domingo, 4 de agosto de 2013

DOMINGO 18º DEL TIEMPO ORDINARIO


“… Aun en medio de la abundancia,
la vida de un hombre no está asegurada por sus riquezas.”

Las lecturas de este domingo sintetizan en tres modos de vivir y estar en el mundo las distintas maneras de tomarse la vida y darle sentido.

"Vaciedad sin sentido, todo es vaciedad" (Ecl 1,2). (Primera lectura)

Esta frase bíblica es de un judío pesimista que, al repasar todos los aspectos de la vida humana, siempre encuentra limitación, engaño o desgracia. ¿De qué sirve todo lo que hacemos?, ¿no es la vida humana un intento inútil?, ¿se puede conseguir la felicidad?

Descansa, come, bebe y diviértete. (Evangelio)

La parábola del hombre rico nos presenta la actitud de la persona segura de sí misma, que cree que su felicidad se identifica con lo que hace y tiene; cifra todo en el tener, y atesora riquezas para sí pensando que así tiene el futuro asegurado en sus manos.

El hombre nuevo que busca las cosas de arriba (Segunda lectura)

El hombre nuevo sintetiza la realización de la vida humana orientada a una nueva plenitud. El hombre nuevo, es una realidad dinámica: es la existencia humana que se realiza bajo la acción del Espíritu, que “se va renovando a imagen de su Creador”. Una vida que está, “escondida con Cristo en Dios” (Col 3,3), pues pertenece al orden de la fe y del misterio.

CONTEMPLAMOS LA PALABRA

PRIMERA LECTURA

El autor de este texto parece ser un hombre desilusionado, que no encuentra sentido en las cosas de la vida. Sin embargo, este libro pertenece al grupo de los libros de sabiduría. Y en realidad, cualquier sabio estaría de acuerdo con lo que dice este hombre: las cosas de la vida pueden transformarse en banalidad, superficialidad, si no están proyectadas desde el corazón humano y dependen solamente de las circunstancias. Seamos más sabios, veamos más allá de lo que se ve.

Lectura del libro del Eclesiastés 1, 2; 2, 21-23

¡Vanidad, pura vanidad!, dice el sabio Cohélet. ¡Vanidad, pura vanidad! ¡Nada más que vanidad! Porque un hombre que ha trabajado con sabiduría, con ciencia y eficacia, tiene que dejar su parte a otro que no hizo ningún esfuerzo. También esto es vanidad y una grave desgracia. ¿Qué le reporta al hombre todo su esfuerzo y todo lo que busca afanosamente bajo el sol? Porque todos sus días son penosos, y su ocupación, un sufrimiento; ni siquiera de noche descansa su corazón. También esto es vanidad.
Palabra de Dios.

SALMO

Salmo 89, 3-6. 12-14. 17

R. Señor, tú has sido nuestro refugio.

Tú haces que los hombres vuelvan al polvo, con sólo decirles: "Vuelvan, seres humanos". Porque mil años son ante tus ojos como el día de ayer, que ya pasó, como una vigilia de la noche. R.

Tú los arrebatas, y son como un sueño, como la hierba que brota de mañana: por la mañana brota y florece, y por la tarde se seca y se marchita. R.

Enséñanos a calcular nuestros años, para que nuestro corazón alcance la sabiduría. ¡Vuélvete, Señor! ¿Hasta cuándo...? Ten compasión de tus servidores. R.

Sácianos en seguida con tu amor, y cantaremos felices toda nuestra vida. Que descienda hasta nosotros la bondad del Señor; que el Señor, nuestro Dios, haga prosperar la obra de nuestras manos. R.

SEGUNDA LECTURA

En la misma línea de la lectura anterior, san Pablo enseña que no podemos quedarnos en ver las cosas como si Cristo no hubiese resucitado. Lo que ha ocurrido con la resurrección de Cristo debe transformar nuestro modo de obrar, pero también nuestro modo de evaluar, de juzgar la realidad. De esa manera vemos, también como el sabio, "más allá de lo que se ve".

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Colosas 3, 1-5. 9-11

Hermanos: Ya que ustedes han resucitado con Cristo, busquen los bienes del cielo donde Cristo está sentado a la derecha de Dios. Tengan el pensamiento puesto en las cosas celestiales y no en las de la tierra. Porque ustedes están muertos, y su vida está desde ahora oculta con Cristo en Dios. Cuando se manifieste Cristo, que es la esperanza de ustedes, entonces también aparecerán ustedes con él, llenos de gloria. Por lo tanto, hagan morir en sus miembros todo lo que es terrenal: la lujuria, la impureza, la pasión desordenada, los malos deseos y también la avaricia, que es una forma de idolatría. Tampoco se engañen los unos a los otros. Porque ustedes se despojaron del hombre viejo y de sus obras y se revistieron del hombre nuevo, aquél que avanza hacia el conocimiento perfecto, renovándose constantemente según la imagen de su Creador. Por eso, ya no hay pagano ni judío, circunciso ni incircunciso, bárbaro ni extranjero, esclavo ni hombre libre, sino sólo Cristo, que es todo y está en todos.
Palabra de Dios.

