domingo, 30 de septiembre de 2018

DOMINGO 26º DEL TIEMPO ORDINARIO


“¡Ojalá todo el pueblo fuera profeta!”

Las lecturas de hoy tienen una enseñanza muy clara. En la primera, tomada del libro de los Números, Moisés el líder de Israel, ante el agobio que siente por la tarea de formar y conducir a su pueblo a través del desierto, decide repartir parte de su espíritu distribuyéndolo entre un grupo de ancianos para que le ayuden en su misión. Pero enseguida recoge la acusación contra alguien que está profetizando en su nombre sin ser elegido, pero Moisés lejos de enojarse, exclama: ¡Ojala todo el pueblo de Israel fuera profeta!

El profetismo que soñara Moisés está muy bien diseñado por el Concilio Vaticano II. Todos los cristianos tienen esta condición de profeta ya que participan de la misión profética de Jesucristo. El profeta no es un adivino ni un visionario del futuro, sino el que descubre la presencia de Dios en el mundo y, con el testimonio de su vida, llama la atención para que sus contemporáneos encuentren esa presencia de lo Absoluto que sigue hablándonos en los ambientes más insospechados.

El evangelio, parece dar un paso más en esta misma línea. Jesús, también escucha a sus discípulos escandalizados por la conducta de alguien, “que no es de los nuestros”, pero que está expulsando demonios y les dice: No se lo impidáis. Quien no está contra nosotros está con nosotros.

La enseñanza de Jesús es muy clara, si le seguimos debemos estar abiertos a todo lo bueno y positivo que está presente en el mundo, porque siempre es un signo profético, siempre será una manifestación del amor de Dios venga de donde venga.

DIOS NOS HABLA. ESCUCHAMOS SU PALABRA.

I LECTURA

Josué esperaba ser un privilegiado, y tener para sí el don del Espíritu. Y se queja al notar que ese don lo tienen también otros. Moisés, desde su sabiduría lo reprende. Y cuánta razón: ¡Ojalá todos tuvieran el don del Espíritu! ¡Ojalá no haya quienes se sientan superiores a otros! ¡Ojalá todos pudieran conversar con Dios!

Lectura del libro de los Números 11, 16-17a. 24-29

El Señor dijo a Moisés: “Reúneme a setenta de los ancianos de Israel -deberás estar seguro de que son realmente ancianos y escribas del pueblo- llévalos a la Carpa del Encuentro, y que permanezcan allí junto contigo. Yo bajaré hasta allí, te hablaré, y tomaré algo del espíritu que tú posees, para comunicárselo a ellos”. Moisés salió a comunicar al pueblo las palabras del Señor. Luego reunió a setenta hombres entre los ancianos del pueblo, y los hizo poner de pie alrededor de la Carpa. Entonces el Señor descendió en la nube y le habló a Moisés. Después tomó algo del espíritu que estaba sobre él y lo infundió a los setenta ancianos. Y apenas el espíritu se posó sobre ellos, comenzaron a hablar en éxtasis; pero después no volvieron a hacerlo. Dos hombres -uno llamado Eldad y el otro Medad- se habían quedado en el campamento; y como figuraban entre los inscritos, el espíritu se posó sobre ellos, a pesar de que no habían ido a la Carpa. Y también ellos se pusieron a hablar en éxtasis. Un muchacho vino corriendo y comunicó la noticia a Moisés, con estas palabras: “Eldad y Medad están profetizando en el campamento”. Josué, hijo de Nun, que desde su juventud era ayudante de Moisés, intervino diciendo: “Moisés, señor mío, no se lo permitas”. Pero Moisés le respondió: “¿Acaso estás celoso a causa de mí? ¡Ojalá todos fueran profetas en el pueblo del Señor, porque él les infunde su espíritu!”.
Palabra de Dios.

Salmo 18, 8. 10. 12-14

R. Los preceptos del Señor alegran el corazón.

La ley del Señor es perfecta, reconforta el alma; el testimonio del Señor es verdadero, da sabiduría al simple. R.

La palabra del Señor es pura, permanece para siempre; los juicios del Señor son la verdad, enteramente justos. R.

También a mí me instruyen: observarlos es muy provechoso. Pero, ¿quién advierte sus propios errores? Purifícame de las faltas ocultas. R.

Presérvame, además, del orgullo, para que no me domine: entonces seré irreprochable y me veré libre de ese gran pecado. R.

II LECTURA

Santiago no teme denunciar a quienes atentan contra la dignidad del pobre. Sabe levantar la voz, aun corriendo el riesgo de que estos poderosos atenten de algún modo contra él.

Lectura de la carta de Santiago 5, 1-6

Ustedes, los ricos, lloren y giman por las desgracias que les van a sobrevenir. Porque sus riquezas se han echado a perder y sus vestidos están roídos por la polilla. Su oro y su plata se han herrumbrado, y esa herrumbre dará testimonio contra ustedes y devorará sus cuerpos como un fuego. ¡Ustedes han amontonado riquezas, ahora que es el tiempo final! Sepan que el salario que han robado a los que trabajaron en sus campos está clamando, y el clamor de los cosechadores ha llegado a los oídos del Señor del universo. Ustedes llevaron en este mundo una vida de lujo y de placer, y se han cebado a sí mismos para el día de la matanza. Han condenado y han matado al Justo, sin que él les opusiera resistencia.
Palabra de Dios.

ALELUYA         Cf. Jn 17, 17ba

Aleluya. Tu palabra, Señor, es verdad; conságranos en la verdad. Aleluya.

EVANGELIO

Jesús interviene en contra del sectarismo, del absolutismo y de toda forma de fanatismo religioso. Todo el que libre a un hermano de algún mal está con Jesús, cumpliendo el plan de Dios.

Ì Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos 9, 38-43. 45. 47-48

Juan dijo a Jesús: “Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu Nombre, y tratamos de impedírselo porque no es de los nuestros”. Pero Jesús les dijo: “No se lo impidan, porque nadie puede hacer un milagro en mi Nombre y luego hablar mal de mí. Y el que no está contra nosotros, está con nosotros. Les aseguro que no quedará sin recompensa el que les dé de beber un vaso de agua por el hecho de que ustedes pertenecen a Cristo. Si alguien llegara a escandalizar a uno de estos pequeños que tienen fe, sería preferible para él que le ataran al cuello una piedra de moler y lo arrojaran al mar. Si tu mano es para ti ocasión de pecado, córtala, porque más te vale entrar en la Vida manco, que ir con tus dos manos al infierno, al fuego inextinguible. Y si tu pie es para ti ocasión de pecado, córtalo, porque más te vale entrar lisiado en la Vida, que ser arrojado con tus dos pies al infierno. Y si tu ojo es para ti ocasión de pecado, arráncalo, porque más te vale entrar con un solo ojo en el Reino de Dios, que ser arrojado con tus dos ojos al infierno, donde el gusano no muere y el fuego no se apaga”.
Palabra del Señor.

