domingo, 16 de diciembre de 2018

DOMINGO 3º DE ADVIENTO



“Él los bautizará con Espíritu Santo y fuego”

Falta una semana y un día para celebrar la Navidad, la fiesta de la venida de Dios al mundo, para salvarnos, a través de su Hijo Jesucristo.

DIOS NOS HABLA. ESCUCHAMOS SU PALABRA.

I LECTURA

Si en una ciudad, en este caso Jerusalén, o en una comunidad o familia, se vive la presencia de Dios en la vida cotidiana, solo hay lugar para el regocijo y la felicidad.

Lectura de la profecía de Sofonías 3, 14-18a

¡Grita de alegría, hija de Sión! ¡Aclama, Israel! ¡Alégrate y regocíjate de todo corazón, hija de Jerusalén! El Señor ha retirado las sentencias que pesaban sobre ti y ha expulsado a tus enemigos. El Rey de Israel, el Señor, está en medio de ti: ya no temerás ningún mal. Aquel día, se dirá a Jerusalén: ¡No temas, Sión, que no desfallezcan tus manos! ¡El Señor, tu Dios, está en medio de ti, es un guerrero victorioso! Él exulta de alegría a causa de ti, te renueva con su amor y lanza por ti gritos de alegría, como en los días de fiesta.
Palabra de Dios.
Salmo Is 12, 2-6

R. ¡Aclamemos al Señor con alegría!

Este es el Dios de mi salvación: yo tengo confianza y no temo, porque el Señor es mi fuerza y mi protección; él fue mi salvación. R.

Ustedes sacarán agua con alegría de las fuentes de la salvación. Den gracias al Señor, invoquen su Nombre, anuncien entre los pueblos sus proezas, proclamen qué sublime es su Nombre. R.

Canten al Señor porque ha hecho algo grandioso: ¡que sea conocido en toda la tierra! ¡Aclama y grita de alegría, habitante de Sión, porque es grande en medio de ti el Santo de Israel! R.

II LECTURA

Cuando esperamos algo que nos hace bien, o que nos provoca algún tipo de felicidad, estamos alegres por anticipado. Porque sabemos que lo que viene es bueno para nosotros. La alegría se empieza a vivir aun antes de poseer el bien.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Filipos 4, 4-7

Hermanos: Alégrense siempre en el Señor. Vuelvo a insistir, alégrense. Que la bondad de ustedes sea conocida por todos los hombres. El Señor está cerca. No se angustien por nada y, en cualquier circunstancia, recurran a la oración y a la súplica, acompañadas de acción de gracias, para presentar sus peticiones a Dios. Entonces la paz de Dios, que supera todo lo que podemos pensar, tomará bajo su cuidado los corazones y los pensamientos de ustedes en Cristo Jesús.
Palabra de Dios.

ALELUYA         Is 61, 1

Aleluya. El Espíritu del Señor está sobre mí; él me envió a llevar la Buena Noticia a los pobres. Aleluya.

EVANGELIO

Quienes se acercaban a Juan preguntaban qué debían hacer o cómo debían vivir después. A cada uno de los que se acercaban con este planteo, Juan les daba una respuesta de acuerdo a la actividad que cada uno desarrollaba. Porque no alcanza con el gesto religioso, la piedad o un sacramento recibido. Se debe vivir (hacer) de acuerdo a lo que se ha recibido y comprometerse con lo que se confiesa de acuerdo a lo que cada uno pueda hacer en su medio, en su actividad.

Ì Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 3, 2b-3. 10-18

Dios dirigió su palabra a Juan Bautista, el hijo de Zacarías, que estaba en el desierto. Este comenzó a recorrer toda la región del río Jordán, anunciando un bautismo de conversión para el perdón de los pecados. La gente le preguntaba: “¿Qué debemos hacer entonces?”. Él les respondía: “El que tenga dos túnicas, dé una al que no tiene; y el que tenga qué comer, haga otro tanto”. Algunos publicanos vinieron también a hacerse bautizar y le preguntaron: “Maestro, ¿qué debemos hacer?”. Él les respondió: “No exijan más de lo estipulado”. A su vez, unos soldados le preguntaron: “Y nosotros, ¿qué debemos hacer?”. Juan les respondió: “No extorsionen a nadie, no hagan falsas denuncias y conténtense con su sueldo”. Como el pueblo estaba a la expectativa y todos se preguntaban si Juan no sería el Mesías, él tomó la palabra y les dijo a todos: “Yo los bautizo con agua, pero viene uno que es más poderoso que yo, y yo ni siquiera soy digno de desatar la correa de sus sandalias; él los bautizará en el Espíritu Santo y en el fuego. Tiene en su mano la horquilla para limpiar su era y recoger el trigo en su granero. Pero consumirá la paja en el fuego inextinguible”. Y por medio de muchas otras exhortaciones, anunciaba al pueblo la Buena Noticia.
Palabra del Señor.


MEDITAMOS LA PALABRA DE DIOS.

Estad siempre alegres en el Señor; os lo repito, estad alegres

Las lecturas de esta penúltima semana de Adviento, como no nos debería extrañar, no se pueden entender sin una palabra clave para su interpretación: la alegría. Las diferentes expresiones con la que se explica, matiza y ajusta ese sentimiento son una constante en todas ellas: alégrate, grita de gozo, regocíjate, disfruta, exulta, el Señor te ha perdonado, no temerás mal alguno, Dios te renueva por su amor, gritad jubilosos, confiaré y no temeré, alegrémonos siempre en el Señor, nada os preocupe..., y es que en verdad "el Señor está cerca". Se nos exhorta a vivir la alegría versus el temor y la preocupación.

Pero la alegría cristiana es la de un Dios que no sólo está presente o vigente sino la de un Dios que se implica y se alegra con la alegría de todas las personas. Un Dios que toma la iniciativa. La alegría cristiana no es un estado de ánimo sino el reflejo de un Dios que se acerca al hombre y de un hombre que sale al encuentro de Dios. Una alegría cristiana que implica el contagio tanto mediante nuestra predicación como por nuestra actuación justa, como recordará Juan a sus coetáneos. Si la única manera de renovar el mundo es por el amor, como recuerda rotundamente el profeta Sofonías y como en realidad nos enseña el misterio de la Encarnación, la alegría es la medida del contagio de ese amor, de ese verdadero encuentro entre Dios que busca al hombre y el hombre que busca a Dios.

Ser justos, ser caritativos y ser empáticos

La enseñanza del Evangelio de este domingo se puede dividir en dos partes. En la primera se nos habla de las preguntas que tres tipologías de personajes muy diferentes (la gente que podría entenderse como el pueblo fiel, unos judíos despreciables como los publicanos y unos paganos como los soldados) hacen a Juan el Bautista. Estas preguntas son las que nos iluminan sobre cómo llevar una vida recta y sabia para acoger al Mesías que será el otro gran tema del Evangelio. Y es que la espera del Mesías no es nunca una espera pasiva sino una esperanza activa; no es una simple llegada sino una inestimable acogida. Juan puede parecer que a todas las cuestiones responde con la misma ley: una calibrada justicia social. Pero en realidad va mucho más allá. Se pone de relieve la necesidad de ser justos, de ser caritativos y de ser empáticos. Tres virtudes que van más allá de la siempre necesaria y por desgracia no alcanzada justicia social. En definitiva, demostrar de forma activa la alegría cristiana de la que antes hemos hablado. Con otras palabras, y esta vez remitiéndonos a las palabras del apóstol san Pablo a los Filipenses, de demostrar y dar a conocer la mesura del cristiano a todas las personas, la mesura de su templanza y sobriedad.

