domingo, 22 de julio de 2018

DOMINGO 16º DEL TIEMPO ORDINARIO


“Vengan ustedes solos a un sitio tranquilo a descansar un poco”

El domingo pasado escuchábamos en el Evangelio cómo Jesús enviaba a los Doce de dos en dos a predicar y curar. Llega ahora el momento de volver junto al Maestro, de compartir con Él lo vivido en los caminos, los hogares y las plazas que han visitado; acogida y rechazo, éxito y fracaso. Y de compartir con Él también el descanso necesario después del duro trabajo.

Una vida sana requiere de equilibrio entre el trabajo y el descanso. Descanso del cuerpo; pero también del alma, para lo que se requiere del juego y la diversión. Recoge Santo Tomás una historia según la cual, habiéndose escandalizado algunos de sorprender a San Juan Evangelista jugando con sus discípulos, mandó éste a uno de ellos que arrojara una flecha. Tras hacerlo repetidamente le dijo el Santo: “¿Podrías hacerlo continuamente?”. “No -respondió-; se rompería el arco”. “Eso mismo le sucede al alma si se mantiene siempre en la misma tensión”, añadió el Santo.

Dios nos quiere sanos. No nos quiere esclavos ni del ocio ni del negocio, ni por cuenta ajena ni por cuenta propia (pues a veces somos nosotros mismos los que nos colgamos el yugo).

DIOS NOS HABLA. ESCUCHAMOS SU PALABRA.

I LECTURA

Jeremías se refiere específicamente a las autoridades del pueblo, que, en lugar de reunir, convocar, sostener y cuidar, dividen y oprimen. Estas autoridades deberán responder ante Dios porque generaron muerte, pobreza, dolor y espanto.

Lectura del libro de Jeremías 23, 1-6

¡Ay de los pastores que pierden y dispersan el rebaño de mi pastizal! –oráculo del Señor–. Por eso, así habla el Señor, Dios de Israel, contra los pastores que apacientan a mi pueblo: Ustedes han dispersado mis ovejas, las han expulsado y no se han ocupado de ellas. Yo, en cambio, voy a ocuparme de ustedes, para castigar sus malas acciones –oráculo del Señor–. Yo mismo reuniré el resto de mis ovejas, de todos los países adonde las había expulsado, y las haré volver a sus praderas, donde serán fecundas y se multiplicarán. Yo suscitaré para ellas pastores que las apacentarán; y ya no temerán ni se espantarán, y no se echará de menos a ninguna –oráculo del Señor–. Llegarán los días –oráculo del Señor– en que suscitaré para David un germen justo; él reinará como rey y será prudente, practicará la justicia y el derecho en el país. En sus días, Judá estará a salvo e Israel habitará seguro. Y se lo llamará con este nombre: “El Señor es nuestra justicia”.
Palabra de Dios.
Salmo 22, 1-6

R. El Señor es mi pastor, nada me puede faltar.

El Señor es mi pastor, nada me puede faltar. Él me hace descansar en verdes praderas, me conduce a las aguas tranquilas y repara mis fuerzas. R.

Me guía por el recto sendero, por amor de su Nombre. Aunque cruce por oscuras quebradas, no temeré ningún mal, porque tú estás conmigo: tu vara y tu bastón me infunden confianza. R.

Tú preparas ante mí una mesa, frente a mis enemigos; unges con óleo mi cabeza y mi copa rebosa. R.

Tu bondad y tu gracia me acompañan a lo largo de mi vida; y habitaré en la Casa del Señor, por muy largo tiempo. R.


II LECTURA

La carta se refiere a la unidad alcanzada entre dos tradiciones: judíos y paganos. Ya no hay distancias entre ellos porque es Cristo quien los acercó. Del mismo modo, hoy Cristo sigue llamando y deseando la unidad de todos sus hermanos, para que, entre todos, podamos construir la paz y un mundo más habitable.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Éfeso 2, 13-18

Hermanos: Ahora, en Cristo Jesús, ustedes, los que antes estaban lejos, han sido acercados por la sangre de Cristo. Porque Cristo es nuestra paz: Él ha unido a los dos pueblos en uno solo, derribando el muro de enemistad que los separaba, y aboliendo en su propia carne la Ley con sus mandamientos y prescripciones. Así creó con los dos pueblos un solo Hombre nuevo en su propia persona, restableciendo la paz, y los reconcilió con Dios en un solo Cuerpo, por medio de la cruz, destruyendo la enemistad en su persona. Y él vino a proclamar la Buena Noticia de la paz, paz para ustedes, que estaban lejos, paz también para aquellos que estaban cerca. Porque por medio de Cristo, todos sin distinción tenemos acceso al Padre, en un mismo Espíritu.

Palabra de Dios.

ALELUYA         Jn 10, 27

Aleluya. “Mis ovejas escuchan mi voz, yo las conozco y ellas me siguen”, dice el Señor. Aleluya.

EVANGELIO

“Estos dos verbos: ‘ver’ y ‘tener compasión’, configuran a Jesús como el buen Pastor. También su compasión no es solo un sentimiento humano, pero es la conmoción del Mesías en la que se hizo carne la ternura de Dios. Y de esta compasión nace el deseo de Jesús de nutrir a la multitud con el pan de su palabra. O sea, enseñar la palabra de Dios a la gente. Jesús ve; Jesús tiene compasión; Jesús enseña. ¡Qué bello es esto!” (Francisco, Angelus, 19 de julio de 2015).

Ì Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos 6, 30-34

Al regresar de su misión, los Apóstoles se reunieron con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado. Él les dijo: “Vengan ustedes solos a un lugar desierto, para descansar un poco”. Porque era tanta la gente que iba y venía, que no tenían tiempo ni para comer. Entonces se fueron solos en la barca a un lugar desierto. Al verlos partir, muchos los reconocieron, y de todas las ciudades acudieron por tierra a aquel lugar y llegaron antes que ellos. Al desembarcar, Jesús vio una gran muchedumbre y se compadeció de ella, porque eran como ovejas sin pastor, y estuvo enseñándoles largo rato.

Palabra del Señor.

MEDITAMOS LA PALABRA DE DIOS.

Nuestra vida es testimonio, queramos o no

Cuando las cosas no van como debieran, tendemos a pensar que la responsabilidad es de los demás. Es una tentación en la que caemos con más frecuencia de lo que nos gustaría. Nos cuesta asumir nuestra parte de responsabilidad, y no digamos de culpa (que no son la misma cosa). Es una de las fragilidades fundamentales del ser humano, tal y como nos recuerda el mito de Adán y Eva (Gn 3): Adán le echa la culpa a Eva (que ya no es “carne de mi carne” sino “la mujer que me diste por compañera”) y Eva le echa la culpa a la serpiente (la cual no tiene coartada).

Eludir responsabilidades es una manifestación más propia del egoísmo: “¿acaso soy yo el guardián de mi hermano?”, replicó a Dios Caín cuando le preguntó por Abel (Gn 4, 9b). Preocuparse por uno mismo no debería significar despreocuparse de los demás.

El cuidado que hacemos (o no hacemos) de nuestra propia vida y de aquellos que dependen de nosotros habla de lo que abunda en nuestro corazón.