MEDITAMOS LA PALABRA DE DIOS.

Misión profética del cristiano en el mundo

El Concilio Vaticano II, presenta a la Iglesia como Pueblo de Dios y Sacramento de Reconciliación para todos los hombres, poniendo de relieve esta condición profética de todos los cristianos por el hecho de serlo. Habla después de los carisma o cualidades como dones del Espíritu para la construcción de la Iglesia, recogiendo la doctrina se S. Pablo sobre el cuerpo místico de Cristo. En este sentido la Iglesia es mediadora de la salvación no solo a través de sus ministros, ya que actúa por todos sus miembros debidamente estructurados. Por eso, cada cual en el lugar que le corresponde sigue siendo alguien necesario en la construcción del Reino de Dios.

La misión profética del cristiano en medio del mundo es ayudar a descubrir donde está Dios, las huellas de Dios, poniendo de relieve cuál es su proyecto para con los hombres y por donde van hoy sus designios de salvación ya que el Espíritu está siempre presentes en la sociedad y en la cultura en que vivimos.

Por eso es muy interesante subrayar la necesidad de hacer visible el mensaje de Jesús siempre actual en sus valores, a veces ocultos en una religiosidad más pendiente de lo normativo o lo ritual que no transparenta los valores más vivos que predicó Jesús fundamentados siempre en la justicia y el amor.

¿Qué es hacer milagros o echar demonios?

Jesús nos descubre en su vida pública un modo nuevo de ser profeta fundado en el poder de todos los hombres y mujeres para cambiar el mundo venciendo el mal con la fuerza del bien. Es una forma l de hacer milagros o echar demonios, porque todos tenemos la posibilidad de sacar lo mejor de nosotros mismos, trabajando por un mundo más justo y humano. En este sentido todos somos agentes de esa trasformación, aunque no estemos “catalogados” en grupo determinado de acción pastoral.

Y es que ningún grupo humano por muy elevado que sea tiene la exclusiva y menos el monopolio de hacer el bien Es la gran enseñanza que nos da Jesús, “no es de los nuestros”, pero no se lo impidáis. El bien siempre es obra de Dios, todos los esfuerzos para luchar por la liberación y la dignidad humana donde quiera que sea nos hablan del amor de Dios a los hombres y de su acción liberadora frente a las víctimas del odio, la explotación, el desprecio, la discriminación injusta y la falta de amor.

Dios siempre actúa en la historia de forma insospechada para nosotros. La duda surge, para algunos, cuando no es la Iglesia oficial la que actúa o habla, porque nos parece que nos falta una seguridad que nos viene de la Institución que nos protege. Pero el creyente adulto debe huir de dos extremos, muy frecuentes en la sociedad actual. Por una parte el caer en un relativismo ante el magisterio de la Iglesia sin tenerlo en cuenta, viéndolo como algo que coarta la libertad humana, pero también está la postura contraria, cómoda, conformista y falta de crítica, que impide tomar posturas adultas y personalizadas en la fundamentación de la propia fe.

El bien que podemos hacer, signo de la presencia del Reino de Dios entre nosotros

El evangelio de hoy tiene una segunda parte en la que Jesús señala con tonos muy gráficos y a la vez duros, la postura que sus discípulos deben tener ante el bien o el mal que siempre puede estar presente en la propia conducta:

Primero, nos dice que cualquier acto, cualquier gesto, por muy pequeño que sea, como el dar un vaso de agua a quien tiene sed no quedará sin recompensa, porque siempre será un signo del Seguimiento de Cristo y una mediación en la implantación del Reino. Pensemos en tantas obras asistenciales de la Iglesia, para muchos el único signo visible de la presencia de Dios en la Iglesia institucional. Un vaso de agua es muy poca cosa, quizás por esto señala algo al pareces sin importancia pero no carente de valor. De ahí que el ejemplo tan demostrativo elegido por Jesús, porque nuestro Padre Dios se ocupa de las necesidades aparentemente pequeñas de sus hijos.

Advertencia sobre la posibilidad del escándalo

A continuación Jesús, como contraste, habla del mal, nos advierte de la fuerza del mal siempre posible en nosotros. El lenguaje metafórico es duro, nos habla de ser intransigentes cuando alguien es causa de escándalo para los que el evangelio llama, “pequeños” es decir, los frágiles, los sencillos, aquellas personas que por su falta de formación pueden ser dañadas en su fe.

Este texto se ha aplicado con frecuencia para señalar el cuidado que debemos tener con los niños, los menores de edad, hoy por desgracia es un tema de actualidad por los casos de pederastia. Pero no debemos restringir su intencionalidad. Jesús nos viene a decir que todos somos responsables de la fe de los otros y debemos cuidar de ella. Lo interesante es señalar que al recalcar todo esto, con un tono tan fuerte, quiere subrayar la gravedad de estas actitudes a veces frívolas o despreocupadas que se dan entre nosotros con frecuencia, porque todos somos responsables de la fe de nuestros hermanos.

El peligro de las riquezas

En este mismo tono, y como una aplicación de lo anterior nos habla Santiago en la segunda lectura. Es una reflexión sobre al papel que el dinero puede adquirir en la vida de los seguidores de Jesús. El Apóstol nos presenta el dinero como un peligro por su mal uso, puede ser incluso un ídolo, que al centrarnos en él, nos aparta de Dios. No es un mal en sí mismo, pero la acumulación del dinero, a veces injustamente ganado, repercute a su vez en el empobrecimiento de los demás. Y en definitiva nos aparta del proyecto de Jesús para con nosotros. Aquí tampoco caben componendas o medias tintas.

Sigue siendo hoy un tema de actualidad. Se habla mucho del enriquecimiento de unos pocos, rápido y a cualquier precio, es la cultura del pelotazo, a la vez también se ofrecen estadísticas para concienciarnos sobre el hambre y el subdesarrollo que sufre gran parte de la humanidad como consecuencia de esa acumulación de riquezas por unos pocos. Pero el acostumbramiento al bienestar es esta sociedad nuestra, hace que a la larga todo siga igual.

El peligro está en que fácilmente nos centramos en nuestro propio Yo, en nuestro afán de poseer, de comodidad, de bienestar y, en consecuencia, nos alejamos de los demás. Ignoramos o no queremos ver las situaciones penosas que viven una gran parte de la humanidad al carecer de lo más elemental. Como defensa, siempre tendremos miles de argumentos para justificar nuestra demasía en el consumo y en afán de bienestar egoísta.

Como se ve, también en esta carta de Santiago, de tonos enérgicos y muy expresivos, encontramos motivos para la radicalidad y la intolerancia ante el mal. Es una exigencia para seguir el proyecto que nos ofrece Jesús en su seguimiento para la implantación del Reino.

ESTUDIO BÍBLICO.