Los expectantes: precursores de Cristo en el mundo

La segunda parte del Evangelio, continuando con sus propias palabras y también con lo que en él se nos ha narrado, nos recuerdan que todo el pueblo estaba expectante a las palabras de Juan el Bautista. Toda la gente que le rodeaba estaba expectante y pendiente no sólo de lo que decía sino de saber quién era, de su identidad, de su papel en sus historias de salvación personal, como se refleja en los diálogos, y colectiva, al plantearse si era él el Mesías o debían aguardar a otro.

Nosotros, si en estas fechas ya tan cercanas a la consumación del misterio de la Encarnación no estamos expectantes ni a las palabras ni a la identidad del que va a nacer quizás estemos perdiendo el hilo de la situación, el hilo de la realidad cristiana. Esta semana es Juan el Bautista el que nos recuerda que Jesús viene para salvar, para bautizar con el fuego del Espíritu Santo y podríamos también decir que para incendiar nuestro mundo. Para ser una hoguera que no se apaga y vivir la presencia de ese Espíritu en nuestra vida y nuestra comunidad. ¿Estamos preparados para acogerlo o sólo queremos cumplir con el expediente de las fiestas?, ¿estamos dispuestos a hablar, retransmitir y buscar la alegría o sólo queremos finalizar un año más?

En definitiva, ¿estamos dispuestos a ser humildes como Juan sólo siendo grandes por ser los Precursores de Cristo en el mundo?


ESTUDIO BÍBLICO.

El Señor está cerca. El Domingo de la Alegría.

La liturgia del Tercer Domingo de Adviento está sembrada de llamadas a la alegría. Por eso, en la tradición litúrgica de la Iglesia se ha conocido éste como el Domingo de "Gaudete!", según el mensaje de la carta a los Filipenses (4,4-5) que introduce la celebración y, asimismo, es el texto de la segunda lectura del día, diciéndonos que el Señor está cerca. Ya no solamente se nos invita a prepararnos a la Navidad mediante un cambio de vida y de mentalidad; sino que se nos invita a prepararnos con “alegría” porque el Salvador está cerca. La liturgia es expresiva.

Este domingo Tercero de Adviento nos envuelve en el proceso de las condiciones de la verdadera alegría. El Adviento tiene mucha razón al proclamar este mensaje que es más necesario que nunca. Bajemos de todos los pedestales y de todas las petulancias para reconocer el valor de nuestros límites. En el fondo, es una cosa bien concreta: dejemos de vivir por encima de nuestras posibilidades, porque así no es posible la verdadera alegría.

I Lectura: Sofonías (3,14-18): No tengas miedo a la paz ¡Jerusalén!

I.1. En la primera lectura del profeta Sofonías, la llamada es tan ardiente y tan profética como en Pablo a su comunidad. Es una llamada a Jerusalén, la ciudad de la paz, la hija de Sión, porque si quiere ser verdaderamente ciudad de Dios y de paz, tiene que caracterizarse frente a las otras ciudades del mundo como ciudad de alegría. ¿Quién rompe hoy el corazón de Jerusalén? ¿La religión, el fanatismo, el fundamentalismo? Ya en su tiempo, el del rey reformador Josías (640-609 a. C.), el profeta debe hablar contra los que en tiempo de Manasés y Amón habían pervertido al “pueblo humilde”. El profeta no solamente es el defensor, la voz de Dios, sino del pueblo sin rostro y que no puede cambiar el rumbo que los poderosos imponen, como ahora. Fue un tiempo prolongado de luchas, de sometimientos religiosos a ídolos extraños y a los señores sin corazón. El profeta reivindica una Sión nueva donde se pueda estar con Dios y no avergonzarse. Y lo que suceda en Jerusalén puede ser en beneficio de todos: ¡como ahora!

I.2. ¡Qué lejos está ahora la ciudad de esa realidad teológica! Hoy sería necesario que judíos, musulmanes y cristianos dejaran clamar al profeta para escuchar su mensaje de paz. Es verdad que el profeta ofrecía la única alternativa posible, ya entonces, y que es decisiva ahora: sólo el Dios de unos y otros, que es el mismo, es quien puede hacer posible que las tres religiones monoteístas alaben a un mismo Señor: el que nos ofrece el don de la alegría en la fraternidad y en la esperanza. Porque solamente podrá subsistir una ciudad, todos sus habitantes, si se dejan renovar por el amor de su Dios, como pide el profeta a los israelitas de su tiempo. ¿Es esto realizable? Pues hay que proponer que una religión que no proporciona alegría, no es una verdadera religión. Más aún: una religión que no proponga la paz, con todas sus renuncias, no es verdadera religión. ¡Jerusalén, no tengas miedo a la paz!

II Lectura: Filipenses (4,4-5): La terapia teológica de la alegría

II.1. El texto de la carta viene a ser como una conclusión, casi proverbial en la tradición y religiosidad cristiana: Así traduce la Vulgata: gaudete in Domino semper el “chairete en Kyríô pántote” (alegraos siempre en el Señor). Incluso no sabemos si estos versos están en su sitio, porque parece ser que Pablo escribe en distintos momentos algunas notas a la comunidad de Filipos. Sea como fuere desde el punto de vista literario, lo que el apóstol pide a su querida comunidad, sigue siendo decisivo para nosotros los cristianos de hoy. Dos veces repite el “gaudete” ¿qué más se puede pedir? Pero es verdad que hay alegrías y alegría. Pablo dice “en el Señor” y esto no debe ser simplemente estético o psicológico. Bien es verdad que la terapia humana de la alegría es muy beneficiosa. Pues con más razón la terapia religiosa de que el Señor nos quiere alegres. Es una terapia teológica muy necesaria.

II.2. No podemos olvidar que ésta debe ser la actitud cristiana, la alegría que se experimenta desde la esperanza, de tal manera que de esa forma nunca se teme al Señor, sino que nos llenamos de alegría, como recomienda San Pablo a su querida comunidad de Filipos. Nuestro encuentro definitivo con el Señor, cuando sea, debe tener como identidad esa alegría. Ya sabemos que la alegría es un signo de la paz verdadera, de un estado de serenidad, de sosiego, de confianza. De ahí que nuestro encuentro con el Señor no puede estar enmarcado en elementos apocalípticos, sino en la serenidad y la confianza de la alegría de encontrarnos con Aquél que nos llama a ser lo que no éramos y a vivir una felicidad que procede de su proyecto liberador. Es decir, encontrarse con el Señor del Adviento debe ser una liberación en todos los órdenes. Por tanto, el hombre, y más el hombre de hoy, debe tomarse en serio la alegría, como se toma en serio a sí mismo. El hombre sin alegría no es humano; y la persona que no es humana, no es persona.

