domingo, 2 de agosto de 2015

DOMINGO 18º DEL TIEMPO ORDINARIO


¿QUÉ DEBEMOS HACER?

En el presente domingo, la Eucaristía nos brinda el pan de la Palabra que puede producir en nosotros ideas contradictorias, o por lo menos cierta perplejidad:

En la primera lectura percibimos que vivieron los israelitas unas dificultades previsibles:

1 - Dificultades Lógicas ¿Por qué 40 años por el desierto? (Ex. 16, 3)

¿Qué pan es este? (Ex.16,13-15 y Jn.6,32-35)

En la segunda lectura:

2 - No seáis cristiano-paganos (Ef. 4,17.21)

En el Evangelio, hay un deseo de adhesión pero ¿cómo?

3 -¿Qué debemos hacer? (Jn. 6,28)

El Espíritu de Dios nos dará su luz, indefectiblemente (Ef. 2, 8)

4 -Saber esperar, con fe, la propia evolución.

DIOS NOS HABLA. CONTEMPLAMOS SU PALABRA

I LECTURA

Tener el pan que baja del Cielo es un don de Dios, pero también tiene que ser un trabajo del pueblo. La decisión de querer seguir en libertad a pesar de los obstáculos y dificultades del camino, tiene que hacerse a diario. El pan es conquista y trabajo continuos.

Lectura del libro del Éxodo 16, 2-4. 12-15

En el desierto, los israelitas comenzaron a protestar contra Moisés y Aarón. “Ojalá el Señor nos hubiera hecho morir en Egipto, les decían, cuando nos sentábamos delante de las ollas de carne y comíamos pan hasta saciarnos. Porque ustedes nos han traído a este desierto para matar de hambre a toda esta asamblea”. Entonces el Señor dijo a Moisés: “Yo haré caer pan para ustedes desde lo alto del Cielo, y el pueblo saldrá cada día a recoger su ración diaria. Así los pondré a prueba, para ver si caminan o no de acuerdo con mi ley. Yo escuché las protestas de los israelitas. Por eso, háblales en estos términos: ‘A la hora del crepúsculo ustedes comerán carne, y por la mañana se hartarán de pan. Así sabrán que yo, el Señor, soy su Dios’”. Efectivamente, aquella misma tarde se levantó una bandada de codornices que cubrieron el campamento; y a la mañana siguiente había una capa de rocío alrededor de él. Cuando esta se disipó, apareció sobre la superficie del desierto una cosa tenue y granulada, fina como la escarcha sobre la tierra. Al verla, los israelitas se preguntaron unos a otros: “¿Qué es esto?”. Porque no sabían lo que era. Entonces Moisés les explicó: “Este es el pan que el Señor les ha dado como alimento”.
Palabra de Dios.

Salmo  77, 3-4bc. 23-25. 54

R. El Señor les dio como alimento un trigo celestial.

Lo que hemos oído y aprendido, lo que nos contaron nuestros padres, lo narraremos a la próxima generación: son las glorias del Señor y su poder. R.

Mandó a las nubes en lo alto y abrió las compuertas del cielo: hizo llover sobre ellos el maná, les dio como alimento un trigo celestial. R.

Todos comieron un pan de ángeles, les dio comida hasta saciarlos. Los llevó hasta su Tierra santa, hasta la Montaña que adquirió con su mano. R.

II LECTURA

Si ya hemos dado el paso de vivir de acuerdo con la fe en Cristo, no podemos volver hacia atrás. Porque, cuando elegimos lo que nos da felicidad y aquello por lo que queremos vivir, no existe nada que desvíe esa opción.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Éfeso 4, 17. 20-24

Hermanos: Les digo y les recomiendo en nombre del Señor: no procedan como los paganos, que se dejan llevar por la frivolidad de sus pensamientos. Pero no es eso lo que ustedes aprendieron de Cristo, si es que de veras oyeron predicar de él y fueron enseñados según la verdad que reside en Jesús. De él aprendieron que es preciso renunciar a la vida que llevaban, despojándose del hombre viejo, que se va corrompiendo por la seducción de la concupiscencia, para renovarse en lo más íntimo de su espíritu y revestirse del hombre nuevo, creado a imagen de Dios en la justicia y en la verdadera santidad.
Palabra de Dios.

Aleluya        Mt 4, 4

Aleluya. El hombre no vive solamente de pan, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. Aleluya.

EVANGELIO

Jesús realiza para nosotros la maravillosa obra de amor del Padre: nos alimenta y nos nutre en el camino. Sus contemporáneos pedían signos, y no podían vislumbrar que el signo más concreto era la misma presencia de Jesús entre ellos. También nosotros necesitamos discernimiento para reconocer en nuestra vida los signos amorosos de cuidado que Dios nos prodiga.

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 6, 24-35

Cuando la multitud se dio cuenta de que Jesús y sus discípulos no estaban en el lugar donde el Señor había multiplicado los panes, subieron a las barcas y fueron a Cafarnaún en busca de Jesús. Al encontrarlo en la otra orilla, le preguntaron: “Maestro, ¿cuándo llegaste?”. Jesús les respondió: “Les aseguro que ustedes me buscan, no porque vieron signos, sino porque han comido pan hasta saciarse. Trabajen, no por el alimento perecedero, sino por el que permanece hasta la Vida eterna, el que les dará el Hijo del hombre; porque es él a quien Dios, el Padre, marcó con su sello”. Ellos le preguntaron: “¿Qué debemos hacer para realizar las obras de Dios?”. Jesús les respondió: “La obra de Dios es que ustedes crean en Aquel que él ha enviado”. Y volvieron a preguntarle: “¿Qué signos haces para que veamos y creamos en ti? ¿Qué obra realizas? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como dice la Escritura: ‘Les dio de comer el pan bajado del cielo’”. Jesús respondió: “Les aseguro que no es Moisés el que les dio el pan del cielo; mi Padre les da el verdadero pan del cielo; porque el pan de Dios es el que desciende del Cielo y da Vida al mundo”. Ellos le dijeron: “Señor, danos siempre de ese pan”. Jesús les respondió: “Yo soy el pan de vida. El que viene a mí jamás tendrá hambre; el que cree en mí jamás tendrá sed”.
Palabra del Señor.

MEDITAMOS LA PALABRA

 “Nos habéis traído a este desierto para hacer morir de hambre a toda la muchedumbre” (Ex.16, 2)

Los hebreos sufrieron mucho en Egipto, ciertamente, cuando dejaron de tener un faraón adicto, pero aun las situaciones difíciles llegan a ser un “hábitat” tolerable, frente a lo diariamente imprevisto de un caminar por el desierto sin provisiones parecidas a las acostumbradas y dando vueltas y más vueltas en dirección a un punto que no distaba de Egipto cuarenta años de camino. En la medida que el tiempo pasaba, todavía era más duro no protestar, sin divisar todavía la tierra prometida.

¿Qué es esto?, decían ante el maná. Ese pan, aun siendo conseguido por un milagro, tampoco alivió sus expectativas.

 “No viváis como viven los no creyentes, vacíos de pensamiento” (Ef. 4, 17-21)

Pablo, en la segunda lectura, nos contesta. No es posible vivir un credo religioso compaginándolo con un paganismo práctico. Hoy día encontramos más coherente vivir a lo pagano, sin ninguna religión, que “cumplir” con algunos mandamientos de Dios y hasta preceptos de la Iglesia, e incumplir sistemáticamente otros tanto o más importantes, creyendo además que cumplimos con la legislación estatal.

Los hebreos, se consideraban pueblo elegido, pero la práctica de la fidelidad a Yaveh era ritual externo, no adhesión filial del corazón, vistos los prodigios que sucesivamente hizo su Dios para sacarlos de Egipto.

Por eso preferían volver donde antes estaban menos mal que ahora, según expresaban.

“¿Qué debemos hacer?” (Jn. 6,28)

El Evangelio nos habla de la multitud que busca a Jesús y a la que Él señala la razón íntima de su búsqueda: El pan abundante que sació a todos de manera prodigiosa, mientras le escuchaban. Les dice que han de buscar no el pan material sino el Pan de su Palabra que sacia y da vida eterna. Sin entender del todo –y menos aun lo que en otros versículos dice de que, además, han de comerlo- preguntan: ¿Qué hemos de hacer? La respuesta es de una gran sencillez y a la vez muy complicada para aquellas sensibilidades tan primitivas: que creais en aquel que Dios ha enviado.