Una religión de apertura a todos los hombres

I Lectura: Números (11,25-29): El Espíritu "en el pueblo"

I.1. La primera lectura, del libro de los Números (11,25-29) nos cuenta un episodio extraño, propio de las religiones ancestrales, en el que un grupo de ancianos, recibiendo el espíritu de Moisés, se ponen a profetizar. Era como una ayuda que Moisés tuvo para atender a los problemas de impartir justicia y orientar al pueblo en el desierto. Pero quizás lo más importante de esta lectura sea poner de manifiesto que el Espíritu, como don de Dios, no se puede reducir a unas formas exclusivamente institucionales. Esos dos personajes llamados Eldad y Medad representan a aquellos que han recibido un don carismático fuera de los ámbitos institucionales.

I.2. En realidad, no son los protagonistas de esta lectura los ancianos, ni Moisés, ni estos dos personajes mencionados, sino que es el Espíritu que impulsa a los hombres. Por ello es muy digna de consideración la actitud de Moisés quien, ante el escándalo de su asistente Josué, afirma que es todo el pueblo el está llamado a profetizar. Y profetizar, en primer lugar, significa abrirse al don del Espíritu, y después ponerse al servicio de todos para trasmitir la voluntad salvadora de Dios.

II Lectura: Santiago (5,1-6): Contra los ricos

II.1. La carta de Santiago nos ofrece uno de sus textos más famosos y más duro sobre los ricos y las riquezas. Hay toda una filosofía y una dialéctica sobre si lo peor es ser ricos o es la misma riqueza. En realidad la riqueza ¿qué es? ¿es en sí mala? Se ha dicho que la riqueza no existe si alguien no la practica. El texto de Santiago habla a los ricos, y la riqueza es su condena. El problema, pues, es acumular injustamente bienes, robando, matando o impidiendo que otros tengan los necesario. Ese es el ejemplo de la riqueza con el que se opera en la carta de hoy.

II.2. Existen cosas bellas acumuladas, que no son de nadie, o son patrimonio de un pueblo o de la humanidad, o de museos, y sabemos que esa riqueza no afecta a la injusticia del mundo. La riqueza de la que aquí se habla es aquella que se posee por la injusticia y la sin razón. Por ello, pues, son los ricos los que caen bajo las palabras directas de esta invectiva moralizante del autor de la carta de  Santiago. Por lo tanto, ser ricos en esas condiciones en las que se pone de manifiesto la injusticia, la acumulación de lo que no es necesario, mientras otros pasan hambre o no tienen trabajo, es verdaderamente antievangélico.

Evangelio: Marcos (Mc 9,38-43.45.47-48): El evangelio contra el puritanismo

III.1. El evangelio de hoy nos cuenta una pequeña historia, parecida a la que hemos encontrado en la vida de Moisés sobre el espíritu que se da libremente a dos personajes que no pertenecían al grupo de los ancianos. En este caso, Juan, ha encontrado a alguien que hace milagros o exorcismos y quiere impedírselo como si eso fuera exclusivo de Jesús, el profeta de Nazaret. Pero Jesús, en una respuesta que se asemeja a la de Moisés exige que no se le impida, porque todo el que hace el bien (ese es el sentido que puede tener el hacer milagros en nuestro texto) no puede estar contra Jesús que vino a hacer el bien a los hombres. Es verdad que existe otra sentencia de Jesús, de la fuente Q, que no estaría en esta línea (cf Mt 12,30; Lc 11,23): “quien no está conmigo, está contra mí” y que expresaría la radicalidad de algunos profetas itinerantes que defendieron un exclusivismo como el de Juan.

III.2. Es verdad que el conjunto de dichos que se concentran en Mc 9,42-50 se presta a muchas lecturas. Están expresados con los giros semíticos propios del lenguaje de contraste. Nadie debe tirarse al mar atado a una piedra; como nadie puede odiar a los suyos por amar a Jesús y su evangelio. El escándalo del que nos habla el evangelio de hoy no está relacionado con un puritanismo moralizante que lleva a excesos inhumanos. Es un escándalo de los “pequeños”, los que pueden ser “exorcistas extraños”, pero que no son contrarios al evangelio, a la bondad, a la sabiduría divina. Con sus obras, con sus actitudes y sus luchas deben ser considerados en toda su dignidad, aunque no sean de los nuestros. Se quiere poner de manifiesto, por parte de Jesús, que en ellos también hay algo del reino que él ha venido a traer.

III.3. Esta enseñanza del evangelio de hoy pone de manifiesto que la praxis cristiana no puede defenderse como exclusivismo y como independencia absoluta. Todos los hombres son capaces del bien, porque todos los hombres han recibido los dones de Dios. Por lo mismo, allí donde se trabaja por los demás, donde se abren las puertas a los hambrientos y los sedientos, aunque no conozcan al Dios de Jesús, allí los cristianos pueden participar sin exigir garantías jurídicas que justifiquen sus compromisos. La comunidad cristiana, la Iglesia, no debe presentarse como el “gheto” de los salvados o redimidos con criterios de puritanismo y legalismo, porque esta promesa es para todos los hombres. (Fray Miguel de Burgos Núñez, O. P.).






domingo, 23 de septiembre de 2018

DOMINGO 25º DEL TIEMPO ORDINARIO


“El que acoge a un niño como éste en mi nombre, me acoge a mí” 

El discípulo de Jesús ha de seguir sus pasos. Es así como va aprendiendo a discernir las huellas de su presencia en el camino de la vida y a comprometerse en el servicio desinteresado a los hermanos. Conlleva en ocasiones dolorosas renuncias personales, y en todo momento una entrega generosa e ineludible, sin distracciones, con los que constituyen el punto de mira del evangelio: el “niño”, presencia simbólica de los más vulnerables e indefensos.

¿Seguimiento arduo y difícil? Sí, por no decir imposible, cuando la persona llamada se deja arrastrar por falsos sueños de superioridad que la aíslan de los demás y la enclaustran en la amarga servidumbre de la envidia y la ambición. No tanto, cuando “la sabiduría que procede de lo alto” orienta, impulsa e impregna de sencillez evangélica sus motivaciones más hondas y cada una de sus acciones. Quien acoge consciente y solidariamente a un “niño”, sin restricciones ni limitaciones, acoge al mismo Jesús como enviado de Dios.

DIOS NOS HABLA. ESCUCHAMOS SU PALABRA.

I LECTURA

Los primeros lectores de este texto eran judíos de la ciudad de Alejandría, que sufrían persecuciones, difamaciones y burlas de muchos vecinos por el simple hecho de vivir su fe. Luego, este texto y el mensaje del “justo perseguido” fue aplicado por la primera generación cristiana a Jesús. Ambas lecturas son posibles en la amplitud de significados que tiene la palabra de Dios. Y agregamos una más: cada persona perseguida, humillada, difamada, es digna de atención y cuidado.