Evangelio. Lucas (3,10-18): La alegría del compartir

III.1. El evangelio es la continuación del mensaje personal del Bautista que ha recogido la tradición sinóptica y se plasma con matices diferentes entre Mateo y Lucas. Nuestro evangelio de hoy prescinde de la parte más determinante del mensaje del Bautista histórico (3,7-9), en coincidencia con Mateo, y se centra en el mensaje más humano de lo que hay que hacer. Con toda razón, el texto de los vv. 10-18 no aparece en la fuente Q de la que se han podido servir Mateo y Lucas. Se considera tradición particular de Lucas con la que enriquece constantemente su evangelio. No quiere decir que Lucas se lo haya inventado todo, pero en gran parte responde, como en este caso, a su visión particular del Jesús de Nazaret y de su cristología.

III.2. Por tanto, podemos adelantar que Lucas quiere humanizar, con razón, el mensaje apocalíptico del Bautista para vivirlo más cristianamente. En realidad es el modo práctico de la vivencia del seguimiento que Lucas propone a los suyos. Acuden al Bautista la multitud y nos pone el ejemplo, paradigmático, de los publicanos y los soldados. Unos y otros, absolutamente al margen de los esquemas religiosos del judaísmo. Lucas no ha podido entender a Juan el Bautista fuera de este mensaje de la verdadera salvación de Dios. Este cristianismo práctico, de desprendimiento, es una constate en su obra.

III.3. Nos encontramos con la llamada a la alegría de Juan el Bautista; es una llamada diferente, extraña, pero no menos verídica: es el gozo o la alegría del cambio. El mensaje del Bautista, la figura despertadora del Adviento, es bien concreto: el que tiene algo, que lo comparta con el que no tiene; el que se dedica a los negocios, que no robe, sino que ofrezca la posibilidad de que todos los que trabajan puedan tener lo necesario para vivir en dignidad; el soldado, que no sea violento, ni reprima a los demás. Estos ejemplos pueden multiplicarse y actualizarse a cada situación, profesión o modo de vivir en la sociedad. Juan pide que se cambie el rumbo de nuestra existencia en cosas bien determinantes, como pedimos y exigimos nosotros a los responsables el bienestar de la sociedad. No es solamente un mensaje moralizante y de honradez, que lo es; es, asimismo, una posibilidad de contribuir a la verdadera paz, que trae la alegría. (Fray Miguel de Burgos Núñez, O. P.).




 

domingo, 9 de diciembre de 2018

DOMINGO 2º DE ADVIENTO


¡Preparen el camino del Señor...!

Juan el bautista nos invita a pensar en el futuro. Esperanzado, cree en una situación distinta y, por ello, tiene una visión del futuro que le lleva a distanciarse de los poderes de su tiempo y anima a crear una realidad diferente. Pone la distancia necesaria para poder escuchar lo nuevo y anima a la conversión, porque esa novedad requiere un hombre distinto.

Quien tiene esperanza en el futuro ahorra en el presente e invierte en el futuro. Quien no tiene esperanza y no desea ningún futuro, disfruta en el presente y contrae deudas que sus hijos no podrán pagar. Esto lo decía Moltmann hace 26 años y en el seno de una Europa optimista y centrada en su potencial económico y político. Hoy, tras una crisis económica que ha borrado todas las expectativas y se ha llevado por delante todas las esperanzas al tiempo de generar una deuda impagable, nos parece una profecía.

¿Tenemos los cristianos una visión de esperanza y fuerza suficiente para cambiar este mundo? Francisco lo decía con su espontaneidad, en Florencia, hace unas semanas:

“No miréis la vida desde el balcón, comprometeos, sumergiros en el amplio diálogo social y político. Las manos de vuestra fe se levantan hacia el cielo, pero lo hacen mientras edifican una ciudad construida sobre las relaciones en las que el amor de Dios es el fundamento. Y así seréis libres de aceptar los desafíos de hoy, de vivir los cambios de época”.

DIOS NOS HABLA. CONTEMPLAMOS SU PALABRA.

I LECTURA

“Jerusalén, con su templo y sus sacrificios es el centro de gravedad del pueblo judío. De momento, fuertes obstáculos cohíben esa fuerza; cuando Dios remueva los impedimentos, Jerusalén, con su poder de atracción, provocará la vuelta y la restauración definitiva” (introducción de "Baruc", en: La Biblia de Nuestro Pueblo, Ed. Mensajero).

Lectura del libro de Baruc 5, 1-9

Quítate tu ropa de duelo y de aflicción, Jerusalén, vístete para siempre con el esplendor de la gloria de Dios, cúbrete con el manto de la justicia de Dios, coloca sobre tu cabeza la diadema de gloria del Eterno. Porque Dios mostrará tu resplandor a todo lo que existe bajo el cielo. Porque recibirás de Dios para siempre este nombre: “Paz en la justicia” y “Gloria en la piedad”. Levántate, Jerusalén, sube a lo alto y dirige tu mirada hacia el Oriente: mira a tus hijos reunidos desde el oriente al occidente por la palabra del Santo, llenos de gozo, porque Dios se acordó de ellos. Ellos salieron de ti a pie, llevados por enemigos, pero Dios te los devuelve, traídos gloriosamente como en un trono real. Porque Dios dispuso que sean aplanadas las altas montañas y las colinas seculares, y que se rellenen los valles hasta nivelar la tierra, para que Israel camine seguro bajo la gloria de Dios. También los bosques y todas las plantas aromáticas darán sombra a Israel por orden de Dios, porque Dios conducirá a Israel en la alegría, a la luz de su gloria, acompañándolo con su misericordia y su justicia.
Palabra de Dios.
Salmo 125, 1-6

R. ¡Grandes cosas hizo el Señor por nosotros!

Cuando el Señor cambió la suerte de Sión, nos parecía que soñábamos: nuestra boca se llenó de risas y nuestros labios, de canciones. R.

Hasta los mismos paganos decían: “¡El Señor hizo por ellos grandes cosas!”. ¡Grandes cosas hizo el Señor por nosotros y estamos rebosantes de alegría! R.

¡Cambia, Señor, nuestra suerte como los torrentes del Négueb! Los que siembran entre lágrimas cosecharán entre canciones. R.

El sembrador va llorando cuando esparce la semilla, pero vuelve cantando cuando trae las gavillas. R.

II LECTURA

La hermosa relación de Pablo con los Filipenses lo lleva a una oración afectiva, paternal y pastoral. ¡Cuánto amor de pastor enseña Pablo en esas líneas!

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Filipos.

Hermanos: Siempre y en todas mis oraciones pido con alegría por todos ustedes, pensando en la colaboración que prestaron a la difusión del Evangelio, desde el comienzo hasta ahora. Estoy firmemente convencido de que Aquel que comenzó en ustedes la buena obra la irá completando hasta el Día de Cristo Jesús. Y es justo que tenga estos sentimientos hacia todos ustedes, porque los llevo en mi corazón, ya que ustedes, sea cuando estoy prisionero, sea cuando trabajo en la defensa y en la confirmación del Evangelio, participan de la gracia que he recibido. Dios es testigo de que los quiero tiernamente a todos en el corazón de Cristo Jesús. Y en mi oración pido que el amor de ustedes crezca cada vez más en el conocimiento y en la plena comprensión, a fin de que puedan discernir lo que es mejor. Así serán encontrados puros e irreprochables en el Día de Cristo, llenos del fruto de justicia que proviene de Jesucristo, para gloria y alabanza de Dios.
Palabra de Dios.

