domingo, 5 de febrero de 2017

DOMINGO 5º DEL TIEMPO ORDINARIO


Así debe brillar ante los ojos de los hombres la luz que hay en ustedes”

¿Estamos tranquilos con la manera de vivir la fe en Jesucristo? ¿Contentos con nuestros pastores? Éstas y otras preguntas se hacen oportunas para el día de hoy. Hay muchas personas que necesitan apagar tu luz, tus valores, porque así creen que brillarán más ellos, pero lo cierto es que no es más que una mirada desproporcionada del otro. Sartre en su metafísica decía que el infierno es la mirada del otro.

Lo cierto es que hay muchas maneras de ocultar la luz: las críticas, el rechazo, la envidia, los celos… todo generado por esa mirada desproporcionada que no siempre señala tu realidad personal.

El evangelio de hoy nos invita a ofrecer tu luz por encima de todo. Ser una ciudad habitable en lo alto de un monte donde se pueda admirar junto al paisaje. Sí, digo bien, admirar que es justo lo que adolecemos. Hemos de admirar al otro como criaturas de Dios, imagen y semejanza suya, y como sujeto del amor que merece, sustentado en Cristo Señor nuestro.

DIOS NOS HABLA. ESCUCHAMOS SU PALABRA.

I LECTURA

El creyente podrá ser luz si es solidario, generoso, rompiendo con su egoísmo e individualismo. Cuando nos encontramos con el hermano pobre, con el necesitado de pan y de lo indispensable para cubrir su pudor y vivir dignamente, entonces podremos ser verdaderamente luz en un mundo que se ha oscurecido, que “no ve” al otro, que quedó ciego ante el hermano que lo mira y clama a él.

Lectura del libro de Isaías 58, 7-10

Así habla el Señor: Si compartes tu pan con el hambriento y albergas a los pobres sin techo, si cubres al que ves desnudo y no te despreocupas de tu propia carne, entonces despuntará tu luz como la aurora y tu llaga no tardará en cicatrizar; delante de ti avanzará tu justicia y detrás de ti irá la gloria del Señor. Entonces llamarás, y el Señor responderá; pedirás auxilio, y él dirá: “¡Aquí estoy!”. Si eliminas de ti todos los yugos, el gesto amenazador y la palabra maligna; si ofreces tu pan al hambriento y sacias al que vive en la penuria, tu luz se alzará en las tinieblas y tu oscuridad será como al mediodía.
Palabra de Dios.

Sal 111, 4-9

R. Para los buenos brilla una luz en las tinieblas.

Para los buenos brilla una luz en las tinieblas: es el Bondadoso, el Compasivo y el Justo. Dichoso el que se compadece y da prestado, y administra sus negocios con rectitud. R.

El justo no vacilará jamás, su recuerdo permanecerá para siempre. No tendrá que temer malas noticias: su corazón está firme, confiado en el Señor. R.

Su ánimo está seguro, y no temerá. Él da abundantemente a los pobres: su generosidad permanecerá para siempre, y alzará su frente con dignidad. R.

II LECTURA

San Pablo no quiere ocultar su capacidad de predicar o sus condiciones de escritor. Su “pobreza” no radica en que no sabe qué decir ni cómo decirlo. Está convencido de que él es pobre y pequeño ante la grandeza y el poder de Dios. Él sabe muy bien que nada puede ser igual o mayor a Dios. Ubicándose así, demuestra su humildad.

Lectura de la primera carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Corinto 2, 1-5

Hermanos, cuando los visité para anunciarles el misterio de Dios, no llegué con el prestigio de la elocuencia o de la sabiduría. Al contrario, no quise saber nada, fuera de Jesucristo, y Jesucristo crucificado. Por eso, me presenté ante ustedes débil, temeroso y vacilante. Mi palabra y mi predicación no tenían nada de la argumentación persuasiva de la sabiduría humana, sino que eran demostración del poder del Espíritu, para que ustedes no basaran su fe en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios.
Palabra de Dios.


ALELUYA        Jn 8, 12

Aleluya. “Yo soy la luz del mundo; el que me sigue tendrá la luz de la vida”, dice el Señor. Aleluya.


EVANGELIO

 “Si tan sólo hubiese dicho: ‘para que vean sus buenas obras’, hubiese constituido su fin el ser vistos siendo alabados por los hombres, lo cual buscan los hipócritas. Pero además añade: ‘y glorifiquen a su Padre que está en los cielos’ para que, por lo mismo que el hombre con las buenas obras agrada a los hombres, no constituyendo en eso su fin sino en dar alabanza a Dios, por lo tanto agrade a los hombres de modo que en ello sea glorificado Dios” (San Agustín, De Sermone Domini, 1, 7).

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 5, 13-16

Jesús dijo a sus discípulos: Ustedes son la sal de la tierra. Pero si la sal pierde su sabor, ¿con qué se la volverá a salar? Ya no sirve para nada, sino para ser tirada y pisada por los hombres. Ustedes son la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad situada en la cima de una montaña. Y no se enciende una lámpara para meterla debajo de un cajón, sino que se la pone sobre el candelero para que ilumine a todos los que están en la casa. Así debe brillar ante los ojos de los hombres la luz que hay en ustedes, a fin de que ellos vean sus buenas obras y glorifiquen a su Padre que está en el cielo.
Palabra del Señor.

MEDITAMOS LA PALABRA DE DIOS.

Cuando partas tu pan con el hambriento… brillará tu luz en las tinieblas

La fe que se vive es una fe que se comparte. La comunidad es un referente para la práctica diaria en lo que se cree, y el escenario propio donde se realizan los actos de justicia. Partir tu pan con el hambriento no sólo es un acto de misericordia, también es un acto de justicia, integrador, no es darle lo que le falta es darle lo que le es debido, porque no ha tenido la oportunidad para vivir dignamente, porque la sociedad se lo ha negado.

En no pocas ocasiones hemos escuchado que con los recursos que la tierra posee hay posibilidades de paliar el hambre de todos los pobres de la tierra, aun así, el acto de justicia no acontece: ni ayer, ni hoy. ¿Es por falta de rezar? Me temo que no. Aunque el mundo de hoy adolece de una profunda espiritualidad, lo que no acontece como acto de justicia no resquebraja nuestras entrañas. Hay que dejarse quebrar en las entrañas para comprender que tu pan se puede hacer extensible a los demás, así brillará una luz distinta de las tinieblas del egoísmo y la injusta distribución de los bienes de la tierra.

Débil y temeroso

San Pablo habla de sus inicios en la predicación apostólica, recordando que no se presentó como un erudito, sino más bien débil y temeroso. Su saber era acerca de Jesucristo, y éste crucificado. Su palabra era una manifestación del Espíritu para que la fe no se apoye en el saber de los hombres que es caduco, sino en el poder de Dios, que es más amplio.

Esta es una reflexión que hemos de hacer todos cuantos creemos en Cristo, en algún momento de nuestra vida. El temor y la debilidad no han de ser un impedimento para el que habla de Cristo, ni para quien siente la vocación, ni siquiera para los que buscan la perfección en los otros y tampoco la haya en sí mismo. Hay que dejar paso a la gracia de Dios que se manifiesta y realiza en la debilidad de los que lo buscan. Los que buscan pecados que señalar deberían aprender también esta lección: en algún momento ellos serán señalados, se verá su debilidad, y necesitarán de la gracia de Dios. Dios se manifiesta en lo pequeño y desbaratado.