Lectura del libro de la Sabiduría 2, 12. 17-20

Dicen los impíos: Tendamos trampas al justo, porque nos molesta y se opone a nuestra manera de obrar; nos echa en cara las transgresiones a la Ley y nos reprocha las faltas contra la enseñanza recibida. Veamos si sus palabras son verdaderas y comprobemos lo que le pasará al final. Porque si el justo es hijo de Dios, él lo protegerá y lo librará de las manos de sus enemigos. Pongámoslo a prueba con ultrajes y tormentos, para conocer su temple y probar su paciencia. Condenémoslo a una muerte infame, ya que él asegura que Dios lo visitará.
Palabra de Dios.

Salmo 53, 3-6. 8

R. El Señor es mi apoyo verdadero.

Dios mío, sálvame por tu Nombre, defiéndeme con tu poder. Dios mío, escucha mi súplica, presta atención a las palabras de mi boca. R.

Dios mío, sálvame por tu Nombre, porque gente soberbia se ha alzado contra mí, hombres violentos atentan contra mi vida, sin tener presente a Dios. R.

Pero Dios es mi ayuda, el Señor es mi apoyo verdadero: Te ofreceré un sacrificio voluntario, daré gracias a tu Nombre, porque es bueno. R.

II LECTURA

Lectura de la carta de Santiago 3, 16—4, 3

Santiago quiere que pongamos en evidencia lo que hay en verdad en nuestro corazón. Debemos hacernos cargo. Lo que ocurre alrededor de nosotros no es simple “casualidad”, y no siempre es “culpa de los otros”. Cada uno debería ver en qué colabora para que haya paz, justicia y verdad. O si lamentablemente genera situaciones de conflicto o injusticia.

Hermanos: Donde hay rivalidad y discordia, hay también desorden y toda clase de maldad. En cambio, la sabiduría que viene de lo alto es, ante todo, pura; y además, pacífica, benévola y conciliadora; está llena de misericordia y dispuesta a hacer el bien; es imparcial y sincera. Un fruto de justicia se siembra pacíficamente para los que trabajan por la paz. ¿De dónde provienen las luchas y las querellas que hay entre ustedes? ¿No es precisamente de las pasiones que combaten en sus mismos miembros? Ustedes ambicionan, y si no consiguen lo que desean, matan; envidian, y al no alcanzar lo que pretenden, combaten y se hacen la guerra. Ustedes no tienen, porque no piden. O bien, piden y no reciben, porque piden mal, con el único fin de satisfacer sus pasiones.
Palabra de Dios.

ALELUYA         Cf. 2Tes 2, 14

Aleluya. Dios nos llamó, por medio del Evangelio, para que poseamos la gloria de nuestro Señor Jesucristo. Aleluya.

EVANGELIO

“¡Esta es la verdadera liberación! La que se anuncia en las lecturas de hoy, principalmente en el evangelio: en Cristo se revelan las tres dimensiones de los verdaderos grandes. Yo creo, hermanos, que los santos han sido los hombres más ambiciosos. Los que han querido ser grandes de verdad. Y son los únicos verdaderamente grandes. Ni los heroísmos de la tierra pueden llegar a las alturas de un santo. Eso es lo que yo ambiciono para todos ustedes y para mí: que seamos grandes, ¡ambiciosamente grandes! Porque somos imágenes de Dios y no nos podemos contentar con grandezas mediocres. Quiero para todos la envidiable aspiración de la grandeza, pero según estas dimensiones que Cristo nos ofrece hoy; si no, no hay verdadera grandeza.”

Ì Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos 9, 30-37

Jesús atravesaba la Galilea junto con sus discípulos y no quería que nadie lo supiera, porque enseñaba y les decía: “El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres; lo matarán y tres días después de su muerte, resucitará”. Pero los discípulos no comprendían esto y temían hacerle preguntas. Llegaron a Cafarnaúm y, una vez que estuvieron en la casa, les preguntó: “¿De qué hablaban en el camino?”. Ellos callaban, porque habían estado discutiendo sobre quién era el más grande. Entonces, sentándose, llamó a los Doce y les dijo: “El que quiere ser el primero, debe hacerse el último de todos y el servidor de todos”. Después, tomando a un niño, lo puso en medio de ellos y, abrazándolo, les dijo: “El que recibe a uno de estos pequeños en mi Nombre, me recibe a mí, y el que me recibe, no es a mí al que recibe, sino a Aquel que me ha enviado”.
Palabra del Señor.

MEDITAMOS LA PALABRA DE DIOS.

El camino ascendente hacia Jerusalén

Se oye decir en más de una ocasión que no corren vientos favorables para los cristianos. Puede que así sea. Pero, ¿no se nos recuerda en la 1ª lectura la suerte que corrieron los judíos fieles de Alejandría, blanco de los sarcasmos y persecuciones de los renegados y de sus aliados paganos? ¿No remite este texto proféticamente hacia la pasión y muerte de Cristo? ¿Dónde radican los orígenes cristianos? La incomprensión de Jesús, centrado en formar a sus discípulos, constituye precisamente una de las vetas que surca todo el evangelio de Mc.

También hoy en día cuesta acoger el anuncio de la Pasión cuando llegan desde afuera determinados prejuicios y recelos, críticas infundadas o desmesuradas, actitudes y decisiones contrarias al sentir religioso del pueblo de Dios. El cristiano ha de aprender a convivir con situaciones semejantes. La subida a Jerusalén, misterio de muerte y vida, comporta asumir con entereza y sin victimismos el mensaje nuclear del Sermón del Monte: “Bienaventurados seréis cuando os injurien y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos; pues de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros” (Mt 5,11-12; Lc 6,22-23.26). Quienes hemos sido sepultados por el bautismo en la muerte de Jesús (Rm 6,4), ¿no habremos de sopesar nuestras actuaciones, sospechar y dudar de nosotros mismos cuando nos halagan y aplauden, cuando todo marcha viento en popa? Escuchemos al Apóstol: “Nos gloriamos hasta en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación engendra la paciencia; la paciencia, virtud probada; la virtud probada, esperanza, y la esperanza no falla, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado” (Rm 5,3-5).

Preguntas para el camino 

En el camino de la vida surgen a veces e inesperadamente determinadas preguntas que suelen ser más clarificadoras que muchas respuestas: “¿De qué discutíais por el camino?” Además de sorprender a sus seguidores, la pregunta de Jesús puso de manifiesto, como el relámpago en la oscuridad del horizonte, las motivaciones e intenciones que anidaban en su interior. Ensimismados en sus fantasiosas cavilaciones, recorrían los alegres parajes de los alrededores del lago de Galilea haciendo cálculos sobre los primeros puestos en el Reino. Por eso, al ser sorprendidos y cuestionados, no les cupo otra que “callar”, avergonzados por su actitud.

Sería más tarde cuando cayeron en la cuenta de que les esperaba la dura ascensión hacia Jerusalén. ¿Qué hacer cuando todo se pone cuesta arriba, el sol aprieta y parecen agotarse las fuerzas? ¿Cómo afrontar la frágil soledad de quien transita por senderos accidentados y desconocidos, expuestos a toda suerte de peligros, y echando en falta la mano amiga y samaritana del prójimo? (Lc 10,29-37). Los exploradores enviados por Moisés como avanzadilla para otear sobre el terreno la posible entrada en la tierra prometida del país cananeo, testificaron claramente las dificultades que entrañaba su empresa: “La gente que hemos visto allí son todos ellos gigantes. Nosotros nos veíamos ante ellos como saltamontes, y eso mismo les parecíamos a ellos” (Nm 13,32-33).

