domingo, 9 de marzo de 2014

DOMINGO 1 DE CUARESMA


LA LLEVARÉ AL DESIERTO 
Y LE HABLARÉ AL CORAZÓN

Cuaresma es un tiempo de preparación para la Pascua, pero, como tiempo de conversión, es también un momento propicio para encontrarnos con Dios. El Evangelio del primer domingo nos narra el relato de los cuarenta días y las cuarenta noches de Jesús en el desierto, momento de preparación previo a su vida pública.

Este relato, lleno del simbolismo de la mentalidad judía, nos ayuda a vivir la Cuaresma como un tiempo privilegiado para el encuentro con Dios. Las tentaciones, propias del desierto, hacen referencia a nuestra relación con Dios, con los demás y con nosotros mismos.

Dejemos que esta rica narración nos oriente en el camino hacia la vida en comunión plena con Dios y nos ayude a prepararnos para seguir haciendo presente su Reino entre nosotros.

CONTEMPLAMOS LA PALABRA

I LECTURA    

La tentación pone en evidencia nuestra condición sobre esta tierra: Dios nos ha dado el libre albedrío. A diferencia de las otras criaturas, el ser humano puede hacer elecciones. Dios ha depositado su confianza en nosotros. Esta posibilidad de optar por seguir sus designios o de rechazarlos, acompañará al ser humano hasta el fin de la historia.

Lectura del libro del Génesis 2, 7-9; 3, 1-7

El Señor Dios modeló al hombre con arcilla del suelo y sopló en su nariz un aliento de vida. Así el hombre se convirtió en un ser viviente. El Señor Dios plantó un jardín en Edén, al oriente, y puso allí al hombre que había formado. Y el Señor Dios hizo brotar del suelo toda clase de árboles, que eran atrayentes para la vista y apetitosos para comer; hizo brotar el árbol de la vida en medio del jardín y el árbol del conocimiento del bien y del mal. La serpiente era el más astuto de todos los animales del campo que el Señor Dios había hecho, y dijo a la mujer: “¿Así que Dios les ordenó que no comieran de ningún árbol del jardín?”. La mujer le respondió: “Podemos comer los frutos de todos los árboles del jardín. Pero respecto del árbol que está en medio del jardín, Dios nos ha dicho: ‘No coman de él ni lo toquen, porque de lo contrario quedarán sujetos a la muerte’”. La serpiente dijo a la mujer: “No, no morirán. Dios sabe muy bien que cuando ustedes coman de ese árbol, se les abrirán los ojos y serán como dioses, conocedores del bien y del mal”. Cuando la mujer vio que el árbol era apetitoso para comer, agradable a la vista y deseable para adquirir discernimiento, tomó de su fruto y comió; luego se lo dio a su marido, que estaba con ella, y él también comió. Entonces se abrieron los ojos de los dos y descubrieron que estaban desnudos. Por eso se hicieron unos taparrabos, entretejiendo hojas de higuera.
Palabra de Dios.


Salmo 50, 3-6a. 12-14. 17

R. ¡Piedad, Señor, pecamos contra ti!

¡Ten piedad de mí, Señor, por tu bondad, por tu gran compasión, borra mis faltas! ¡Lávame totalmente de mi culpa y purifícame de mi pecado! R.

Porque yo reconozco mis faltas y mi pecado está siempre ante mí. Contra ti, contra ti solo pequé e hice lo que es malo a tus ojos. R.

Crea en mí, Dios mío, un corazón puro, y renueva la firmeza de mi espíritu. No me arrojes lejos de tu presencia ni retires de mí tu santo espíritu. R.

Devuélveme la alegría de tu salvación, que tu espíritu generoso me sostenga. Abre mis labios, Señor, y mi boca proclamará tu alabanza. R.