Alumbre así vuestra luz a los hombres

Para que la fe se contagie, ha de haber signos externos que muestren que hay gente que cree en Jesucristo, en su amor, en su acción salvadora. Sin un Padrenuestro rezado profundamente, sin un acto de misericordia realizado todo se convierte en desazón, se vive en la privacidad. Pero aunque la fe sea personal, ha de manifestarse con coraje para que interpele a cuantos nos vean testimoniar a Jesús vivo y resucitado. No podemos escondernos, ocultarnos, ni por miedo ni por vergüenza, porque somos responsable de una buena noticia que hemos de compartir. La fe no es solo para unos pocos, es para todo aquel que quiera escuchar y bendecir a Dios.

ESTUDIO BÍBLICO.

Iª Lectura: Isaías (58,7-10): Solidaridad y compromiso

I.1. La primera lectura de la liturgia de hoy la encontramos en el libro de Isaías (TritoIs) que es como el texto de Is 1,10-20, acomodado a una nuevas circunstancias por las que pasa el pueblo de Judá, precisamente en el período postexílico. Todo está casi destruido, y como siempre, los pobres son los que soportan lo peor. Sabemos que es un texto de la escuela de Isaías. Se plantea en la comunidad la necesidad de un día de ayuno, mortificación y humillación para conseguir el favor divino. Entonces el profeta habla, dice, interpreta e interpela. Lo que Dios quiere, como ayuno, como mortificación, es no cerrarse al prójimo, a “tu propia carne”, en el lenguaje antropológico-semítico del AT. Con ello se revelan las causas de la situación: la falta de identificación con el que sufre, el no sentirnos afectados personalmente por el hambre, la desnudez o la pobreza de los otros, considerando esos hechos como datos fríos de noticias o de encuestas sociológicas.

I.2. Pero el profeta dice que cuando alguien pasa hambre eres tú quien la pasas; cuando te desentiendes de tu prójimo, te desentiendes de ti mismo. Si se hace todo eso: partir el pan con el hambriento, hospedar al pobre, vestir al desnudo, habrá justicia; y si hay justicia allí está la gloria de Dios. No hay ayuno mejor que este para ganarse el favor de Dios. Es un texto que Lucas tomó como programa para la lectura de Jesús en la sinagoga de Nazaret (Lc 4,14ss). Las promesas de luz, son exigencias de justicia; esto la sabe el mundo entero.

IIª Lectura: Iª Corintios (2,1-5): La experiencia de Cristo crucificado en Pablo

II.1. La segunda lectura, continuando con 1 Corintios, es de una fuerza inexorable: la fuerza del poder más pobre del mundo: la cruz, la sabiduría de la cruz, del fracaso. Pablo, predicador, apóstol, se presentó en Corinto consciente de lo poco que podía presumir ante los ojos del mundo, ante la sabiduría de los filósofos griegos, del mensaje que predicaba. Incluso había tenido un fracaso grande en Atenas, la ciudad más sabia del mundo (Hch 17), porque les había anunciado la resurrección del un crucificado. Pero la sabiduría de Dios, está claro, no encaja con la de este mundo. Corinto era una ciudad distinta, donde frente a los potentados económicamente por ser una ciudad comercial, había muchos marginados, pobres, trabajadores de sol a sol. ¿Aceptarán este mensaje del cristianismo? Corinto fue distinta; difícil ciudad y difícil comunidad, heterogénea, pero allí encontró Pablo a los que aceptaron el mensaje de Cristo, y éste, crucificado. Maravilloso pasaje donde Pablo expresa la convicción de que Jesucristo, el crucificado, es el liberador de los oprimidos.

II.2. Se trata, pues, de ponerse como modelo para la comunidad en el mejor sentido de la palabra. En realidad Pablo, el judío, podía haberse presentado como un buen rabino cristiano y un buen retórico, sabio y de cultura helenista, pues lo era según los mejores datos que tenemos. Pero como apóstol de Jesucristo, no entiende que los altos discursos de sabiduría pudiera trasladar el mensaje de “Cristo crucificado”. Eso hubiera sido un infidelidad a quien lo llamó y por ello la comunidad que había sido llamada desde su experiencia de pequeñez no puede renunciar a sus orígenes “crucificados”. Cuando la comunidad, la Iglesia, quiere vivir la “grandeza y la gloria, el poder y la influencia incluso de su teología y de su ética no vive en plenitud el mensaje del Crucificado. Si la Iglesia no entiende que pueda ser perseguida e incluso rechazada… entonces no hay “theologia crucis” en su seno. La Iglesia debe ser discutida… y sentirse por ello muy cerca de su Señor.



Evangelio: Mateo (5,13-16): Sal de la tierra y luz del mundo

III.1. El evangelio de Mateo, hoy, prosigue el sermón de la montaña con dos comparaciones -no llegan a parábolas-, sobre el papel del cristiano en la historia: la sal de la tierra y la luz del mundo. Todos sabemos muy bien para qué es la sal y cómo se degrada si no se usa. De la misma manera, desde las tinieblas, todos conocemos la grandeza de la luz, del día, del sol. Probablemente son de esas expresiones más conocidas del cristianismo y de las más logradas. En los contratos antiguos se usaba la sal como un símbolo de “permanencia”. Ya sabemos que la sal conserva las cosas, los alimentos… y era un signo de la Alianza en el ámbito del judaísmo por ese sentido de la fidelidad de Dios a su pueblo y de lo que Dios pedía al pueblo. Entonces entenderemos muy bien el final de la comparación: “si la sal se vuelve sosa”… hay que tirarla. Pierde su esencia. No olvidemos que esta comparación viene a continuación de las bienaventuranzas y por lo mismo debemos interpretarla a la luz de la fuerza de las mismas. El cristiano que pierde la sal es el que no puede resistir viviendo en la opción de las bienaventuranzas.

III.2. La luz del mundo, y la ciudad en lo alto del monte… tienen también todo su sabor bíblico. Sobre la luz sabemos que hay toda una teología desde la creación… Pero también se usa en sentido religioso y se aplicaba a Jerusalén, la ciudad de la luz, porque era la ciudad del templo, de la presencia de Dios. Por eso “no se puede ocultar una ciudad”… hace referencia, sin duda a estos simbolismos de Jerusalén, de Sión, de la comunidad de la Alianza. El cristiano, pues, que vive de las opciones de las bienaventuranzas no puede vivir esto en una experiencia exclusivamente personal.. Es una interpelación a dar testimonio de esas opciones tan radicales del seguimiento de Jesús, de la fuerza del evangelio.

III.3. Con estos dichos del Señor se quiere rematar adecuadamente el tema de las bienaventuranzas, que fue el evangelio del domingo anterior. Efectivamente, esto que leemos hoy debemos ponerlo en relación directa, no solamente con el estilo literario de las bienaventuranzas, sino más profundamente aún con su teología. El Reino de Dios tiene que ser proclamado y vivido y el Sermón de la Montaña es una llamada global a llevarlo a la práctica. De la misma manera que la Alianza fue sellada en el Sinaí, después el pueblo está llamado a vivirla en fidelidad. La nueva comunidad que tiene su identidad de estas palabras del Sermón tiene que iluminar como una nueva Jerusalén, como una espléndida Sión. Ella misma es el templo vivo de la presencia de Dios, luz de luz. Y la comunidad, y el cristiano personalmente, deben estar en lo alto del monte, de la vida, de la historia, de los conflictos, de las catástrofes, no solamente para mostrar su fidelidad, sino para iluminar a toda la humanidad. Como los profetas soñaban de Sión.

