lo que debe reinar ante ellos.   

Desterrar la vagancia

Jesús, en esta parábola, también nos pide que no seamos holgazanes. “Negociad mientras vuelvo”. Nos pide que trabajemos con los talentos recibidos. Todos y cada uno de nosotros, además de los talentos naturales que nos han sido dados, hemos recibido una inmensa fortuna, un gran talento, llamado Jesús de Nazaret. Es el gran regalo que Dios Padre ha hecho a toda la humanidad y a cada uno de nosotros. Desde luego, lo que no podemos hacer es enterrar a Jesús, como hizo el tercer empleado con su talento.

Porque con Él nos han llovido más talentos y más regalos. Cristo nos ha regalado su palabra, su luz, nos ha indicado dónde tenemos que poner el acento en la vida y en dónde no, qué cosas son las que llenan nuestro corazón para que las vivamos y qué cosas le dejan vacío y helado para que las rechacemos.

Jesús también nos habla de cómo debemos invertir nuestra vida, nuestra persona para hacerla rentable, pero no para hacerla rentable en dinero, sino para hacerla rentable en alegría, en satisfacción, en esperanza, en ilusión, en felicidad…

Y nos los dice principalmente a través del testimonio de su vida. Por eso, nos debemos preguntar en qué invirtió Jesús su vida. La invirtió en el amor, el talento de más valor que tenemos los humanos. Invirtió su vida en amarnos a nosotros, para asegurarnos que es la única manera de hacer rentable nuestra vida. Por eso, rompiendo todos los esquemas económicos de los bancos de cualquier época, nos certificó que la mejor manera de ganar la vida es perdiéndola. En la lógica de Jesús, en la lógica del amor, el que gana pierde y el que pierde gana. Eso es el amor y eso fue lo que hizo Jesús: entregó su vida en favor nuestro. Nos amó hasta el extremo.

La lección de la parábola es bien sencilla: No tengamos nunca miedo a los que nos aman, a Jesús y a nuestro Padre Dios; y no seamos holgazanes, invirtamos nuestra vida en el amor, amando a Dios y a nuestros hermanos y hermanas, la única manera de sacar rendimiento a nuestra existencia.

ESTUDIO BÍBLICO.

Este “penúltimo” domingo del año litúrgico nos mete de lleno en la esfera religiosa escatológica; nos instruye y nos motiva a pensar en las últimas cosas de la vida, esas sobre las que no queremos hablar casi nunca, porque nos parece que no forman parte de nosotros mismos; como si fueran de otro mundo. Sin embargo, la liturgia nos recuerda que son del nuestro, de nuestra intimidad más profunda a la que debemos asomarnos con fe y esperanza. Existen las últimas cosas, que llegan cuando nuestra vida, aquí, ya se ha agotado. Por ello, nos permitimos una reflexión de más alcance sobre el concepto bíblico de “parusía” que impregna el sentido de las lecturas de este día:

1) La palabra griega que sustenta este concepto no es directamente bíblica, sino que está tomada del helenismo donde significaba la «visita» o la «presencia» del rey en una ciudad. Si un rey o un gran mandatario visitaba una ciudad, se hacían grandes obras para el momento, se preparaban fiestas con alabanzas y sacrificios en los templos; a esto se le llamaba «parusía». E incluso viene a simbolizar una nueva era para la ciudad o para la provincia o territorio. De ahí la tomaron los cristianos, sin duda, ya que aparece muy poco en el AT (cuatro veces en la Biblia griega de los LXX). Su sentido técnico es manifiesto, pero mucho más su sentido religioso. De esa manera se aplicó a la venida de Cristo, a su vuelta al final de los tiempos, para llevar a cabo el triunfo sobre este mundo y manifestar la grandeza y el poderío del reinado de Dios. Esta vuelta, tal como creían los primeros cristianos, no estaba lejos (así en 1Tes 2,19; 3,13; 4,15; 5,23; 2Tes 2,9; 1Cor 15,23). Sin embargo, un cambio de actitud se va imponiendo poco a poco hasta ir desapareciendo paulatinamente de la visión escatológica y de las ideas del cristianismo. En los evangelios, ni el mismo Hijo del hombre conoce la fecha (Mc 13,32; Mt 24,36); y en la 2Tes se intenta justificar el retraso de la parusía por algo que escapa a los cristianos. En realidad era una forma de curar cierta fiebre apocalíptica ante dificultades y persecuciones. Ello fue beneficioso para valorar mucho más la transformación que el Reino de Dios debía tener en la historia actual, según el mensaje del mismo Jesús.

2) Sin embargo, hay que decir que el cristianismo no bebe exclusivamente en el helenismo su visión de lo que conocemos técnicamente como «parusía», sino que en el fondo es más fuerte un concepto bíblico de carácter profético que se conoce como el «día de Yahvé», el «día del Señor» y así lo usa también San Pablo (1Tes 4,18). Eso supone que los cristianos han reinterpretado un antiguo concepto bíblico de carácter escatológico y apocalíptico.

3) ¿Qué es el día del Señor? Como en casi todas las culturas religiosas, el día del Señor tiene dos aspectos: uno positivo, de salvación, de liberación, de triunfo de Dios sobre el mal y sobre los enemigos; por otra, desde la perspectiva de la predicación profética monoteísta, es el día del juicio, por ejemplo, contra todo orgullo humano (Is 2,6-22). Numerosos textos proféticos y apocalípticos apoyarían este doble sentido (cf Am 5,18-20; Jl 4,12ss; Sof 1,7-14 de donde se toman la expresión «dies irae, dies illa»; Ez 7,7-27).