II LECTURA    

San Pablo nos presenta el pecado como una realidad a la cual no escapa ningún ser humano; “porque todos pecaron”, dice la Palabra de Dios. Pero el amor inmenso hecho carne en la vida de un hombre, Jesucristo, llega como un derroche de gracia y de salvación para todos.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Roma 5, 12-19

Hermanos: Por un solo hombre entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte, y así la muerte pasó a todos los hombres, porque todos pecaron. En efecto, el pecado ya estaba en el mundo, antes de la Ley, pero cuando no hay Ley, el pecado no se tiene en cuenta. Sin embargo, la muerte reinó desde Adán hasta Moisés, incluso en aquellos que no habían pecado, cometiendo una transgresión semejante a la de Adán, que es figura del que debía venir. Pero no hay proporción entre el don y la falta. Porque si la falta de uno solo provocó la muerte de todos, la gracia de Dios y el don conferido por la gracia de un solo hombre, Jesucristo, fueron derramados mucho más abundantemente sobre todos. Tampoco se puede comparar ese don con las consecuencias del pecado cometido por un solo hombre, ya que el juicio de condenación vino por una sola falta, mientras que el don de la gracia lleva a la justificación después de muchas faltas. En efecto, si por la falta de uno solo reinó la muerte, con mucha más razón, vivirán y reinarán por medio de un solo hombre, Jesucristo, aquellos que han recibido abundantemente la gracia y el don de la justicia. Por consiguiente, así como la falta de uno solo causó la condenación de todos, también el acto de justicia de uno solo producirá para todos los hombres la justificación que conduce a la Vida. Y de la misma manera que por la desobediencia de un solo hombre, todos se convirtieron en pecadores, también por la obediencia de uno solo, todos se convertirán en justos.
Palabra de Dios.

EVANGELIO

Las tentaciones que sufre Jesús recuerdan las que padecieron los antepasados en el camino por el desierto: el hambre, la debilidad corporal y la disyuntiva de servir a otros dioses. Estas son también las tentaciones que hoy nos acosan, seduciéndonos para que dejemos de poner nuestra confianza en Dios. Jesús vence estas tentaciones afirmándose en la Sagrada Escritura. Hoy también nosotros encontramos en la Palabra de Dios la luz, la fortaleza y el discernimiento para rechazar al enemigo.

Ì Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo.

Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el demonio. Después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, sintió hambre. Y el tentador, acercándose, le dijo: “Si tú eres Hijo de Dios, manda que estas piedras se conviertan en panes”. Jesús le respondió: “Está escrito: ‘El hombre no vive solamente de pan, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios’”. Luego el demonio llevó a Jesús a la Ciudad santa y lo puso en la parte más alta del Templo, diciéndole: “Si tú eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: ‘Dios dará órdenes a sus ángeles, y ellos te llevarán en sus manos para que tu pie no tropiece con ninguna piedra’”.
Jesús le respondió: “También está escrito: ‘No tentarás al Señor, tu Dios’”. El demonio lo llevó luego a una montaña muy alta; desde allí le hizo ver todos los reinos del mundo con todo su esplendor, y le dijo: “Te daré todo esto, si te postras para adorarme”. Jesús le respondió: “Retírate, Satanás, porque está escrito: ‘Adorarás al Señor, tu Dios, y a él solo rendirás culto’”. Entonces el demonio lo dejó, y unos ángeles se acercaron para servirlo.
Palabra del Señor.

COMPARTIMOS LA PALABRA

El simbolismo del relato

La llevaré al desierto y le hablaré al corazón (Os 2, 16): la imagen del desierto en la Biblia es evocada como un gran misterio. Es un lugar donde aparentemente la vida no puede existir por su sequedad y esterilidad, pero es al mismo tiempo un medio para el encuentro con Dios. Jesús es llevado por el Espíritu al desierto. Paradójicamente, este lugar árido y seco, realmente inhóspito para la vida, es privilegiado para escuchar la voz de Dios, quien habla en la desnudez de nuestro ser.

Los cuarenta años que pasó el pueblo de Israel, desde la salida de Egipto hasta la llegada a la Tierra Prometida, son un referente esencial de la historia del pueblo. Allí, Dios le guiaba de día en la columna de nube y de noche en la columna de fuego (Ex 13, 21). No se apartó de ellos en ningún momento, y les dio muestras de su existencia y de su favor para con ellos. Éste fue un camino de liberación, principalmente interior, para poder recibir las promesas de Dios.

Tres maneras tenía el pueblo judío para expresar su conversión hacia Dios: el ayuno, la oración y la limosna. La primera estaba en referencia a la relación de la persona consigo misma, la segunda a la relación con Dios y la tercera a la relación con los demás. El ayuno, en íntima relación con la mayor fiesta judía (Yom Kipur o día de reconciliación: Lv 16), agrada realmente a Dios cuando lleva a la caridad con los demás (Is 58, 1-12).