EVANGELIO

El problema no está en la riqueza, sino en la codicia. El evangelio ve los bienes materiales como un camino para desarrollarse, para crecer, para vivir de aquello que necesitamos. Pero el corazón humano muchas veces desea más y no siempre del modo correcto o evangélico. Hasta que se da cuenta de que ha sido una búsqueda sin sentido, y que le quitó el sentido a todo lo que ha vivido hasta el momento.

Ì Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 12, 13-21

Uno de la multitud dijo al Señor: "Maestro, dile a mi hermano que comparta conmigo la herencia". Jesús le respondió: "Amigo, ¿quién me ha constituido juez o árbitro entre ustedes?". Después les dijo: "Cuídense de toda avaricia, porque aun en medio de la abundancia, la vida de un hombre no está asegurada por sus riquezas". Les dijo entonces una parábola: "Había un hombre rico, cuyas tierras habían producido mucho, y se preguntaba a sí mismo: "¿Qué voy a hacer? No tengo dónde guardar mi cosecha". Después pensó: "Voy a hacer esto: demoleré mis graneros, construiré otros más grandes y amontonaré allí todo mi trigo y mis bienes, y diré a mi alma: Alma mía, tienes bienes almacenados para muchos años; descansa, come, bebe y date buena vida". Pero Dios le dijo: "Insensato, esta misma noche vas a morir. ¿Y para quién será lo que has amontonado?". Esto es lo que sucede al que acumula riquezas para sí, y no es rico a los ojos de Dios".
Palabra del Señor.

COMPARTIMOS LA PALABRA

La plenitud humana

La Palabra de Dios hoy nos interroga: El centro de la vida humana, ¿está en la tierra?, ¿se limita al tiempo presente?, ¿se realiza en el disfrute de los bienes materiales? Interrogantes a los que damos respuesta, con nuestra forma de vivir.

Una de las respuestas que está extendida en nuestra sociedad, es la convicción de que lo importante para vivir bien es ganar, gastar, disfrutar y satisfacer nuestros deseos, que muchas veces los disfrazamos de necesidades.

La parábola del evangelio recoge esta mentalidad del hombre que trabaja acumulando bienes y pensando que luego tiene la vida por delante para disfrutar de sus riquezas.

No se censura la preocupación por disponer de los bienes necesarios para la vida, sino que se censura la acumulación, para luego despreocuparte de los demás. El deseo de acaparar, fruto de la más feroz insolidaridad, del más salvaje egoísmo. Es el: “Vivir para sí mismo” cuyo punto de referencia de todo es el yo.

Este modo de vida es calificado en el Evangelio de “necio”.

Necio ¿cómo debemos entender esta palabra? Podemos entenderla cómo un juicio áspero. Podemos oírla cómo la condenación de la maldad de una persona. Pero hay otra manera de oír. La podemos oír como si Jesús suavemente estuviera liberando a este hombre, al ser humano, de su pequeño y falso sueño.

El está atrapado en el diminuto mundo de sí mismo. Los pronombres yo y mi / me, aparecen 10 veces en esta pequeña parábola. Y cuando dice tú, todavía está hablándose a sí mismo. Está totalmente solo. Este es un mundo donde no puede ser feliz. Y cuando Dios le dice “necio”, lo está liberando de esa pequeña cárcel que él se ha construido.

El juicio de Dios no es su condenación. Es nuestra liberación de los pequeños mundos que nos hemos construido.

Es liberarnos de nuestro egoísmo y de la visión materialista de la vida. Es invitación a guardarnos de toda clase de codicia, porque nuestra vida no depende de nuestros bienes.

Esta liberación posibilita la realización del hombre nuevo; el hombre en su plenitud; el que desarrolla una nueva vida en Cristo. Es situarnos en otro horizonte para construir un nuevo ser humano liberado de toda clase de codicia, de la injusticia, del egoísmo y edificado sobre el misterio Pascual.

Es construir en Cristo el valor de la fraternidad y la justicia, de la solidaridad con los más pobres, es también abrir los ojos ante la ambigüedad que se esconde en un desarrollo económico mundial y en una técnica que desconoce la dignidad del hombre y la miseria en la que vive la gran mayoría de la humanidad.