4) ¿Qué sentido, pues, tiene la parusía? Reinterpretando todo lo que el AT y el NT nos sugieren, debemos tratar de entender que el día del Señor, el día de la parusía, no es un tiempo cronológico de un momento, o una fecha del calendario. Es una nueva situación que hay que aceptar por la fe y la esperanza en Dios. Es un concepto de excelencia en el que la salvación de Dios anunciada por los profetas y manifestada en la vida de Jesucristo es una realidad sin vuelta atrás. Por eso no es cuestión de ajustar el día de la parusía, o el día del Señor, o el día de la salvación, a un momento, a una hora, a un día, a un año. Se trata de reconocer la acción de Dios por los hombres. E incluso podemos afirmar que, desde la fe cristiana, supone reconocer la acción por la que Dios transformará la historia. De ahí que debamos entender y aceptar que la parusía ha comenzado en la Resurrección de Jesús y no terminará hasta que todos los hombres que existen y existirán serán resucitados como Jesús (así lo ve ya Pablo en 1Tes 4,13 y en 1Cor 15). Y eso será el signo definitivo, el día por excelencia, en el que la historia, es decir, la creación de Dios habrá llegado a su plenitud.

I Lectura: Proverbios (31,10…31): La sabiduría de las grandes decisiones

I.1. El ejemplo del libro de los Proverbios (31, 10...31) nos presenta precisamente a una mujer, la “mujer fuerte”, hija, hermana o madre en la que se puede confiar. Como la Biblia no es antifeminista, aunque su cultura esté impregnada por una mentalidad patriarcal, sí acierta en ver a la mujer como más abierta a lo escatológico, a lo espiritual, al amor por los pobres. Por eso, esta lectura, justamente, propone desde dónde se deben afrontar las últimas cosas de la vida. No conviene, de ninguna manera, hacer una lectura “contracultural”. La mujer no está reducida al hogar, a la casa, a los hijos… Lo importante en esta lectura es la gran capacidad de “decisión”.

I.2. La mujer judía, encargada de mantener el fuego en el hogar, y de encender las luces del shabat, experimentó desde muy pronto lo que significó su llamado al Reino. Ella encarnaba en Israel la sofía de Dios y, por lo tanto, debe enseñarla, iniciar a sus hijos en su camino. En el hebreo bíblico espíritu (ruah) y sabiduría, (hokma), son términos femeninos. Sofía, como una niña que danza ante Dios, (Prov 8,22ss), es el rostro humano del pensamiento divino y por lo tanto es a la madre a quien corresponde la iniciación de sus hijos en la prudencia. Israel valoró a la mujer como a una perla, desde su escondimiento e invisibilidad, pero también la apreció como profetisa, guerrera y reina. A pesar del patriarcalismo de la Biblia, sus autores no callaron totalmente nombres como el de Myriam, Débora, Judith, Ester, Ana... Ellas y muchas otras mujeres encarnaron el ideal de Israel, quien llegó a identificarse como nación con la "amada" del Cantar. La amada de Yahvé a quien profetas y sabios dieron nombres y destinos femeninos, al reprender en sus desvíos la respuesta del pueblo a un amor de Alianza. Israel fue la elegida, la virgen, la esposa, la ramera... Oseas, Jeremías y Ezequiel vituperaron las infidelidades de Israel con nombres femeninos.

I.3. La mujer es más religiosa que el hombre; siempre lo ha sido. Y el elogio de la mujer en el capítulo último de los Proverbios es toda una analogía (y subrayo “analogía) para que demos importancia a lo que no queremos darle, como si eso fuera cosa de mujeres. Las cosas que merecen la pena, y especialmente las cosas de Dios, deben tener en nosotros la gran oportunidad que “la mujer”, la madre, la hija, la hermana, da a los suyos. Y todos, varones o mujeres, tenemos que tomar grandes decisiones. En realidad aquí se habla de la mujer como si se tratara de la “sabiduría”. Esa sabiduría bíblica, que es una sabiduría práctica, es la que se propone aquí en la imagen de la mujer.

II Lectura: Tesalonicenses (5,1-6): Esperar en la luz, sin miedo

II.1. La segunda lectura, en continuación con la del domingo pasado, nos muestra al Pablo primitivo al que la comunidad de Tesalónica le plantea grandes cuestiones y, concretamente, en lo que se refiere a la venida del Señor. Los primeros cristianos estuvieron obsesionados con ello. Esta es la segunda instrucción del apóstol sobre dicho acontecimiento. Para su enseñanza se vale del lenguaje profético veterotestamentario, de la literatura apocalíptica (mucho de ello lo encontramos en los textos de Qumrán): vendrá como cuando una mujer da a luz, que casi siempre es un momento inoportuno, entre la luz y las tinieblas, entre el velar y el dormir.

II.2. Pero el objetivo de Pablo es liberar la tensión que pesa sobre el momento y la hora de la venida e incidir en la actitud que hay que tener, como lo más importante: ese debe ser un instante de luz porque es evento de salvación, para lo cual se debe estar preparado. Por eso, el falso problema de cuándo, con su angustia e incerteza, se cambia por el cómo: desde la luz, desde la praxis del amor, la justicia, la solidaridad y el perdón. Así viviremos con Cristo.

Evangelio: Mateo (25,14-30): No «enterrar» el futuro

III.1. El evangelio de Mateo (25,14-30) nos muestra, tal como lo ha entendido el evangelista, una parábola de "parusía" sobre la venida del Señor. Es la continuación inmediata del evangelio que se leía el domingo pasado y debemos entenderlo en el mismo contexto sobre las cosas que forman parte de la escatología cristiana. La parábola es un tanto conflictiva en los personajes y en la reacciones. Los dos primeros están contentos porque “han ganado”; el último, que es el que debe interesar (por eso de las narraciones de tres), ¿qué ha hecho? :“enterrar”.

III.2. Los hombres que han recibido los talentos deben prepararse para esa venida. Dos los han invertido y han recibido recompensa, pero el tercero los ha cegado y la reacción del señor es casi sanguinaria. El siervo último había recibido menos que los otros y obró así por miedo, según su propia justificación. ¿Cómo entendieron estas palabras los oyentes de Jesús? ¿Pensaron en los dirigentes judíos, en los saduceos, en los fariseos que no respondieron al proyecto que Dios les había confiado? ¿Qué sentido tiene esta parábola hoy para nosotros? Es claro que el señor de esta parábola no quiere que lo entierren, ni a él, ni lo que ha dado a los siervos. El siervo que “entierra” los talentos, pues, es el que interesa.