Las tentaciones

Jesús es llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado. Las tentaciones sirven con un medio para el conocimiento de uno mismo, el reconocimiento de Dios y el crecimiento en humanidad.

Arraigadas en la identidad de nuestro ser: en el texto aparece el diablo tentando a Jesús. Le pone en cuestión su propia identidad: «si eres Hijo de Dios…» En las tentaciones surge la pregunta: ¿quiénes somos? Aunque muchas veces no hay «tiempo» para reflexionar sobre ello, las tentaciones van directo a lo más central de nuestra vida y a nuestro entramado relacional.

En referencia a nuestro mundo de relaciones: en el relato del Génesis, Adán y Eva descubren su fragilidad en la desnudez de su ser. Se dan cuenta, después de pecar, que sus acciones afectan su propia vida, sus relaciones entre ellos y su relación con Dios.

El pecado

Jesús es igual en todo a nosotros, menos en el pecado. Extrapolar nuestra experiencia de pecado y tentaciones a la vida de Jesús no es adecuado. Pero sí podemos ver en él, y en el relato, cómo superar las tentaciones.

Desconfianza en Dios: en otras palabras, falta de fe. Pecar es decir «no» al amor de Dios. Siempre hace referencia a nuestra relación con Él, pero también a nuestra relación con nosotros mismos y con los demás. Jesús responde a la primera tentación desde su relación de amor con el Padre: «no sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios». No peca porque confía, porque espera en Dios aún en la aridez del desierto y se aferra a la providencia del Padre.

Establecer los medios como fines: en muchas ocasiones ponemos los medios en el lugar de los fines, así el placer, el poseer y el poder son colocados como el fin último de nuestra vida. Estos son medios para llegar a ser plenamente humanos, pero medios. Al fin que Dios nos invita es la vida en comunión con Él y con los demás, poniendo las cosas, por más «necesarias» que sean, en función de esta finalidad.

No utilizar los medios que llevan al fin: elegir medios inadecuados nos implicará, no sólo un retraso en la llegada hacia el fin, sino el impedimento del mismo. En el relato del Evangelio vemos que el diablo tienta a Jesús para que utilice medios inadecuados. Le dice que convierta las piedras en pan, para así saciar su hambre. Jesús prefiere no utilizar medios que no sean plenamente humanos. También le tienta para que obre al margen de su relación con Dios: «…si te postras y me adoras». Jesús opta por mantener intacta su relación con Dios. Y finalmente, le tienta con que utilice a los demás, en este caso a los ángeles, no siempre como un fin sino únicamente como un medio: «los ángeles te sostendrán».

El relato de las tentaciones, pues, nos permite vernos a nosotros mismos y analizar nuestra relación con Dios y con los demás, partiendo desde la vida de Jesús. Pero no debemos verlas fuera del contexto del desierto, ya que allí Dios habla al corazón y es un lugar privilegiado para encontramos con nosotros mismos y con Dios.


ESTUDIO BÍBLICO

Primera lectura: (Génesis, 2,7-9; 3,1-7)

Marco: Todo el conjunto está redactado en forma muy popular que recoge datos fundamentales para la fe de Israel, para la fe de la Iglesia y para la comprensión del hombre y de la humanidad. En la celebración judía pascual recordaban cuatro acontecimientos: creación, llamada de Abrahán y sacrificio de Isaac, liberación de la esclavitud de Egipto y esperanza escatológica. Por eso esta lectura cuadra muy bien al comienzo de la Cuaresma camino hacia la Pascua.

Reflexión

¡Dios modela al hombre como modela la arcilla un alfarero y soplando en su nariz lo convirtió en un ser vivo!

Un relato de estilo popular pero que encierra un mensaje fundamental: dar explicación de la existencia del hombre y su tarea en el mundo como ser vivo. El relato nos invita a centrar la atención en algunas realidades de singular interés: Dios, como un alfarero, modela al hombre de la arcilla como se modelan las ánforas, las estatuillas o amuletos y utensilios de barro. A diferencia del relato más teológico de Gn 1 (tradición sacerdotal) en que se recuerda que el hombre ha sido "creado" por la Palabra a imagen y semejanza de Dios (es decir, libre, capaz de amar y en comunión con Dios y entre los seres creados y destinados a ser felices), en este relato la visión es más antropomórfica (modo característico de entender y presentar a Dios el teólogo-autor que llamamos yavista). Es el resultado de una acción delicadamente realizada por Dios: lo modela con sumo cuidado y cariño.