Responsabilidad y esperanza

El profeta Jeremías lanza, en nombre de Dios, un duro reproche a “los pastores que pastorean mi Pueblo” porque han hecho dejación de sus responsabilidades. Jeremías se dirige a los gobernantes de Israel cuya negligencia supuso el destierro a Babilonia, destierro que Dios permitió (por eso afirma a la vez “las expulsasteis” y “las expulsé”). Pero Dios no se limita a mirar, sino que actúa. El Pueblo le pertenece a él, no a los gobernantes, por eso le rescatará, le dará pastores fieles y enviará un Mesías, “un vástago legítimo” descendiente de David. David, aquel pastor que Dios hizo rey, que gobernó como lo hará su descendiente: "como rey prudente, hará justicia y derecho en la tierra”.

Las palabras de Jeremías son una advertencia y una llamada a la esperanza. Por medio de ellas Dios sigue recordándonos que somos responsables de los demás, no porque sean de nuestra propiedad, sino porque son nuestros hermanos. Una advertencia que debemos tener muy presente cuando tenemos personas a nuestro cargo (fieles, familiares, empleados, alumnos, enfermos, ciudadanos…). Y una llamada a la esperanza realizada ya en Cristo, en quien Dios mismo se ha hecho nuestro pastor. Jesús es el modelo definitivo para asumir responsabilidades hacia los demás: es el buen pastor, siendo suyas las ovejas nunca le guía otro interés que el bien de ellas y siempre respeta su libertad, aunque ello le cueste la vida (Jn 10, 1-18).

La compasión

Jesús cuida de los apóstoles, a quienes les ha encomendado un importante ministerio. Les procura un tiempo y un lugar para el descanso. Hay mucho trabajo por hacer, pero para ello hay que reponer fuerzas. La motivación última es la compasión: Jesús se compadece de los apóstoles, que vuelven cansados de la misión a la que han sido enviados, y también de la multitud “porque andaban como ovejas sin pastor; y se puso a enseñarles con calma”. No le mueve un voluntarista sentido del deber que le permite mantener la calma, sino la infinita misericordia con que Dios ama. Un equilibrio que sólo es posible estando abierto a la gracia de Dios.

San Pablo nos habla en su carta a los Efesios de cómo Jesucristo ha derribado la separación entre dos pueblos: se refiere a la diferencia que los judíos establecían entre ellos y el resto de los pueblos (los gentiles). En este pasaje insiste varias veces en la transformación obrada por Jesucristo: ha sustituido el odio por la paz dando origen a un único rebaño.

La resonancia en el Evangelio de la profecía de Ezequiel es clara: Jesús es el Mesías prometido por Dios que reúne a las ovejas dispersas. Ya no se trata de una dispersión meramente geográfica, sino de la vuelta al Padre, que no quiere que se pierda ni una sola de ellas.

ESTUDIO BÍBLICO.

Jesucristo, Pastor y Salvador en la justicia

I Lectura: Jeremías (23,1-6): El pastor de la unidad

I.1. La primera lectura del profeta Jeremías es uno de los pasajes que se refieren a la casa de Judá, a la que profeta juzga, pero a la que promete un tiempo ideal, en que al pueblo dispersado, maltrecho y sin esperanza se le promete unos pastores que reúnan de nuevo al pueblo. Lo que más llama la atención son los vv. 5-6 pues todo se concreta en una persona, en un pastor, a lo que antes se ha insinuado. ¿Se trata de un texto mesiánico? Discuten los autores, porque consideran que es un añadido a los vv. 1-4. Pero lo que debemos considerar es que Dios mismo interviene en medio de su pueblo, valiéndose de nuevos y mejores pastores, y más concretamente de un pastor que restaure la unidad de Judá y de Israel.

I.2. Eso no se consiguió nunca si lo entendiéramos en un sentido histórico estricto; pero si tenemos en cuenta un valor simbólico que va más allá del nacionalismo de Judá y de Israel, se propone un pastor, un rey, que con cualidades éticas (no estrictamente políticas, ni guerreras), traiga la justicia y el derecho, que son los ideales de un buen rey de Oriente y de todas las naciones. Se habla de salvación y de paz, porque la verdadera salvación se fundamenta en la paz y la justicia. Reinará con sabiduría y le darán un nombre, ya que darle un nombre a alguien significa reconocer lo que ha hecho; es como un oficio bien aprendido y vivido con vocación singular. Ese nombre es «El Señor nuestra salvación». Es decir, lo que algo esa persona idílica tiene que estar en relación con el Dios que salva. Así quedamos emplazados para ver en Jesucristo este proyecto misterioso del oráculo. Porque no olvidemos que él ha de llevar el nombre de “Jeshua”: Dios salva, es mi salvación.

II Lectura: Efesios (2,13-18): Él es nuestra paz

II.1. La segunda lectura, de Efesios, nos ofrece también una verdadera teología de la paz. Incluso se hace una de las afirmaciones teológicas más impresionantes del NT: El, es nuestra paz. El primer efecto de la pacificación (aquí entre judíos y paganos), no es primeramente entre ellos mismos, sino de toda la humanidad con Dios (vv. 13-18), como muerte de la enemistad, acercamiento a Dios, reconciliación con El, evangelización de la paz. Independientemente de la forma literaria del texto, para algunos es un himno sobre la pacificación de la humanidad. Por eso el v. 14 comienza de una forma enfática, refiriéndose a Cristo, “él es nuestra paz” (ipse est pax nostra, como traduce la Vulgata). ¿Por qué? Porque ha hecho de los dos pueblos uno. Se refiere a judíos y paganos que era, entonces, la división abismal e irreconciliable para la teología ortodoxa judía.

II.2. ¿Qué ha hecho Jesucristo para ello? De entre estos términos, el más expresivo es el de «reconciliación», puesto que revela uno de los temas más expresivos de San Pablo (cf 2Cor 5,18-20; Rom 5,10-11; 11,15; Col 1,20-22), aunque no podamos decir que sea eje de su teología. Con ello se presenta la obra de Cristo como una restauración de las relaciones amistosas entre Dios y el hombre rotas por el pecado. El fruto de la reconciliación es la paz y la amistad. La reconciliación es un proceso objetivo y real, antes de toda colaboración del hombre creado por Dios. Es Cristo mismo el signo y la realidad de esa reconciliación de Dios y la humanidad. El autor de Efesios quiere poner de manifiesto que el don de la paz es un don de Dios y ese don es Cristo mismo, porque gracias a El todos los hombres, en todas las culturas y religiones pueden vivir en paz. Si no es así, no es por exigencia del Dios de Jesús, sino porque los hombres se niega a la misma paz.

Evangelio: Marcos (6,30-34): Sedientos de su palabra

III.1. Este es un relato de transición, propio del redactor del evangelio de Marcos, que quiere preparar la primera multiplicación de los panes. Los Doce (aquí les llama apóstoles) vuelven de su misión, contentos de lo que han dicho y han hecho. Ya sabemos que lo que han dicho tiene que referirse a las cosas que Jesús les ha enseñado y que se centran en el anuncio de la llegada el reino de Dios. Lo que han hecho es liberar a las gentes de sus males, como han visto hacer a Jesús. En ese momento, por el desgaste que ello significa, Jesús quiere compartir con ellos en un lugar solitario pero, de pronto, aparece la multitud y deben marchar en una barca. La experiencia de la travesía, para quien la haya hecho, sabemos que es verdaderamente restauradora. Pero la escena nos asoma casi de inmediato de nuevo a la multitud que está sedienta y ansiosa de esta experiencia que los Doce tienen con Jesús.