III.3. Parece que la recompensa divina, tal como la Iglesia primitiva pudo entender esta parábola, es injusta: al que tiene se le dará, y al que tiene poco se le quitará. Pero se le quitará si no ha dado de sí lo que tiene. Y es que no vale pensar que en el planteamiento de la salvación, que es el fondo de la cuestión, se tiene más o menos; se es rico o pobre; sino que la respuesta a la gracia es algo personal que no permite excusas. La diferencia de talentos no es una diferencia de oportunidades. Cada uno, desde lo que es, debe esperar la salvación como la mujer fuerte de los Proverbios que se ha leído en primer lugar. Tampoco el señor de la parábola es una imagen de Dios, ni de Cristo, porque Dios no es así con sus hijos y Cristo es el salvador de todos. Es una parábola, pues, sobre la espera y la esperanza de nuestra propia salvación. No basta asegurarse que Dios nos va a salvar; o aunque fuera suficiente: ¿es que no tiene sentido estar comprometido con ese proyecto? La salvación llega de verdad si la esperamos y si estamos abiertos a ella. (Fray Miguel de Burgos Núñez, O. P.).   


domingo, 12 de noviembre de 2017

DOMINGO 32º DEL TIEMPO ORDINARIO



“¡Ahí viene el novio, salgan a recibirlo!”

Revisaremos algunas claves del acercamiento a la humanidad sufriente apoyándonos en las particulares claves de la Sabiduría contenidas en las lecturas bíblicas de este domingo.

DIOS NOS HABLA. ESCUCHAMOS SU PALABRA.

I LECTURA

Este pasaje bíblico presenta la conducta activa de quien va en busca de la sabiduría. Esta postura es contraria a la conformista, que provoca estancamiento en la vida espiritual. Con diversas acciones, el autor de este texto ilustra la actitud que tiende hacia la sabiduría: anhelar, madrugar, buscar y pensar. Quien vive en ese dinamismo, encuentra la sabiduría y se alegra en ella.

Lectura del libro de la Sabiduría 6, 12-16

La Sabiduría es luminosa y nunca pierde su brillo: se deja contemplar fácilmente por los que la aman y encontrar por los que la buscan. Ella se anticipa a darse a conocer a los que la desean. El que madruga para buscarla no se fatigará, porque la encontrará sentada a su puerta. Meditar en ella es la perfección de la prudencia, y el que se desvela por su causa pronto quedará libre de inquietudes. La Sabiduría busca por todas partes a los que son dignos de ella, se les aparece con benevolencia en los caminos y les sale al encuentro en todos sus pensamientos.
Palabra de Dios.

Salmo 62, 2-8

R. Mi alma tiene sed de ti, Señor.

Señor, tú eres mi Dios, yo te busco ardientemente; mi alma tiene sed de ti, por ti suspira mi carne como tierra sedienta, reseca y sin agua. R.

Sí, yo te contemplé en el Santuario para ver tu poder y tu gloria. Porque tu amor vale más que la vida, mis labios te alabarán. R.

Así te bendeciré mientras viva y alzaré mis manos en tu Nombre. Mi alma quedará saciada como con un manjar delicioso, y mi boca te alabará con júbilo en los labios. R.

Mientras me acuerdo de ti en mi lecho y en las horas de la noche medito en ti, veo que has sido mi ayuda y soy feliz a la sombra de tus alas. R.

II LECTURA

San Pablo usa diversas imágenes para expresar lo que es la Resurrección como paso de esta vida terrenal a la comunión en la vida divina: ángeles, trompeta, fuertes voces, nubes y elevación. Con estos signos, busca señalar hacia dónde apunta nuestra esperanza: la Vida Eterna con Dios.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Tesalónica 4, 13-18

No queremos, hermanos, que vivan en la ignorancia acerca de los que ya han muerto, para que no estén tristes como los otros, que no tienen esperanza. Porque nosotros creemos que Jesús murió y resucitó: de la misma manera, Dios llevará con Jesús a los que murieron con él. Queremos decirles algo, fundados en la Palabra del Señor: los que vivamos, los que quedemos cuando venga el Señor, no precederemos a los que hayan muerto. Porque a la señal dada por la voz del Arcángel y al toque de la trompeta de Dios, el mismo Señor descenderá del cielo. Entonces, primero resucitarán los que murieron en Cristo. Después nosotros, los que aún vivamos, los que quedemos, seremos llevados con ellos al cielo, sobre las nubes, al encuentro de Cristo, y así permaneceremos con el Señor para siempre. Consuélense mutuamente con estos pensamientos.
Palabra de Dios.
O bien, más breve:

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Tesalónica 4, 13-14

No queremos, hermanos, que vivan en la ignorancia acerca de los que ya han muerto, para que no estén tristes como los otros, que no tienen esperanza. Porque nosotros creemos que Jesús murió y resucitó: de la misma manera, Dios llevará con Jesús a los que murieron con él.
Palabra de Dios.

ALELUYA        Mt 24, 42. 44

Aleluya. Estén prevenidos y preparados, porque el Hijo del hombre vendrá a la hora menos pensada. Aleluya.

EVANGELIO

Estas jóvenes fueron invitadas a ser parte del cortejo en un casamiento. Seguramente, si una persona amiga nos hiciera semejante honor, no nos quedaríamos dormidos el día de la fiesta. Esto, que sería improbable para una reunión social, nos puede ocurrir para la gran fiesta del Reino de los Cielos. Puede ocurrir que nuestra alma se apoltrone y se duerma, estancados en la vida espiritual y perdiendo el entusiasmo y la atención. La parábola nos exhorta a vivir despabilados y atentos para encontrarnos con Dios.