El Señor Dios sopló en su nariz un aliento de vida y el hombre se convirtió en ser vivo. Dios sopla en su nariz y se convierte en un ser vivo. Este teólogo sabe que con el término “espíritu” indica a la vez viento atmosférico, respiración de los seres vivos y el Espíritu de Dios. Eso lo ha observado por la experiencia. El hombre llega a la vida porque recibe el don (Espíritu) de Dios que sopla en sus narices (de donde procede habitualmente la respiración) y lo expresa con estilo simple y directo. El hombre ha recibido la vida como gracia. El Espíritu queda siempre más allá del alcance del poder del hombre. El verbo "soplar", que utiliza para expresar la acción del Espíritu en el hombre, se encuentra sólo otras dos veces en la Biblia: en Ez 37 (la visión de los huesos secos que reviven por el soplo del Espíritu) y en Jn 20,21ss (el momento de la aparición del Resucitado que derrama sobre ellos el Espíritu y los envía al mundo y de). La primera creación, la promesa de la nueva creación a partir de la liberación del exilio de Babilonia y la nueva creación realizada por Cristo son obra del Espíritu Creador. ¡Dios crea al hombre para la vida y para la felicidad! Dios colocó al hombre en el jardín que es la dramatización de algunas verdades fundamentales: significa el bienestar por excelencia, es símbolo de la felicidad, es imagen plástica de la comunión misteriosa del hombre con Dios. Colaborar en la creación con su Creador es un don, es una oportunidad de realización del hombre como obra del amor de Dios y la acción del Espíritu. En el medio el jardín está el árbol de la ciencia del bien y del mal. Expresión plástica de una realidad teológica también: sólo Dios es el soberano, Él se reserva la autoridad de decidir y determinar el bien y el mal. El hombre ya ha recibido con el don del Espíritu creador la capacidad de ser libre en sus decisiones. Puede elegir el bien o el mal. ¡Pero el hombre se atrevió a querer ser como Dios! Pero la realidad humana ha sido dolorosa y lo sigue siendo: injusticias, desprecios de las personas humana, guerras y muerte violentas, etc. Esta reflexión la realizaba un creyente en Dios, el Dios Bueno y Amor, conocedor de que el hombre ha salido de sus manos (es aconsejable leer este texto despacio: Sb 2,23-24).

Segunda lectura: (Romanos 5,12-19).

Marco: es un fragmento de la segunda parte de la carta a los Romanos (5,1-8,39): la nueva vida en el Espíritu.

Reflexión

¡El reencuentro amoroso con Dios como fruto de la fe en Jesús!

Pablo procede a ilustrar el modo de la justificación por la fe, es decir, los efectos que produce en nosotros: ante todo, la paz con Dios (5,1-11) y la esperanza de la gloria de Dios por la cual seremos glorificados. En segundo lugar, la vida (5,12-21). Es una reproducción muy esquemática del contenido de 5,12-21. En efecto, en 5,12 el apóstol no pasa simplemente de un modo al otro de representar la salvación de los justificados, sino que una vez más asume el discurso desde la raíz. ¡Gratuidad y universalidad de la obra de Cristo! En Jesucristo, Dios ha reafirmado "su" justicia y por lo mismo "su verdad" en medio de toda la injusticia del mundo, dada gratuitamente a quien, en la fe, se abre dócil y responsablemente a ella. Mediante esta acción el segundo Adán no sólo contrabalancea el pecado, sino que concede a la humanidad un acceso de gracia para la vida eterna. Con el acontecímiento de Jesús, Dios ha realizado una nueva e incomparable creación del mundo y del hombre. Por eso, esta lectura conecta profundamente con la primera. Es la respuesta cristológica y soteriológica que el Espíritu ofrece a la humanidad. ¡Cristo, contrapunto de Adán! Esta palabra sigue siendo vigente hoy como ayer. Los discípulos de Cristo en medio del mundo son llamados a hacer visible para todos nuestros hermanos los hombres.

Evangelio: (Mateo 4,1-11).

Marco: En una visión apocalíptica, se nos brinda la oportunidad de comprender en ella la llamada de Jesús a su misión y tarea de Siervo de Yahvé y Mesías con el don del Espíritu que desciende sobre él. A continuación, Jesús se retira al desierto y es tentado.