ALELUYA  Lc 3, 4. 6

Aleluya. Preparen el camino del Señor, allanen sus senderos. Todos los hombres verán la Salvación de Dios. Aleluya.

EVANGELIO

“Como Juan Bautista, en el marco político histórico la Iglesia tiene que ser el clamor del Señor, la voz que clama siempre en el desierto: ‘¡Preparad los caminos del Señor!’. Un llamamiento a todos los corazones para que de veras busquen el encuentro que nos hará felices ya en esta tierra. Porque quiero también subrayar esto, queridos hermanos: en la medida en que nosotros buscamos esta historia de salvación, estamos siendo también encarnados en la historia de nuestro pueblo” (beato O. Romero, 9/12/1979).

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 3, 1-6

El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Filipo tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene, bajo el pontificado de Anás y Caifás, Dios dirigió su palabra a Juan, hijo de Zacarías, que estaba en el desierto. Este comenzó entonces a recorrer toda la región del río Jordán, anunciando un bautismo de conversión para el perdón de los pecados, como está escrito en el libro del profeta Isaías: “Una voz grita en el desierto: Preparen el camino del Señor, allanen sus senderos. Los valles serán rellenados, las montañas y las colinas serán aplanadas. Serán enderezados los senderos sinuosos y nivelados los caminos desparejos. Entonces, todos los hombres verán la Salvación de Dios”.
Palabra del Señor.

MEDITAMOS LA PALABRA DE DIOS

El texto evangélico de hoy se abre con la presentación de Juan el Bautista en un contexto histórico preciso: el del emperador Tiberio, el gobernador Pilato y los tetrarcas Herodes, Filipo y Lisanio, que junto con los sumos sacerdotes, Anás y Caifás, nos datan el momento en que el hijo del sacerdote Zacarias, un hombre muy poco convencional y ubicado muy lejos de los centros del poder político y religioso, recibe el mensaje de Dios e invita a un bautismo de conversión.

Esta lejanía del poder, presenta a Juan con estilo profético, resaltando así el contraste entre la solidez institucional, política y religiosa del momento, con la sencillez austera y el silencio del desierto, marcando el ocaso del tiempo de Israel, y preparando el de la comunidad que llegará hasta el final de los tiempos y que inaugura Jesús. La Ley y los profetas llegan hasta Juan, a partir de ahí, se auncia el Reino de Dios. Este anuncio de Juan, evocador del exodo de Israel, es una invitación a romper con una forma de esclavitud y abrazar la libertad. No supone un cambio institucional todavía pero si una ruptura con lo anterior. Ésta, Juan la expresa con el bautismo: la muerte a un estilo de vida y el renacer a una vida nueva.

Es tiempo de preparación, por lo tanto, de cambio, de apertura a lo nuevo, de esperanza y, sobre todo, de búscar en las manifestaciones y los signos que acompañan estos nuevos tiempos. Apertura al futuro, pero un futuro que hay que desvelar porque lo que hoy se entiende como tal es un horizonte muy confuso. Se han perdido las fantasías de un mundo mejor, el futuro se ha reducido al progreso tecnológico y ya nadie cree en las promesas de un mundo felíz cansados de que sirvan como coartada para nuevas formas de sometimiento económico, político y religioso.

“Una voz grita en el desierto”

Juan se retira al desierto a escuchar la palabra de Dios. El verbo viviente de la religión, es siempre una palabra hablada; no es leyendo la Escritura, sino escuchando la Palabra como se nos desvela la voluntad de Dios. Sin la dimensión mística, las religiones pierden el alma: “Dichosos los que escuchan la Palabra de Dios y la ponen en práctica” (Lc, 11,28).

Juan se retira a escuchar en el silencio, éste forja el sentido de nuestra búsqueda, en cambio, lo abandonamos echándonos en manos de una superficialidad bana e insulsa, revestida de ruido a todas horas y en todas partes, para no tener que pensar.

Pero es en la escucha donde percibimos el discurso de Dios, y en él aprendemos que la nuestra no es una escucha pasiva, sino un don que se hace realidad en cada uno por medio de la gratuidad. Dios tiene una Buena noticia para nosotros que abiertos a la escucha y atentos en el silencio nos permite crecer en la fe, caminar sin miedo en la esperanza realizando ese proyecto siempre abierto y siempre posibilidad, y hacerlo en la comunidad de amor que trata de ser la Iglesia: “Yo soy el camino, la verdad y la vida” dice Jesús. La Iglesia quiere ser ese camino que nos lleve a la verdad de la vida. Pero para ello, ha de ser una Iglesia en escucha, asentada en la roca firme. De esa, es de la que Jesús dice lo mismo que le dijo a Marta: “María, ha elegido la parte buena que no le será quitada” (Lc. 10,42).

“Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos”

Lo deciamos, es tiempo de preparación y de cambio, de apertura a lo nuevo, de buscar en los signos de estos tiempos nuevos. Allanar los senderos no quiere decir buscar un pensamiento único, uniforme e igual. Eso es lo propio de estos tiempos, pero lo nuevo es buscar en la interioridad, entrar en uno mismo, evaluarse y juzgarse. Encontrar en la experiencia ese nexo que hay entre la conversión del corazón y la relación social y política. Una relación nueva entre los seres humanos, los pueblos y las naciones no puede darse sin la reconciliación social y política, sin el intento y la búsqueda de la paz.

A los 50 años de la terminación del Concilio Vaticano II

El día 8 de diciembre, celebramos los 50 años de la finalización del Concilio Vaticano II. Aquella fecha de 1965 marcó un momento de cambio y de esperanza en todo el mundo católico. Los años inmediatamente posteriores a ese evento se caracterizaron por la construcción de una nueva realidad eclesial que, no exenta de esfuerzos y de trabajo, descubría con ilusión nuevas formas de escuchar la Palabra de Dios y, desde ella, de dialogar con el mundo moderno en toda su complejidad. Con los años fue disminuyendo esa intensidad conciliar y apareciendo una realidad eclesiaI más centrada en las seguridades y más preocupada también por las formas restauracionistas que por el espíritu del Vaticano II.

Hoy por el contrario, nos abrimos a una nueva esperanza en la celebración de la clausura del Concilio, el clima eclesial ha empezado a cambiar. ¿Qué ha sucedido para que nuestra celebración hoy pueda ser más gozosa y abierta a nuevas expectativas? ¿Qué vemos hoy que no veíamos hace unos años?