Ì Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 25, 1-13

Jesús dijo a sus discípulos esta parábola: “El Reino de los Cielos será semejante a diez jóvenes que fueron con sus lámparas al encuentro del esposo. Cinco de ellas eran necias y cinco, prudentes. Las necias tomaron sus lámparas, pero sin proveerse de aceite, mientras que las prudentes tomaron sus lámparas y también llenaron de aceite sus frascos. Como el esposo se hacía esperar, les entró sueño a todas y se quedaron dormidas. Pero a medianoche se oyó un grito: ‘Ya viene el esposo, salgan a su encuentro’. Entonces las jóvenes se despertaron y prepararon sus lámparas. Las necias dijeron a las prudentes: ‘¿Podrían darnos un poco de aceite, porque nuestras lámparas se apagan?’. Pero éstas les respondieron: ‘No va a alcanzar para todas. Es mejor que vayan a comprarlo al mercado’. Mientras tanto, llegó el esposo: las que estaban preparadas entraron con él en la sala nupcial y se cerró la puerta. Después llegaron las otras jóvenes y dijeron: ‘Señor, señor, ábrenos’. Pero él respondió: ‘Les aseguro que no las conozco’. Estén prevenidos, porque no saben el día ni la hora”.
Palabra del Señor.

MEDITAMOS LA PALABRA DE DIOS.

Salgan al encuentro con aceite en las lámparas…

Hermanas y hermanos, la cosa tiene tela… El mundo a nuestros ojos tiene mucha zona de vacío, mucha cuneta, mucha muerte… Constatar esto, no nos engañemos, no es pesimismo, es realismo. La gente sufre, se la traga una espiral de violencia establecida y una suerte de abuso normalizado, aceptado como única alternativa. Mirar para otro lado, retraerse, hacer análisis sesgados o tibios, no denunciarlo o justificarlo ideológicamente supone hacer nuestra una de las traiciones más gruesas que podemos hacer a ese buen Jesús al que decimos amar, tal que fieles esposos y esposas.

Ante este panorama, afirmar que queremos salir al encuentro del esposo, verbalizar que sus desvelos son los nuestros, asegurar que nos estamos movilizando, que estamos tomando nuestras lámparas y andamos, merece análisis. No para cuestionar si es cierto o no, seguro que es verdad que ese es nuestro impulso, faltaría más; sino para repensar una vez más, desde dónde lo hacemos y cómo.

Salir al encuentro del esposo, que en limpio significa interesarte decididamente por un tú, por un otro u otra, por un tú sufriente y roto, y hacerlo a la ligera, de forma improvisada, somera, voluntarista o ampulosa, pero sin hacer pie y sin tener claro desde dónde, es, ya lo dice el Evangelio, una actitud insensata y necia. Bien podría ser un movimiento bienintencionado, que aun así, en algún momento deviene virtualmente estéril. Salías pretendiendo ser lámpara y luz, pero tarde o temprano descubres que no llevabas aceite… Da la impresión, de que ser capaz de identificar un cuándo (…porque no sabéis el día ni la hora…), un dónde y un cómo (…y se pusieron a preparar sus lámparas…) supone funcionar con unas herramientas que permiten el reconocimiento mutuo y conjuran la necedad de vivir a base de encuentros estériles. Recordemos que Jesús dedica duras palabras a quienes que no fueron capaces de cuidar y preparar sus lámparas para el momento “…no os conozco…”.

Quizá las claves de este otro modo de vivir el encuentro con el esposo -con la humanidad de forma más auténtica y verdadera- vengan de la Sabiduría. Y aquí la primera lectura no es nada ambigua. La sabiduría es radiante e inmarcesible, no caduca, no se acaba. Estupendo ¡qué gran noticia!..., pero para verla “fácilmente” es necesario amarla, buscarla y desearla. Salir al encuentro del tú, y hacerlo desde la sabiduría que anticipa la riqueza de encontrar, quizá supone que en mi mente y corazón tiene que existir la necesidad y el amor por ese tú. Requiere optar, estar dispuesta a que ese tipo de presencia, muchas veces sufriente, rota y dolorosa, entre en mi vida, tenga hueco en mí y sea mirada por mis ojos. Es algo mucho más recio que un “buenismo” políticamente correcto, que una piedad diligente, es “madrugar” por y para el encuentro con lo humano, es no cansarse de buscarlo. Es no huir de las situaciones desesperadas. Es pronunciar palabras necesarias y hacerlo sin cobardía. Es situarse dónde toca, es pensar siempre dónde se detendría el esposo, dónde mora la Sabiduría, dónde se está más cerca de lo verdadero, de lo que vale la pena. Es alojarse en lo que no es estéril. Cancelar reserva en el espacio que nos traiciona…Es estar preparadas, lúcidos, presentes.

Hermanos y hermanas: Pongámonos a tiro de la Sabiduría que va de un lado a otro buscando. Consideremos nuestro cuándo, nuestro cómo, nuestro desde dónde. Seamos en Verdad. Aprendamos a SER y hacerlo en plenitud.

ESTUDIO BÍBLICO.

La Lectura (Sabiduría 6,12-16): Abrirse a la sabiduría

La liturgia de este domingo, intenta marcar la pauta de lo que es la apertura al último destino del hombre y de la vida. Efectivamente, sin la sabiduría, que es la esencia de lo bueno, de la felicidad, de lo ético y estético, la vida perdería su hermosura y su dimensión escatológica (lo que la lleva más allá de la experiencia de la finitud y de la muerte). Por ello, ser sabio, en la Biblia, no es estudiar una carrera para aprender muchas cosas; no es cuestión de cantidad, sino de calidad; es descubrir constantemente la dimensión más profunda de nosotros mismo y de Dios. Para los hebreos, los enemigos de la fe en Dios no eran el escepticismo ni la incredulidad sino la adoración a los dioses paganos, meros productos de la imaginación humana descarriada.