III.2. Considero que el redactor de nuestro evangelio está jugando, simbólicamente, con este contraste entre la suerte de los discípulos que puede gozar a la paz de la palabra de Jesús (aunque bien es verdad que después de desgastarse en el anuncio del reino) y la necesidad que tiene la multitud de esta palabra. Todo esto es para mostrarnos que, tras la travesía restauradora, Jesús tiene compasión de la multitud porque la ve como ovejas sin pastor (cf Num 27,17). Ahora Jesús ha “restaurado” a los suyos, que tienen que volver, cuando sea, a la itinerancia para anunciar de nuevo el reino. Y entonces ve a la multitud y ya no puede huir, tiene que entregarles su palabra, su persona, como se la ha entregado a los discípulos. Jesús se nos presenta como cumpliendo un anhelo y un deseo que muchas veces en el AT hacía referencia al pueblo que estaba siendo defraudado por sus jefes e incluso por los que tenían una responsabilidad más religiosa: eran como ovejas sin pastor y sin guía (cf Num 27,17; 1Re 22,17; Ez 34,5; 2Cro 18,16; Jud 11,19).

III.3. El evangelio, por otra parte, nos muestra el hambre que tenía la gente de escuchar un mensaje de salvación y de gracia, el que Jesús ofrecía por todas las aldeas y pueblos de Galilea, a lo que habían contribuido también sus discípulos, enviados para llegar a donde no podía llegar él. Es sintomático cómo el texto busca un lugar solitario para gustar más profundamente esta experiencia de la misión, ya que muchos iban y venían, sin dejarles personalizar esta experiencia. Pero al final, al desembarcar de nuevo en la orilla del lago, el texto nos muestra que Jesús ve a la gente con tal anhelo de escucharle, que la compasión del pastor puede más en su corazón. Sin duda que habría gente dirigida por alguna sintonía populista, como sucede con todos los fenómenos sociales y religiosos; pero en medio de todo Jesús detecta la falta de orientación y la necesidad de salvación de los abandonados. De esa manera, por medio de nuevos pastores, se cumple con más o menos precisión el texto de Jr 23,1-6: por una parte los pastores, los apóstoles; por otra el pastor, el nuevo rey, del que parte el mensaje fundamental del reino. De esa manera se explica maravillosamente la continuación de la narración del evangelio con la primera multiplicación de los panes, que es un relato que se introduce con esta actitud de Jesús al compadecerse de la multitud. (Fray Miguel de Burgos Núñez, O. P.).

domingo, 15 de julio de 2018

DOMINGO 15º DEL TIEMPO ORDINARIO


“Los fue enviando de dos en dos”

Sin un propósito, que sirva para fijar el rumbo, nuestra vida se vuelve vacía de sentido. La propia vocación, el sentido de misión da sentido a la vida de cada persona. Para ella nos formamos, ponemos todo lo mejor de nosotros mismos al servicio de esa llamada personal.

La misión fija también el rumbo de nuestra vida cristiana, la llena de sentido y la plenifica. También para esta misión nos preparamos en el encuentro con Aquel que nos envía, aprendiendo a mirar la vida como la mira Él, para poder ser sus testigos en medio del mundo.

DIOS NOS HABLA. ESCUCHAMOS SU PALABRA.

I LECTURA

Amós no tiene ninguna institución ni estructura que legitime su profecía. No viene de familia de profetas ni tiene rango sacerdotal. Él es un campesino llamado por Dios, y este llamado personal es el único fundamento de su misión. ¿Quién le creerá? El profeta, libre y sostenido por el Señor, predica allí donde él lo llama.

Lectura de la profecía de Amós 7, 12-15

Amasías, el sacerdote de Betel, dijo a Amós: “Vete de aquí, vidente, refúgiate en el país de Judá, gánate allí la vida y profetiza allí. Pero no vuelvas a profetizar en Betel, porque este es un santuario del rey, un templo del reino”. Amós respondió a Amasías: “Yo no soy profeta, ni hijo de profetas, sino pastor y cultivador de sicómoros; pero el Señor me sacó de detrás del rebaño y me dijo: ‘Ve a profetizar a mi pueblo Israel’”.
Palabra de Dios.

Salmo 84, 9ab. 10-14

R. Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación.

Voy a proclamar lo que dice el Señor: el Señor promete la paz para su pueblo y sus amigos. Su salvación está muy cerca de sus fieles, y la Gloria habitará en nuestra tierra. R.

El Amor y la Verdad se encontrarán, la Justicia y la Paz se abrazarán; la Verdad brotará de la tierra y la Justicia mirará desde el cielo. R.

El mismo Señor nos dará sus bienes y nuestra tierra producirá sus frutos. La Justicia irá delante de él, y la Paz, sobre la huella de sus pasos. R.

II LECTURA

Este himno canta la maravillosa obra que Dios, con su amor, ha hecho en nosotros. Es un poema que nos invita a meditar y saborear cada uno de esos verbos que describen la acción de Dios: nos bendijo, nos eligió, nos llamó a ser santos y nos dio su gracia. Sólo podemos unir nuestro corazón a esta alabanza de todos los creyentes.  

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Éfeso 1, 3-14

Bendito sea Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en Cristo con toda clase de bienes espirituales en el cielo, y nos ha elegido en él, antes de la creación del mundo, para que fuéramos santos e irreprochables en su presencia, por el amor. Él nos predestinó a ser sus hijos adoptivos por medio de Jesucristo, conforme al beneplácito de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia, que nos dio en su Hijo muy querido. En él hemos sido redimidos por su sangre y hemos recibido el perdón de los pecados, según la riqueza de su gracia, que Dios derramó sobre nosotros, dándonos toda sabiduría y entendimiento. Él nos hizo conocer el misterio de su voluntad, conforme al designio misericordioso que estableció de antemano en Cristo, para que se cumpliera en la plenitud de los tiempos: reunir todas las cosas, las del cielo y las de la tierra, bajo una sola Cabeza, que es Cristo. En él hemos sido constituidos herederos, y destinados de antemano –según el previo designio del que realiza todas las cosas conforme a su voluntad– a ser aquellos que han puesto su esperanza en Cristo, para alabanza de su gloria. En él, ustedes, los que escucharon la Palabra de la verdad, la Buena Noticia de la salvación, y creyeron en ella, también han sido marcados con un sello por el Espíritu Santo prometido. Ese Espíritu es el anticipo de nuestra herencia y prepara la redención del pueblo que Dios adquirió para sí, para alabanza de su gloria.
Palabra de Dios.

ALELUYA         Cf. Ef 1, 17-18

Aleluya. El Padre de nuestro Señor Jesucristo ilumine nuestros corazones, para que podamos valorar la esperanza a la que hemos sido llamados. Aleluya.

EVANGELIO

La forma en que Jesús envía a los Doce parece fuera de toda previsión humana. Y, por eso, nos lleva a preguntarnos y a revisar nuestra acción como Iglesia en misión. ¿Confiamos en la obra del Espíritu Santo, o esperamos que todo funcione por nuestra eficiencia? Nuestros recursos, pocos o muchos, no son los que nos aseguran el “éxito”. Misionamos bajo el soplo del Espíritu que nos llevará allí donde atormentados y enfermos esperan la Buena Noticia.