En efecto, no han entendido: “¿Y qué señal haces para que te creamos?” A la sazón ya les había dado bastantes señales prodigiosas sobre quién era Él. Como leemos en el Éxodo, habían visto signos impresionantes, pero su corazón no estaba adherido al que se los proporcionaba. Ya dice el salmo 73 : “Mi bien está en apegarme al Señor, en poner en Él mi confianza”.

Saber esperar, con fe, la propia evolución.

De nuevo la segunda lectura, de Efesios, nos dice en 2,8, “…eso ya no procede de vosotros, es don de Dios” . Aun llegando a comprender el mensaje de Jesús, y siguiendo el consejo del apóstol, de desterrar las prácticas paganas, y renacer a una vida nueva, la que el Bautismo nos regaló, necesitamos de una fuerza superior, la del Espíritu de Dios. De ahí que lo que procede es orar, suplicar, al Espíritu de Jesús que nos dé la fe en Él, que nos haga aceptarle y seguirle frente a los arduos desiertos de la vida.

Eso requiere la humildad de reconocer que tan gran don se ha de ir acomodando progresivamente a nuestra escasa capacidad para recibirlo. Todo tiene su propia evolución, tanto en la narración del Éxodo, que supuso 40 años para ponerse en condiciones de entrar en la tierra prometida con fe en el que les guiaba, como en el momento actual, en que hemos llenado la vida de aditamentos que estorban la adhesión incondicional a Jesús.

En estos momentos de técnica y logros científicos impresionantes, no olvidemos los siglos de esfuerzo e investigación que precedieron a lo que hoy está al alcance de cualquiera. Tan solo desde la Edad Media, veamos, en lo material:

Siglos XIII y XIV: Roger Bacon inventa los lentes y Redi desarrolla la corrección óptica y se comercializan lentes. Simultáneamente Cai Lun inventa el papel y Gutenberg la imprenta.

Siglo XV: John von Neumann inicia los fundamentos de la computadora, abriendo más horizontes Charles Babbage en el siglo XIX. Hasta que en 1947 se fabrica la primera en USA.

Siglo XVIII: El submarino, demostrando cómo se puede vivir sumergido.

Siglo XIX: Otros científicos nos hacen posible la radio, el teléfono, el primer ferrocarril, el primer barco de propulsión a vapor, la radiactividad abriendo paso a la radio, la TV., el radar.

Ya en el siglo XX, Einstein revoluciona la física y su teoría de la relatividad fundamenta la mecánica cuántica que lleva a la realidad Max Planck.

A partir de entonces se desarrolla la cibernética y se llega a lo que antes nos habría parecido magia; y en 1958 se funda la NASA que da comienzo a los viajes espaciales. En estos momentos del siglo XXI, el abanico de posibilidades que se está abriendo nos llena de estupor.

Todo estaba puesto por el Creador en su obra creadora, y su criatura debía investigar, descubrir y poner en marcha. Cuando lo ha hecho al margen de Dios o contra Él, ha derivado en tragedias, pero una meditación profunda nos dice con claridad, que en el mundo del espíritu la evolución sería infinitamente mayor, una evolución espiritual inexplicable, por lo inefable. Pero… si creemos, como nos dice el Evangelio de hoy:”Lo que da la vida al mundo es que creáis en Aquel que el Padre ha enviado”.

Es decir, adhesión al plan de Dios, aunque nos rodeen desiertos. El Espíritu de Dios, solo espera de nosotros para actuar esta sencilla plegaria: “Señor ¡Ayúdame a creer! Tú que puedes dar la vuelta en un instante a la marcha normal de las cosas y salirme al encuentro…”



ESTUDIO BÍBLICO

Jesús el verdadero Pan de Vida

Iª Lectura: Éxodo (16,2-15): El don del maná o la providencia divina

I.1.La primera lectura está tomada del libro del Éxodo, en la que se describe que el pueblo, tras su salida de Egipto, ya en el desierto, desesperado, protesta contra Moisés porque los ha llevado a una libertad que viene a ser para ellos una esclavitud mayor. Es lo que se conoce como las tentaciones del desierto, lo que va a ser proverbial en la tradición bíblica y en algunos salmos (v. g. Sal 94). Moisés, como intermediario, pide a Dios su intervención y se le comunican las decisiones. Dios no abandona a los suyos y les envía las codornices y el maná, cosas naturales por otra parte, aunque después se le ha dado un valor significativamente teológico y espiritual. Los recuerdos y las tradiciones del desierto han marcado la historia de la “liberación” de la esclavitud para poner de manifiesto que si bien es verdad que lo pasaron muy mal, nunca Dios los abandonó.

I.2.Todos sabemos que estas cosas pueden ser consideradas como sucesos naturales, ya que una banda de aves que van de paso pueden servir de alimento para ellos. Y de la misma manera en el desierto, por razones de la ecología misma, del contraste entre sus altas temperaturas del día y las bajas de la noche ciertas plantas tienen un proceso de producción de néctares, los cuales recogidos y cocinados puede ser como unos panecillos. Los beduinos del desierto lo saben. Pero lo importante en un relato popular religioso como éste y poner de manifiesto la providencia de Dios que no abandona a su pueblo y les pide la fidelidad. Y esa es la lección constante de la vida. Por ello, en la tradición bíblica, el maná estará cargado de una teología que el evangelio de Juan transformará en una de las claves de su capítulo sobre el pan de vida.

IIª Lectura: Efesios (4,17-24): El hombre viejo versus el hombre nuevo

II.1.La segunda lectura de Efesios prosigue la parte exhortativa de la carta a los Efesios del domingo anterior. El autor de la carta deja la reflexión de alcance eclesial propiamente dicha, para exhorta al sentido personal (aunque siempre comunitario) de la existencia cristiana. Son como las exigencias de la vida cristiana, en un conjunto muchos más amplio (4,17-5,20). Es una exhortación ética en plena regla, pero desde la ética cristiana. Se han usado los criterios literarios propios de la época, incluso con un estilo retórico bien definido para resaltar los contrastes entre la vida cristiana y la vida mundana. Eso quiere decir que la ética humana es asumida plenamente en el cristianismo primitivo, pero con las connotaciones que el Espíritu de Jesucristo “acuña” en el corazón del cristiano, que le hace sentirse una persona nueva. Toda ética propugna una persona nueva, pero esto no se puede conseguir solamente con la fuerza de voluntad. El cristiano tiene que ponerse en manos del Espíritu de Jesucristo.

II.2.El autor, pues, les convoca a vivir como personas nuevas, no como viven los paganos, que no tienen la experiencia del Espíritu por la que los cristianos están marcados. Aquí, como en casi toda la literatura neotestamentaria, se presenta el contraste entre el hombre viejo y el hombre nuevo con un énfasis particular sobre la “banalidad de la vida”, la vida vacía, la vida sin sentido y la vida entregada a los poderes de este mundo. Porque debemos reconocer que los no-creyentes o no religiosos no son triviales por naturaleza; por el contrario, hay personas que no siendo religiosas o cristianas tienen una ética envidiable; y muchos religiosos e incluso cristianos tienen más de personas viejas que de hombres nuevos. En esto debemos tener cuidado a la hora de presentar estos valores. Es verdad que entonces, con un dualismo exagerado, se pensaba que los «otros» que están fuera, que no son de los nuestros, no están en el camino verdadero. Pero a pesar de todo, lo fundamental de la lectura de hoy es una exhortación a ser discípulos de Jesús viviendo su Espíritu, porque no tener ese Espíritu significa estar sometidos a los criterios de este mundo en el que ya sabemos que no hay lugar para el amor, el perdón, la misericordia, la paz y la entrega sin medida.

Evangelio: Juan (6,24-35): El pan de vida frente a la ley

III.1. El evangelio de Juan nos lleva de la mano hasta la ciudad de Cafarnaúm a donde Juan quiere traernos después de la multiplicación de los panes, cuando Jesús huye de los que quieren hacerle rey evitando un mesianismo político. Todo es, no obstante, un marco bien adecuado para un gran discurso, una penetrante catequesis sobre el pan de vida, en la que confluirán elementos sapienciales y eucarísticos. Este discurso es de tal densidad teológica, que se necesita ir paso a paso para poder asumirlo con sentido. Jesús no quiere que le busquen como a un simple hacedor de milagros, como si se hubieran saciado de un pan que perece. Jesús hacía aquellas cosas extraordinarios como signos que apuntaban a un alimento de la vida de orden sobrenatural. De hecho, en el relato se dice que Moisés les dio a los israelitas en el desierto pan, por eso lo consideran grande; esa era la idea que se tenía. Jesús quiere ir más allá, y aclara que no fue Moisés, sino Dios, que es quien tiene cuidado de nuestra vida.