La vida discurre su cauce con preguntas cada vez más pertinentes y comprometidas, difíciles de sortear y eludir. El ir tomando conciencia de las mismas, no solo ayuda a asumir y emprender con mayor realismo y coraje la subida de la montaña sino que propicia el terreno idóneo para fraguar y fortalecer la verdadera esperanza cristiana.

El camino de la sabiduría cristiana

La sabiduría práctica de Jesús, inmejorable guía y maestro de vida, queda de manifiesto en la escena evangélica: el gesto por así decir sacramental de la acogida simbólica de un niño, gesto significativo acompañado de las siguientes palabras: “Quien reciba a un niño como éste en mi nombre, a mí me recibe; y el que me reciba a mí, no me recibe a mí sino a Aquel que me ha enviado”. Es esa sencilla y expresiva actitud de sincero servicio a los más humildes y pequeños la que autentifica la credibilidad del verdadero discípulo: “Quien quiera ser el primero, ha de ser el último y servidor de todos”. ¿Qué mejor tarjeta de presentación que el compromiso cristiano con esta nueva escala de valores instaurada por Jesús?

Si es el niño quien ha de ocupar el centro de la vida comunitaria, ¿dónde queda el protagonismo de la ambición, el honor y la grandeza de los primeros puestos? De ahí la fuerte denuncia del apóstol Santiago, hermano del Señor, a los suyos: ¿Qué sentido tienen entre vosotros las discordias, disensiones y rencillas intracomunitarias? Para nada se corresponden con la sabiduría proveniente del evangelio.

La mirada crítica de Jesús recae directamente sobre sus propios discípulos, desautorizados por su comportamiento para ejercer la misión a la que han sido llamados. Lo más pequeño e insignificante a los ojos de los mortales ocupa paradójicamente el primer lugar a los ojos de Dios. No es el Señor el que está sentado a la mesa, sino el que sirve.

ESTUDIO BÍBLICO.

La religión verdadera es acoger desde la solidaridad

I Lectura: Sabiduría (2,12.17-20): El justo piensa como vive

I.1. La primera lectura se toma concretamente de un pasaje que pone de manifiesto el razonamiento de los impíos, de los que están instalados en la sociedad religiosa y política y que no aceptan que un hombre justo, honrado, simplemente con el testimonio de su vida, pueda ser una contrarréplica de la ética, de la moral y de las tradiciones ancestrales con las que se consagra, muy a menudo, la sociedad injusta y arbitraria de los poderosos. Como el libro de la Sabiduría es propio de la literatura religiosa griega, algunos han pensado que a la base de esta lectura está el razonamiento práctico de una filosofía que se muestra en la ética de los epicúreos, quienes defendían una praxis de justicia y honradez en la sociedad.

I.2. En todo caso, la lectura cristiana de este pasaje ha dado como resultado la comparación con los textos del Siervo de Yahvé de Isaías (52-53) y más concretamente, se apunta a la inspiración que ha podido suponer para los cristianos sobre la Pasión del Señor, ya que en ese justo del libro de la Sabiduría se ha visto la actuación de Jesús, tal como podemos colegir de la lectura misma del evangelio de hoy. Los “no sabios” saben muy bien condenar a muerte ignominiosa a los justos. Esa es la única sabiduría que entienden de verdad: el desprecio y la ignominia; es una sabiduría contracultural: ni divina ni humana. Y esta es ya una historia muy larga en la humanidad que tanto se valora a sí misma.

II Lectura: Santiago (3,16-4,3): Sabiduría: justicia y paz

II.1. La carta de Santiago (3,16-4,3), sigue siendo el hilo conductor de esta segunda lectura litúrgica. Además, como es una carta que pretende establecer un cristianismo práctico, ético y moral, nos pone sobre el contraste dos sabidurías: la que nace de este mundo y anida en el corazón del hombre (envidias, desorden, guerras, asesinatos) y la sabiduría que viene de lo alto (pacificadora, limpieza de corazón, condescendencia, docilidad, misericordia). En realidad a la primera no se le debe llamar sabiduría sino insensatez y negatividad. Son dos mundos y podríamos preguntarnos, de verdad, si el corazón humano no está anidado por estas dos tendencias (dualismo). Nuestra propia experiencia personal podría darnos la respuesta.

II.2. El autor considera que el ser humano, guiado por sus instintos (es el misterio de nuestra debilidad, aunque le atribuye un débito especial al “diablo” para no caer en el principio de maldad en el corazón humano), va hacia la perdición por la envidia con la que nos destrozamos los unos a los otros. Pero el autor propone la sabiduría, que se adquiere por la oración para llegar a esas actitudes positivas que ha mencionado antes. No se trata, pues, de leer este texto en clave moralizante para rebajarlo. Es uno de los textos fuertes del NT, de ese calibre es el cristianismo que pide la paz fundamentada en la justicia.

Evangelio: Marcos (9,30-37): El que se entrega debe ser el primero

III.1. El evangelio de Marcos nos muestra un segundo paso de Jesús en su camino hacia Jerusalén, acompañado por sus discípulos. El maestro sabe lo que le espera; lo intuye, al menos, con la lucidez de un profeta: la pasión y la muerte, pero también la seguridad de que estará en las manos de Dios para siempre, porque su Dios es un Dios de vida. Pero ese anuncio de la pasión se convierte en el evangelio de hoy en una motivación más para hablar a los discípulos de la necesidad del servicio.

III.2. No merece la pena discutir si este segundo anuncio de la pasión son “ipsissima verba” o son una adaptación de la comunidad a las confidencias más auténticas de Jesús. Hoy se acepta como histórico que Jesús “sabía algo” de lo que le esperaba. Que la comunidad, después, adaptara las cosas no debería resultar extraño. Este segundo anuncio de la pasión lo presenta el evangelista como una enseñanza (edídasken = les enseñaba). Pero los discípulos ni lo entendían ni querían preguntarle, ya que les daba pánico. Este no querer preguntarle es muy intencionado en el texto, porque no se atrevían a entrar en el mundo interior y profético del Maestro. Jesús tuvo paciencia y pedagogía con ellos y por eso Marcos nos ha presentado “tres” anuncios en un corto espacio de tiempo (8,27-10,32).