Los hebreos no buscaban el conocimiento teórico sino la sabiduría (hokma), es decir; el pensar correctamente para tomar decisiones acertadas y vivir una vida justa ante Dios. En el origen de su semántica hebrea la sabiduría no era un saber cualquiera ni puramente teórico —a la manera griega— sino el conocimiento necesario para la acción. El que tenían, por ejemplo, los arquitectos cananeos para construir el templo de Salomón. Pero también y especialmente el conocimiento que tuvo Salomón para conducir a su pueblo. Era, sobre todo, la sabiduría que transmitía Dios a Israel para llevarlo a su plenitud, a la verdadera Felicidad, y expresada de un modo sintético y sublime en los mandamientos.

¿Dónde está esa sabiduría? El autor de este libro lo tiene claro: en Dios, el autor de la vida y de lo que somos. El poema es un alarde, porque en el fondo, con la sabiduría, casi personalizada, se está hablando de la acción de Dios que sale siempre al encuentro del hombre. Sin Dios (en el poema es la sabiduría), pues, el ser humano no encontrará su verdadero destino. Si no mimamos la sabiduría, no aprenderemos a vivir con esperanza, ni a ser felices en aquello que merece la pena, ni a superar los traumas que nos rodean, ni a esperar siempre un minuto, una hora, un día, una eternidd mejor para todos. Pero como dice el texto de hoy, debemos ser dignos de la sabiduría para que ella reos sonría. Tener sabiduría, en definitiva, es buscar o descubrir constantemente lo que nunca muere; aspirar a ello como lo más normal de la vida. Ahí se revela verdadera sabiduría divina.

II Lectura (I Tesalonicenses 4,13-18):Nuestro destino es la vida eterna

San Pablo en uno de los textos más conocidos de su carta I a a los Tesalonicenses establece unas analogías, aproximaciones que se imaginaba, sobre la suerte de los que habían muerto y qué sería de ellos cuando llegara el fin del mundo. Cuando Timoteo llega a Corinto, donde está Pablo, con algunos acompañantes de la comunidad de Tesalónica, le plantean la dificultad que tienen de que algunos de los suyos, que han muerto, puedan quedan "desposeídos" de la gloria y la felicidad de Dios en la llegada de la "parusía". Es decir, si los muertos resucitarán para gozar de esta felicidad. Pablo lo apoya como "palabra de Dios". Esta es la afirmación más decisiva, independientemente del momento de la parusía o de la resurrección de los muertos para gozar de Dios. Es lógico pensar que en el texto esta " trasformación-resurrección" se contempla desde la perspectiva del "final de los tiempos" o de este mundo.

Porque Pablo, al comienzo de su misión apostólica, pensaba que él mismo vería ese momento de la "parusía" o la segunda venida del Señor, que era una actitud e incluso un convencimiento bastante común entre los primeros cristianos, heredada de una corriente de corte apocalíptico del judaísmo. Después evolucionaría en su pensamiento y en su teología (cf Flp 1,20-24; 2Cor 4,10-5,8), porque el fin del mundo y la venida del Señor no debernos entenderla como una irrupción apocalíptica, sino como un proceso que se va consumando misteriosamente en esta historia; que por una parte va muriendo y por otra se evoluciona hacia un mundo mejor y más hermoso en medio de acontecimientos críticos, de ciclos desconcertantes, para volver a resurgir la esperanza y la luz. Ya Jesús había hablado de que los muertos, para Dios, están vivos, en una discusión que los saduceos le habían planteado sobre el destino de los que han muerto (cf Mc 12, 18-27; Lc 20,27-38). Jesús, pues, había afrontado la cuestión desde esa clave de la sabiduría que descubre en nosotros lo que nunca muere.

Evangelio (Mateo 25,1-13): La actitud frente a la felicidad eterna

El evangelio, texto exclusivo de Mateo, nos propone la parábola de las vírgenes necias y las prudentes . No siempre hemos logrado penetrar adecuadamente en su sentido, ya que la narración está recargada de significados específicos diversos. Se habla de "diez', quizás porque era el número exigido para la calidez de la plegaria en la sinagoga o fuera de ella. Por lo mismo se apunta, o precisa el autor del evangelio de Mateo, que es una parábola de sesgo comunitario a todos los efectos. Incluso la boda, con toda su significación bíblico-mesiánica, es útil para enmarcar el punto final: la llegada o venida del esposo. Sin esposo no hay boda ni nada lamento de sus amigas, en este caso vírgenes, lo que quiere decir simplemente "no casadas" y que también un día serán desposadas. Entre tanto, acompañan a su amiga a lo más importante de su vida pero, sin el esposo, nada tiene sentido. Algunos autores han apuntado a las interpretaciones rabínicas del Cantar de los Cantares que ven en el coro de las "hijas de Jerusalén" el grupo de los discípulos que llevan en sus manos la luz de la "Thora" y vigilan la llegada del Mesías. El aceite era en el judaísmo, además, el signo de las buenas obras, así como de la alegría de la acogida (Sal 23,5; 104,15; 133,2) e incluso de la unción mesiánica (Sal 45,8; 89,21).

Jesús, en ella, se vale del marco de una fiesta de bodas para hablar de algo trascendental: la espera y la esperanza, como cuando la novia está ardiendo de amor por la llegada de su amado, de su esposo. Pero los protagonistas no son ni el novio (lo será al final de todo), ni la novia, en este caso, sino las doncellas que acompañaban a la novia para este momento. Eso quiere decir que ellas se gozaban en gran manera con este acontecimiento, como si ellas mismas estuvieran implicadas, tanto como la novia, y sin duda la narración da a entender que debían estarlo; pero para este acontecimiento de amor y de gracia hay que estar preparados, o lo que es lo mismo, deben abrirse a la sabiduría; el júbilo que se respiraba en una boda como la que Jesús describe es lo propio de algo que alcanza su cenit en la venida del esposo.