III.2.Aunque el pan que sustenta nuestra vida es necesario, hay otro pan, otro alimento, que se hace eterno para nosotros. Juan, por su parte, quiere ir a lo cristológico, bajo la figura del Hijo del hombre. Los rabinos consideraban que el maná era el signo de la Ley y ésta, pues, el pan de vida; el evangelista combate dicho simbolismo en cuanto el maná es un alimento que perece (como lo hace notar el texto de Ex 16,20) y, por la misma razón, en esta oposición entre Jesús y la Ley, se pone de manifiesto que la ley es un don que perece para dar paso a algo que permanece para siempre. Jesús es el verdadero pan de vida que Dios nos ha dado para dar sentido a nuestra existencia. El pan de vida desciende del cielo, viene de Dios, alimenta una dimensión germinal de la vida que nunca se puede descuidar. La revelación joánica de Jesús: “yo soy” (ego eimi) es para escuchar a Jesús y creer en El, ya que ello, en oposición a la Ley, nos trae el sentido de la vida eterna.


III.3. El discurso refleja toda la entraña polémica de la escuela o la comunidad joánica. No estamos ante un discurso estético o simplemente literario. Ya vimos el domingo pasado que el relato de la multiplicación de los panes era la “excusa” del autor o los autores del evangelio de Juan para este discurso de hoy que llevará a una de las crisis en el entorno del mismo Jesús (y según la interpretación de la escuela joánica). Estamos, sin duda, ante un discurso que todavía es “sapiencial” para acabar siendo “eucarístico” a todos los efectos como reconocen los grandes intérpretes (Jn 6,53-58). Diríamos que en esta parte del discurso de Jn 6 se nos está hablando del “pan de la verdad”, que es la palabra de Jesús en oposición a la Ley como fuente de verdad y de vida para los judíos. Antes, pues, de pasar a hablarnos del pan de la vida, se nos están introduciendo en todo ello, por medio del signo y la significación del maná, del pan de la verdad. Y el pan de la verdad nos ha venido, de parte de Dios, por medio de Jesús que nos ha revelado la fuente y el misterio de Dios, del misterio de la vida. (Fray Miguel de Burgos Núñez O. P.).





domingo, 26 de julio de 2015

DOMINGO 17º DEL TIEMPO ORDINARIO


“Lo seguía mucha gente…”

En este domingo interrumpimos la lectura del Evangelio según san Marcos que veníamos siguiendo para encontrarnos a partir de hoy con el capítulo 6 de San Juan, donde se comienza el discurso del Pan de Vida. Donde la multiplicación de los panes y los peces es el pórtico.

Vemos al Buen Pastor del domingo pasado poniendo en práctica la compasión que siente por la multitud hambrienta por las ovejas que vagan sin pastor y sin alimento.

La liturgia nos trae este símbolo de la Eucaristía donde se unen los dones de los hombres (pan y vino, pan y peces), con la bendición de Dios, dando lugar a la sobreabundancia o lo que es lo mismo la vida para el hombre unido a Dios en el cuerpo y en el espíritu.

DIOS NOS HABLA. CONTEMPLAMOS SU PALABRA.

I LECTURA

El milagro de Eliseo muestra el poder de Dios, pero también su confianza en que Dios no dejará que sus hijos mueran de hambre. Él no quiere pan para sí mismo ni para guardar, sino para compartirlo.

Lectura del segundo libro de los Reyes 4, 42-44

En aquellos días llegó un hombre de Baal Salisá, trayendo pan de los primeros frutos para el profeta Eliseo, veinte panes de cebada y grano recién cortado, en una alforja. Eliseo dijo: “Dáselos a la gente para que coma”. Pero su servidor respondió: “¿Cómo voy a servir esto a cien personas?”. “Dáselos a la gente para que coma, replicó él, porque así habla el Señor: ‘Comerán y sobrará’”. El servidor se lo sirvió; todos comieron y sobró, conforme a la palabra del Señor.
Palabra de Dios.

Salmo 144, 10-11. 15-18

R. Abres tu mano, Señor, y nos colmas con tus bienes.

Que todas tus obras te den gracias, Señor, y tus fieles te bendigan; que anuncien la gloria de tu reino y proclamen tu poder. R.

Los ojos de todos esperan en ti, y tú les das la comida a su tiempo; abres tu mano y colmas de favores a todos los vivientes. R.

El Señor es justo en todos sus caminos y bondadoso en todas sus acciones; está cerca de aquéllos que lo invocan, de aquéllos que lo invocan de verdad. R.

II LECTURA

San Pablo nos recomienda cómo asumir la vida desde la fe y el amor. Todo lo que nos dice nos servirá para vivir la vocación a la que hemos sido llamados, porque el llamado tiene que hacernos cambiar el modo de vivir.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Éfeso 4, 1-6

Hermanos: Yo, que estoy preso por el Señor, los exhorto a comportarse de una manera digna de la vocación que han recibido. Con mucha humildad, mansedumbre y paciencia, sopórtense mutuamente por amor. Traten de conservar la unidad del Espíritu, mediante el vínculo de la paz. Hay un solo Cuerpo y un solo Espíritu, así como hay una misma esperanza, a la que ustedes han sido llamados, de acuerdo con la vocación recibida. Hay un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo. Hay un solo Dios y Padre de todos, que está sobre todos, lo penetra todo y está en todos.
Palabra de Dios.

ALELUYA        Lc 7, 16

Aleluya. Un gran profeta ha aparecido en medio de nosotros y Dios ha visitado a su Pueblo. Aleluya.

EVANGELIO

“Frente a una multitud confundida, Jesús de Nazaret se aleja, sube a una montaña y quiere aprovechar la oportunidad para vacunar a sus discípulos para que no caigan en la tentación de también buscar primeramente los milagros y luego, muy luego, la justicia. Asume la posición de todo maestro que va a dar una lección: se sienta. El cuerpo siempre habla en el silencio de los gestos.

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 6, 1-15

Jesús atravesó el mar de Galilea, llamado Tiberíades. Lo seguía una gran multitud, al ver los signos que hacía sanando a los enfermos. Jesús subió a la montaña y se sentó allí con sus discípulos. Se acercaba la Pascua, la fiesta de los judíos. Al levantar los ojos, Jesús vio que una gran multitud acudía a él y dijo a Felipe: “¿Dónde compraremos pan para darles de comer?”. Él decía esto para ponerlo a prueba, porque sabía bien lo que iba a hacer. Felipe le respondió: “Doscientos denarios no bastarían para que cada uno pudiera comer un pedazo de pan”. Uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dijo: “Aquí hay un niño que tiene cinco panes de cebada y dos pescados, pero ¿qué es esto para tanta gente?”. Jesús le respondió: “Háganlos sentar”. Había mucho pasto en ese lugar. Todos se sentaron y eran unos cinco mil hombres. Jesús tomó los panes, dio gracias y los distribuyó a los que estaban sentados. Lo mismo hizo con los pescados, dándoles todo lo que quisieron. Cuando todos quedaron satisfechos, Jesús dijo a sus discípulos: “Recojan los pedazos que sobran, para que no se pierda nada”. Los recogieron y llenaron doce canastas con los pedazos que sobraron de los cinco panes de cebada. Al ver el signo que Jesús acababa de hacer, la gente decía: “Este es, verdaderamente, el Profeta que debe venir al mundo”. Jesús, sabiendo que querían apoderarse de él para hacerlo rey, se retiró otra vez solo a la montaña.
Palabra del Señor.

MEDITAMOS LA PALABRA DE DIOS.

El hombre está hecho para la vida

"Lo seguía mucha gente porque había visto los signos que hacía con los enfermos". En esta pequeña frase del texto se refleja claramente como el hombre está hecho para la vida, como la presencia de Dios en nuestras vidas es consuelo y ayuda ante el sufrimiento, ante el dolor de la enfermedad que en muchos casos nos aqueja de forma inesperada y dura. Sí, los hombres buscaban a Jesús por sus signos con los enfermos, manifestación del poder de Dios entre los débiles.
Vemos como el hombre se acoge a Dios a través de su Hijo, de su Profeta (como más adelante se lo nombrará en este mismo relato evangélico). Jesús el Dios de la vida, el que es seguido por multitudes que buscan consuelo en sus cuerpos dolientes.