III.3. Tampoco Pedro, en el primer anuncio (8,27-33), lo había entendido cuando quiere impedir que Jesús pueda ir a Jerusalén para ser condenado. No encajaba ese anuncio con su confesión mesiánica, que tenía más valor nacionalista que otra cosa. Marcos ha emprendido, desde ahora en su narración una dirección que no solamente es reflejo histórico del camino de Jesús a Jerusalén, sino de “enseñanza” para la comunidad cristiana de que su “Cristo” no se fue de rositas a Jerusalén. Que confesar el poder y la gloria del Mesías es o puede ser un tópico religioso poco profético. En realidad eso es así hasta el final, como lo muestra la escena de Getsemaní (14,32-42) y en la misma negación de Pedro (14,66-72). Los discípulos no entendieron de verdad a Jesús, ni siquiera por qué le siguieron, hasta después de la Pascua.

III.4. En Carfarnaún, en la casa, que es un lugar privilegiado por Marcos para las grandes confidencias de Jesús, porque es el símbolo de donde se reúne la comunidad, (como cuando les explica el sentido de las parábolas), les pregunta por lo que habían discutido por el camino; seguramente de grandezas, de ser los primeros cuando llegase el momento. Sus equivocaciones mesiánicas llegaban hasta ese punto. Jesús tomó a un niño (muy probablemente el que les servía) y lo puso ante ellos como símbolo de su impotencia. Es verdad que el niño, como tal, también quiere ser siempre el primero en todo, pero es impotente. Sin embargo, cuando los adultos quieren ser los primeros, entonces se pone en práctica lo que ha dicho el libro de la Sabiduría. Y es que el cristianismo no es una religión de rangos, sino de experiencias de comunión y de aceptar a los pequeños, a los que no cuentan en este mundo.

III.5. Acoger en nombre de Jesús a alguien como un niño es aceptar a los que no tienen poder, ni defensa, ni derechos; es saber oír a los que no tienen voz; son los pobres y despreciados de este mundo. La tarea, como muy bien se pone de manifiesto en la praxis cristiana que Marcos quiere trasmitir a su comunidad, no está en sopesar si los que se acogen son inocentes o no, sino que debemos mirar a la vulnerabilidad. Quizás los pequeños, los niños, los pobres, los enfermos contagiosos, no son inocentes. Tampoco los niños lo son. Es el misterio de la vulnerabilidad humana lo que Jesús propone a los suyos. Pero los “suyos” –en este caso los Doce-, discutían por el camino quién sería el segundo de Jesús en su”mesianidad” mal interpretada. Esta es una enseñanza para el cristianismo de hoy que se debe plasmar en la Iglesia. La opción por los “vulnerables” (¡los pobres!) es la verdadera moral del evangelio. (Fray Miguel de Burgos Núñez, O. P.).






 

domingo, 16 de septiembre de 2018

DOMINGO 24º DEL TIEMPO ORDINARIO


“Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?”

En el pronaos del templo de Apolo en Delfos estaba grabada esta inscripción: “Conócete a ti mismo”. Nuestro vivir elabora esta búsqueda a cada paso con el fin de responder a la cuestión quién soy yo. Y no resulta sencillo.

Nuestros ruidos y prisas, nuestros miedos, nuestra falta de silencio, nuestros relativismos, nuestro narcisismo, hacen que la cuestión se torne relativamente ardua. Sin embargo, en la respuesta está implicado nuestro actuar, nuestros valores, nuestros modos de amar y perdonar, nuestras prioridades. ¿Quién soy yo?

Si difícil resulta la primera pregunta, amárrense bien, porque no lo es menos la del evangelio de hoy. A ti y a mí, nos toca responder, ¿quién es Jesucristo en mi vida? En otras palabras: ¿qué nos va a ti y a mi con este hombre-Dios al que llamamos Jesús de Nazaret, el Cristo de Dios? ¿cómo interpela y condiciona tu vida y la mía? Más aún: ¿cómo buscarle? ¿cómo hablar con Él para poder dar una respuesta? Porque lo que está claro es que, sin una cercanía, intimidad y diálogo profundo con Él, no podremos responder.

DIOS NOS HABLA. ESCUCHAMOS SU PALABRA.

I LECTURA
Ofrecí mi espalda a los que me golpeaban

Lectura del libro del profeta Isaías     50, 5-9a

El Señor abrió mi oído
y yo no me resistí ni me volví atrás.
Ofrecí mi espalda a los que me golpeaban
y mis mejillas, a los que me arrancaban la barba;
no retiré mi rostro
cuando me ultrajaban y escupían.
Pero el Señor viene en mi ayuda:
por eso, no quedé confundido;
por eso, endurecí mi rostro como el pedernal,
y sé muy bien que no seré defraudado.
Está cerca el que me hace justicia:
¿quién me va a procesar?
¡Comparezcamos todos juntos!
¿Quién será mi adversario en el juicio?
¡Que se acerque hasta mí!
Sí, el Señor viene en mi ayuda:
¿quién me va a condenar?
                                           Palabra de Dios. 
SALMO 114, 1-6. 8-9

R. Caminaré en la presencia del Señor,

Amo al Señor, porque Él escucha
el clamor de mi súplica,
porque inclina su oído hacia mí,
cuando yo lo invoco. R.

Los lazos de la muerte me envolvieron,
me alcanzaron las redes del Abismo,
caí en la angustia y la tristeza;
entonces invoqué al Señor: «¡Por favor, sálvame la vida!» R.

El Señor es justo y bondadoso,
nuestro Dios es compasivo;
el Señor protege a los sencillos:
yo estaba en la miseria y me salvó. R.

Él libró mi vida de la muerte,
mis ojos de las lágrimas y mis pies de la caída.
Yo caminaré en la presencia del Señor,
en la tierra de los vivientes. R.

II LECTURA
La fe, si no va acompañada de las obras, 
está completamente muerta

Lectura de la carta del apóstol Santiago     2, 14-18

¿De qué le sirve a uno, hermanos míos, decir que tiene fe, si no tiene obras? ¿Acaso esa fe puede salvarlo? ¿De qué sirve si uno de ustedes, al ver a un hermano o una hermana desnudos o sin el alimento necesario, les dice: «Vayan en paz, caliéntense y coman», y no les da lo que necesitan para su cuerpo? Lo mismo pasa con la fe: si no va acompañada de las obras, está completamente muerta.
Sin embargo, alguien puede objetar: «Uno tiene la fe y otro, las obras». A ese habría que responderle: «Muéstrame, si puedes, tu fe sin las obras. Yo, en cambio, por medio de las obras, te demostraré mi fe».
Palabra de Dios.
 ALELUYA     Gál 6, 14

Aleluya. Yo sólo me gloriaré en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo está crucificado para mí, como yo lo estoy para el mundo. Aleluya.

EVANGELIO

Tú eres el Mesías...
El Hijo del hombre debe sufrir mucho

Ì Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos     8, 27-35

Jesús salió con sus discípulos hacia los poblados de Cesarea de Filipo, y en el camino les preguntó: «¿Quién dice la gente que soy Yo?»

Ellos le respondieron: «Algunos dicen que eres Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, alguno de los profetas».

«Y ustedes, ¿quién dicen que soy Yo?»