III.4. Los que han hecho las opciones por el mundo de las bienaventuranzas han hecho una elección manifiesta: ser sal de la tierra y luz del mundo. Esto quiere decir sencilla y llanamente que las bienaventuranzas no es para vivirlas en interioridades secretas, sino que hay que comprometerse en una misión: la de anunciar al mundo, a todos los hombres, eso que se ha descubierto en las claves del Reino de Dios. Las bienaventuranzas, son un compromiso, una praxis, que debe testimoniarse. No puede ser de otra manera para quien se ha identificado con los pobres, con la justicia, con la paz. Eso no puede quedar en el secreto del corazón, sino que debe llevarnos a anunciarlo y a luchar por ello. Porque esto de ser sal de la tierra y luz del mundo se ha usado muchos para “santos” especiales; pero no deja de ser un despropósito… es sencilla y llanamente la identificación de la verdadera vocación cristiana. Todo cristiano está llamado a ser la sal de la tierra y la luz del mundo… aunque no llegue a esa santidad desproporcionada. (Fray Miguel de Burgos Núñez, O. P.).




domingo, 29 de enero de 2017

DOMINGO 4º DEL TIEMPO ORDINARIO


Bienaventurados los pobres en el espíritu

Este cuarto domingo del tiempo ordinario, como los demás entre el tiempo de Navidad y Epifanía y el tiempo de Cuaresma, parece domingo de transición entre tiempos privilegiados o fuertes, como si no tuviera una entidad en sí mismo. Sin embargo en este domingo la lectura evangélica presenta el texto quizás más emblemático de los evangelios sinópticos, el comienzo del Sermón de la Montaña según san Mateo, las “Bienaventuranzas”. Emblemático y original. Original porque Jesús viene a “dar plenitud”, desde este suave monte, donde la tradición coloca la escena, a la ley que en el abrupto Sinaí entre nubes y truenos Yhavé dictó a Moisés. El mensaje de Jesús no es una ley a la que someterse, que cumplir; sino un programa para ser felices; es decir para que el ser humano consiga lo que más desea, la felicidad. La originalidad está en dónde pone Jesús la felicidad. La primera lectura y la segunda nos ponen ya en alerta: está en la humildad que busca la justicia, la moderación; no en ser poderosos, ni aristócratas, ni eruditos…, y por lo tanto en algo que hoy diríamos que no es lo correcto socialmente, que no coincide con las expectativas que la persona humana suele fijarse para ser feliz.

DIOS NOS HABLA. ESCUCHAMOS SU PALABRA.

1ª LECTURA

El Señor reconoce la voz y la vida de los pobres. Ellos son el testimonio de una vida que no depende del consumo, ni de la ambición, ni del atropello hacia sus hermanos. Estos pobres entregan su vida a Dios, el único que podrá responder a sus clamores.

Lectura de la profecía de Sofonías 2, 3; 3, 12-13

Busquen al Señor, ustedes, todos los humildes de la tierra, los que ponen en práctica sus decretos. Busquen la justicia, busquen la humildad, tal vez así estarán protegidos en el Día de la ira del Señor. Yo dejaré en medio de ti a un pueblo pobre y humilde, que se refugiará en el nombre del Señor. El resto de Israel no cometerá injusticias ni hablará falsamente; y no se encontrarán en su boca palabras engañosas. Ellos pacerán y descansarán sin que nadie los perturbe.
Palabra de Dios.

Sal 145, 7-10

R. Felices los que tienen alma de pobres.

El Señor mantiene su fidelidad para siempre, hace justicia a los oprimidos y da pan a los hambrientos. El Señor libera a los cautivos. R.

El Señor abre los ojos de los ciegos y endereza a los que están encorvados. El Señor ama a los justos. El Señor protege a los extranjeros. R.

Sustenta al huérfano y a la viuda; y entorpece el camino de los malvados. El Señor reina eternamente, reina tu Dios, Sión, a lo largo de las generaciones. R.

II LECTURA

“Cristo es la fuerza de la Iglesia. Y por eso san Pablo escribiendo a los Corintios, quiere responder a lo que ha motivado las divisiones de Corinto. Las divisiones han venido, porque los cristianos ya pusieron sus ojos en la sabiduría de la tierra; yo soy de Apolo, el gran predicador; yo soy de Cefas; yo soy de Pablo, ya sólo se fijan en la elocuencia de los hombres.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Corinto 1, 26-31

Hermanos, tengan en cuenta quiénes son los que han sido llamados: no hay entre ustedes muchos sabios, hablando humanamente, ni son muchos los poderosos ni los nobles. Al contrario, Dios eligió lo que el mundo tiene por necio, para confundir a los sabios; lo que el mundo tiene por débil, para confundir a los fuertes; lo que es vil y despreciable y lo que no vale nada, para aniquilar a lo que vale. Así, nadie podrá gloriarse delante de Dios. Por él, ustedes están unidos a Cristo Jesús, que por disposición de Dios, se convirtió para nosotros en sabiduría y justicia, en santificación y redención, a fin de que, como está escrito: “El que se gloría, que se gloríe en el Señor”.
Palabra de Dios.

ALELUYA        Mt 5, 12ª

Aleluya. Alégrense y regocíjense, porque tendrán una gran recompensa en el cielo. Aleluya.

EVANGELIO

“Si alguno medita de una manera piadosa y conveniente, encontrará en este sermón cuanto se refiere a las buenas costumbres y al modo perfecto de vivir cristianamente. Por ello concluye así el sermón: ‘Todo aquel que oye estas mis palabras y hace cuánto le digo, le compararé con un hombre sabio’” (san Agustín, De sermone Domini, 1, 1).

Ì Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 4, 25—5, 12

Seguían a Jesús grandes multitudes que llegaban de Galilea, de la Decápolis, de Jerusalén, de Judea y de la Transjordania. Al ver la multitud, Jesús subió a la montaña, se sentó, y sus discípulos se acercaron a él. Entonces tomó la palabra y comenzó a enseñarles, diciendo: “Felices los que tienen alma de pobres, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos. Felices los afligidos, porque serán consolados. Felices los pacientes, porque recibirán la tierra en herencia. Felices los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados. Felices los misericordiosos, porque obtendrán misericordia. Felices los que tienen el corazón puro, porque verán a Dios. Felices los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios. Felices los que son perseguidos por practicar la justicia, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos. Felices ustedes, cuando sean insultados y perseguidos, y cuando se los calumnie en toda forma a causa de mí. Alégrense y regocíjense entonces, porque ustedes tendrán una gran recompensa en el cielo; de la misma manera persiguieron a los profetas que los precedieron”.
Palabra del Señor.

MEDITAMOS LA PALABRA DE DIOS.

Ser feliz

Quede claro, Jesús quiere para cada ser humano la felicidad. También para él. No podía ser de otra manera. Ya Aristóteles había señalado que la actividad humana, el vivir de cada hombre busca la felicidad. En esa tendencia se encaja el bien hacer y el bien ser, la ética. Santo Tomás recoge esta enseñanza, y su programa ético parte de la búsqueda de la felicidad propia de toda persona humana. El Catecismo de la Iglesia nos lo recordará, la busca de la felicidad lo ha inscrito Dios en el ser humano. Dicho de otra manera: Dios quiere que los seres humanos sean felices. Y una felicidad que no podemos reservar para el cielo. Hemos de adelantar el cielo, de manera imperfecta, por supuesto, ya aquí en la tierra. El mensaje no es, pues, ser infeliz en la tierra para ser felices en el cielo y cuanto más infelices aquí más felices allí.