Hoy sentimos el comienzo de una nueva andadura. Un nuevo camino que todavía es muy incipiente pero que empieza a sonar con otra música. La primera estrofa de esta nueva melodía se anunciaba la tarde noche en la que el papa Francisco aceptó liderar los caminos de la Iglesia y pronunció desde el balcón de San Pedro: “No tengáis miedo a la ternura y a la bondad” Y reconocía a los pocos días que la Iglesia se había quedado sin respuesta para las nuevas preguntas, convertida en un “museo de antigüedades”. Era una estrofa que heredaba la historia callada y resistente de tantos hombres y mujeres, comunidades religiosas y organizaciones seglares que nunca renunciaron a los impulsos conciliares y se mantuvieron fieles a las inspiraciones evangélicas provocadas por el Concilio Vaticano II.

ESTUDIO BÍBLICO

Iª Lectura. Baruc (5,1-9): Dios nos conduce con alegría, a la luz de su gloria

I.1. La primera lectura está tomada del libro de Baruc, conocido como el secretario de Jeremías (Jr 36). Este libro representa una serie de oráculos que algunos sitúan casi en el s. II a. C. Lo que leemos hoy forma parte de una liturgia de acción de gracias, expresada en un oráculo de restauración de Jerusalén. Aunque se hace referencia al destierro de Babilonia, que es la experiencia más dura que tuvo que vivir el pueblo de Dios, el texto se puede y se debe actualizar en cada momento en que la comunidad pasa por un trance semejante. Es esta una ensoñación, una fascinación profética por llenar Jerusalén de justicia, de paz y de piedad. Si este libro se pudiera garantizar que pertenece al secretario de Jeremías (cf Jr 36), podríamos decir que ahora las penas y las lágrimas que vivió junto al maestro se han convertido en milagro y en utopía, no solamente mesiánica, sino cósmica, como en Is 52.

I.2. Por su visión esplendorosa fluyen palabras y conceptos de contraste: frente al luto y la aflicción, la gloria de Dios (la doxa, que el hebreo sería el famoso kabod si el libro se hubiera encontrado en hebreo). Hasta cinco veces se repite este concepto tan germinal de la teología del AT y especialmente de la teología profética. Sabemos que es uno de los términos más densos y que entraña distintos matices. En este caso deberíamos hablar de la acción de Dios en la historia que cambia la suerte de Jerusalén, del pueblo, del mundo, para siempre. Si Dios no actúa, mediante su kabod, entonces todo es aflicción, luto, miseria, llanto. Tener la experiencia de la gloria de Dios es lo contrario de tener la experiencia del “infierno”, es decir, la guerra, el hambre, el destierro.

I.3. Paz y justicia, pues, de la gloria de Dios. Están ahí para infundir ánimo y esperanza. Estas dos palabras expresan uno de los conceptos más teológicos y humanos del Adviento cristiano. Y de entre todas las promesas que se hacen a Jerusalén, en este caso a la comunidad cristiana, debemos retener aquello de “paz en la justicia y gloria en la piedad”. Se invita a Jerusalén que crea en su Dios, que espere en su Dios, que siempre tiene una respuesta a las tragedias que los hombres provocamos en el mundo por la injusticia y las opresiones. Sus armas son la misericordia y la fuerza salvadora de Dios que se expresa por el concepto de gloria. Aunque la gloria (kabod) sea la majestad con la que Dios se muestra a los hombres, digamos que expresa el poder que Dios tiene por encima de los poderosos de este mundo. Porque los dioses y los hombres de este mundo quieren gloria para esclavizar, mientras que la gloria de Dios es para liberar y salvar.

IIª Lectura: Filipenses (1,4-11): Convocados a la alegría

II.1. La segunda lectura expresa la alegría de Pablo porque el evangelio los ha unido entrañablemente, de tal manera que así reconocen juntos lo que Dios comenzó en aquella comunidad, mientras el apóstol espera que se mantengan fieles hasta la venida del Señor. El proemio de esta carta resuena, pues, en el Adviento con la energía de quien está orgulloso de una comunidad, sencillamente por una cosa, porque han acogido el “evangelio”. El afecto que Pablo muestra por su comunidad, desde la cárcel, desde las cadenas, es muy elocuente. Es un orgullo que él esté en la cárcel por el evangelio y que la comunidad de Filipos se haya interesado vivamente por él. De esa manera se da cuenta Pablo que su misión de Apóstol, de emisario del evangelio, es su “gloria”; todo ello vale su peso en oro; no hay consuelo como ese. La retórica del texto deja traslucir, sin embargo, la verdad de su vida.

II.2. Por otra parte, mantenerse a la espera de la venida del Señor, no es estar pendientes de catástrofes apocalípticas, sino de estar unidos siempre al Señor que ha traído la justicia a este mundo que se pierde en su injusticia. Jesucristo, pues, es el horizonte de la justicia en el mundo; eso por lo que luchan muchos creyentes y también personas que no creen. Y ese, en definitiva, es el “evangelio” del que habla Pablo. El lenguaje escatológico que Pablo usa en estos versos no le hacen desviar su mirada de la historia concreta de los cristianos que tienen que mantenerse fieles hasta el final. Y todo con alegría (chara), un tema verdaderamente recurrente en esta carta (cf 1,4.18.25; 2,2,17-18.28-29; 3,1; 4,1.4), que fue escrita en la cárcel de Éfeso con toda probabilidad. Y porque la alegría es una de las claves del Adviento, es por lo que se ha escogido este texto paulino.

Evangelio: Lucas (3,1-6): La salvación llega a la historia humana

III.1. El evangelio de hoy nos ofrece el comienzo de la vida pública de Jesús. El evangelista quiere situar y precisar todo en la historia del imperio romano, que es el tiempo histórico en que tienen lugar los acontecimientos de la vida de Jesús y de la comunidad cristiana primitiva. Los personajes son conocidos: el emperador Tiberio sucesor de Augusto; el prefecto romano en Palestina que era Poncio Pilato; Herodes Antipas, hijo de Herodes el Grande, como tetrarca de Galilea, donde comenzó a resonar la buena noticia para los hombres; al igual que Felipe, su hermano, que lo era de Iturea y Traconítide; los sumos sacerdotes fueron Anás y Caifás. De todos ellos tenemos una cronología casi puntual. Es un “sumario” histórico, muy propio de Lucas ¿Y qué?, podemos preguntarnos. Es una forma de poner de manifiesto que lo que ha de narrar no es algo que puede considerarse que ocurriera fuera de la historia de los hombres de carne y hueso. La figura histórica de Jesús de Nazaret es apasionante y no se puede diluir en una piedad desencarnada. Sería una Jesús sin rostro, un credo sin corazón y un evangelio sin humanidad.

III.2. El evangelio es absolutamente histórico y llega como mensaje de juicio y salvación para los que lo escuchan. Incluso hubo toda una preparación: Juan el Bautista, un profeta de corte apocalíptico que anuncia, en nombre de Dios, apoyándose en el profeta Isaías, que algo nuevo llega a la historia, a nuestro mundo. Dios siempre cumple sus promesas; lo que se nos ha presentado en el libro de Baruc comienza a ser realidad cuando los hombres se abren al evangelio. Juan el Bautista es presentado bajo el impacto de Is 40,3-5, para llegar a la última expresión “y todo hombre verá la salvación de Dios”. Mt 3,3 no nos ha trasmitida la cita de Isaías más que haciendo referencia a “voz que clama en el desierto: preparad el camino al Señor y haced derechas sus sendas”. Lucas se engolfa, fascinado, en el texto del Deutero-Isaías para poner de manifiesto que ya desde Juan el Bautista la “salvación” está a las puertas. En la tradición cristiana primitiva, Juan el Bautista es el engarce entre el AT y el NT. Eso significa que no viene a cerrar la historia salvífica de Dios en el pasado, sino que quiere hace confluir en el profeta de Nazaret toda la acción salvadora que Dios ya había realizado en momentos puntuales y volvía a prometer por los profetas, en una nueva dimensión, para el futuro.