Pedro respondió: «¿Tú eres el Mesías». Jesús les ordenó terminantemente que no dijeran nada acerca de Él. Y comenzó a enseñarles que el Hijo del hombre debía sufrir mucho y ser rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas; que debía ser condenado a muerte y resucitar después de tres días; y les hablaba de esto con toda claridad.

Pedro, llevándolo aparte, comenzó a reprenderlo. Pero Jesús, dándose vuelta y mirando a sus discípulos, lo reprendió, diciendo: «¡Retírate, ve detrás de mí, Satanás! Porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres».

Entonces Jesús, llamando a la multitud, junto con sus discípulos, les dijo: «El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí y por la Buena Noticia, la salvará».
Palabra del Señor.

MEDITAMOS LA PALABRA DE DIOS.

El texto evangélico que nos presenta Marcos nos da un sinfín de pautas y modos para elaborar nuestra respuesta:

Jesús, “saliendo de donde estaba con sus discípulos”

Quizás sea una buena forma de conocernos y de conocerLE. Cuando nos enfrentamos a situaciones nuevas, a experiencias distintas, cuando salimos de nosotros mismos, nos redescubrimos. Cuando derribamos los miedos antropológicos, sociales y eclesiales que nos atan y nos separan a unos de otros, atrincherados en clichés de pensamiento y de ‘modus vivendi’, generamos oportunidades de compartir y recolocar la mirada sobre nuestro yo, sobre nuestros “tús” y, sobre todo, sobre ÉL.

Por el camino

Porque no se trata solo de pararse Se trata de ir viviendo, de hacer camino. De darnos la oportunidad de ser interpelados (eso supone el camino, ponerse en la liminaridad de la vida) en lo que somos y en lo que nos define como cristianos. Sugerente resulta que se dirija a Cesarea de Filipo, centro romano por antonomasia, multitud de gentiles… La primera confesión de fe de la historia cristiana y va a producirse extramuros del pueblo elegido. La segunda, como saben, será la ofrecida por un soldado romano a los pies de la cruz (Mc 15,39). Benedicto XVI ya señaló aquello del espacio a compartir con los gentiles, ¿lo recordamos? No vaya a ser que quien menos pensemos reconozca mejor que muchos de nosotros el paso del Señor Jesús por la vida, por la historia, por el cotidiano…

¿Quién dice la gente que soy yo?

Y hasta aquí todo sería fácil. Porque no me digas a mí que no es sencillo eso de responder lo que los demás dicen de las personas o del mismo Cristo; no me digas a mí lo sencillo que resulta ese constante repetir respuestas de manual, tan redondeadas como exentas de la suficiente implicación personal. Se trata, con otras palabras, de la dictadura de lo provisorio, de lo que parece, de la falta de crítica, de la escasa profundidad que practicamos en nuestro vivir y en nuestras relaciones. Y claro, esto nunca es suficiente para tener el arrojo y la desvergüenza de encasillar el qué, el cómo y, sobre todo, el quién es alguien. Mucho menos Cristo, el Señor. Dicho esto, y sin ser harina de otro costal, también “nuestros decires” sobre Jesús, condicionan, muchas veces, el acercamiento personal al Cristo de la fe por parte de otras personas.

Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?

Esto ya es más complicado. Porque, afirmar quién es alguien para mí, es otorgarle un lugar en mi existencia y hasta una vinculación conmigo mismo. Es reconocerle como ser único y reconocer la posible importancia que tiene en mi vida. Es suponer que le conozco lo suficiente como para decir quién es. ¿Osaremos? Se trata de volver a Jesús de Nazaret. Se trata de escucharLE. Se trata de poner en solfa hasta qué punto hemos compartido su vida, sus amores, sus pasiones, sus desvelos, su entrega…. ¿cuánto he compartido con Él como para atreverme a decir quién es?

Una declaración con final hollywoodiense...

Sería lo mejor. Que nuestro Señor triunfase. Que todo saliera a pedir de boca. Que reconocer la soberanía de Cristo en mi vida fuera un camino de éxitos y triunfos; como cuando multiplicaba el pan y los peces o curaba a los enfermos (se oyen aplausos…) Pero no. Jesús, tras la inmediata confesión de fe de Pedro, nos pone en guardia sobre lo que supone hacer de Cristo la razón de nuestro vivir: tocará sufrir, no nos entenderán, seremos rechazados, será ejecutado, un escándalo en toda regla… y a pesar de ello habremos de seguir profesando esa confesión de fe.

Pedro se puso a increparlo

Como hacemos muchos cuando no soportamos el escándalo de la cruz o el silencio de Dios ante el dolor de quien amamos…. Es la herejía de pretender enmendarle a Dios la plana; programarle en el cómo y en el cuándo ha de hacer las cosas. Es no reconocer el MISTERIO de DIOS. “Si lo entiendes, no es Dios”, dirá San Anselmo.

Las matemáticas de Dios: tú piensas como los hombres, no como Dios

Las cuentas no nos salen: donde yo multiplico, Dios divide; donde junto, Él separa y desparrama. ¡Qué difícil tornar nuestro modus operandi terrenal en el modus operandi de la gracia y de la gratuidad! ¡Cuán pequeño he de hacerme para asomarme siquiera al misterio insondable que me revela Cristo de Dios! Se trata de reconocer el misterio.

Negarse, tomar la cruz, perder la vida

Y claro esta regla de vida… no es precisamente lo que uno busca. Y, sin embargo, es este trio actitudinal el que da respuesta a la carta de Santiago en la segunda lectura. Nuestra fe son obras que pasan:

- por no anteponer nada al amor de Cristo encarnado en los más vulnerables y subyugados de la historia humana (negarse)

- por ir aliviando compasivamente la cruz que cargamos unos y otros, y no ser nosotros quienes impongamos cruces a nadie; pasa por asumir la vida con lo más débil de la misma que Dios tornará en lo más fuerte (tomar la cruz)

- por entregar nuestra propia vida como el grano que muere dando fruto, siendo alimento para otros: “dejaos comer por la gente”, decía la Madre Teresa de Calcuta a unos sacerdotes (perder la vida)

El Señor me ayuda

Lo repite Isaías en la primera lectura. Todo este vivir evangélico nacido de la confesión de fe en Cristo, sólo es posible con la ayuda de Dios; es decir contando con Dios, no utilizando a Dios.

Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? No es sólo una cuestión teológica, es ante todo una opción vital que vehicula nuestro vivir con Cristo y para los hermanos.

ESTUDIO BÍBLICO.