Ì Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos 6, 7-13

Jesús llamó a los Doce y los envió de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus impuros. Y les ordenó que no llevaran para el camino más que un bastón; ni pan, ni provisiones, ni dinero; que fueran calzados con sandalias y que no tuvieran dos túnicas. Les dijo: “Permanezcan en la casa donde les den alojamiento hasta el momento de partir. Si no los reciben en un lugar y la gente no los escucha, al salir de allí, sacudan hasta el polvo de sus pies, en testimonio contra ellos”. Entonces fueron a predicar, exhortando a la conversión; expulsaron a muchos demonios y sanaron a numerosos enfermos, ungiéndolos con óleo.
Palabra del Señor.

MEDITAMOS LA PALABRA DE DIOS.

Llamados y enviados

El evangelio de hoy es uno de esos textos bien conocidos para todos los creyentes: Jesús llama a los doce y los envía a predicar de dos en dos. Ellos, nos dice el texto, salieron a predicar la conversión, echaban muchos demonios, ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban. Un texto breve que recoge, sin embargo, todo lo que significa la vida de un discípulo: llamado y enviado, con una misión concreta y desde una experiencia muy determinada. Parémonos un momento a ver en detalle lo que esto significa, al hilo de las lecturas de este domingo, que nos dibujan un perfil muy claro de lo que es la vida del discípulo.

Volvamos nuestra mirada en primer lugar al profeta Amós, que en la primera de las lecturas se nos presenta como antecedente de lo que significa ser elegido y enviado por Dios para una misión: es un hombre corriente: “no soy profeta ni hijo de profeta, sino pastor y cultivador de higos”; elegido por Dios para vivir de otra manera: “el Señor me sacó de junto al rebaño”; al que se le encomienda una misión: “Ve y profetiza a mi pueblo Israel”. El profeta se nos presenta siempre como alguien que ha tenido una experiencia de Dios, que ha recibido la revelación de su santidad y de sus deseos, que juzga el presente y ve el futuro a la luz de Dios y que es enviado por Dios para recordar a los hombres sus exigencias y llevarlos por la senda de la obediencia y de su amor. La vocación profética es “irresistible”: “Habla el Señor, ¿quién no profetizará?” (Am 3,8), es una pasión que nace de la escucha de la Palabra y el encuentro con Dios, de la experiencia misma de haberse sentido mirado, llamado por su nombre, reconocido por la mirada de un Dios que quiere comunicarse al género humano a través de palabras humanas, de sus elegidos. Dios tiene la iniciativa y sale al encuentro del hombre para darle una misión que le configura. Es más que una tarea, es una nueva identidad que afecta a toda la persona del profeta.

La segunda lectura de este domingo, de la carta a los Efesios nos adentra en esa nueva identidad que nos es revelada en el encuentro con Dios, por la cual este himno litúrgico da gracias. El discípulo, que se expresa en este himno en tono de alabanza, nos está narrando en realidad su propia experiencia de encuentro con Dios a través de Jesús: se siente “bendecido en Cristo con toda clase de bienes espirituales y celestiales”; “elegido en la persona de Cristo“ para ser consagrados, partícipes de la santidad de Dios, e irreprochables ante él por el amor; “destinados a ser sus hijos”, hijos de Dios, reflejo se su gloria, herederos de sus bendiciones, llenos de gracia, como se sintió María. Por si esto fuera poco, el discípulo que nos habla proclama que “el tesoro de su sabiduría y prudencia ha sido un derroche para con nosotros dándonos a conocer el Misterio de su Voluntad” que no es otro que la plenitud del Reino: “recapitular en Cristo todas las cosas del cielo y de la tierra”. Y es interesante contemplar a este discípulo que así habla, porque nos está mostrando cuál es la experiencia que está en la raíz vital de quien acepta un envío como el del evangelio: es alguien que se vive a sí mismo como bendecido, elegido, hijo del Padre, lleno de gracia, sabio en la sabiduría de Dios. Sólo hombres y mujeres que viven una experiencia así, tan densa, tan transformadora, tan gozosa, pueden, como el profeta, afrontar una misión que les coloca radicalmente enfrente de los modelos al uso en aquella sociedad que les toca vivir. Sólo una pasión que nace de esta experiencia nos puede llevar hoy a vivir y predicar el contracultural mensaje del evangelio. Cuando la pasión del encuentro transformador con Jesús se apaga, la misión languidece, o se convierte en una simple tarea.

Jesús, volvemos al evangelio, llama a los doce, toma la iniciativa y al tiempo nos regala la libertad de sabernos “sacados de junto al rebaño”, de la simple cotidianeidad de las cosas, como el profeta, y nos envía. Esta experiencia doble de llamada y envío es fundamental para el discípulo, porque revela que nuestra misión es eclesial, no un asunto privado, y por ello la vivimos en comunión, “de dos en dos”, en comunidad, junto con otros, sabiéndonos copartícipes de la misión de todos los discípulos. El texto nos subraya algunos elementos de la misión que nos resultan muy significativos en este momento de la Iglesia: salir al camino, sin alforjas, sin dinero, pero con sandalias y cayado, para poder resistir el desgaste del camino: Iglesia en salida, en camino, pobre, desinstalada, libre de ataduras, en definitiva, para poder servir al evangelio. Itinerantes, porque hay en el enviado una pasión, una ineludible necesidad de ir siempre más allá, al encuentro de quienes viven en la oscuridad, porque la luz siempre es expansiva, difícil de encerrar, de frenar en su vocación de iluminar. Conscientes de que no siempre seremos bien recibidos.

Anunciamos así, con palabras y gestos de liberación el plan de Dios para sus hijos: que tengan vida y vida en abundancia. La verdad experimentada, rumiada, saboreada, se hace más fuerte que nosotros mismos y no podemos callarla.


ESTUDIO BÍBLICO.

La misión como vocación de ser discípulo

I Lectura. Amós (7,12-15): La palabra de Dios es el pan del profeta

I.1. La lectura del profeta Amós es toda una revelación de su vocación y de su misión. Este relato forma parte de un texto biográfico que marca las diferencias en un libro que están muy preñado de visiones y revelaciones (7,10-17). La llamada de un profeta verdadero siempre provoca admiración y desconcierto. Amós era un hombre de pueblo de Tecua en el reino de Judá, al sur de Jerusalén, que fue enviado por Dios al reino de norte, en el momento de mayor esplendor de Samaría, su capital, pero precisamente cuando más injusticias y tropelías podían constatarse. Porque la historia nos demuestra que en esas situaciones los egoísmos y el afán de poder y dinero de unos pocos prevalece sobre la situación límite de los pobres y la viudas. Amós se presenta en la ciudad de Betel, santuario real del reino de Israel, en el que el sacerdote Amasías le reprocha que venga a poner malos corazones y a juzgar a la monarquía, la corte entera y los oficios sagrados de los sacerdotes del santuario. Amasías tenía a sus profetas o teólogos oficiales ya amaestrados para decir y agorar lo que él quería.