III.3. Efectivamente, para Lucas, la salvación “sôtería”, si cabe, es la clave de su evangelio. Jesús, al nacer, recibirá el título de “salvador” (sôtêr) (Lc 2,11) y su vida no debe ser otra cosa que hacer posible la salvación de Dios. Por eso mismo se encuentra muy a gusto el tercer evangelista cuando, al presentar la figura de Juan el Bautista, que es la de un profeta de juicio, subraye que ese juicio será, con Jesús, un juicio de salvación para toda la humanidad. Para Lucas, Juan el Bautista, que era un profeta de penitencia, quiere entregar el testigo para que el profeta de salvación, Jesús, entre en escena. Todo eso independientemente de si Jesús tuvo algo que ver, alguna vez y por corto tiempo, como discípulo del Bautista. De hecho, Lucas no está muy interesado en la actividad penitencial o bautismal de Juan, sino que más bien le importa su actividad de predicador, de profeta, por eso lo presenta amparado por todo el texto de Is 40,3-5 que Mt se ahorra en parte y en lo más positivo. Juan el Bautista, para Lucas, es pre-anunciador de la salvación de Dios.

III.4. Y no podemos menos de poner de manifiesto, al hilo de la cita de Isaías y del término “todo” (pas: todo valle, todo monte y colina, todo hombre –aunque el texto griego diga “toda carne”-), que aparece tres veces, ese carácter universal de la salvación que ahora preanuncia Juan. ¿Qué significa esto? Pues que esa salvación no es para un pueblo, ni está encerrada en una tradición religiosa determinada. Lo que ha de ocurrir rompe todos los esquemas con que se esperaba que Dios actuara. Los oráculos proféticos de salvación, como el de Baruc de hoy, todavía se quedan estrechos, aunque sean muy hermosos y esperanzadores. Jerusalén, aún bajo un simbolismo especial, seguía siendo el centro del judaísmo y de un pueblo que se empeñaba en que él era diferente, por elegido. Ahora el pasaje del texto isaiano nos descubre un secreto, el verdadero proyecto del Dios de la salvación: todos serán salvados. Todos “verán” es como decir “experimentarán”. (Fr. Miguel de Burgos Núñez O. P.).



domingo, 2 de diciembre de 2018

DOMINGO 1º DE ADVIENTO


¡Levanten la cabeza, porque está por llegarles la liberación!

Empezamos el tiempo llamado de “Adviento”. Le seguirán otros: Navidad, Cuaresma y Pascua. Todos ellos significan ciclos espirituales por los que pasamos las personas y las comunidades. Nos configuran distintos periodos de tiempo que nos hacen madurar espiritualmente y que nos ayudan cada año a profundizar en el propósito de nuestra vida. ¿Cuál será la esencia del ciclo espiritual del Adviento? Podemos apuntar una palabra: llegada.

El Adviento es un tiempo de llegada de las cosas de Dios envueltas en circunstancias personales, comunitarias, sociales que irán variando según los lugares en donde nos encontremos. No es tanto un tiempo de clamar: ¡Ven Señor Jesús! Jesús ya vino hace 2018 años. Es un tiempo de levantar la cabeza, los ojos, el corazón, la vida, la comunidad al Reino de Dios, a un mundo nuevo que está llegando cada día más y que un día llegará plenamente. El Evangelio de San Lucas y su anexo (los “Hechos de los apóstoles”), la carta de San Pablo a los Tesalonicenses (2ª lectura) nos ayudarán a ahondar en esa presencia del “retoño legítimo de David que hará justicia y derecho en la tierra” que anunciaba Jeremías (1ª Lectura) y nos darán fuerzas para lograr su plenitud.

Adviento es un tiempo de pararnos y ver las señales (evangelio) del Reino que llega a nivel del planeta tierra, a nivel de las relaciones sociales y también a nivel personal. Es verdad que también se tambalearán las fuerzas del universo; es decir algunas realidades que parecían tener consistencia hasta ahora (la paz, la honradez, la esperanza, la convivencia, la solidaridad, el amor). Pero el Adviento nos invita a ver en todo ello –señales y fracasos- motivos de camino, de lucha, de indignación y de confianza porque hay salida. “Un tal Jesús” (título del libro de los hermanos Vigil) vino un día no muy lejano a mostrarnos el camino de la creación de un mundo nuevo y sigue ahí caminando a nuestro lado alentándonos con su Espíritu.

DIOS NOS HABLA. CONTEMPLAMOS SU PALABRA.

I LECTURA

“El Mesías, nuestro rey esperado, probablemente pase por similares experiencias, porque como enseñaron nuestros Maestros, los sucesos de los antiguos sirven como señales para los nuevos. Así que no esperemos terremotos, cometas cayendo, inundaciones, guerras nucleares, estrellas en los cielos, invasión de platos voladores, camellos con reyes desconocidos. 
Esperemos que acontecimientos normales se transformen en liberación. Esperemos a que lo normal y probable, tantas veces imposible de lograr, como la paz, la armonía entre los diversos grupos humanos o el cuidado del planeta, se haga posible”

Lectura del libro de Jeremías 33, 14-16

Llegarán los días –oráculo del Señor– en que yo cumpliré la promesa que pronuncié acerca de la casa de Israel y la casa de Judá: En aquellos días y en aquel tiempo, haré brotar para David un germen justo, y él practicará la justicia y el derecho en el país. En aquellos días, estará a salvo Judá y Jerusalén habitará segura. Y la llamarán así: “El Señor es nuestra justicia”.
Palabra de Dios.

Salmo 24, 4-5a. 8-10. 14

R. A ti, Señor, elevo mi alma.

Muéstrame, Señor, tus caminos, enséñame tus senderos. Guíame por el camino de tu fidelidad; enséñame, porque tú eres mi Dios y mi salvador. R.

El Señor es bondadoso y recto: por eso muestra el camino a los extraviados; él guía a los humildes para que obren rectamente y enseña su camino a los pobres. R.

Todos los senderos del Señor son amor y fidelidad, para los que observan los preceptos de su alianza. El Señor da su amistad a los que lo temen y les hace conocer su alianza. R.

II LECTURA

Esperamos un encuentro definitivo. Sin saber cuándo o cómo será, creemos que será definitivo. Nos preparamos para ese encuentro. Y, ¿cómo lo hacemos? San Pablo nos ayuda a descubrirlo: a través del amor mutuo y solidario.