La iglesia primitiva ha alegorizado, sin duda, la propuesta de Jesús en razón precisamente de la "parusía" que no llegaba, pero que podía llegar en cualquier momento. Este es un problema muy discutido. La frustración en la primera o segunda generación cristiana, sobre la llegada de la "parusía" o el fin del mundo, es decir, la plenitud del Reino de Dios, no se ha resuelto adecuadamente (solamente en Lucas tenemos una enseñanza más acorde con el retraso de la parusía). Por ello, la diez vírgenes son representación de una comunidad, de la comunidad cristiana. ¿Habría aceite en las lámparas para ese momento? En definitiva ¿habría sabiduría) Así es como se enlaza con el sentido de la primera lectura, que como dijimos, marca la pauta de la liturgia de hoy. Sabernos que esta es una parábola de "crisis", no para atemorizar; sino para mantener abierta la esperanza a esa dimensión tan importante de la vida.

Entonces, ¿qué es la parusía? ¿qué significa el fin del mundo) (lo veremos mejor cl próximo domingo). Lo importante es estar preparados para la venida del esposo, el personaje que se hace esperar. Se habla de una "presencia" (que eso significa "parusía) ante los que esperan. Por tanto, no es cuestión de entender el terna en términos cósmico-físicos, sino de cómo nos enfrentamos a lo más importante de nuestra vida: la muerte y la eternidad: ¿con sabiduría? ¿con alegría? ¿con aceite, con luz? ¿con esperanza? Este mundo puede ser "casi" eterno, pero nosotros aquí no lo seremos. Estamos llamados a una "presencia de Dios" (parusía) y eso es como unas bodas: debemos anhelar amorosamente ese momento o de lo contrario seremos unos necios y no podremos entender unos desposorios de amor eterno, de felicidad sin límites. (Fray Miguel de Burgos Núñez, O. P.).


domingo, 5 de noviembre de 2017

DOMINGO 31º DEL TIEMPO ORDINARIO


“Uno solo es su Maestro, y todos ustedes son hermanos”

Recientemente, el papa Francisco ha visitado a los dominicos en Bolonia. Ha orado ante la tumba de Domingo de Guzmán y ha dejado un mensaje a los hermanos. En él les explica que ha orado al santo por la Orden pidiendo: “la gracia de la fidelidad a la herencia recibida”. La herencia recibida de la Predicación del evangelio, palabra profética, es a la que intentamos ser fieles desde este espacio.

Las lecturas de este domingo nos invitan a vivir desde la experiencia de la pobreza y la humildad, como hijos e hijas de Dios que somos: su cercanía a nuestras vidas nos muestra, en un espejo, un modelo de comportamiento con quienes nos rodean, más lejos y más cerca porque, al fin y al cabo, todos y todas somos hijos e hijas del mismo Dios.

DIOS NOS HABLA. ESCUCHAMOS SU PALABRA.

I LECTURA

Los profetas fueron contundentes en la denuncia de la hipocresía religiosa. En este caso, las palabras van dirigidas tanto a los fieles como a los sacerdotes. A estos últimos se los denuncia porque su conducta, al no ser ejemplar, termina provocando que también otros caigan en el pecado. Todos son exhortados a vivir en fidelidad a la Alianza.

Lectura de la profecía de Malaquías 1, 14--2, 2. 8-10

Yo soy un gran Rey, dice el Señor de los ejércitos, y mi Nombre es temible entre las naciones. ¡Y ahora, para ustedes es esta advertencia, sacerdotes! Si no escuchan y no se deciden a dar gloria a mi Nombre, dice el Señor de los ejércitos, yo enviaré sobre ustedes la maldición. Ustedes se han desviado del camino, han hecho tropezar a muchos con su doctrina, han pervertido la alianza con Leví, dice el Señor de los ejércitos. Por eso yo los he hecho despreciables y viles para todo el pueblo, porque ustedes no siguen mis caminos y hacen acepción de personas al aplicar la Ley. ¿No tenemos todos un solo Padre? ¿No nos ha creado un solo Dios? ¿Por qué nos traicionamos unos a otros, profanando así la alianza de nuestros padres?
Palabra de Dios.

Salmo 130, 1-3

R. Señor, guarda mi alma en la paz junto a ti.

Mi corazón no se ha enorgullecido, Señor, ni mis ojos se han vuelto altaneros. No he pretendido grandes cosas ni he tenido aspiraciones desmedidas. R.

No, yo aplaco y modero mis deseos: como un niño tranquilo en brazos de su madre, así está mi alma dentro de mí. R.

Espere Israel en el Señor, desde ahora y para siempre. R.

II LECTURA

Todos los desvelos y la dedicación del Apóstol tienen un objetivo: que la palabra de Dios llegue al corazón y transforme con gozo y paz la vida de los creyentes. Así lo han hecho san Pablo y muchos otros misioneros entregándose con generosidad a la evangelización.


Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Tesalónica  1, 5; 2, 7-9. 13

Hermanos: Ya saben cómo procedimos cuando estuvimos allí al servicio de ustedes. Fuimos tan condescendientes, como una madre que alimenta y cuida a sus hijos. Sentíamos por ustedes tanto afecto, que deseábamos entregarles, no solamente la Buena Noticia de Dios, sino también nuestra propia vida: tan queridos llegaron a sernos. Recuerden, hermanos, nuestro trabajo y nuestra fatiga cuando les predicamos la Buena Noticia de Dios, trabajábamos día y noche para no serles una carga. Nosotros, por nuestra parte, no cesamos de dar gracias a Dios, porque cuando recibieron la Palabra que les predicamos, ustedes la aceptaron no como palabra humana, sino como lo que es realmente, como Palabra de Dios, que actúa en ustedes, los que creen.
Palabra de Dios.

ALELUYA        Mt 23, 9. 10

Aleluya. Ustedes no tienen sino un padre: el Padre celestial; sólo tienen un doctor, que es el Mesías. Aleluya.