Felicidad humana

La felicidad es una utopía, no una ilusión. Es ilusión, somos ilusos, nos olvidamos de cómo es nuestra condición humana, nos engañamos, si prescindimos de nuestras limitaciones, nuestras pulsiones no pocas veces inhumanas, y queremos aquí y ahora la felicidad plena, como si en vez de seres humanos fuéramos seres angélicos. Es utopía, nunca se alcanzará aquí la plenitud de la felicidad, pero vivir es caminar hacia ella, día a día, superando lo que atenta contra lo que nos hace felices.

Es humana por otra razón esencial, nunca puede consistir la felicidad en un modo de ser y actuar que contradiga lo que nos constituye como seres humanos; por eso caminar hacia la felicidad, es caminar hacia nuestra perfección humana: no podemos ser felices como lo es un león matando y comiendo a la presa. No podemos ser felices aplastando al otro o despreciándole o creyéndonos que todo tiene que estar en función de nuestros instintos, placeres a costa de lo que sea. Tiene que ser una felicidad social, que implique la felicidad del otro. El ser humano es esencialmente social, el otro pertenece a su ser, - y así es social también la libertad-, porque social es su vivir, es convivir, construyendo –realizando- su persona y construyendo comunidad humana.

Somos felices buscando más el ser que el tener

Con estas premisas es como tenemos que entender las bienaventuranzas. Somos felices buscando más el ser que el tener, la convivencia humilde y sencilla, que no el imponeros al otro. Nuestra felicidad implica tener un corazón abierto para acoger, para ofrecerlo al que nos necesita, miseri cor dare, tener misericordia. No podemos ser felices si queremos, a costa de lo que sea, que no exista el dolor en nuestra vida, de ningún tipo, y cuando llega no pretendemos procesarlo y encajarlo en ella sin que nos la destroce; ni tampoco siendo indiferentes, troncos secos, ante el dolor de los demás. Hemos de tener hambre y sed de justicia, es decir, así se entiende la justicia en los textos bíblicos, de perfección humana, de desarrollar lo que nos define como seres humanos: la búsqueda de la verdad, la dimensión afectiva, el sentir a Dios en la vida… Seremos felices en la medida que nuestro corazón esté limpio de odios, de envidias, de mentiras interesadas, de pulsiones que nos degradan. Es decir, en la medida que nuestro interior no es retorcido, sino transparente a nosotros mismos, al otro, a Dios. No podemos poner la felicidad en la victoria sobre el otro, sino en la convivencia, sin vencidos ni vencedores, en esforzarnos por la paz que nos hace seres humanos y felices, y hace a los demás. En fin, y ésta última es la más “atrevida”, aunque realista, sucedió con los verdaderos profetas: seremos felices aunque la sociedad no entienda ese programa de vida que ofrecen las bienaventuranzas, se nos desprecie por “infelices”, seres de otro mundo, no realistas; en concreto por ponernos de parte del Evangelio, de modo que nuestra causa sea la de Jesús. “Estad alegres y contentos” -dice la versión de san Mateo, “porque la recompensa será grande en el cielo”; pero Lucas, en su versión, precisa, “estad alegres ese día”.

Jesús es el primer “bienaventurado”

Todo se resume en acomodar nuestra vida al proyecto de ser humano que Jesús presenta en su Evangelio. Jesús es el primer “bienaventurado”, fue feliz de acuerdo con el programa de las “bienaventuranzas” que proclamó. Fue feliz porque realizó en sí la perfección humana, “hombre perfecto y perfecto hombre”, que nos dice Gaudium et Spes, ajustó su vida a lo que el Padre quería de él. Nosotros seremos incapaces de conseguirlo por nosotros mismos, en nosotros existe lo inhumano, es decir, el pecado; pero él lo sabe y vivió, murió y resucitó para ayudarnos a serlo.

ESTUDIO BÍBLICO.

Iª Lectura: Sofonías (2,3-3,13): El "resto" del que nace lo nuevo

I.1. La primera lectura del día está tomada, en textos cortados, del profeta Sofonías , quien actúa en tiempos del rey Josías (640-609) y nos habla de un tema bien conocido: el “resto de Israel”, de una nueva comunidad. Precisamente la reforma que comienza este rey famoso de Judá, se cree que fue promovida, entre otros, por este profeta que percibe la necesidad de insistir en la justicia, atacando el sincretismo religioso o la idolatría cultual, así como los abusos de las autoridades. Pero él prevé que tras la crisis, incluso del castigo que adivina, el pueblo debe esperar la salvación. Y esta salvación debe llegar en un pequeño “resto”, el grupo que siempre se ha mantenido fiel a Dios.

I.2. Describe este nuevo pueblo, este resto, como pobre y humilde, que no debemos entender en sentido espiritual exclusivamente, porque no podía ser esa la mente del profeta. Desde luego, el nuevo pueblo, como núcleo, no podía salir de los poderosos, de los ricos e influyentes, porque estos habían dejado a Judá en el mayor de los desastres hasta que el profeta anima al rey Josías para la reforma. Es verdad que a este pueblo pobre y humilde pueden pertenecer todos los que, con nuevos criterios, renuncien al poder y a la injusticia. Así, pues, el texto de Sofonías viene a preparar el mensaje de las bienaventuranzas, que es la clave de la Liturgia de la Palabra de este día.

IIª Lectura: Iª Corintios (1,26-31): Llamados desde la pequeñez

II.1. La lectura es de 1ª Corintios plasma la situación social y humana de la comunidad de Corinto. Para poder entender adecuadamente el texto debemos suponer lo que precede, todo aquello que dice relación a la sabiduría de la cruz, a la locura con la que Dios quiere salvar el mundo, que se leerá en otro momento (1 Cor 1,18-25): no con poder, sino con lo que no cuenta, con el escándalo de la cruz. Pablo, pues, pretende refrendar esta teología suya con lo que él sabe de la comunidad de Corinto: no se han hecho cristianos los grandes filósofos y maestros, ni la mayoría de las familias pudientes; al contrario, se han hecho cristianos los trabajadores de los puertos, los de oficios bajos. Ese es el signo del camino con el que Dios lleva adelante su proyecto.

II.2. La diatriba (1,20-25) con la que Pablo quiere enganchar a la comunidad le lleva de la mano a que esa comunidad sea capaz de enfrentarse a su propia realidad: ¿de dónde vienen? ¿quiénes son? ¿qué esperan? Y podrán constatar que no hay muchos sabios, ni entendidos, ni influyentes ciudadanos de la polis griega. En realidad la comunidad puede leer la realidad viva de su pequeñez, de lo que no cuenta en este mundo tan cruel. Por lo mismo, que no piensen desde las grandezas de este mundo. Su vocación, su llamada es lo que es y así lo ha querido el Señor. Y es eso lo que les debe enseñar que la “palabra de la cruz” es “poder de Dios” en la misma entraña de esta comunidad de origen sencillo y humilde. No se trata solamente de un planteamiento retórico, aunque este texto tiene mucho de “narratio”, sino de una realidad pura y dura. La “teología de la cruz” es lo propio del cristianismo y no puede pretender ser como otros grupos sociales en el mundo. Eso sería desvirtuar su identidad.