La suma de Dios y los hombres

"Doscientos denarios de pan no bastan para que cada uno le toque un pedazo" Es muy curiosa la anotación del evangelista "bien sabia él lo que iba a hacer". La multiplicación de los panes y los peces, figura de la Eucaristía también nos pone delante cual es la actitud con la que debemos acercarnos a Dios y al Sacramento; y cuál es la actitud la cual debemos revisar en nosotros para ser creyentes y discípulos verdaderos y creíbles de Jesús.

Ante todo debemos ser hombres y mujeres de Fe; estar abiertos a la sorpresa de la acción de Dios y no sobreponer nuestros pobres criterios humanos ante los planes de Dios. Dios nunca se deja ganar en generosidad y eso del ciento por uno se hace latente en nuestro quehacer diario. Cuando entregamos cuanto tenemos y cuanto somos en Sus manos y no titubeamos en buscar dentro de nuestras cortas mentes soluciones al problema prácticamente imposible que se nos plantea. Para vivir desde esta clave necesitamos un trato asiduo e íntimo con Jesús-Eucaristía, que se hace alimento para el cuerpo y el espíritu, que se multiplica en el filo de una montaña a una multitud hambrienta y se me ofrece a mí en la comunión cada día; que está presente en la acción de gracias y en el que sufre; en el corazón de aquel que le busca tan solo para saciar su hambre o su dolor corporal y en aquel que desea en lo profundo de su corazón ser una sola cosa con Él.


ESTUDIO BÍBLICO.

Compartir el pan, compartir la vida.

Iª Lectura: 2Reyes 4,42-44: El milagro de repartir lo poco que se tiene

I.1. La primera lectura de este domingo forma parte de un ciclo de milagros de Eliseo, el discípulo de Elías, que muy posiblemente se trasmitió entre sus discípulos. Esas tradiciones se transformaron, sin duda, para poner de manifiesto la grandeza de este hombre de Dios. Se ha escogido el final de ese ciclo, que lo acorde para este domingo, con objeto de servir de preparación al relato de la multiplicación de los panes que se ha de leer en el evangelio. Si nos fijamos bien, el relato no describe o especifica ningún gesto extraordinario por el que se lleve a cabo el dar de comer a todos los que siguen al profeta, sino que toda la fuerza de lo que se ha de hacer está en las palabras de Dios, a las que hace referencia el profeta como si se tratara de un dicho popular y sagrado. El mismo salmo interleccional del día (Sal 144) podría ser un apoyo a esta apelación profética. Ellos comieron, se saciaron y sobró, según las palabras del Señor.

I.2. El relato es legendario, sin duda, y probablemente se conservaba como una historia religiosa testimonial y ejemplar en los círculos de profetas, los que en los momentos más difíciles piden al pueblo que confíen en Dios por encima de todas las cosas. De hecho, en la lectura de hoy se describe como situación previa una gran hambre que había en la región. Los primeros frutos de la cosecha sirvieron para que todos, al compartir lo necesario, pudieron subsistir. Porque en estas situaciones límites lo más injusto es que unos pocos acumulen y otros pasen hambre; esta, creemos, es la lección de esta historia religiosa de Eliseo. Confiar y repartir; eso es lo que pide el profeta y por ello acontece lo extraordinario de que haya para todos. Estas historias han sido muy proverbiales en los círculos religiosos y de los santos. Lo importante no es verificar los detalles de su historicidad, sino cómo pueden servir de modelo para ayudar a los necesitados y compartir lo poco que se tiene. El hombre que le trajo al profeta los panes y la harina quería hacerle a él un don personal para que no pasara hambre. Pero el profeta lo repartió entre todos (este es el milagro) y todos se saciaron.

IIª Lectura: Efesios (4,1-6): La unidad de la Iglesia

II.1. La segunda lectura, de la carta a los Efesios, es el comienzo de la sección parenética, es decir, aquella en la que después de una gran reflexión teológica sobre Cristo y la Iglesia, se pide a la comunidad cómo llevar a la práctica toda aquella teología. Es una exhortación a mantener la unidad por encima de todas las cosas, ya que Dios nos ha llamado a una gran esperanza. La exhortación inicial (v.1) apela a la vocación cristiana que todos hemos recibido. Y por lo mismo, en los vv. 2-6 se describe en qué consiste la vida interna de la Iglesia. Se señalan la humildad, la mansedumbre, la magnanimidad y el amor. Son valores de identidad verdadera que introducen los vv.4-6: la unidad de la Iglesia (cuerpo) en el Espíritu.

II.2. Todos hemos escuchado muchas ese canto que proclama «un sólo Señor, una sola fe, un sólo bautismo»; es nuestro texto de hoy de la carta a los Efesios. Se afirma que es una cita litúrgica que se cantaba en la liturgia bautismal, y que tiene unas ciertas reminiscencias de la confesión de fe que encontramos en el Shema de Israel (es la oración judía por antonomasia. Está formada por tres pasajes: Dt 6,4-9; 11,13-21; Num 15,37-41): Yahvé es nuestro único Dios y no hay otro fuera de El, que los judíos piadosos repiten dos o tres veces al día. Lo que se quiere poner de manifiesto, pues, con el texto cristiano de la carta a los Efesios es la unidad de la comunidad como cuerpo de Cristo: un sólo Señor, una sola fe y un solo bautismo, que fundamenta su unidad en Dios como Padre de todos.

Evangelio: Juan (6,1-15): Saciar el hambre sin dinero

III.1. El evangelio de hoy está tomado de San Juan. Sabemos que el c. 6 es una de las obras maestras de la teología y la catequesis de San Juan, y por ello se ha escogido este capítulo, que se nos servirá en cinco domingos para que la comunidad pueda enriquecerse con esta alta y hermosa catequesis del pan de vida. Hoy se nos lee el milagro ( el signo, mejor) de la multiplicación, que sirve de introducción a toda la reflexión posterior.  Es uno de los signos con los que está elaborada la narrativa del evangelio de Juan y que ha sido muy comentada entre los especialistas. En realidad es el que más semejanzas tiene con los relatos de la multiplicación de los panes de los sinópticos (cf Mc 6,30-44; 8,1-10), aunque nos propone algunos detalles que pueden servir muy bien a la teología propia de este evangelista.

III.2. Estaba cercana la Pascua, la gran fiesta judía, lo que enmarca muy bien las pretensiones teológicas del evangelista. De hecho, hay algunos elementos que nos recuerdan momentos de la vida del pueblo en el desierto: las penurias, el hambre, la intervención de Moisés, el maná… Jesús pregunta a sus discípulos qué pueden hacer con tanta gente como les sigue e inquiere cómo darles de comer. Es como el relato de Eliseo de la primera lectura; y Andrés, uno de los primeros discípulos, señala, no inocentemente, a alguien que tiene como un tesoro en aquella situación: cinco panes y dos peces ¿se los puede guardar para sí? ¡No es posible!. Vemos que la solución del dinero para comprar pan para todos es imposible, porque el dinero muchas veces no es la solución del hambre en el mundo.

III.3. El milagro de Jesús consistirá precisamente en hacer que el pan se comparta y se multiplique sin medida. No se saca de la nada, sino de poco (aunque para aquél joven es mucho). Pero el joven no se lo ha guardado para sí, y Jesús ha hecho posible que el compartir el pan sea compartir la vida. La gente vio a Jesús como un profeta (otra referencia al texto de Eliseo) y considerando que querían hacerlo rey por este gesto extraordinario se marcho a la soledad. Lo que vendrá después será una reflexión de la teología de cómo Dios comparte su vida con nosotros, por medio de Jesucristo. ¿Es posible decir muchas más cosas de este relato o signo milagroso? No es útil hacer grandes alardes de tipo histórico sobre cómo han nacido este tipo de relatos de la multiplicación de los panes y qué hecho concreto y memorable sustenta una narración o una tradición como esta.