El discipulado de la cruz como identidad cristiana

I Lectura: Isaías (50,5-9): Entrega y decisión a Dios y a los suyos

I.1. Estamos ante es uno de los famosos cantos del Siervo de Yahvé (cf Is 42; 49; 52-53), una de las cumbres teológicas del Antiguo Testamento desde todos los puntos de vista. Pertenecen a la segunda parte del libro de Isaías, al llamado Deutero-Isaías (40-55), en que aparece este misterioso personaje que encuentra el sentido a su misión apoyándose en la palabra de Dios. Si en la primera parte del libro de la consolación se pensaba que el emperador Ciro (emperador persa) sería el elegido de Dios para liberar a su pueblo (pues él dio el decreto del retorno desde Babilonia), a partir del momento en que aparece la figura del Siervo, ya no será necesario apoyarse en un rey o emperador humano para la libertad que Dios ofrece a su pueblo. Las resonancias de estos famosos “cantos del Siervo” son evidentes en pasajes del NT

I.2. Por eso mismo la fidelidad a Dios, a la escucha atenta de su palabra, por encima de las afrentas que debe sufrir, ponen de manifiesto el misterio del dolor como la capacidad que se debe tener frente a toda violencia. Los perfiles de este personaje no están definidos, ni está claro si se habla de un individuo o del pueblo mismo que debe mantenerse atento a la palabra de Dios. Pero los cristianos supieron aplicarlo a Cristo, porque encontraron en esta descripción del Siervo una semejanza inigualable con la vida de Jesús. Lo que para el judaísmo oficial y su teología no podía ser mesiánico, para los cristianos, después de la pasión y la resurrección, preanuncia al Mesías que pude llevar sobre sus hombres los sufrimientos del pueblo y del mundo entero.

II Lectura: Santiago (2,14-18): Fe verdadera y compromiso cristiano

II.1. La segunda lectura (Santiago 2,14-18) nos enfrenta de nuevo con la parenesis, o la praxis de la vida cristiana. Nos encontramos con uno de los pasajes más determinantes de este escrito en el que se ha visto una polémica con la teología de la fe de Pablo. Se ha dicho que es la parte más importante de la carta, porque se quiere poner de manifiesto que la fe sin obras no lleva a ninguna parte en la vida cristiana. Esto es absolutamente irrenunciable, y a nadie, y menos a Pablo se le podría pasar por la mente algo así como “cree y peca mucho”. Esa falacia no es de Lutero, sino la leyenda de los malpensantes. Creer es confiar verdaderamente en el Dios de la gracia. Pero es posible que algunos quisieran poner a Pablo a prueba en alguna comunidad cristiana y este escrito posterior quiere poner las cosas en su sitio.

II.2. El enfrentamiento no es entre Santiago y Pablo, sino entre interpretaciones que provocan equívocos. Pablo, es verdad, ha puesto la fe en Jesucristo como principio de salvación, y eso es axiomático (elemental y decisivo) en el cristianismo frente a la Ley judía; porque la salvación no puede venir sino de Jesucristo, en ningún caso de la Ley y sus preceptos (esto también es elementalmente cristiano). Pero la fe lleva a los compromisos más radicales, en razón de la gracia de la salvación. De lo contrario el cristianismo sería absurdo, porque el cristianismo no es una ideología, sino una praxis verdadera para cambiar los corazones de los hombres.

Evangelio: Marcos (8,27-35): Seguir a Jesús desde nuestra cruz

III.1. El evangelio nos presenta un momento determinante de la vida de Jesús en que debe plantear a los suyos, a los que le han quedado, las razones de su identidad para el seguimiento: ¿a dónde van? ¿a quién siguen? El texto, pues, del evangelio, tiene cuatro momentos muy precisos: la intención de Jesús y la confesión mesiánica de Pedro en nombre de los discípulos (vv.27-30); el primer anuncio de la pasión (v. 31); el reproche de Jesús a Pedro y a los discípulos por pretender un mesianismo que no entran en el proyecto de Dios (vv.32-33), que Jesús asume hasta las últimas consecuencias, como el mismo Siervo de Yahvé. Y, finalmente, los dichos sobre el seguimiento (vv.34-37). Este es uno de los momentos estelares de la narración del evangelio de Marcos. La crisis en Galilea se ha consumado y el seguimiento de Jesús se revela abiertamente en sus radicalidades. Galilea ha sido un crisol… ahora están a prueba los que le han quedado, cuyas carencias son manifiestas en este confesión mesiánica. Por eso las palabras sobre el seguimiento de Jesús son para toda la gente, no solamente para sus discípulos. Es el momento de comenzar al camino a Jerusalén, con todo lo que ello significa para Jesús en su proyecto del anuncio del Reino.

III.2. Pedro considera que confesarlo como Mesías sería lo más acertado, pero el Jesús de Marcos no acepta un título que puede prestarse a equívocos. El Mesías era esperado por todos los grupos, y todos creían que sería el liberador político del pueblo. Jesús sabe que ni su camino ni sus opciones son políticas, porque no es ahí donde están los fundamentos del Reino de Dios que ha predicado. Por eso, para aclarar el asunto viene el primer anuncio de la pasión; de esa manera dejaría claro que su mesianismo, al menos, no sería como lo esperaban los judíos y, a la vez, sus discípulos debían aprender a esperar otra cosa. Ya Jesús veía claro que su vida en Dios debía pasar por la muerte. No porque Dios quisiera o deseara esa muerte. El Dios Abbá no podía querer eso. Pero los hombres no dejarían otra alternativa a Jesús, en nombre de su Dios.

III.3. El reproche de Jesús a Pedro, uno de los más duros del evangelio, porque su mentalidad es como la de todos los hombres y no como la voluntad de Dios, es bastante significativo. Jesús les enseña que su papel mesiánico es dar la vida por los otros; perderla en la cruz. Eso es lo que pide a los que le siguen, porque en este mundo, triunfar es una obsesión; pero perder la vida para que los otros vivan solamente se aprende de Dios que se entrega sin medida. El triunfo cristiano es saber entregarse a los demás. No sabemos si Jesús pudo hablar directamente de cruz o estos dichos están un poco retocados en razón de lo que ocurrió en Jerusalén con la muerte histórica de Jesús siendo crucificado bajo Poncio Pilato, quien decidió esa clase de muerte. Pero Jesús sí que contaba ya con la muerte, no veía otra salida.

III.4. Por eso, la cruz, en los dichos, es la misma vida. Nuestra propia vida, nuestra manera de sentir el amor y la gracia, el perdón y la misericordia, la ternura y la confianza en la verdad y en Dios como Padre. Eso es “una cruz” en este mundo de poder y de ignominia. La cruz no es un madero, aunque para los cristianos sea un signo muy sagrado. La cruz está en la vida: en amar frente a los que odian; en perdonar frente a la venganza. Esa es una cruz porque el mundo quiere que sea una cruz; no simplemente un madero. La cruz de nuestra vida, nuestra cruz (“tome su cruz”, dice el dicho de Jesús), sin pretender ser lo que no debemos; sin vanagloriarnos en nosotros mismos. La cruz es la vida para los que saben perder, para los que saben apostar. Por eso se puede hablar con sentido cristiano de “llevar nuestra cruz” y no debemos avergonzarnos de ello. No porque nuestro Dios quiera el sufrimiento… pero el sufrimiento de los que dan sentido a su vida frente al mundo, viene a ser el signo de identidad del verdadero seguimiento de Jesús. (Fray Miguel de Burgos Núñez, O. P.).