Evangelio: Mateo (5,1-12): Elegir el mundo de las bienaventuranzas como identidad cristiana

III.1. El primer gran discurso del evangelio de Mateo (5-7) es muy sintomático en la obra, por su estilo y por su significado, pues se trata, nada más y nada menos, que del Sermón de la Montaña. Hay una intencionalidad en presentar en esta “escuela judeo-cristiana” la predicación de Jesús en esos famosos discursos (los otros son: cc. 10; 13; 18; 24-25), que recuerdan los cinco libros del Pentateuco (la Torah judía). Pero ciñéndonos al texto de hoy, lo más relevante es el comienzo de este primer discurso por las famosas “bienaventuranzas”. Eso quiere decir –en continuidad con el texto elegido el domingo anterior-, que el reinado de Dios se asienta, pues, sobre las bienaventuranzas. No debe caber la menor duda. Son fórmulas clásicas de la tradición oriental y bíblica, como anuncio profético de cómo debe ser el futuro. Por lo mismo, como Dios quiere reinar desde su voluntad soberana, entonces debemos entender que en este texto se ha querido mostrar cuál es la voluntad de Dios en su “reinado”.

III.2. Es casi unánime la opinión de que el texto de las bienaventuranzas procede del “Evangelio Q” como a algunos gusta llamarlo hoy. No podemos entrar ahora en detalles sobre Q, que está en plena actualidad a la hora de acercarnos a las fuentes del Jesús histórico. [Quiero citar dos estudios de síntesis muy al alcance de todos. S. GUIJARRO, Dichos primitivos de Jesús. Una introducción al “proto-evangelio de dichos Q”, Salamanca, 2004; A. VARGAS-MACHUCA (Coord.), La fuente “Q” de los evangelios, Reseña Bíblica, n. 43, Otoño 2004, Verbo Divino, Estella (Navarra), en estos dos estudios podemos encontrar información y la bibliografía de los últimos años]. Esto ha de valernos como referencia puesto que hoy están casi resueltos algunos pormenores: Q tuvo que ser un documento escrito; no eran simplemente tradiciones orales que tenían a mano los profetas itinerantes; a pesar de sus arameísmos, Q se escribió en griego; casi la totalidad de Q se conserva en los evangelios de Mateo y Lucas (se deduce de los 230 versículos en común de ambos evangelios); el orden original de Q está bien reflejado en el evangelio de Lucas y es ese orden el que se usa para citar técnicamente el contenido de Q. El texto de las bienaventuranzas lo tenemos en Lucas con un tono más escueto, dialéctico, radical. No tienen ese carácter interiorista, casi de virtud a conseguir, como en el caso de Mateo (Mt 5,3-11), sino que miran a la situación externa y social de lo que se ve con los ojos y se palpa con las manos. En el fondo se trata simplemente de describir dos ámbitos bien precisos: el de los desgraciados de este mundo y el de los bien situados en este mundo a costa de los otros. Lucas nos ofrece las bienaventuranzas en el contexto del sermón de la llanura (Lc 6,17), cuando toda la gente acude a Jesús para escuchar su palabra; no es un discurso en la sinagoga, en un lugar sagrado, sino al aire libre, donde se vive, donde se trabaja, donde se sufre.

III.3. Es un discurso catequético; por lo mismo, Lucas estaría haciendo una catequesis cristiana, como Mateo lo hace con el Sermón de la Montaña (5-7). Entre uno y otro evangelista hay diferencias. La principal de todas es que Lucas nos ofrece las bienaventuranzas y a continuación las lamentaciones (no son maldiciones; viene del hebreo hôy y en latín se expresa con vae: un grito de dolor, de lamento, un grito profético) como lo contrario en lo que no hay que caer. Otra diferencia, también, es que en Mateo tenemos ocho y en Lucas solamente cuatro bienaventuranzas (Lc 6,20-23). Sobre su significado se han escrito cientos de libros y aportaciones muy técnicas. ¿Son todas inútiles? ¡No!, a pesar de que sintamos la tentación de simplificar y de ir a lo más concreto.

III.4. En definitiva, el evangelio de Mateo (5,1-12), concretamente las bienaventuranzas, es la expresión de la mentalidad de Jesús de cómo debemos entender la llegada del Reino de Dios. ¿Son una utopía que propone Jesús, sin visos de realidad? Esa sería la respuesta fácil. No obstante, las utopías (lo que está fuera de los normal), no se proponen para soñar sino para vivir con ellas y desde ellas. La ética de las bienaventuranzas, pues, requiere nuestra praxis. Jesús habla así, no solamente porque soñaba, sino porque las vivía desde su propia experiencia personal y desde ahí sentía la fuerza de Dios y del evangelio con el que se había comprometido. Lo importante es su mensaje, que no puede ser distinto de algo así: Jesús piensa y vive desde el mundo de los pobres, y piensa y vive desde ese mundo para liberarlos. Así debemos entender la primera aproximación al mensaje de hoy. Esa es una realidad social, pero a la vez es una realidad teológica. Es en el mundo de los pobres, de los que lloran, de los limpios de corazón, de los perseguidos por la justicia, de los que hacen la paz, donde Dios se revela. Y lógicamente, Dios no quiere ni puede revelarse en el mundo de los ricos, del poder, de la ignominia. El Reino que Jesús anuncia es así de escandaloso. No dice que tenemos que ser pobres y debemos vivir su miseria eternamente. Quiere decir, sencillamente, que si con alguien está Dios inequívocamente es en el mundo de aquellos que los poderosos han maltratado, perseguido, calumniado y empobrecido. Y por ello ¿dónde debemos estar los cristianos? En el mundo del no-poder, que es el de las bienaventuranzas.

III.5. Podemos añadir algo que nos parece muy pedagógico e imprescindible y que tiene que ver con la praxis misma de las bienaventuranzas. J. Mateos traducía la primera bienaventuranza de la siguiente forma “los que eligen ser pobres porque esos tienen a Dios por rey” y así lo plasma en su edición del NT. Lo justificaba (cf El Evangelio de Mateo. Lectura comentada, Cristiandad, Madrid, 1981) muy acertadamente, porque, en definitiva, no se puede ser “pobre de espíritu” o “en el espíritu” buscando simplemente una interioridad, sino que la opción por la pobreza frente a la riqueza es un reto frente a este mundo de competencia y de injusticia. Pero deberíamos decir, ya un poco fuera de la literalidad del texto y de la posibilidad de la traducción, que esta “opción” de “elegir” debe ser la tónica de todas las bienaventuranzas de Mateo. Y esto es lo que los cristianos deben “elegir” para ser solidarios con los que viven esas situaciones reales. Porque las bienaventuranzas de Jesús se inspiran en la situación inhumana que viven muchos hijos de Dios y es en ese mundo de las bienaventuranzas donde Dios se siente el Dios vivo, el Dios de verdad. Por eso los seguidores de Jesús debemos “elegir”, como opción radical, ese mundo de las bienaventuranzas para que la fuerza liberadora del evangelio cambie ese mundo. (Fray Miguel de Burgos Núñez, O. P.).



domingo, 22 de enero de 2017

DOMINGO 3º DEL TIEMPO ORDINARIO


“Vengan y síganme, y yo los haré pescadores de hombres”

Los exhorto a que se pongan de acuerdo: que no haya divisiones entre ustedes y vivan en perfecta armonía; ¿Porque cuántos bautismos han recibido ustedes?

Un solo bautismo y un solo Señor. Estamos en la semana de la Unidad de los Cristianos. La palabra de Dios de la primera carta a los Corintios que leemos en la segunda lectura de la misa de hoy pone al rojo vivo las discordias que hay entre nosotros, los discípulos de Jesús, los cristianos, los que nos reclamamos de aquél que quiere todos seamos Uno. Para ello es necesaria la conversión. No basta con una simple vuelta a la unidad. Hemos de romper con el pasado, hemos de cambiar de orientación, conducirnos con otros criterios. San Pablo pone el dedo en la llaga cuando pregunta a los Corintios ¿en nombre de quién han sido bautizados? ¿cuántos bautismos han recibido para estar enfrentados?