III.4. En este caso de Juan sabemos muy bien que a las pretensiones del evangelista, como es su costumbre, este “signo/sêmeion” (él no les llama milagros) le sirve de base y de apoyo para construir el extraordinario discurso del pan de vida, como el maná que viene del cielo, que ha de leerse en domingos sucesivos, y que vine a continuación de nuestro relato. Todas las aportaciones originales o difíciles que se han dado sobre el particular no nos llevaría ni a solucionar la historicidad de este tipo de hechos, ni a remediar el hambre en el mundo. Pero sí hay una cosa clara: sea así o de otra manera lo que sucediera en un hecho memorable de Jesús, entre sus discípulos y las gentes que le seguían, el hambre no se arregla con milagros ni con dinero. El camino es, como el texto lo pone de manifiesto: compartir lo que se tiene en beneficio de todos. ¿Podría ser de otra manera? ¡desde luego que no! La Iglesia y la humanidad entera están llamadas a “reproducir” este milagro, este “signo” del compartir, entre tantos grupos y tantos pueblos que no pueden comer ni pagar la deuda que los empobrece. Otro tipo de lectura e interpretación de nuestro relato no tendría sentido hoy. La “apologética” del poder divino y extraordinario de Jesús o de Dios no daría de comer a tantos que hambrean lo necesario. (Fray Miguel de Burgos Núñez O. P.).







domingo, 19 de julio de 2015

DOMINGO 16º DEL TIEMPO ORDINARIO


Andaban como ovejas sin pastor

En los domingos anteriores, 14º y 15º, se ha ido leyendo el capítulo sexto del Evangelio según san Marcos, el cual está enmarcado dentro del bloque que narra la actividad de Jesús en Galilea. Los versículos de la lectura de hoy (30-34) sirven como introducción al relato de la primera multiplicación de los panes realizada por Jesús, en esta ocasión, en favor de los judíos, más específicamente, en beneficio de su pueblo.

Esta introducción inicia con la referencia al resultado de la misión de los Doce (vv. 6b-13) y termina aludiendo a la actitud de Jesús ante la multitud que se le aglomera. Tanto la actividad del maestro como la de los discípulos es una actividad pastoral. El texto indica que la auténtica motivación de Jesús, y la que debe tener todo discípulo suyo para servir al Pueblo de Dios, es la compasión.

DIOS NOS HABLA. CONTEMPLAMOS SU PALABRA.

I LECTURA

Los pastores que condena Dios por medio de las palabras de Jeremías son las autoridades que se aprovecharon de su poder para maltratar al pueblo. La solución a esta práctica del poder perverso vendrá de Dios, cuando él mismo asuma la conducción del rebaño.

Lectura del libro de Jeremías 23, 1-6

¡Ay de los pastores que pierden y dispersan el rebaño de mi pastizal! –oráculo del Señor–. Por eso, así habla el Señor, Dios de Israel, contra los pastores que apacientan a mi pueblo: Ustedes han dispersado mis ovejas, las han expulsado y no se han ocupado de ellas. Yo, en cambio, voy a ocuparme de ustedes, para castigar sus malas acciones –oráculo del Señor–. Yo mismo reuniré el resto de mis ovejas, de todos los países adonde las había expulsado, y las haré volver a sus praderas, donde serán fecundas y se multiplicarán. Yo suscitaré para ellas pastores que las apacentarán; y ya no temerán ni se espantarán, y no se echará de menos a ninguna –oráculo del Señor–. Llegarán los días –oráculo del Señor– en que suscitaré para David un germen justo; él reinará como rey y será prudente, practicará la justicia y el derecho en el país. En sus días, Judá estará a salvo e Israel habitará seguro. Y se lo llamará con este nombre: “El Señor es nuestra justicia”.
Palabra de Dios.

Salmo 22, 1-6

R. El Señor es mi pastor, nada me puede faltar.

El Señor es mi pastor, nada me puede faltar. Él me hace descansar en verdes praderas, me conduce a las aguas tranquilas y repara mis fuerzas. R.

Me guía por el recto sendero, por amor de su Nombre. Aunque cruce por oscuras quebradas, no temeré ningún mal, porque tú estás conmigo: tu vara y tu bastón me infunden confianza. R.

Tú preparas ante mí una mesa, frente a mis enemigos; unges con óleo mi cabeza y mi copa rebosa. R.

Tu bondad y tu gracia me acompañan a lo largo de mi vida; y habitaré en la Casa del Señor, por muy largo tiempo. R.

II LECTURA

San Pablo está haciendo mención del pueblo judío y del pagano, que, por la fe en Jesús, han unido sus vidas y sus proyectos para siempre. Del mismo modo, podemos pensar que Cristo nos ofrece la paz y la unidad a cada uno de los pueblos, a cada familia y a cada hijo suyo.

Lectura de la carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Éfeso 2, 13-18

Hermanos: Ahora, en Cristo Jesús, ustedes, los que antes estaban lejos, han sido acercados por la sangre de Cristo. Porque Cristo es nuestra paz: Él ha unido a los dos pueblos en uno solo, derribando el muro de enemistad que los separaba, y aboliendo en su propia carne la Ley con sus mandamientos y prescripciones. Así creó con los dos pueblos un solo hombre nuevo en su propia persona, restableciendo la paz, y los reconcilió con Dios en un solo Cuerpo, por medio de la cruz, destruyendo la enemistad en su persona. Y él vino a proclamar la Buena Noticia de la paz, paz para ustedes, que estaban lejos, paz también para aquéllos que estaban cerca. Porque por medio de Cristo, todos sin distinción tenemos acceso al Padre, en un mismo Espíritu.
Palabra de Dios.

ALELUYA        Jn 10, 27
Aleluya. “Mis ovejas escuchan mi voz, yo las conozco y ellas me siguen”, dice el Señor. Aleluya.

EVANGELIO

 “Hoy, la figura de Cristo se nos presenta como el Rey-Pastor. Rey y Pastor de todos los pueblos del mundo, de toda la historia. Él tiene la clave de la solución de la historia y de los momentos críticos de los pueblos. Los pueblos sólo mirándolo a él podrán encontrar solución. Si volvemos la espalda a Cristo, seguiremos viviendo en este absurdo ‘del rebaño disperso’.

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos 6, 30-34

Al regresar de su misión, los Apóstoles se reunieron con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado. Él les dijo: “Vengan ustedes solos a un lugar desierto, para descansar un poco”. Porque era tanta la gente que iba y venía, que no tenían tiempo ni para comer. Entonces se fueron solos en la barca a un lugar desierto. Al verlos partir, muchos los reconocieron, y de todas las ciudades acudieron por tierra a aquel lugar y llegaron antes que ellos. Al desembarcar, Jesús vio una gran muchedumbre y se compadeció de ella, porque eran como ovejas sin pastor, y estuvo enseñándoles largo rato.
Palabra del Señor.

MEDITAMOS LA PALABRA DE DIOS

El pastoreo del Pueblo
La actividad pastoril es propia de los pueblos mediterráneos. La Biblia compara en muchas ocasiones la relación de Dios con su Pueblo como la de un pastor que apacienta su rebaño (Salmo 22: «el Señor es mi pastor, hada me falta»). Esta imagen es aplicada también a los dirigentes del pueblo de Israel. Así, leemos en la primera lectura (Jr 23, 1-6) la queja que Dios remite a los que debiendo pastorear a su Pueblo le dispersan y dejan perecer las ovejas. La queja pone de relieve el resultado funesto de la actividad de los pastores, quienes no ejercieron la misión encomendada por Dios tal como Él esperaba que la hicieran.

Pastorear es sinónimo de acompañar
La imagen del pastor aplicada a los dirigentes implicaba acompañar al Pueblo en su relación y camino hacia Dios. Pastorear no es otra cosa que acercar las personas a Dios y facilitar su encuentro. Es una tarea que fomenta la comunión entre Dios y los seres humanos y de ellos entre sí. Cuando Jesús ve la multitud que andaba como ovejas sin pastor, constata la necesidad que tenían de que alguien les guiara y les acompañara. La misión de los Doce, narrada en este capítulo, también fue una actividad por medio de la cual acercaban el pueblo a Dios.