I.2. Amós, sin embargo, no es un profeta de ese estilo; él ha sido llamado por Dios, le ha hecho abandonar sus campos y su rebaño, para ir a anunciar la Palabra de Dios. Por eso Amós se defiende con que “no es profeta ni hijo de profeta”; quiere decir que no es profeta de los que dicen lo que los poderosos quieren que se diga, para que el pueblo acate sus decisiones. Amós es un profeta verdadero que no puede callar la verdad de Dios. El verdadero profeta no tiene miedo a los reyes ni a los que detentan la ortodoxia religiosa. En esa escena de Betel (7,10-17), este campesino, bien cultivador de sicómoros o bien pastor de ganado bovino, no ha de dar tregua a las injusticias que se quiere legalizar de una forma religiosa. El profeta no trabaja por ganar de comer, porque quien así lo hiciera revelaría un interés de falso profeta. El verdadero pan del profeta verdadero es la “palabra de Dios”. Incluso Amós tiene que salir de su territorio, Judá, para ir al de Israel y anunciar allí ese pan de la palabra viva de Dios que debe quemar la conciencia de los instalados. El verdadero profeta pasa hambre de pan, con tal de anunciar la palabra de Dios.

II Lectura: Efesios (1,3-14): Dios nos "mira" desde su Hijo

II.1. Aunque se proclame en nuestra lectura que esta carta es de San Pablo, la opinión más extendida hoy, aunque no sea general, es que es un escrito posterior de la escuela paulina. Es un escrito de una gran densidad teológica; una especie de circular para las comunidades cristianas de Asia Menor, cuya capital era Éfeso. En realidad lo que hoy nos toca leer de esta lectura es el famoso himno con el que casi se abre la epístola. Es un himno o eulogía (alabanza), a Dios, probablemente de origen bautismal, como sucede con muchos himnos del NT; desde luego ha nacido en la liturgia de las comunidades cristianas. Su autor, como Pablo hizo con Flp 2,5-11, lo ha incardinado a su escrito por la fuerza que tiene y porque no encontró ostras palabras mejores para alabar a Dios.

II.2. Se necesitarían un análisis exegético de más alcance para poder decir algo sustancial de esta pieza liturgia cristiana. Es curioso que estamos ante un himno que es como una sola frase, de principio a fin, aunque con su ritmo literario y su estética teología. Canta la exuberante gracia que Dios ha derramado, por Cristo, en sus elegidos. Vemos que, propiamente hablando, Dios es el sujeto de todas las acciones: elección, liberación, redención, recapitulación, predestinación a ser hijos. Es verdad, son fórmulas teológicas de cuño litúrgico las que nos describe este misterio. Pero todo esto acontece en Cristo, en quien tenemos la gracia y el perdón de los pecados. Y por medio de Él recibimos la herencia prometida. Y en cristo hemos sido marcados con el sello del Espíritu hasta llegar a experimentar la mismo gloria de Dios en los tiempos finales.

II.3. ¿Qué podemos retener del mismo? Entre las muchas posibilidades de lectura podríamos fijarnos en lo que sigue: que Dios, desde siempre, nos ha contemplado a nosotros, desde su Hijo. Dios mira a la humanidad desde su Hijo y por eso no nos ha condenado, ni nos condenará jamás a la ignominia. El es un Dios de gracia y de amor. La teología de la gracia es, pues, una de las claves de comprensión de este himno. Sin la gracia de Dios no podemos tener la verdadera experiencia de ser hijos de Dios. El himno define la acción amorosa de Dios como una acción en favor de todos los hombres. Estamos, pues, predestinados a ser hijos. Este es el “misterio” que quiere cantar esta alabanza a Dios. Se canta por eso; se da gracias por ello: ser hijos es lo contrario de ser esclavos, de ser una cifra o un número del universo. Este es el efecto de la elección y de la redención “en Cristo”.

Evangelio: Marcos (6,7-13): El evangelismo itinerante

III.1. El evangelio de Marcos es una de esas piezas evangélicas que más han dado que hablar. Se trata del envío a la misión de los Doce discípulos que Jesús se había escogido (cf Mc 3,13-19). Es una misión en itinerancia, ya que el reino de Dios que deben anunciar y que Jesús está haciendo presente debe tener un carácter de peregrinación. Se ha dicho que las condiciones espartanas de este envío han sido cultivadas por los discípulos itinerantes que tuvieron que ser rechazados en muchos lugares del judaísmo. Incluso se ha pensado que para entender estas condiciones se han tenido en cuenta unas condiciones que la Mishná (libro que recoge en el s. II d. C. la enseñanzas de los rabinos) establece para la peregrinación al templo cuando todavía existía. La diferencia es que Jesús propone que se lleve bastón y sandalias, a diferencia de lo que se exige para peregrinar al templo de Jerusalén (de hecho están ausentes en el texto de Mt 10,10; Lc 9,3; 10,4). Y es que los discípulos cristianos no van a un lugar santo, sino que deben llevar un bastón para andar por todos los caminos del mundo y unas sandalias para que no se destrocen los pies.

III.2. La peregrinación cristiana, pues, es al mundo entero, a donde viven los hombres, para que conozcan el mensaje de salvación que Jesús ha traído para todos los hombres sin excepción. Los elementos más negativos, probablemente, se han podido añadir después en el mundo de los “carismáticos itinerantes” que eran rechazados por los círculos y comunidades judías o judeo-cristianas más estabilizadas. Pero el sentido genuino de las palabras de Jesús debemos valorarlo en su alcance positivo y universal. Es verdad que nos encontramos ante lo que parece un programa de crítica radical de la sociedad. Algunos han visto en estas palabras una especie de oposición entre itinerantes y sedentarios; entre carismáticos ambulantes y simpatizantes locales. No debemos cerrar los ojos a estas tensiones, pero también es verdad que el movimiento de Jesús, donde estas palabras encontraron su climax, hasta transformarlas y adaptarlas, muestran la relación entre el reino de Dios que Jesús había predicado y las opciones apocalípticas y escatológicas de algunos grupos del cristianismo primitivo. ¿Siguen teniendo valor en nuestro mundo y en nuestra cultura? ¡Claro! El valor que Jesús les dio: que el reino llegaba y la mejor manera para los suyos era un “desapego” de las cosas del mundo que no eran necesarias.

III.3. El mundo de los pobres, de los desapegados, de los “contraculturales” es algo que no podemos perder de vista en la lectura de este texto evangélico, sobre palabras de Jesús, para no entender el reino de Dios a la manera en que los hombres entienden el poder del dinero y de la efectividad. Algunos autores modernos, en la lectura de un texto como este, han recurrido a la comparación con el grupo itinerante de los “cínicos” en el mundo griego. Pero consideramos que no se debe exagerar la comparación. Los itinerantes del reino tienen otra identidad, sin duda. El radicalismo con que están formuladas estas palabras tiene acogida de muchas formas y de muchas maneras. Algunos hablan de los desarraigados sociales y de que el evangelio solamente puede vivirse desde ahí. Pero ¿no es posible “desarraigarse” sin tener que abandonar casa, familia y hogar? Desde luego que sí. El evangelio es para todos y el reino es para todos. Pero debemos aceptar que hay personas que esto no lo pueden entender sin un “desarraigo” más alternativo. Es, no una cuestión de estética, sino de conciencia personal y de libre opción en la manera de vivir el ser discípulos de Jesús.