No hay que evitar la palabra conversión para hablar hoy de vuelta a la unidad. Al contrario, conversión es quizás la palabra más adecuada. Porque tenemos que romper con muchas ataduras, con malas costumbres muy arraigadas, con falsas interpretaciones, con cómodas formas de vivir, con modos seculares de organizar la vida eclesial, con prácticas que anteponen los intereses propios y del grupo al anuncio del Evangelio. La ruptura eclesial rompe también con el Evangelio. Por eso tenemos que convertirnos, desentendernos de muchas cosas, con las que estamos familiarizados y tal vez disfrutamos, para poder volver a la unidad querida por Cristo, “con un mismo pensar y sentir”, como pide san Pablo a los Corintios.

DIOS NOS HABLA. ESCUCHAMOS SU PALABRA.

I LECTURA

En medio de tantas noches, personales y comunitarias, hay una luz. Dios se abre paso en medio de la oscuridad, como lo hizo en el primer instante de la creación, cuando dijo “que exista la luz”. Su presencia, lo sabemos por experiencia personal seguramente, ilumina todo. Y cuando nos dejamos llenar por esta luz, nos volvemos también radiantes.

Lectura del libro de Isaías 8, 23b—9, 3

En un primer tiempo, el Señor humilló al país de Zabulón y al país de Neftalí, pero en el futuro llenará de gloria la ruta del mar, el otro lado del Jordán, el distrito de los paganos. El pueblo que caminaba en las tinieblas ha visto una gran luz; sobre los que habitaban en el país de la oscuridad ha brillado una luz. Tú has multiplicado la alegría, has acrecentado el gozo; ellos se regocijan en tu presencia, como se goza en la cosecha, como cuando reina la alegría por el reparto del botín. Porque el yugo que pesaba sobre él, la barra sobre su espalda y el palo de su carcelero, todo eso lo has destrozado como en el día de Madián.
Palabra de Dios.

Salmo 26, 1. 4. 13-14

R. El Señor es mi luz y mi salvación.

El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? El Señor es el baluarte de mi vida, ¿ante quién temblaré? R.

Una sola cosa he pedido al Señor, y esto es lo que quiero: vivir en la Casa del Señor todos los días de mi vida, para gozar de la dulzura del Señor y contemplar su Templo. R.

Yo creo que contemplaré la bondad del Señor en la tierra de los vivientes. Espera en el Señor y sé fuerte; ten valor y espera en el Señor. R.

II LECTURA

 “Pablo no parece enfrentar –no al menos en esta parte– a este o aquel grupo, sino al hecho de que los haya. Es posible que el tema del bautismo se introduzca al comienzo del debate precisamente por ser este el que provoca la ‘unidad en Cristo’, pero Pablo afirma claramente que Cristo no lo envió a bautizar sino a evangelizar (1, 17), y no cualquier predicación, sino una que no haga ‘nada’ la cruz, palabra que es locura para los que no acceden a la fe”.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Corinto 1, 10-14. 16-17

Hermanos: En el Nombre de nuestro Señor Jesucristo, yo los exhorto a que se pongan de acuerdo: que no haya divisiones entre ustedes y vivan en perfecta armonía, teniendo la misma manera de pensar y de sentir. Porque los de la familia de Cloe me han contado que hay discordias entre ustedes. Me refiero a que cada uno afirma: “Yo soy de Pablo, yo de Apolo, yo de Cefas, yo de Cristo”. ¿Acaso Cristo está dividido? ¿O es que Pablo fue crucificado por ustedes? ¿O será que ustedes fueron bautizados en el nombre de Pablo? Felizmente yo no he bautizado a ninguno de ustedes, excepto a Crispo y a Gayo. Sí, también he bautizado a la familia de Estéfanas, pero no recuerdo haber bautizado a nadie más. Porque Cristo no me envió a bautizar, sino a anunciar la Buena Noticia, y esto sin recurrir a la elocuencia humana, para que la cruz de Cristo no pierda su eficacia.
Palabra de Dios.

ALELUYA        cf. Mt 4, 23

Aleluya. Jesús proclamaba la Buena Noticia del Reino y sanaba todas las dolencias de la gente. Aleluya.

EVANGELIO

El Evangelio nos hace relacionar la predicación de Jesús con la luz que inunda las tinieblas. Su palabra, su vida, sus gestos, se transforman en luz para los pueblos y corazones que atraviesan muchas noches.

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 4, 12-23

Cuando Jesús se enteró de que Juan Bautista había sido arrestado, se retiró a Galilea. Y, dejando Nazaret, se estableció en Cafarnaún, a orillas del lago, en los confines de Zabulón y Neftalí, para que se cumpliera lo que había sido anunciado por el profeta Isaías: “¡Tierra de Zabulón, tierra de Neftalí, camino del mar, país de la Transjordania, Galilea de las naciones! El pueblo que se hallaba en tinieblas vio una gran luz; sobre los que vivían en las oscuras regiones de la muerte, se levantó una luz”. A partir de ese momento, Jesús comenzó a proclamar: “Conviértanse, porque el Reino de los Cielos está cerca”. Mientras caminaba a orillas del mar de Galilea, Jesús vio a dos hermanos: a Simón, llamado Pedro, y a su hermano Andrés, que echaban las redes al mar porque eran pescadores. Entonces les dijo: “Síganme, y yo los haré pescadores de hombres”. Inmediatamente, ellos dejaron las redes y lo siguieron. Continuando su camino, vio a otros dos hermanos: a Santiago, hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca con Zebedeo, su padre, arreglando las redes; y Jesús los llamó. Inmediatamente, ellos dejaron la barca y a su padre, y lo siguieron. Jesús recorría toda la Galilea, enseñando en las sinagogas de ellos, proclamando la Buena Noticia del Reino y sanando todas las enfermedades y dolencias de la gente.
Palabra del Señor.

MEDITAMOS LA PALABRA DE DIOS.

Inicio de la predicación de Jesús en Galilea

Ya desde el principio de su ministerio, la predicación de Jesús no es sólo para los judíos. Mateo presenta el mensaje salvador de Jesús en el contexto de la profecía de Isaías: “País de Zabulón y país de Neftalí… Galilea de los gentiles… a los que habitaban en tierra y sombra de muerte, una luz les brilló”. Con la predicación de Jesús la luz de las naciones anunciada por el profeta Isaías sobrepasa los límites de Judea. El reino de Dios será anunciado al mundo entero. Pero lo que aquí nos cuenta hoy Mateo es solo el inicio de la proyección universal de la predicación de Jesús.

Los datos que señala Mateo sobre la situación de la acción misionera de Jesús parecen relevantes para entender la relevancia que le da: Jesús se retira a Galilea cuando se entera de que Juan el Bautista ha sido arrestado por Herodes, deja también Nazaret (en Galilea, donde había vivido con su familia desde su adolescencia) y se establece en Cafarnaúm, junto al lago de Galilea. La residencia en Cafarnaún es todo un símbolo de su proyecto evangelizador. Cafarnaún, ciudad fronteriza entre el pueblo de Israel y el pueblo pagano, era un centro de comunicaciones y de movimiento económico.