EVANGELIO

Jesús, como profeta, denuncia a los dirigentes religiosos que no son coherentes con lo que predican. Y advierte a todo el pueblo para que no se deje engañar. Estas palabras nos llevan a buscar discernimiento para reconocer a los verdaderos ministros del evangelio y para no endiosar a nadie, por más importante que sea su cargo en la comunidad.

Ì  Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 23, 1-12

Jesús dijo a la multitud y a sus discípulos: Los escribas y fariseos ocupan la cátedra de Moisés; ustedes hagan y cumplan todo lo que ellos les digan, pero no se guíen por sus obras, porque no hacen lo que dicen. Atan cargas pesadas y difíciles de llevar, y las ponen sobre los hombros de los demás, mientras que ellos no quieren moverlas ni siquiera con el dedo. Todo lo hacen para que los vean: agrandan las filacterias y alargan los flecos de sus mantos; les gusta ocupar los primeros puestos en los banquetes y los primeros asientos en las sinagogas, ser saludados en las plazas y oírse llamar “mi maestro” por la gente. En cuanto a ustedes, no se hagan llamar “maestro”, porque no tienen más que un Maestro y todos ustedes son hermanos. A nadie en el mundo llamen “padre”, porque no tienen sino uno, el Padre celestial. No se dejen llamar tampoco “doctores”, porque sólo tienen un Doctor, que es el Mesías. El mayor entre ustedes será el que los sirve, porque el que se eleva será humillado, y el que se humilla, será elevado.
Palabra del Señor.

MEDITAMOS LA PALABRA DE DIOS.

Señor, mi corazón no es ambicioso, / ni mis ojos altaneros; / no pretendo grandezas / que superan mi capacidad. Sino que acallo y modero mis deseos, / como un niño en brazos de su madre. Espere Israel en el Señor / ahora y por siempre.

Este texto del Salmo 130 que proclamamos este domingo 31 del tiempo ordinario nos sirve para encabezar la propuesta de estas pautas, porque creemos que poco más se puede sugerir a las y los creyentes desde el ambón esta semana. Poco más importante que invitar a orar de corazón y a hacer vida lo que proclama el Salmo: “No pretendo grandezas que superan mi capacidad. Sino que acallo y modero mis deseos como un niño en brazos de su madre”.

Sus palabras nos proponen asumir con realismo y humildad la realidad de nuestras propias vidas, sentir que somos vulnerables y que estamos necesitados –de la cercanía de Dios, Padre y Madre; de la ayuda de los demás– para poder vivir. La metáfora nos es sencilla de reconocer. Todos nos hemos sentido débiles alguna vez y hemos visto a bebés recién nacidos recibir los cuidados imprescindibles por parte de su madre. Y a poco que nos detengamos a observar nuestra propia vida encontraremos ocasiones en que realmente nos hemos experimentado impotentes y pequeños ante una realidad que nos desbordaba.

Y también nos recuerda: “Espere Israel en el Señor ahora y por siempre”. Somos pequeños y debilitados pero nuestro Padre-Madre es el todo bondad y el todo misericordia dispuesto a y acogernos siempre como al “niño en brazos de su madre”.

El mismo Padre se hace presente en la primera lectura, en el libro de Malaquías. El autor dice: “¿No tenemos todos un solo padre? ¿No nos creó el mismo Señor? ¿Por qué, pues, el hombre despoja a su prójimo, profanando la alianza de nuestros padres?". En estos tiempos de desigualdad y pobreza extrema que viven tantos hombres y mujeres, niños y niñas en el mundo, recordar que somos todos hijos e hijas del mismo Padre es una voz profética y hasta contracultural. La Palabra de Dios lo es y así estamos llamadas a predicarla las personas creyentes.

La imagen de la madre vuelve a aparecer en las lecturas de este día, esta vez en la carta a la comunidad de Tesalónica. En ella, Pablo se muestra como esa madre que cuida de sus hijos y les dice cariñoso: “Os teníamos tanto cariño que deseábamos entregaros no sólo el Evangelio de Dios, sino hasta nuestras propias personas, porque os habíais ganado nuestro amor”. Parece que este sea el camino que nos muestra la liturgia y que continua con la que veíamos el domingo pasado. Una vez que experimentamos a Dios como Padre y Madre nuestro, no tenemos otra tarea que vivir de cara a nuestros hermanos y hermanas de esa misma forma. Y como una madre y un padre dan lo mejor de sus propias vidas a sus hijos e hijas, así estamos llamados a comportarnos con quienes nos rodean. Entregando no solo la Palabra, el evangelio que hemos recibido, sino nuestras propias personas.

Porque en el otro lado de la vida están quienes actúan como los fariseos y los escribas que “lían fardos pesados e insoportables y se los cargan a la gente en los hombros” y encima “todo lo que hacen es para que los vea la gente”. Y no es así como Jesús nos quiere en el mundo. Por el contrario, nos invita a actuar como él mismo hizo, en aquella noche santa que recordamos cada día en la eucaristía y nos dice: “El primero entre vosotros será vuestro servidor”.

Y de camino, nos recuerda también algo que hemos recordado en algunas otras ocasiones: “no os dejéis llamar maestro, porque uno solo es vuestro maestro, y todos vosotros sois hermanos. Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre, el del cielo. No os dejéis llamar consejeros, porque uno solo es vuestro consejero, Cristo”. ¿Por qué la literalidad de la Palabra de Dios no se hace real también para recoger órdenes tan claras de como esta? Todos y todas somos hermanos, nadie en la tierra puede ser llamado maestro, ni padre, ni consejero, porque solo el Padre del cielo y Cristo son nuestro Padre y nuestro consejero.

ESTUDIO BÍBLICO.