Pastorear, tarea de todos
En la Nueva Alianza, iniciada y fundamentada en la persona del Hijo encarnado, la tarea cristiana de pastorear no se limita a la actividad de la jerarquía, sino que es propia de todo el pueblo cristiano. Todo bautizado es mediador entre Dios y los hombres, a razón de su dignidad bautismal. Acercar a las personas hacia Dios es tarea de todos y de todas, así como acompañarles en su caminar. Esta tarea pastoral, para que realmente produzca los frutos que Dios espera, ha de ser motivada por la misericordia y la compasión. Sin estos valores corremos el riesgo de buscar nuestros propios intereses o de realizar una actividad en la que Dios puede pasar de largo por nuestras vidas. Para ser verdaderos pastores hay que ponerse en los zapatos de los demás, estar unidos en un mismo corazón y buscar siempre el bien ajeno por encima del propio.


ESTUDIO BÍBLICO

Tema general: Es la continuación de los domingos anteriores que se centraron en la llamada para la misión. Hoy se nos invita a contemplar esta reflexión en la figura del pastor, su simbología, su significación, sus actitudes y sus cualidades

Primera lectura: Jeremías 23,1-6.

Marco: El capítulo 23 forma parte de una sección amplia de este libro que recoge una serie de oráculos contra los reyes y contra los falsos profetas. Por tanto los oráculos se dirigen contra las dos instituciones principales del pueblo de Israel. Dirige duros reproches a los reyes de Judá, enjuiciando su comportamiento personal y su modo de gobernar al pueblo. Y también contra los falsos profetas que anuncian falsa paz y falsa prosperidad en un momento de gravísima crisis y peligro inminente la invasión.

Reflexiones:
1ª: ¡ Los pastores tienen la noble y grave misión de ser representantes de Dios!
¡Ay de los pastores que dejan perecer las ovejas de mi rebaño...Y mismo reuniré el resto de mis ovejas! Es bien conocida la imagen del pastor cuando se habla de la dirección de la vida de los pueblos. No es una imagen exclusivamente bíblica, pues la encontramos en los textos de otras religiones y pueblos. Israel heredó esta imagen y se la aplica en primer lugar a su Dios Yavé. Como ejemplo, recordemos el salmo 79: Pastor de Israel, escucha, tú que guías a José como un rebaño. Por tanto, la imagen del pastor aplicada a Dios significa solicitud por su rebaño que es su pueblo. A los reyes como representantes o lugartenientes de Dios, porque el rey de Israel es propiamente Dios mismo. Así lo recuerda la Escritura constantemente y de modo especial Is 7, en la profecía del Enmanuel. También los profetas participan de esta cualidad de pastores del pueblo en nombre de Dios. Pero pueden ser falsos profetas. Y contra ellos habla Jeremías. El destinatario de estos carismas es el pueblo. Y a los pastores se les exigen unas determinadas actitudes que quedan reflejadas a continuación. Ayer como los representantes del único Señor de ka historia son urgidos a revisar su tarea de dirigir al pueblo al bien común. Y todos participamos, en cierto modo, de esta misión.

Segunda lectura: Efesios 2,13-18.

Marco: Forma unidad con la primera parte de la carta centrada en el misterio de Cristo y de la Iglesia. La lectura de hoy viene precedido por Ef 2,1-12 que habla de la salvación ofrecida gratuitamente en cristo. El fragmento que hoy proclamamos podría llevar como título general: Cristo, artífice de la paz y de la unidad.

Reflexiones:
1ª: ¡Cristo es nuestra paz!
Ahora, por la sangre de Cristo, estáis cerca los que antes estabais lejos. Él es nuestra paz. Él ha hecho de los dos pueblos una sola cosa. Jesús, el Pastor, ideal tiene como primera tarea la que corresponde al verdadero rey-pastor, es decir, garantizar la paz. Estas afirmaciones del apóstol hay que enmárcalas en lo que significó históricamente la entrada de los gentiles en la Iglesia. Hasta la venida de Cristo, los judíos dividían al mundo en dos partes: judíos, pueblo de Dios llamados a la salvación y los gentiles, malditos y alejados de la salvación. La obra de Cristo, el Buen pastor, es el acercamiento y la comunión. Tengo otras ovejas que no son de este redil. También tengo que atraerlas y habrá un solo rebaño y un solo pastor (Jn 10). Esta misión de Jesús se enmarca en la línea que recibimos del Antiguo Testamento: el rey ha de garantizar la paz en el pueblo de Dios. Y ahora el pueblo de Dios está formado por judíos y gentiles. Ayer, como hoy, esta palabra invita a una profunda revisión de nuestras actitudes frente a los otros pueblos. Por cierto, ahora lo estamos viviendo de una manera sangrante con el gran problema de los inmigrantes ante los que los creyentes debemos optar por un gran compromiso de acogida y de comprensión. Todos son invitados a vivir en la paz y en la concordia.

Tercera lectura: Marcos 6,30-34.

Marco: seguimos, como el domingo anterior, en la tercera sección de la segunda parte del evangelio de Marcos que nos conduce de Nazaret, donde ha sido rechazado, hasta Cesarea de Felipe donde es reconocido como Mesías por Pedro, portavoz de los apóstoles. Es la continuación del hilo que dejamos el domingo pasado centrado en la llamada de los apóstoles y en un primer envío a evangelizar. Ahora nos explica Marcos la vuelta de los doce.

Reflexiones:
1ª: ¡Vamos a un sitio solitario para descansar un poco!
Los apóstoles volvieron a reunirse con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho. Debo reconocer que esta escena siempre me causa un impacto personal singular. Los apóstoles son enviados como colaboradores del Jesús. Son los continuadores de la obra que va a realizar como buen pastor. Jesús ha depositado en ellos su confianza al asociarlos a la tarea común. Y los ha enviado lleno de confianza en que su Padre cuidaría de ellos. Y ahora vuelven contentos a dar cuenta de la misión realizada. Una escena ciertamente profunda y a la vez entrañable. Los futuros pastores en comunión con el Pastor. Y son invitados a un lugar tranquilo. Es necesario un tiempo de calma para sopesar el resultado de esta primicia de la misión que anuncia y prepara la gran misión apostólica que realizarán después de su Resurrección y para todos los pueblos. Ayer, como hoy, Jesús sigue depositando su confianza en sus pastores. Y ayer como hoy necesitamos encuentros tranquilos con el Maestro y Pastor que nos envía. ¿No necesitarla Iglesia y los pastores que en ella ejercen el ministerio recurrir con más frecuencia a un lugar tranquilo para revisar con el Maestro la tarea! Urgente advertencia para todos.
2ª: ¡ Andaban como ovejas sin pastor!

Eran tantos lo que iban y venían que encontraban tiempo ni para comer... Muchos fueron corriendo al lugar donde estaba Jesús...Andaban como ovejas sin pastor. Jesús es realmente el modelo de Pastor, el mejor Lugarteniente de su Padre. Se encarnan en él todas las cualidades que se esperaban del rey-pastor: rectitud, fidelidad al proyecto de Dios, procurar la realización de las cláusulas de la alianza, solicitud, generosidad y el don de la vida para llevar adelante la empresa. Jesús abre camino para que la humanidad logre experimentar la salvación. El Buen Pastor todavía encarna otra cualidad de Dios como Pastor y que deseaba la tuvieran sus lugartenientes para el pueblo de Israel, es decir, la actitud de misericordia. Jesús vio una multitud y le dio lástima de ellos, porque andaba como ovejas sin pastor. La misericordia, he ahí una gran característica del Pastor-Yavé y del Pastor Jesús. Ayer, como hoy, es urgente que los pastores sintamos profundamente la situación de las gentes a quienes somos enviados. La misericordia, de la que tan escaso anda nuestro mundo, es prerrogativa y característica de los verdaderos y solícitos conductores del pueblo de Dios. Misericordia no debilidad. Solicitud no acaparamiento. Generosidad en el respeto a la libertad de cada uno. Este talante de Jesús es un compromiso para los pastores de hoy. (Fr. Gerardo Sánchez Mielgo O. P.).









domingo, 12 de julio de 2015

DOMINGO 15º DEL TIEMPO ORDINARIO


“Jesús llamó a los Doce y los fue enviando de dos en dos”

Dios es el autor de las dos grandes acciones que afectan a todo ser humano e incluso a todo ser: la de la creación y la de la salvación. Los seres humanos participamos por deseo de Dios en esas dos tareas. No participamos en crear, pero sí en mantener la creación para hacerla más humana. La creación sigue siendo un proyecto no ultimado, en el que nosotros tenemos responsabilidades de “creadores”. Hemos de evitar el mal uso de la Naturaleza, su deterioro y su aprovechamiento egoísta por unos pocos o por una generación a costa de las generaciones futuras.