Eso sucede en los términos de Zabulón y Neftalí, es decir, en las regiones habitadas antiguamente por esas tribus. El evangelista ve cumplida en este hecho de la predicación de Jesús en Cafarnaúm y en Galilea,  una de las más celebres profecías de Isaías (9,1.2), en la cual predice que precisamente en esta región, entonces humillada y despreciada, había de lucir, antes que en otros sitios, la luz mesiánica. Las regiones habitadas por las tribus de Neftalí y Zabulón, y toda la Galilea, habían sido devastadas durante la guerra con los asirios y entregadas en gran parte a manos de los gentiles. Allí precisamente comenzará a resplandecer la luz mesiánica, confirmada con los milagros y vida de Jesús.

Conviértanse, porque está cerca el reino de los cielos

Pero ni la conversión que predica Jesús es circunstancial, del momento en que estamos y de los problemas que tenemos ahora, ni su paso de Judea a Galilea, solo una avanzadilla, en su proyecto evangelizador.

2.1 Porque la estancia en Cafarnaúm no será estable y cerrada, Jesús va adoptar una forma nueva de proclamación de la Palabra: la itinerancia. Será una itinerancia permanente durante todo su ministerio, que le liberará de todas las limitaciones de lugar, de vinculaciones familiares y de  sujeciones políticas. Jesús no va a vivir atado a los lazos de familia ni de los orígenes políticos de la familia de José en Nazaret ni de las referencias a Belén de Judá (donde nació). Esa libertad espacial le permitirá llegar a pueblos y aldeas para anunciarles la buena nueva. Su familia es quien le escucha y cumple su palabra, y su pueblo, donde predica, sin distinción.

2.2 Pero, sobre todo, la conversión que predica Jesús va mucho más allá de lo circunstancial. Es una urgencia que no permite el aplazamiento. La inminencia del Reino de Dios  no puede dar largas a la respuesta, a la conversión. Supone volverse ya a Dios con toda la profundidad y radicalidad del arrepentimiento. Si en la predicación de Juan el Bautista la urgencia se debe a la proximidad del reino anunciada por el precursor, en la predicación de Jesús se transforma en la presencia de la misma persona de Jesús: Él que constituye el reino de Dios. Por eso el mensaje de  conversión que anuncia Jesús es una auténtica provocación: el reino de Dios está ya allí mismo, quien no lo acepta, quien no se convierte, quien no cambia de mente, de voluntad, de vida,  menosprecia el encuentro con Jesús: porque Él es el reino de Dios que se le ofrece.

Vengan y síganme, yo los haré pescadores de hombres

Si la urgencia de la conversión es tal y no admite aplazamiento alguno, en la primera llamada de Jesús, según Mateo,  lo que llama la atención es que Jesús pide que le sigan a Él personalmente y la generosa obediencia de los llamados.

Según el modelo evangélico, cuando el Señor llama, no hay tiempo para los retrasos y los condicionamientos. Hay que responder inmediatamente. Así lo hicieron aquellos primeros seguidores de Jesús. Esperemos que también nosotros seamos igual de diligentes.

Mateo narra la llamada de dos parejas de hermanos: Pedro y Andrés, Santiago y Juan. La llamada de Jesús tiene dos partes: primera, vengan y síganme –la comunidad-, y, segunda, yo los haré pescadores de hombres –la misión-. Ya desde el primer momento, Jesús hace una comunidad a su alrededor, que la forman sus  seguidores. A esta comunidad él  mismo le marca la misión, la de “anunciar” el Evangelio a tiempo completo, diríamos hoy. Dejarán la profesión de pescadores en el lago de Galilea por la de  “pescadores de hombres”.

Tal como lo narra el evangelista Mateo, los jóvenes galileos entendieron bien la llamada de Jesús. Dejaron la barca y a su padre, y siguieron a Jesús. Lo que les ofreció no parece, pues,  un trabajo a tiempo parcial o temporal. Lo dejan todo, inmediatamente y sin retorno. Pasaron de “pescadores de peces “ a “pescadores de hombres”. Les dio una definición nueva a su vida.

Cafarnaúm tampoco marcó un límite a la proclamación de Evangelio de Jesús. Mateo señala,  al contrario, que recorría toda Galilea, enseñando en las sinagogas, y curando las enfermedades y dolencias de las gentes.  

ESTUDIO BÍBLICO.

Iª Lectura: Isaías (8,23-9,3): Poema de la paz

I.1. Esta lectura, forma parte de uno de los poemas más sobresalientes del libro del gran maestro del s. VIII. En realidad, se trata solamente de la introducción de un poema a la paz (8,23-9,6), como lo ha descrito brillantemente un gran especialista español. Diríamos que la lectura no es completa porque falta la descripción de por qué llega la luz a Galilea, al territorio antes desolado y en tinieblas; es decir, aquello de “un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado...”. Es un poema que muchos estudiosos atribuyen a la escuela de Isaías, no al maestro directamente, y que vendría a descifrar un momento determinante de la historia de Judá, concretamente un siglo después, cuando el gran rey Josías (640-609 a. C.), un muchacho todavía, sube al trono, a causa del asesinato de su padre Amón, con el propósito de liberar el norte, la Galilea de los gentiles, de la opresión de los asirios.

I.2. Así vivieron durante mucho tiempo, caminando en tinieblas y habitando tierra de sombras, todo el tiempo de su bisabuelo Manasés (cf 2 Re, 21-3-9), unos cincuenta años, que estuvo en manos de la política y las influencias religiosas de Asiria. De repente, se produce el cambio prodigioso e inesperado: brilla una luz que lo inunda todo de alegría, semejante a lo que se experimenta cuando llega la siega o se reparte el botín, en razón del final de la opresión o del final de la guerra. En este contexto histórico, pues, se explica mejor este poema de la paz, que la tradición cristiana lo entendía como mesiánico y lo aplicó a Jesús, como vemos, en el evangelio del día de hoy en Mateo.

I.3. Pero como sucede casi siempre con los oráculos proféticos, no todo se explica por el acierto del momento en que se pronuncian (aunque es importante), sino por el futuro que llevan esos oráculos en sus entrañas. Los profetas, a veces, ni siquiera pueden controlar sus imágenes, sus símbolos o su eficacia. En realidad este oráculo no puede extinguirse en un presente que pronto terminó… sino que encienden en las palabras del profeta los dones divinos que son el futuro de la humanidad. El Dios de la paz, de la justicia se ha de hacer presente en la historia de una forma eficaz y concreta. Y esto lo percibieron los cristianos al identificar a Jesús con el Mesías.

IIª Lectura: Iª Corintios (1,10-17): Exhortación a la comunión de la comunidad

II.1. La segunda lectura viene a ser una exhortación a la unidad de la comunidad de Corinto. Las gentes de Cloe, una familia, o una comunidad, se han llegado hasta Éfeso, donde estaba Pablo, y le han informado que la comunidad estaba dividida en “partidos”, en grupos, que se atenían a personajes influyentes: Pedro, Pablo, Apolo; se discute si “yo de Cristo” revela un grupo más, o es una expresión de Pablo para dejar claro que todos los cristianos, al único a quien deben seguir, es a Jesucristo. Pablo, además, protesta porque no se ha dedicado a bautizar a muchos en la comunidad, lo han hecho otros. Pero él no quiere ser el maestro de un grupo específico; él ha engendrado a esta comunidad para que viva en el Señor un misterio de comunión, y como él, todos aquellos que hayan recibido el evangelio de uno u otro predicador. La comunión en la Iglesia es más importante que depender de un maestro de doctrina o espiritual.