I Lectura: Malaquías (1,14b-2,2): Condena de la "religión" sin sentido

I.1. Malaquías, de donde se toma la Iª Lectura de hoy (1,14b-2,2), es más un libro de oráculos que un profeta, ya que la personalidad que subyace en el texto del último de los profetas nos muestra una dimensión difuminada de la actividad profética; de un tiempo mucho más tardío (480/460 a. C), aunque antes de la reforma de Esdras y Nehemías, tras lo que se hará callar a los profetas para siempre hasta el momento del Nuevo Testamento.

I.2. Pero, no pensemos que este oráculo contra los sacerdotes, contra la hierocracia que se está imponiendo en Jerusalén resulta extraño. Ésta fue la lucha de los verdaderos profetas clásicos, como Amós, como Isaías y Jeremías que eran mal vistos por la clase institucional. No hay duda que los profetas, sean más estilistas o menos, más o menos profundos, siempre han tenido palabras contra la religión de muerte; porque hay religión de vida y religión de muerte y se debe saber elegir.

II Lectura: Iª Tesalonicenses (2,7b-9.13): La Palabra de Dios es eficaz

II.1. Este lectura espiga algunos versos del c. 2 de esta primera carta de Pablo, con objeto de poner de manifiesto aspectos que el apóstol siente y que evocan la evangelización de la comunidad, su amor como padre-madre de la misma. En ese sentido, pues, no solamente estaba dispuesto a entregarles el evangelio, sino su vida si hubiera sido necesario. Incluso llega a darnos un dato curioso de la vida de Pablo: él trabaja con sus manos y evangeliza para no ser gravoso a la comunidad, aunque en otro momento piensa que el apóstol tendría derecho a dedicarse solamente a la evangelización.

II.2. El v. 13, el más teológico en todos los sentidos, hace una afirmación sobre la Palabra de Dios llena de contenido. Es una de esas afirmaciones teológicas sobre la eficacia de la "palabra de Dios", si ésta se entiende como palabra de vida, de luz, de revelación; en definitiva, como palabra profética. Porque Dios habla en la historia por medio de signos y de los hombres en los que ha puesto "su imagen". Dios no puede hablar de otra manera si esto lo entendemos en un verdadero sentido bíblico. Y es que esta palabra, cuando los profesionales: sacerdotes, teólogos, evangelistas, catequistas no la manipulan, es eficaz, justamente para trasmitir vida, luz y esperanza. Y es una palabra que puede llegar a cada uno y vivirla.



Evangelio: Mateo (23,1-12): La comunidad cristiana, como experiencia de libertad

III.1. El evangelio de hoy refleja claramente las actitudes de Jesús con los dirigentes que le acusaron y le llevaron al juicio condenatorio. Las controversias que han precedido en Jerusalén han puesto de manifiesto la separación, el abismo diríamos, entre la concepción religiosa de los escribas, sacerdotes y dirigentes y la del profeta de Nazaret. Pero en el caso del evangelio de Mateo, este conjunto que hoy se lee en la liturgia, adquiere, si cabe, tonos más controvertidos que lo que se ha transmitido en Mc 12,38-40 y Lc 20,45-47. Se han ampliado las acusaciones, cuando precisamente el evangelio de Mateo tiene un origen mucho más judío que los otros.

III.2. Está claro, pues, que en el seno de esta comunidad mateana se ha consumado la ruptura entre comunidad cristiana y sinagoga; ya no hay esperanza para rescatar el rabinismo de la opción por Jesús, por su evangelio y por la religión que había defendido con su vida, como se había pretendido en los orígenes de este grupo cristiano de Mateo. Es verdad que este en un tema complejo desde el punto de vista histórico sobre las relaciones entre judaísmo y cristianismo que todavía exige investigaciones más concretas y determinantes. En todo caso, el evangelista también tiene en cuenta a su comunidad, o a algunos de esa comunidad que vuelven a caer en el error del "judaísmo" al poner pesadas cargas sobre las conciencias de los otros, mientras ellos no mueven un dedo. Esto es muy probable y siempre ha sucedido en las instituciones humanas y religiosas.

III.3. En la historia de la Iglesia, en la lucha por la libertad, por otra parte, podíamos sentir esta misma acusación, ya que el comportamiento y el formalismo con que a veces vivimos y actuamos no deja lugar a la inspiración profética, a la religión carismática, a la acción del Espíritu. Esta es la lección más clara del evangelio de este día. ¿Qué quiere decir esto? Pues que la Iglesia no se fundamenta, en su esencia, exclusivamente en una estructura jurídica como algunos pretenden. Más importante que esto último le pertenece al pueblo de Dios ser una comunidad carismática: es decir, aquella que es conducida primera y principalmente por el Espíritu de Dios y de Jesucristo. Eso no implica que se pueda desconocer el papel que el "Magisterio" tiene como servicio de este proyecto espiritual; el v. 11 de nuestro texto lo deja bien claro: «el mayor entre vosotros será vuestro servidor». De esa manera, pues, todos los cristianos, cada uno en particular, en la Iglesia, en razón de su libertad personal que nunca se puede perder, están llamados a contribuir a la edificación del Pueblo de Dios, de la comunidad de salvación, según la llamada que reciba del Espíritu.


III.4. Jesús le ha dejado a los suyos, no un mensaje jurídico, sino la buena noticia del evangelio de la salvación. La interpretación del mismo en las nuevas situaciones de la vida y de la historia no puede hacerse como los "escribas y fariseos" que cerraron a cal y canto el acceso al mensaje de los profetas. Jesús se juega su vida precisamente contra esta situación. Esto es históricamente cierto. Es verdad que en el texto del evangelio de hoy se refleja la disputa concreta de la comunidad de Mateo con el judaísmo oficial que le lleva a una ruptura definitiva. Pero la comunidad cristiana debe estar vigilante para que en la "cátedra del evangelio" estén lo que "sirven" a la libertad del Espíritu y de la salvación de Dios y no vuelva a ser la "cátedra de Moisés" que, sin duda, ha sido superada por el evangelio de Jesucristo. (Fray Miguel de Burgos Núñez, O. P.).