III.4. Construir una “comunidad” sobre esta itinerancia es una de las claves de los seguidores de Jesús. El fue un itinerante que proclamaba el reino en aldeas y pueblos. La itinerancia habla en favor de algo nuevo, de algo no estable para siempre. El reino al que Jesús dedica todas sus fuerzas exige una libertad soberana que va más allá de lo que las personas normales pueden vivir. Por eso mismo no sería acertado decir que el “movimiento del reino” –como un famoso exegeta llama a los seguidores de Jesús, lo que me parece muy en consonancia con lo que Jesús predicó-, es algo semejante al movimiento “cínico”. Jesús pudo conocerlo en la Galilea urbana, en Séforis, la capital antes de su destrucción, más aún los que se consideraron de este “movimiento del reino”. Lo que sucede es que la historia social y antropológica muestra unas coincidencias a veces sorprendentes. Querer entender este evangelio de la “radicalidad” desde las claves de movimiento cínico no es pertinente. En el cristianismo primitivo hubo, sin duda, distintas corrientes y algunas ideas se apoderaron de las palabras de Jesús y las aplicaron a rajatabla. Pero el evangelismo verdadero no es interpretar a rajatabla, al pie de la letra o de forma fundamentalista, todas las expresiones.

III.5. ¿Enseña nuestro texto eso de “la felicidad por la libertad”? Desde luego que sí. Entonces algunos dirán que eso mismo era lo que pretendían los cínicos. Pero no se debe olvidar que el cristianismo verdadero no se resuelve solamente desde esta ética radical del desarraigo y el desapego. Lo más importante y decisivo es el amor, incluso a los enemigos, por muy alternativos que seamos. Jesús era un profeta con todo lo que esto significa en el mundo bíblico. Y desde luego debemos ser libres de verdad y esto es lo que Jesús inculca a los suyos. Debemos ser libres de verdad de las cosas que nos atan a este mundo. Pero el reino no se puede construir solamente desde el desarraigo alternativo y menos si este desarraigo llevara a burlarse de las costumbres y los convencionalismos de los otros (como hacían los cínicos). El reino se construye en la libertad personal y comunitaria, pero mucho más todavía sobre la misericordia y el amor a los otros en sus debilidades. (Fray Miguel de Burgos Núñez, O. P.).


domingo, 8 de julio de 2018

DOMINGO 14 DEL TIEMPO ORDINARIO


“Se extrañó de su falta de fe”

A lo largo de sus tres años de vida pública, Jesús no va consiguiendo que su evangelio del Reino de Dios sea admitido por el pueblo judío. Tampoco por sus paisanos de Nazaret. En efecto, Jesús no vuelve a su pueblo para hacer una visita a su familia y a sus compatriotas, sino para revelarles el evangelio que trae de parte de Dios. La compañía de discípulos le avala como un «maestro», como un “rabí”. La fama de Jesús como sanador y hacedor de milagros era conocida por los nazarenos. Así que las cinco preguntas que se hacen sus antiguos vecinos acerca del origen humilde de su familia, de su oficio como obrero de la construcción y de no haber sido discípulo de ningún doctor de la ley no están encaminadas a desacreditar su brillantez como maestro –que es como se ha interpretado siempre esta escena–. Casi con toda seguridad el rechazo de sus paisanos al mensaje de Jesús en la sinagoga de Nazaret fue debido a las cosas tan novedosas y revolucionarias que dijo: el Reino de Dios condensado en las Bienaventuranzas. Esto no encajaba con las creencias de la tradición familiar y con las del pueblo, que esperaban un mesías político y salvador del yugo imperial de los romanos. Por eso se asombraron, "estaban fuera de sí", se escandalizaron y se indignaron ante el discurso de Jesús. El Nazareno contesta al rechazo de sus paisanos con un dicho sobre los profetas, cuyos mensajes siempre fueron críticos con los gobernantes y con la vida de los judíos, como vemos en la primera lectura del profeta Ezequiel. "Ningún profeta es bien recibido entre los suyos" (Jer 11,21). La incredulidad y la hostilidad contra Jesús y contra los profetas provienen, pues, de lo crítico y de lo incómodo que resulta su mensaje. Por la misma razón, Jesús no hizo milagros entre sus paisanos, porque el fin de sus milagros no era demostrar el poder portentoso que tenía, su omnipotencia, para así poder acreditar sus palabras –aunque este el sentido con el que han sido entendidos y predicados los milagros desde la comunidad primitiva (cf. Hech 2,22) y por toda la tradición milenaria cristiana–. Los milagros que realizó Jesús eran expresión del Reino de compasión y de misericordia con el dolor de las personas. Por eso resultaban un escándalo para quienes rechazaban ese Reino de Dios. No es extraño que todas esas actitudes de los judíos y de los vecinos de Nazaret llegaran a producir el asombro de Jesús ante el rechazo de la nueva vida que él mostraba y predicaba.

     La mención de los discípulos al principio del relato tiene una gran importancia porque sirve de contraste con la actitud de rechazo de los nazarenos. Se dice que seguían a Jesús. En Marcos, el seguimiento no tiene principalmente el sentido físico de ir detrás, sino que fundamentalmente se refiere a que trataban de identificar su vida con la de Jesús (cf. Mc 2,15; 10,32; 15,41). Por ello, en Nazaret los discípulos aprendieron una lección muy importante de cómo iba a ser en el futuro la aceptación de su predicación sobre el Reino de Dios.

DIOS NOS HABLA. ESCUCHAMOS SU PALABRA.

I LECTURA

El profeta debe dirigirse a sus compatriotas. Y esta suele ser la misión más difícil, pues debe lograr que los más cercanos lo escuchen. También nosotros hoy, profetas y profetisas por el Bautismo, sufrimos cuando somos rechazados por nuestro entorno y la gente más allegada. Pero allí el Espíritu Santo nos sostiene en nuestra vocación.

Lectura de la profecía de Ezequiel 2, 2-5

Un espíritu entró en mí y me hizo permanecer de pie, y yo escuché al que me hablaba. Él me dijo: Hijo de hombre, yo te envío a los israelitas, a un pueblo de rebeldes que se han rebelado contra mí; ellos y sus padres se han sublevado contra mí hasta el día de hoy. Son hombres obstinados y de corazón endurecido aquellos a los que yo te envío, para que les digas: “Así habla el Señor”. Y sea que escuchen o se nieguen a hacerlo –porque son un pueblo rebelde– sabrán que hay un profeta en medio de ellos.

Palabra de Dios.
Salmo 122, 1-4

R. Levanto mis ojos hacia ti, que habitas en el cielo. R.

Nuestros ojos miran al Señor,
hasta que se apiade de nosotros.

Como los ojos de los servidores están fijos en las manos de su señor y los ojos de la servidora en las manos de su dueña: así miran nuestros ojos al Señor, nuestro Dios, hasta que se apiade de nosotros. R.

¡Ten piedad, Señor, ten piedad de nosotros, porque estamos hartos de desprecios! Nuestra alma está saturada de la burla de los arrogantes, del desprecio de los orgullosos. R.

II LECTURA

No sabemos cuál era este “aguijón en la carne” que sufría san Pablo, pero sí que supo llevar su debilidad de modo tal que en ese lugar, se manifestara la grandeza de Dios. Allí donde nuestra capacidad humana flaquea, se hace presente con poder la gracia de Dios.