Lectura de la primera carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Tesalónica 3, 12—4, 2

Hermanos: Que el Señor los haga crecer cada vez más en el amor mutuo y hacia todos los demás, semejante al que nosotros tenemos por ustedes. Que él fortalezca sus corazones en la santidad y los haga irreprochables delante de Dios, nuestro Padre, el Día de la Venida del Señor Jesús con todos sus santos. Amén. Por lo demás, hermanos, les rogamos y les exhortamos en el Señor Jesús, que vivan conforme a lo que han aprendido de nosotros sobre la manera de comportarse para agradar a Dios. De hecho, ustedes ya viven así: hagan mayores progresos todavía. Ya conocen las instrucciones que les he dado en nombre del Señor Jesús.
Palabra de Dios.

ALELUYA        Sal 84, 8
Aleluya. ¡Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación! Aleluya.

EVANGELIO

Ver al Señor que desciende es una hermosa imagen. Consideramos que el Señor volverá del mismo modo que se elevó desde este mundo. Por eso, repetimos imágenes maravillosas y que nos ayudan a ver que el Señor nunca nos abandonará. En este tiempo de Adviento, que hoy empezamos, esperamos no solamente la venida de Jesús hecho hombre y nacido de mujer, sino también su retorno triunfante, glorioso, y resucitado.

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 21, 25-28. 34-36

Jesús dijo a sus discípulos: “Habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas; y en la tierra, los pueblos serán presa de la angustia ante el rugido del mar y la violencia de las olas. Los hombres desfallecerán de miedo ante la expectativa de lo que sobrevendrá al mundo, porque los astros se conmoverán. Entonces se verá al Hijo del hombre venir sobre una nube, lleno de poder y de gloria. Cuando comience a suceder esto, tengan ánimo y levanten la cabeza, porque está por llegarles la liberación. Tengan cuidado de no dejarse aturdir por los excesos, la embriaguez y las preocupaciones de la vida, para que ese día no caiga de improviso sobre ustedes como una trampa, porque sobrevendrá a todos los hombres en toda la tierra. Estén prevenidos y oren incesantemente, para quedar a salvo de todo lo que ha de ocurrir. Así podrán comparecer seguros ante el Hijo del hombre”.
Palabra del Señor.

MEDITAMOS LA PALABRA DE DIOS.

En la introducción se decía que el Adviento es el ciclo espiritual que nos invita a ahondar en la llegada, o en la venida, del Reino de Dios. Los primeros cristianos especialmente y también los de otras épocas y los de la época actual en el Adviento ahondamos en la venida de Jesús y el Reino y promovemos su venida definitiva. Es lo que los cristianos de la primera generación llamaban preparar la “Parusía”. “Parusía” era en el lenguaje civil la “venida” o “llegada” del emperador con pompa y boato. Pero “Parusía” era para los seguidores de Jesús su llegada definitiva y la instauración en el mundo de un nuevo orden, nada parecido al anterior, donde se diera de verdad el cumplimiento de los derechos humanos. Donde “los jefes de las naciones no dominen sobre ellas y los poderosos no hagan sentir su autoridad” (Mt.20,25-27)

La “llegada” a nivel personal

Siempre ha estado ahí ese anhelo, esa mirada, esa pregunta por la llegada a cada corazón. No siempre sabemos ponerle nombre, pero, tenemos sed de Jesús, de justicia, de respuestas, sobre todo, de amor. De un amor radical, profundo, incondicional y eterno. En este tiempo de Adviento se nos recuerda que Jesús y su Reino están viniendo a nuestro corazón. En este tiempo de Adviento se nos pide un toque de atención para no distraernos con anhelos que se agotan pronto, con hambres que no nos satisfacen, con motivos que nos entretienen pero no nos dan sentido. San Agustín llamaba a esta búsqueda “corazón inquieto”: “nos has hecho para Ti y nuestro corazón está inquieto hasta que repose en Ti”. En Adviento vamos a dar alas a ese anhelo de absoluto que no puede resolverse en el tiempo y el espacio pero que si puede mostrarse ya en pequeñas actitudes que vamos a ir poniendo en nuestra vida.

La “llegada” del Reino a nivel global

También hace un tiempo el Papa Francisco publicó su encíclica “Laudato si” sobre el cuidado de la casa común que es nuestro mundo. En ella se pregunta cómo es posible que se pretenda construir un futuro mejor sin pensar en la crisis del ambiente y en el sufrimiento de los excluidos. “El desafío urgente de proteger nuestra casa común incluye la preocupación de unir a toda la familia humana en la búsqueda de un desarrollo sostenible e integral, pues sabemos que las cosas pueden cambiar. El Creador no nos abandona, nunca hizo marcha atrás en su proyecto de amor, no se arrepiente de habernos creado. La humanidad aún posee la capacidad de colaborar para construir nuestra casa común. Deseo reconocer, alentar y dar las gracias a todos los que, en los más variados sectores de la actividad humana, están trabajando para garantizar la protección de la casa que compartimos. Merecen una gratitud especial quienes luchan con vigor para resolver las consecuencias dramáticas de la degradación ambiental en las vidas de los más pobres del mundo (Laudato si, nº 13). El ámbito de la miseria y de la degradación del medio ambiente también es un espacio que requiere nuestra reflexión y compromiso político y social alentado por las palabras del Papa Francisco.

La “llegada” a nivel eclesial

Es evidente que la llegada del Papa Francisco ha supuesto la entrada de un aire fresco por las puertas y ventanas de la Iglesia.” Evangeli Gaudium” recogió su programa. Hace falta que personas y comunidades recojamos su legado y allí donde se desenvuelve nuestra vida cristiana cada día hagamos posible que estás palabras tomen cuerpo. Hay ámbitos que deben crecer: la renovación de nuestras celebraciones litúrgicas, la profundización en la palabra de Dios mediante la “lectio divina”, la promoción de la mujer y del laicado en nuestras parroquias y comunidades, la democratización de nuestras parroquias y comunidades, la opción preferencial por los pobres, la creación de comunidades vivas. La presencia de Jesús y su Reino se debe notar en estas cosas. Lo mismo que debe notarse en nuestras “iglesias domesticas”. La familia ha de ser un espacio de vivencia y educación en los valores de Jesús, poniendo un especial énfasis en la igualdad de hombre y mujer, en la educación en la fe de los hijos, en la apertura a las necesidades que nos rodean, y en el especial cuidado de los mayores. El reciente Sínodo de la Familia nos dará pautas para acercarnos con cariño a aquellas familias que necesiten una especial atención.


ESTUDIO BÍBLICO

Se acerca nuestra liberación

Iª Lectura: Jeremías (33,14-15): El Señor es nuestra justicia

I.1. Forma parte esta hermosa lectura de los oráculos de salvación del profeta, oráculos que presentan al pueblo la restauración, oráculos de esperanza (cc. 30-33). Todos estos epígrafes encuentran su equivalencia en esos oráculos que proponían la restauración del reino del Norte, Israel y también para Judá. Quizá no responden a una etapa demasiado concreta de su vida de profeta “quemado” por la palabra de Dios. Pero un profeta no sería verdadero si además de anunciar el “juicio” no se atreviera también con la salvación y la restauración. Jeremías, asimismo, tenía alma y sensibilidad para ello. Un profeta perseguido como él siempre se atreve a ver más allá de lo que los demás ven o experimentan. Es un oráculo que se repite en su obra como podemos cotejar en Jr 23,5-6. El profeta juega con el nombre nuevo que ha de llevar el descendiente de David: “Señor, justicia nuestra” (Yhwh sidquenû), de la misma manera que Isaías 7,14 le pondrá, simbólicamente, al descendente de Acaz, “Dios con nosotros” (Inmanûel), y ya sabemos la trascendencia que ese nombre ha tenido para la teología mesiánica cristiana. Los nombres significan mucho en la Biblia y si son simbólicos con más razón.