II.2. Una palabra clave que se ha discutido mucho de esta exhortación es “divisiones” (schísmata) y que muchos identifican con los “partidos” de la Iglesia de Corinto. Se trataría de tendencias ideológicas, claro, no en sentido social propiamente hablando. Existen diversidad de opiniones al respecto, incluso que el grupo de Pablo fuera el de aquellos que se sienten, como el apóstol, libres del yugo de la ley y de las tradiciones judías; como matiz para diferenciarlo de los de Pedro. Aunque, en realidad, el grupo más delicado de enmarcar sería el de Apolo (¿algo así como un grupo de carismáticos de tendencia helenista con tintes de sabiduría? ¡no está claro!). La diversidad de opiniones teológicas no están condenadas en estas pocas palabras de Pablo, pero no se podría decir los mismo cuando esa diversidad teológica rompe la comunión de la ekklesía. ¿Cómo lo soluciona Pablo? Mediante su hermosa y decisiva “theologia crucis” que seguirá a partir del v. 18.

Evangelio: Mateo (4,12-23): El Reino y el Evangelio de Dios

III.1. El evangelio de Mateo está centrado, específicamente, en actualizar el texto de Isaías que se ha leído en la primera lectura, en una aplicación radical a Jesús de las palabras sobre la luz nueva en Galilea. En la tradición de Marcos ya se había dejado bien sentado que Jesús comienza su actividad una vez que Juan el Bautista ha sido encarcelado. Esto obedece, más probablemente, a planteamientos teológicos que históricos, ya que ambos pudieron coincidir en su actividad. En realidad, Juan y Jesús actuaban con criterios distintos. Jesús es la novedad, la buena noticia, para los que durante siglos habían caminado en tinieblas y en sombras de muerte. Si el texto de Is 8,23ss se refería a una época muy concreta que precedió al rey Josías, en la tradición cristiana primitiva se entendió esto como consecuencia del oscurantismo del judaísmo que había hecho callar durante mucho tiempo la profecía, la verdadera palabra de Dios, que interpretaba la historia con criterios liberadores.

III.2. Y hay más; esta luz no viene de Jerusalén, sino que aparece en Galilea, en los territorios de las tribus de Zabulón y Neftalí, que siempre habían tenido fama de ser una región abierta al paganismo. Más concretamente, Jesús, dejando Nazaret, se establece en una ciudad del lago de Galilea, en Cafarnaún. Es aquí donde comienza a oírse la novedad de la predicación del Reino de Dios, de los cielos, como le gusta decir al evangelio de Mateo. La otra parte del texto evangélico de hoy, la llamada de los primeros discípulos, Pedro y Andrés, Santiago y Juan, -que puede omitirse-, es una consecuencia de la predicación del evangelio, que siempre, donde se predique, tendrá seguidores. En realidad está siguiendo el texto de Marcos 1,14ss.

III.3. Mateo, pues, ha leído el texto de Marcos sobre el programa de Jesús: el tiempo que se acerca es el tiempo del evangelio, de la buena nueva, que exige un cambio de mentalidad (¡convertirse!) y una confianza absoluta (creer) en el evangelio. Los dos elementos fundamentales de este programa, ya han sido puestos de manifiestos por todos: el reinado de Dios (el reino de los cielos le llama Mateo) y la buena noticia que este reino supone como acontecimiento para el mundo y la para la historia. El evangelista, al apoyar este programa en el texto de Is. 8,23ss, está poniendo de manifiesto que esto es el “cumplimiento” de una promesa de Dios por medio de sus profetas antiguos, en este caso Isaías. La “escuela de Mateo” es muy reflexiva al respecto, dando a entender lo que sucede con la actuación de Jesús, desde el principio: llevar adelante el “proyecto de Dios”.

III.4. Sabemos que ese reino, (malkut, en hebreo) no debe entenderse en sentido político directamente. Pero tampoco es algo abstracto como pudiera parecer en primera instancia. Si bien es verdad que no se trata de un concepto espacial ni estático, sino dinámico, entonces debemos deducir que lo que Jesús quiere anunciar con este tiempo nuevo que se acerca es la soberanía de la voluntad salvífica y amorosa de Dios con su pueblo y con todos los hombres. Por eso basileia (griego) o malkut (hebreo) no debería traducirse directamente por “reino”, sino por “reinado”: es algo nuevo que acontece precisamente porque alguien está dispuesto a que sea así. Este es Jesús mismo, el profeta de Nazaret de Galilea, que se siente inspirado y fortalecido para poner a servicio de la soberanía o la voluntad de Dios, todo su ser y todo su vida.

III.5. Si Jesús anuncia que Dios va a reinar (lo cual no es desconocido en la mentalidad judía) es que está proclamando o defendiendo algo verdaderamente decisivo. Si antes no ha sido así es porque es necesario un nuevo giro en la historia y en la religión de este pueblo que tiene a Dios por rey. No se trata, pues, simplemente de aplicarle a Dios el título de rey o de atribuirle un reino espacial, sino del acontecimiento que pone patas arriba todo lo que hasta ahora se ha pensado en la práctica sobre Dios y sobre su voluntad. Dios no será un Dios sin corazón, sin entrañas; o un Dios que no se compadezca de los pobres y afligidos, sino que estará con los que sufren y lloran, aunque no sean cumplidores de los preceptos de la ley y de las tradiciones religiosas ancestrales inhumanas. En definitiva, Dios quiere “reinar” y lo hará como ya los profetas lo habían anunciado, pero incluso con más valentía si cabe. Esa es la novedad y por eso lo que acontece ahora, unido al concepto “reino de Dios” o “de los cielos”, es el evangelio. Con razón se ha dicho que estamos ante el verdadero “programa” de Jesús, el profeta de Nazaret: anunciar el reinado de Dios como buena noticia para la gente.


III.6. El acierto de la escuela cristiana de Mateo fue precisamente leer las Escrituras, Is. 8,23ss precisamente, a la luz de la vida de Jesús. Ahora se están cumpliendo esas palabras de Isaías, cuando el profeta de Galilea anuncia el evangelio del Reino. Siendo esto así, no se podría entender que el cristianismo no sea siempre una religión que aporte al mundo “buenas noticias” de salvación. Siendo esto así, la Iglesia no puede cerrarse en un mensaje contra-evangélico, porque sería repetir, por agotamiento, la experiencia caduca del judaísmo oficial del tiempo de Jesús. Este es el gran reto, pues, para todos los cristianos. Porque Dios quiere “reinar” salvando, haciendo posible la paz y la concordia. De ahí que el reino de Dios, tal como Jesús lo exterioriza, representa la transformación más radical de valores que jamás se haya podido anunciar. Porque es la negación y el cambio, desde sus cimientos, del sistema social establecido. Este sistema, como sabemos bien, se asienta en la competitividad, la lucha del más fuerte contra el más débil y la dominación del poderoso sobre el que no tiene poder. Y esto no se reduce simplemente a una visión social, sino que es también, y más si cabe, religiosa, porque Jesús proclama que Dios es padre de todos por igual. Y si es padre, eso quiere decir obviamente que todos somos hermanos. Y si hermanos, por consiguiente iguales y solidarios los unos de los otros. Además, en toda familia bien nacida, si a alguien se privilegia, es precisamente al menos favorecido, al despreciado y al indefenso. He ahí el ideal de lo que representa el reinado de Dios en la predicación de Jesús; estas son las buenas noticias que le dan identidad al cristianismo. (Fray Miguel de Burgos Núñez, O. P.).