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Corinto 12, 7-10

Hermanos: Para que la grandeza de las revelaciones no me envanezca, tengo una espina clavada en mi carne, un ángel de Satanás que me hiere. Tres veces pedí al Señor que me librara, pero él me respondió: “Te basta mi gracia, porque mi poder triunfa en la debilidad”. Más bien, me gloriaré de todo corazón en mi debilidad, para que resida en mí el poder de Cristo. Por eso, me complazco en mis debilidades, en los oprobios, en las privaciones, en las persecuciones y en las angustias soportadas por amor de Cristo; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte.
Palabra de Dios.

ALELUYA         Cf. Lc 4, 18

Aleluya. El Espíritu del Señor está sobre mí; él me envió a llevar la Buena Noticia a los pobres. Aleluya.

EVANGELIO

Jesús sufrió el rechazo en su propio pueblo natal. Y con esto, deja señalado el camino para la Iglesia profética, una Iglesia que no debe dejar de anunciar la Buena Noticia y de realizar las obras del Reino, a pesar de la obstinación y el rechazo que pueda encontrar en la sociedad. La Iglesia profética está al servicio del Evangelio y del pueblo, y busca siempre llegar a aquellos que esperan sanación y vida nueva.

Ì Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos 6, 1-6a

Jesús se dirigió a su pueblo, seguido de sus discípulos. Cuando llegó el sábado, comenzó a enseñar en la sinagoga, y la multitud que lo escuchaba estaba asombrada y decía: “¿De dónde saca todo esto? ¿Qué sabiduría es esa que le ha sido dada y esos grandes milagros que se realizan por sus manos? ¿No es acaso el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago, de José, de Judas y de Simón? ¿Y sus hermanas no viven aquí entre nosotros?”. Y Jesús era para ellos un motivo de escándalo. Por eso les dijo: “Un profeta es despreciado solamente en su pueblo, en su familia y en su casa”. Y no pudo hacer allí ningún milagro, fuera de sanar a unos pocos enfermos, imponiéndoles las manos. Y él se asombraba de su falta de fe.
Palabra del Señor.


MEDITAMOS LA PALABRA DE DIOS. 

Repetimos que la fe en Jesús es el tema central del evangelio de hoy. Pero ¿en qué consiste la fe en Jesús?

La vida del viviente humano –y su anverso, la muerte– no es monolítica, indiferenciada y uniforme, como si fuera una especie de magma o de sopa, sino que se ramifica en grandes y diferenciados ámbitos vitales. ¿Cuántos son esos ámbitos vitales humanos diferentes que componen la vida humana? Muchos, pero, para entender lo que significa tener fe en Jesús, nos es suficiente una nuestra de ocho, a los que podemos denominar respectivamente ámbitos de vida biopsíquica, de vida del conocimiento, de vida económica, de vida estética, de vida ética, de vida lúdica, de vida religiosa y de vida sociopolítica.

Pues bien, a lo largo de los siglos, la fe y la incredulidad han sido reducidas al ámbito vital del conocimiento. "Fe es creer lo que no vimos, lo que no conocemos directamente por nuestros sentidos". La fe en Jesús ha sido considerada como una virtud teologal exclusivamente del conocer. Esta reducción milenaria de la fe en Jesús a un único ámbito de la vida humana sigue siendo un error que ha tenido consecuencias nefastas. Nuestras relaciones con Jesús lo son con todas las vitalidades de nuestra existencia y las de la suya. Jesús es para los cristianos el ejemplar supremo de vida entera. Toda nuestra vida queda enlazada con Jesús en toda su extensión y variedad. Mejor que fe, sería más acertado llamarlo proceso de identificación de nuestra vida con la de Jesús; o lo que hoy se entiende por "seguimiento", siempre que se conciba que este seguimiento es en todas nuestras vitalidades.

¿Por qué nos adherimos a Jesús en uno, en varios o en todos los ámbitos de nuestra vida? Porque nos ha seducido algo, bastante, mucho o muchísimo; ha salido a nuestro encuentro, nos ha atrapado algo, bastante, mucho o muchísimo y nos mantiene en su círculo de vida ¿Cómo hubiera sido y sería nuestra vida entera si esta adhesión a Jesús no fuera en uno, en dos o en tres ámbitos de nuestra vida, sino en todos los ocho que hemos señalado?

Las ocho vitalidades humanas se desarrollan por medio de la acción, del actuar. Es un absurdo plantearse si la fe ha de ir acompañada de obras. La unión de Jesús con los cristianos despierta conjuntos de acciones diferentes de todos los ámbitos de nuestra vida. Estos conjuntos de acciones dependen en gran medida de la implicación que tenga Jesús en nuestra vida y de la adhesión de la nuestra a la suya. La implicación de Jesús en todos los ámbitos de nuestra vida fue clara desde el principio. El ángel anunció a María que iba a concebir un hijo a quien pondría por nombre Jesús, cuyo nombre significa el Salvador (Mt 1,21). La salvación que viene de Jesús abarca todas nuestras vitalidades. Estuvo decididamente implicado hasta la muerte en mejorar todos los ámbitos deteriorados de la vida humana. Los pecados son al fin y al cabo inhumanidades, y Jesús dio muestras abundantes de dedicarse como cometido principal de su vida a eliminar todas las clases de inhumanidades que sufren las personas. Esta es, por supuesto, la voluntad de nuestro Padre Dios. Alrededor de sus treinta años, Jesús estaba poseído de lleno por la infinita sensibilidad para la salvación de las inhumanidades. La mayor de todas las inhumanidades es la muerte, que cierra por completo todas nuestras vitalidades. Jesús nos libró de ella haciéndonos partícipes de su resurrección de entre los muertos.

Hoy Jesús ya no está en nuestro mundo. ¿Quién es el que lo representa ahora? “En verdad os digo que cuanto hicisteis a uno de estos hermanos más pequeños, a mí me lo hicisteis. En verdad os digo que cuanto dejasteis de hacer con uno de estos más pequeños, también conmigo dejasteis de hacerlo” (Mt 25,31–46). "¿Quién es mi prójimo?". Jesús responde con la famosa parábola del buen samaritano. Nada ni nadie pudo acercarse más a este hombre herido y robado que la propia compasión del samaritano (Lc 10,25–28; 10,29–37). Jesús estuvo siempre ocupado en procurar la salvación de una multitud de enfermos, ciegos, cojos, viudas, niños y paralíticos. Los judíos fariseos, los piadosos, no se dieron cuenta de los nuevos horizontes vitales que les había abierto Jesús, sobre todo en la curación de las inhumanidades. El gran Maestro asume y enseña la profundidad y variedad del dolor humano y el empeño en ir solucionándolo.

Una última consideración sobre nuestra fe en Jesús. ¿Cuántas de las vitalidades de nuestra persona están comprometidas con Jesús, con los más deshumanizados de nuestra sociedad? ¿Pocas, bastantes, muchas o todas? El mensaje de vida, de actuación y de palabra de nuestros obispos ¿resulta incómodo y es rechazado por los poderes económicos y gubernamentales de nuestra sociedad española, como le sucedió a Jesús en su pueblo, o mira para otra parte ante tantas humanidades y sufrimientos como los grupos privilegiados de nuestra sociedad están causando cada día más en una gran cantidad de personas, y por eso no es incómodo? La fe en Jesús no es creer lo que no vimos, sino un compromiso de todas nuestras vitalidades con su causa de aliviar las inhumanidades de todas las variadas vitalidades de las personas. Y eso no resulta cómodo para los poderosos.