Participamos con capacidad de decisión en la salvación. Podemos incluso oponernos a la acción de Dios y prescindir de esa salvación que nos brinda. Si la aceptamos, nuestra salvación necesita de nuestra cooperación. Cooperamos ante todo para la propia salvación; pero también en la de los demás, como los demás cooperan en la nuestra.

Enviar de dos en dos como Jesús envía a sus discípulos alude a que participar en la misión que Dios nos ha encargado siempre tiene dimensión comunitaria: ha de superar el individualismo del que se cree el único que tiene la palabra, el gesto la acción adecuada.

DIOS NOS HABLA. CONTEMPLAMOS SU PALABRA.

I LECTURA

El profeta no habla por cuenta propia ni ejerce su tarea por interés personal. Es una persona llamada por Dios para esa misión específica, y la coherencia de su vida se juega en ser fiel a esa vocación. Del mismo modo en que Dios llamó a los profetas del Antiguo Testamento, también envió a los apóstoles. Y aún continúa invitando a otras personas para extender su reino.

Lectura de la profecía de Amós 7, 12-15

Amasías, el sacerdote de Betel, dijo a Amós: “Vete de aquí, vidente, refúgiate en el país de Judá, gánate allí la vida y profetiza allí. Pero no vuelvas a profetizar en Betel, porque este es un santuario del rey, un templo del reino”. Amós respondió a Amasías: “Yo no soy profeta, ni hijo de profetas, sino pastor y cultivador de sicómoros; pero el Señor me sacó de detrás del rebaño y me dijo: ‘Ve a profetizar a mi pueblo Israel’”.
Palabra de Dios.

Salmo 84, 9ab. 10-14

R. Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación.

Voy a proclamar lo que dice el Señor: el Señor promete la paz para su pueblo y sus amigos. Su salvación está muy cerca de sus fieles, y la Gloria habitará en nuestra tierra. R.

El Amor y la Verdad se encontrarán, la Justicia y la Paz se abrazarán; la Verdad brotará de la tierra y la Justicia mirará desde el Cielo. R.

El mismo Señor nos dará sus bienes y nuestra tierra producirá sus frutos. La Justicia irá delante de él, y la Paz, sobre la huella de sus pasos. R.

II LECTURA

Todos recibimos el perdón de Dios que nos santifica, como también “toda clase de bendición”. En un momento de silencio, pensemos en esas bendiciones particulares que cada uno de nosotros ha recibido en su vida, y demos gracias a Dios por ellas.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Éfeso 1, 3-14

Bendito sea Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en Cristo con toda clase de bienes espirituales en el Cielo, y nos ha elegido en él, antes de la creación del mundo, para que fuéramos santos e irreprochables en su presencia, por el amor. Él nos predestinó a ser sus hijos adoptivos por medio de Jesucristo, conforme al beneplácito de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia, que nos dio en su Hijo muy querido. En él hemos sido redimidos por su sangre y hemos recibido el perdón de los pecados, según la riqueza de su gracia, que Dios derramó sobre nosotros, dándonos toda sabiduría y entendimiento. Él nos hizo conocer el misterio de su voluntad, conforme al designio misericordioso que estableció de antemano en Cristo, para que se cumpliera en la plenitud de los tiempos: reunir todas las cosas, las del Cielo y las de la Tierra, bajo una sola Cabeza, que es Cristo. En él hemos sido constituidos herederos, y destinados de antemano –según el previo designio del que realiza todas las cosas conforme a su voluntad– a ser aquellos que han puesto su esperanza en Cristo, para alabanza de su gloria. En él, ustedes, los que escucharon la Palabra de la verdad, la Buena Noticia de la salvación, y creyeron en ella, también han sido marcados con un sello por el Espíritu Santo prometido. Ese Espíritu es el anticipo de nuestra herencia y prepara la redención del pueblo que Dios adquirió para sí, para alabanza de su gloria.
Palabra de Dios.

ALELUYA        cf. Ef 1, 17-18

Aleluya. El Padre de nuestro Señor Jesucristo ilumine nuestros corazones, para que podamos valorar la esperanza a la que hemos sido llamados. Aleluya.

EVANGELIO

“Las advertencias de Jesús en el sentido de proveerse con mucha sencillez, con sobriedad y pobreza, exige a los mensajeros no buscar el propio provecho, ni pretender dinero ni bienes, ni abusar de la autoridad que Dios les ha dado. Los mensajeros de Jesús, además, deben correr el riesgo del rechazo y aceptarlo con buena voluntad”.

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos 6, 7-13

Jesús llamó a los Doce y los envió de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus impuros. Y les ordenó que no llevaran para el camino más que un bastón; ni pan, ni provisiones, ni dinero; que fueran calzados con sandalias y que no tuvieran dos túnicas. Les dijo: “Permanezcan en la casa donde les den alojamiento hasta el momento de partir. Si no los reciben en un lugar y la gente no los escucha, al salir de allí, sacudan hasta el polvo de sus pies, en testimonio contra ellos”. Entonces fueron a predicar, exhortando a la conversión; expulsaron a muchos demonios y sanaron a numerosos enfermos, ungiéndolos con óleo.
Palabra del Señor.

MEDITAMOS LA PALABRA DE DIOS.

Profetas y apóstoles: los enviados por Dios

Los profetas y los apóstoles son encargados de Dios de ofrecer a los hombres y mujeres el mensaje de salvación, y, por ello, están encargados de avisar del peligro que corremos ante los enemigos de un ser humano salvado. No es ésta una misión fácil, pues la salvación exige renuncias a intereses que están muy arraigados en nuestra naturaleza, como el interés por dominar al otro, el interés por las riquezas, el interés por una vida cómoda en la que no haya que hacer renunciar a nada de lo que nos agrada...etc. Por eso los profetas y los apóstoles con frecuencia se encuentran con la oposición de aquellos a los que son enviados. Son con frecuencia considerados como seres molestos.

Profetas, apóstoles y “profesionales” de la religión
La fuerza de profetas y apóstoles es exclusivamente la fuerza de su palabra y la fuerza que Dios les da. Su misión no se apoya en el poder político o económico o en una gran preparación cultural. Basta, junto a la fuerza de la Palabra que proclaman, el testimonio de su pobreza y del hecho de asumir el riesgo del desprecio y de la persecución.
Vemos que en la primera lectura cómo un “profesional de la religión”, el sacerdote del templo de Betel, rechaza a Amós, un pobre pastor y agricultor, como indigno de hacerse oír en el templo “Casa de Dios”, santuario real. Amós no se considera profeta “profesional”. Es un laico, al que le ha llegado la Palabra de Dios y la orden de profetizar.
El sacerdote no acepta a un Dios que habla a través de un pobre hombre, que no está investido de ningún poder religioso, como lo está él. Eso mismo sucedió con Jesús ante sus paisanos de Nazaret, como vimos en el evangelio del domingo anterior.

¿Cómo son recibidos los profetas, los enviados?
Jesús en el evangelio previene a los discípulos que envía de que no van a ser siempre bien recibidos. Les advierte que les va a pasar lo que le pasa a él: en unos sitios puede que sean bien recibidos, pero en otros les prestarán oídos sordos. Ellos tienen que ir a predicar nada menos que la conversión, el cambio de vida, a quien se encuentra quizás muy a gusto con la que lleva. Y eso nunca merece una acogida calurosa. Deben limitarse a proponer la conversión, no imponerla; y a hacer el bien que está en sus manos: atender a los enfermos, a los necesitados. Palabra y misericordia, compasión y compromiso con el necesitado esas son las armas del profeta y del apóstol. Las mismas armas de Cristo.