I.2. El exhorto del profeta Jeremías reza así: el Señor es nuestra justicia. No es un título, sino el proyecto y el compromiso del Dios de la Alianza, con Israel y con todos los pueblos. Ese es el Dios que se encarna, el que hace justicia. Que es más que dar a cada uno lo que le pertenece. Esa idea de justicia (sdq) es algo pobre para el Dios de Jesucristo. Significa mucho más: Dios levanta al oprimido; hace valer al que no vale, porque a Él todos los seres humanos le importan como hijos; hace abajarse al que se ha levantado hasta las nubes sin valer, apoyándose en un poder que no le pertenece. Ese proyecto y ese compromiso divino, sin embargo, no se impone por la fuerza, como hacen los poderosos de este mundo con sus estrategias, sino que se nos llama en el Adviento a considerarlo como una espera y esperanza para convertirnos a El. Así podemos precisar el primer paso del Adviento: la conversión al Dios de una justicia prodigiosa. Y la conversión es mucho mas que hacer penitencia; es un cambio de mentalidad, un cambio de rumbo en nuestra existencia, un cambio de valores. Porque cuando se cambian los valores de nuestra vida, transformamos nuestra forma de ser, de vivir y de actuar.

IIª Lectura: Iª Tesalonicenses (3,12-4,2): La dedicación a lo divino

II.1. Esta es una invocación de Pablo, urgido y urgiendo a la comunidad para preparase a la pronta “venida del Señor”. Hoy día no cabe duda que Pablo pensó ver este momento con sus ojos. Como la mayoría de los primeros cristianos pensaba que la “parusía”, la presencia efectiva del Señor resucitado estaba a punto de llegar. Después fue cambiando poco a poco esa mentalidad influida por un perfil apocalíptico por una visión histórica más concorde con la realidad de “transformar” el mundo y “transformarse” personalmente a imagen de Cristo, por medio del amor y de la muerte. Eso es lo que se infiere del final de esta invocación que habla de la “manifestación (parousía) de nuestro Señor Jesucristo”. Después Pablo llegaría a la conclusión personal de que esa experiencia de la manifestación había que vivirla personalmente en el momento de la muerte (cf 2Cor 4,7-15; Flp 3,7-11).

II.2. En todo caso ¿qué expone como punto práctico?: pues una disposición que hay que tener para el día del encuentro del Señor (también expresado en lenguaje apocalíptico): un amor más grande a todos los hombres, porque esa es la forma de progresar en la santidad. Muchas veces nos preguntamos qué es ser santo. Pues aquí encontramos una buena respuesta: es vivir amando siempre, cada vez más, sin excepción, como Dios mismo hace. Por eso se le define a Él como el Santo: porque no excluye a nadie de su amor. Sin duda que el Apóstol nos habla de algo inconmensurable, utópico: ¡cuando amemos a todos los hombres! Así es la respuesta, la conversión, al Dios de la justicia, al Dios de la encarnación, al Dios de la Navidad, para lo que nos prepara el Adviento. ¿Cómo podemos, pues, vivir dedicados a Dios? Amando a todos los hombres. Esa es la dedicación del cristiano a lo divino.

Evangelio: Lucas (21,25-28.34-36): Se acerca nuestra liberación

III.1. Todos los años comenzamos el nuevo ciclo litúrgico con el Adviento, que es presencia y es llegada. Es una presencia de siempre y constantemente renovada, porque nos preparamos para celebrar el misterio del Dios que se encarna en la grandeza de nuestra miseria humana. En el Primer Domingo de Adviento, "Ciclo C" del año litúrgico, que estará apoyado fundamentalmente en el evangelio de Lucas, se ofrece un mensaje lleno de fuerza, una llamada a la esperanza, que es lo propio del Adviento: Levantad vuestras cabezas porque se acerca vuestra liberación. Esa es la clave de la lectura evangélica del día. No son los signos apocalípticos los que deben impresionar, sino el mensaje de lo que se nos propone como oferta de parte de Dios. Los signos apocalípticos, en este mundo, siempre han ocurrido y siempre estarán ocurriendo.

III.2. Lucas también nos ha trasmitido el discurso apocalíptico en boca de Jesús (c. 21) a semejanza de lo que hace Mc 13. En Lucas comienza con una enseñanza que contrasta con la actitud de algunos que están mirando y contemplando la grandeza del templo (21,5ss). Los vv. 25-28 se centran en la famosa venida (parousía) del Hijo del hombre que ha de arrancar de los cristianos, ¡no pánico!, sino una actitud contraria: ¡levantar la cabeza, porque ese es el momento de la liberación!. Digamos que esta última expresión es lo propia de Lucas ante las palabras que le ha suministrado la tradición apocalíptica sobre la llegada misteriosa del Hijo del hombre. Lucas es muy conciso sobre los signos extraordinarios que acompañarán ese momento. Pero no puede sustraerse totalmente a esos signos. Y especialmente significativo es en Lucas la actitud que se ha de tener ante todo eso: vigilad (agrupneô) con la oración (v.36). Es lo propio de Lucas: la vigilancia que pide es teológica, la que mantiene abiertos los ojos del alma y de la vida. En la obra de Lucas, el talante de oración es la clave de las grandes decisiones de Jesús y de la comunidad. Y este momento que describe es clave en cada historia personal y de toda la humanidad. En definitiva, la llamada a la “vigilancia en la oración” responde muy bien a la visión cristológica del tercer evangelista: eso quiere decir que la conducta del cristiano debe inspirarse más en la esperanza que en el temor. No en vano Lucas se ha cuidado mucho de presentar a Jesús, en este caso sería el mismo Hijo del hombre, más como salvador de todos que como juez de todos.

III.3. A los hombres, continuamente se nos escapan muchas cosas por los "agujeros negros" de nuestro universo personal, pero la esperanza humana y cristiana no se puede escapar por ellos, porque eso se vive en la mismidad de ser humano. Lo apocalíptico, mensaje a veces deprimente, tiene la identidad de la profunda conmoción, pero no es más que la expresión de la situación desamparada del ser humano. Y sólo hay un camino para no caer en ese desamparo inhumano: vigilar, creer y esperar que del evangelio, del mensaje de Jesús, de su Dios y nuestro, nos viene la salvación, la redención, la liberación. Por eso, en la liturgia del Primer Domingo de Adviento se pide y se invoca a la libertad divina para que salga al encuentro del impulso desvalido de nuestra impotencia. (Fray Miguel de Burgos Núñez O.P.).