ESTUDIO BÍBLICO

El espíritu del verdadero profeta

I Lectura: Ezequiel (2,2-5): El profeta, el hombre sin miedo

I.1. La primera lectura de este domingo la tomamos de Ezequiel, y viene a ser como una especie de relato de llamada profética; así es el caso de otros profetas de gran talante (Isaías 6 en el templo; Jeremías 1), porque se debe marcar una distinción bien marcada entre los verdaderos y falsos profetas. En la Biblia, el verdadero profeta es el que recibe el Espíritu del Señor. De esa manera, pues, el profeta no se vende a nadie, ni a los reyes ni a los poderosos, sino que su corazón, su alma y su palabra pertenecen el Señor que les ha llamado para esta misión. Por ello sabemos que los verdaderos profetas fueron todos perseguidos. Es probable que padezcan una “patología espiritual” que no es otra que vivir la verdad y de la verdad a la que están abiertos.

I.2. El pueblo «rebelde» se acostumbra a los falsos profetas y vive engañado porque la verdad brilla por su ausencia. Por eso es tan dura la misión del verdadero profeta. Quizás, para entender todo lo que significa una llamada profética, que es una experiencia que parte en mil pedazos la vida de un hombre fiel a Dios, debemos poner atención en que a ellos se les exige más que a nadie. No hablan por hablar, ni a causa de sus ideas, sino que es la fuerza misteriosa del Espíritu que les impulsa más allá de lo que es la tradición y la costumbre de lo que debe hacerse. Por eso, pues, el profeta es el que aviva la Palabra del Señor.

II Lectura: 2ª Corintios (12,7-10): La fuerza de la debilidad

II.1. La segunda lectura es probablemente una de las confesiones más humanas del gran Pablo de Tarso. Forma parte de lo que se conoce como la carta de las lágrimas (según lo que podemos inferir de 2Cor 2,1-4;7,8-12). Es una descripción retórica, pero real. Se habla del «aguijón (skolops, algo afilado y punzante) de su carne» es toda una expresión que ha confundido a unos y a otros; muchos piensan en una enfermedad. Es la tesis más común, de una enfermedad crónica que ya arrastraba desde lo primeros tiempos de la misión (cf Gal 4,13-15). Pero no habría que descartar un sentido simbólico, lo que apuntaría probablemente a los adversarios que ponen en entredicho su misión apostólica, ya que habla de un «agente de Satanás». Aunque bien es verdad que en la antigüedad el diablo escudaba los tópicos de todos los males, reales o imaginarios. ¿Es algo biológico o psicológico? En todo caso Pablo quiere decir que aparece “débil” ante los adversarios, que están cargados de razones. Quiere combatir, por el evangelio que anuncia y por él mismo, desde su experiencia de debilidad; las que los otros ven en él y la que él mismo siente.

II.2. Para ello, el apóstol recurre, como medicina, a la gracia de Dios: “te es suficiente mi gracia (charis), porque la potencia (dynamis) se lleva a cabo en la debilidad (astheneia)” (v. 9); una de las expresiones más logradas y definitivas de las teología de Pablo. Esa gracia le hace fuerte en la debilidad; le hace autoafirmarse, no en la destrucción, ni en la vanagloria, sino en aceptarse como lo que es, quién es, y lo que Dios le pide. Pablo construye, en síntesis, una pequeña y hermosa teología de la cruz; es como si dijera que nuestro Dios es más Dios cuanto menos arrogantemente se revela. El Dios de la cruz, que es el Dios de la debilidad frente a los poderosos, es el único Dios al que merece la pena confiarse. Esa es la mística apostólica y cristiana que Pablo confiesa en este bello pasaje. Es como cuando Jesús dice: «quien guarda su vida para sí, la perderá» (cf Mc 8,35) . Es un desafía al poderío del mundo y de los que actúan de esa manera en el seno mismo de la comunidad.

Evangelio: Marcos (6,1-6): Nazaret… nadie es profeta en su tierra

III.1. El texto del evangelio de Marcos es la versión primitiva de la presencia de Jesús en su pueblo, Nazaret, después de haber recorrido la Galilea predicando el evangelio. Allí es el hijo del carpintero, de María, se conocen a sus familiares más cercanos: ¿de dónde le viene lo que dice y lo que hace? Lucas, por su parte, ha hecho de esta escena en Nazaret el comienzo más determinante de la actividad de Jesús (cf Lc 4,14ss). Ya sabemos que el proverbio del profeta rechazado entre los suyos es propio de todas las culturas. Jesús, desde luego, no ha estudiado para rabino, no tiene autoridad (exousía) para ello, como ya se pone de manifiesto en Mc 2,21ss. Pero precisamente la autoridad de un profeta no se explica institucionalmente, sino que se reconoce en que tiene el Espíritu de Dios.

III.2. El texto habla de «sabiduría», porque precisamente la sabiduría es una de las cosas más apreciadas en el mundo bíblico. La sabiduría no se aprende, no se enseña, se vive y se trasmite como experiencia de vida. A su vez, esta misma sabiduría le lleva a decir y a hacer lo que los poderosos no pueden prohibir. En el evangelio de San Marcos este es un momento que causa una crisis en la vida de Jesús con su pueblo, porque se pone de manifiesto «la falta de fe» (apistía). No hace milagros, dice el texto de Marcos, porque aunque los hiciera no lo creerían. Sin la fe, el reino que él predicaba no puede experimentarse. En la narrativa del evangelio este es uno de los momentos de crisis de Galilea. Por ello el evangelio de hoy no es simplemente un texto que narra el paso de Jesús por su pueblo, donde se había criado. Nazaret, como en Lucas también, no representa solamente el pueblo de su niñez: es todo el pueblo de Israel que hacía mucho tiempo, siglos, que no había escuchado a un profeta. Y ahora que esto sucede, su mensaje queda en el vacío.

III.3. Sigue siendo el hijo del carpintero y de María, pero tiene el espíritu de los profetas. Efectivamente los profetas son llamados de entre el pueblo sencillo, están arrancados de sus casas, de sus oficios normales y de pronto ven que su vida debe llevar otro camino. Los suyos, los más cercanos, ni siquiera a veces los reconocen. Todo ha cambiado para ellos hasta el punto de que la misión para la que son elegidos es la más difícil que uno se pueda imaginar. Es verdad que el Jesús taumaturgo popular y exorcista es y seguirá siendo uno de los temas más debatidos sobre el Jesús histórico; probablemente ha habido excesos a la hora de presentar este aspecto de los evangelios, siendo como es una cuestión que exige atención. Pero en el caso que no ocupa del texto de Marcos no podemos negar que se quiere hacer una “crítica” (ya en aquél tiempo de las comunidades primitivas) a la corriente que considera a Jesús como un simple taumaturgo y exorcista. Es el profeta del reino de Dios que llega a la gente que lo anhelaba. En esto Jesús, como profeta, se estaba jugando su vida como los profetas del Antiguo Testamento. (Fray Miguel de Burgos Núñez O. P.).