Profetas, enviados, hoy
Los profetas siguen presentes en nuestro tiempo, en nuestra sociedad, son simples personas de nuestro entorno que no brillan por cualidades extraordinarias, ni tienen que ser los “profesionales” de la religión, como el sacerdote de Betel; pero sí son capaces de pronunciar una palabra que nos invite a la conversión, o actúan de modo que son real proclamación del estilo de vida que los cristianos hemos de llevar al que hemos de convertirnos. Responsabilidad de cada uno es descubrir en ellos lo que nos proclaman y acoger su palabra y a ellos mismos en nuestra casa, es decir: en nuestro interior, en nuestro corazón y en nuestra mente.
Hemos de descubrir los medios de los que Dios se sirve en su proyecto de salvación. Esos medios no son únicamente los instituidos como tales, como los sacerdotes, profesionales de la pastoral…, puede ser cualquier persona con la que nos encontramos en nuestro convivir diario. Se exige inteligencia que capte, e interés en descubrir desde la humildad lo que los demás, al margen de su relevancia, social, intelectual, religiosa nos pueden decir. Por encima de la tentación a ver lo negativo del otro, que nos lleva a creernos superiores, ser capaces de llegar a lo positivo que nos ofrecen aquellos con los que encontramos en nuestra convivencia, más allá de las apariencias. Es cuestión tanto de inteligencia, como de actitud humilde y decidida a aprender de los demás.
Y, ¿por qué no?, también estar dispuestos a sentirnos enviados, desde nuestras pobreza y limitaciones, a atraer a la vida cristiana a los alejados de ella. Dios cuenta con nosotros para su obra creadora y de salvación. 


ESTUDIO BÍBLICO

Tema general de este domingo: llamada de Dios a la fe en Cristo, en el que somos abundantemente bendecidos, y la llamada al ministerio profético y apostólico.

Primera Lectura: Amós 7,12-15

Marco: Los capítulo 7-9 se centran en visiones de Amós, con algunas prolongaciones. El fragmento que hoy proclamamos es la prolongación de las tres primeras visiones: la langosta, el fuego y la destrucción de la ciudad. Las tres visiones van acompañadas de una plegaria del profeta a Dios y la respuesta que Dios le da. El fragmento de hoy es un enfrentamiento entre Amasías, que representa el culto oficial de la corte y el frescor y libertad del profeta que no está sometido a estas ataduras y habla con libertad lo que Dios le ordena.

Reflexiones:
1ª: ¿Enfrentamiento entre el culto oficial y el carisma profético!
Vete y refúgiate en tierra de Judá: come allí tu pan y profetiza allí: No vuelvas a profetizar en “Casa de Dios”, porque es el santuario real. A lo largo de la historia de la salvación encontramos escenas parecidas de enfrentamiento entre el culto oficial y la presencia profética. Amós procede de Técoa en Judá. No tiene licencia “oficial” para predicar en el reino del norte. En el fondo se debate una cuestión esencial: la institución oficial que corre siempre el peligro del anquilosamiento o incluso la adulteración por motivos interesados representados por Amasías, sacerdote de Betel, sacerdote en nombre del rey y que defiende los intereses reales en el santuario, frente a Amós que representa al profetismo como llamada carismática. El profeta es llamado para recordar la alianza de Dios con su pueblo. El profeta lo es en contra de su voluntad. El profeta no puede adular. Amós es un representante muy genuino de lo que es la función profética: voceros y portavoces de Dios para interpretar el devenir histórico del pueblo a la luz de las cláusulas de la alianza del Sinaí. Hoy como ayer en el pueblo de Dios son necesarios aquellos que movidos especialmente por el Espíritu, con las garantías adecuadas, denuncian los excesos de lo siempre establecido para renovar y recrear la vida, lo nuevo pero en autenticidad y fidelidad. Esto lo necesita siempre el pueblo de Dios inmerso en la historia humana. El mensaje de Amós es para hoy con especial fuerza y compromiso.

Segunda lectura: Efesios 1,3-14.

Marco: La lectura de hoy es un himno profundo teológicamente hablando y hermoso literariamente considerado. Se cimienta en algunas grandes realidades del plan salvador de Dios: bendición, elección, adopción-filiación, redención y esperanza. En estos términos sintetiza el autor /de la carta toda la acción de Dios por medio de Jesucristo. Están comprometidas en esta tarea las tres Personas divinas.

Reflexiones:
1ª: ¡Elegidos antes de la creación del mundo en cristo Jesús!
Nos ha bendecido por medio de Cristo. Nos ha elegido antes de la creación del mundo. En esta admirable síntesis de la teología paulina de la salvación sobresale con fuerza la gratuidad de Dios en su plan sobre el hombre. Se recalca con especial fuerza que esta gratuidad se debe a que todo pasa por Cristo Jesús y todo es movido por el amor. Y el conjunto es una “bendición”. La “berakáh”, a lo largo de toda la historia de la salvación, es lo mejor que Dios puede ofrecer al hombres; es la quintaesencia de su presencia bienhechora y salvadora; es una fuerza especial, porque para los hebreos la palabra es eficaz por sí misma. Los creyentes están en medio del mundo, comparten las alegrías y las dificultades de los hombres, viven lo cotidiano desde esta mirada del Dios Bendito que les ha bendecido, es decir, que sigue presente en su quehacer cotidiano. Pablo lo recuerda para entonces y para ahora. Es necesario volver a esta experiencia de la bendición para testimoniar en medio del mundo el verdadero rostro de nuestro Dios y de Jesús. Dios quiere la plena realización del hombre en todos los planos porque esa es la vocación a que han sido llamados: elección para ser su pueblo signo de salvación en medio de las realidades de este mundo y explotándolas con responsabilidad humana.

Tercera lectura: Marcos 6,7-13.

Marco: el fragmento es el primer paso del camino que conducirá a Jesús y a sus discípulos hasta Cesarea de Felipe, después del rechazo en su propia patria y entre sus familiares, lugar en que se expresará la gran confesión de Pedro. En realidad este fragmento hay que leerlo teniendo en cuanta la vocación de los apóstoles (Mc 3,13-19). Jesús elige a los que quiere para enviarlos a evangelizar siendo sus testigos.

Reflexiones:
1ª: ¡Jesús eligió a los que quiso!
Llamó a los que quiso y se acercaron a él... y comenzó a enviarlos de dos en dos. Es significativo que Marcos recuerde esta soberana libertad de Jesús para elegir a los que él quiso y cuando él quiso. La vocación profética es un impulso que procede del Espíritu y lo da al que él quiere (caso de Amós y de los otros profetas). Jesús acude a su soberana decisión. El apostolado es la vocación más alta y más profunda en la Iglesia. Son los cimientos sobre los que se construye la Iglesia teniendo como roca viva y piedra angular al mismo Cristo Jesús. Nuestro acceso a Dios pasa por la fe y por el testimonio apostólico. Y esa decisión la ha previsto Jesús mismo eligiendo a los que quiso. Ayer como hoy la vocación es una iniciativa generosa y libre de Dios. Y Dios sigue llamando a quienes quiere para realizar la misión. En un mundo, como el nuestro, en que parece que Dios guarda silencio en sus llamadas, es necesario recuperar la seguridad de que Dios sigue llamando a cada uno para la tarea que él le asigne. Hay crisis de respuestas no de vocaciones. Urge despertar, abrir los oídos en cada momento. Todos somos llamados para vivir y experimentar la fe apostólica en medio de nuestro mundo.

2ª: ¡Una llamada que urge a la evangelización!
Ellos marcharon y predicaron la conversión. Dios llama para una tarea concreta. A los apóstoles los llamó para que estuvieran con él y luego se dedicaran a la evangelización. Pablo recordará en su carta a los Romanos: Todo el que invoque el nombre del Señor se salvará. Ahora bien ¿cómo van a invocar a aquél en quien no creen? ¿Y cómo van a creer en él, si no les ha sido anunciado? ¿Y cómo va a ser anunciado, si nadie es enviado? Por eso dice la Escritura: ¡Qué hermosos son los pies de los que anuncian buenas noticias” (Rm 10,13-15). Y Jesús mismo Resucitado: Vosotros recibiréis la fuerza del Espíritu Santo, que vendrá sobre vosotros, y seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta los confines de la tierra. Es necesario evangelizar con un testimonio más convincente en medio del mundo, con una palabra más eficaz y creadora de libertad. La evangelización es llevar al hombre al ámbito de la salvación integral. Esa es la buena noticia: la vida del hombre sobre la tierra tiene profundo sentido. Hay caminos abiertos para la verdadera humanización que consiste en restaurar el plan original de Dios: que el hombre sea realmente una imagen suya destinado a vivir en comunión, en la vida y feliz. Y esto comienza ya en este mundo. La tarea urge. La llamada es un signo de confianza del Maestro. Es necesario, hoy como ayer, evangelizar para que el hombre encuentre su sentido pleno y su libertad: expulsaban muchos demonios. (Fr. Gerardo Sánchez Mielgo O. P.)