En palabras de San Pablo es 'buscar los bienes de allá arriba', 'buscad un nuevo orden', 'desterrad la vieja condición'.

Los bienes de allá arriba empiezan en esta vida. Los “bienes de arriba” indican los valores de la vida nueva en Cristo; que nos hacen ser ricos ante Dios, por entregar la vida, nuestras capacidades o dones en el bienestar y la felicidad de los demás. Es invertir nuestra vida en los valores del reino de Dios. Esta vida nueva que irrumpe en nosotros es Cristo mismo; “vida vuestra” (Col 3,4).


ESTUDIO BÍBLICO

La solidaridad como exigencia del Reino de Dios

Iª Lecturas: Eclesiastés (1,1.2.23): La sabiduría de la vida

I.1. ¿Quién no conoce la célebre reflexión del libro del Eclesiastés, el sabio llamado Qohélet, de ese superlativo expresado en “vanidad de vanidades”? Esa es la primera lectura de hoy. Es toda una filosofía la que está a la base de este juicio; un escepticismo ante tantos afanes y tantas angustias. ¿Qué actitud tomar? ¿Pasar de todo? Posturas como las de Qohélet las ha habido siempre y no son negativas radicalmente, sino que expresan, a veces, una actitud “sabia” en la que se intuye que debemos tomarnos la vida de otra manera: sin envidias, afanes, comparaciones con las riquezas de los otros.

I.2. Pero eso parece una actitud burguesa del que nada le falta. La de aquellos que no tienen para comer ni vestir no sería exactamente así. Hay una razón más profunda por la que debemos no afanarnos por tantas cosas, una razón más radical y humana. No se trata simplemente de llevar una vida más cómoda y menos tensa. Por eso al juicio de Qohélet le falta una dimensión, la que Jesús nos ofrece en la parábola evangélica.

IIª Lectura: Colosenses (3,1-11): Personas nuevas por el bautismo

La segunda lectura apunta de nuevo a las claves bautismales de la vida cristiana, a lo que significa haber resucitado con Cristo por el bautismo, y a lo que nos obliga vivir en cristiano. El bautismo es un compromiso de vida o muerte. ¿Qué significa que nuestra vida está escondida en Cristo? Pues que es El quien nos inspira, quien nos va liberando de todo aquello que en la tierra nos enfrenta los unos a los otros. El bautismo nos hace personas nuevas, porque nos situamos ante los horizontes de lo que Jesús vivió.

Evangelio. Lucas (12,13-21): Acumular riquezas: ¡el anti-evangelio!

III.1. El relato del evangelio de Lucas es como la respuesta a los planteamientos de Qohélet. Efectivamente, Lucas es un evangelista que ha marcado la diferencia en el Nuevo Testamento como juicio de la riqueza y sus peligros para la verdadera vida cristiana. Lucas es defensor de los pobres, aunque no de la pobreza. Jesús, el profeta, no ha venido para ser juez de causas familiares, o empresariales, o sociales, ya que esas leyes de herencia, de impuestos, de salarios justos, se establecen a niveles distintos. Y no quiere ello decir que en las exigencias del Reino de Dios se excluya la justicia, especialmente para los pobres y oprimidos.

III.2. La parábola del rico que acumula la gran cosecha y engrandece sus graneros, en vez de distribuirlo entre los que no tienen para comer, es toda una lección de cómo Jesús ve las cosas de esta vida, aunque él persiga objetivos más grandes. El que acumula riquezas, pues, no entiende nada de lo que Jesús propone al mundo. Los que siguen a Jesús, pues, tienen que sacar, según Lucas, las conclusiones de este seguimiento. Si no se desprenden de las riquezas, si se preocupan de amasarlas constantemente, además de cometer injusticia con los que no tienen, se encontrarán, al final, con las manos vacías ante Dios, porque todo su corazón estará puesto en tener un tesoro en la tierra. No tendrán tiempo para vivir, para ser sabios… para entregarse a los demás como se entregan a la producción de riquezas. Este criterio de sabiduría va más allá de lo que propone el mismo Qohélet.

III.3. Con referencia a la actitud de Qohélet, Jesús nos dice que quien se afana por las cosas de este mundo y no por lo que Dios quiere, al final, ¿cómo podrá llenar su vida? ¿cómo se presentará ante Dios? La acumulación de riquezas, pues, es una injusticia y la injusticia es contraria al Reino de Dios. Por lo tanto, este evangelio es una llamada clara a la solidaridad con los pobres y despreciados del mundo; una llamada a compartir con los que no tienen.



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