Reflexión

¿Por qué y cuándo fue tentado Jesús?


El relato de las tentaciones es una catequesis muy pensada en la que se quiere reflejar cómo Jesús asume solidariamente los dos grandes momentos de la etapa anterior: la historia de la humanidad que allá en el paraíso sucumbe a la tentación, es decir, no quiere aceptar los límites que le corresponde como criatura y la gran peregrinación del pueblo de Dios por el desierto durante cuarenta años. Jesús se solidariza con los protagonistas de ambos acontecimientos, pero desde su singularidad para darles respuesta adecuada y coherente. Esta presentación catequética, hay que desdoblarla y situarla en la vida histórica de Jesús, si se quiere comprender el auténtico mensaje. Quiero decir, que siguiendo tanto el relato sinóptico como el joánico de la misión de Jesús, comprobamos que Jesús fue tentado durante todo su ministerio, para inducirlo al rechazo de la misión que el Padre le ha encomendado y que Jesús aceptó: la salvación a través del verdadero mesianismo y de la tarea Siervo de Yahvé que asume la responsabilidad humana. Esta tarea es escandalosa para los judíos y choca con la concepción en boga en tiempos de Jesús. ¡Fue tentado como nosotros en todo, pero no pecó! ¿Pan o Palabra de Dios? El pan, remite al milagro del maná en el desierto. Jesús vence la tentación retirándose a la montaña y revelando a las gentes el sentido del pan (Jn 6,26ss). ¿Ostentación o silenciosa eficacia salvadora? La segunda tentación es la oferta de un modo distinto de llevar adelante el plan de Dios que el que Jesús se ha atrevido a adoptar. El pueblo judío tiene otras expectativas: la liberación social "manifestándose" como un gran líder que conduzca al pueblo a su liberación. Esta dialéctica de manifestación ostentosa y de ocultamiento salvador es la tentación segunda. La victoria sobre esta tentación se ilumina plenamente en la cruz liberadora de la ley, del pecado y de la muerte, pero que provoca un profundo escándalo. ¿Poder temporal o salvación total y universal? La tercera tentación hay que entenderla en un pueblo sometido duramente por los romanos (roban, violan, extorsionan sin escrúpulo) que necesita una liberación tangible que ha de realizar el Mesías. Y quieren hacerle rey, le ofrecen el liderazgo político-militar. El poder de Dios se manifiesta de otra manera y Jesús quiere encarnar y realizar ese plan (Sb 11,23). En esta realidad de la historia concreta de Jesús las tentaciones recobran toda su viveza. Durante su ministerio tuvo que enfrentarse constantemente con gentes que "le tentaban", le "ponían" a prueba insistentemente hasta la cruz como recuerda Lucas: "le dejó hasta otra ocasión".


domingo, 2 de marzo de 2014

DOMINGO 8° DEL TIEMPO ORDINARIO


“Busquen primero el Reino de Dios y su justicia” 

Todo mensaje que viene de Dios tiene como principal destinatario a todas las personas, sin ninguna excepción, ese mensaje que va dirigido a la humanidad, se concreta y se hace patente en lo cotidiano, en la sencillez, y así se facilita su comprensión. En esos términos es como el profeta Isaías pretende transmitir la Palabra que Dios nos ofrece este domingo.

La centralidad que debe ocupar en nuestra vida el Reino de Dios es una de las notas principales que señala Jesús en el Evangelio de hoy. Es interiorizar la verdadera Palabra de Dios en nuestras vidas, y actuar consecuentemente. Estar atento a lo importante que rodea nuestra experiencia de Cristo, y hacerlo presente en la vida de cada día, sin dejarse arrastrar por otros falsos ídolos que nos acompañan, en nuestro caminar.

La radicalidad en la misión es lo constitutivo de un verdadero cristiano, como dirá San Pablo, pues ante todo destaca la predicación del Evangelio de Jesucristo. Una vez que se lleva a cabo esta misión, no importa lo que digan los demás, pues el Espíritu de Cristo acompaña la misión del Apóstol. Y esto hace estar conforme consigo mismo, pues realmente se ha realizado la tarea a la que uno está destinado. Es la satisfacción de haber hecho lo que hay que hacer.

CONTEMPLAMOS LA PALABRA

I LECTURA               

La breve lectura de Isaías que escucharemos, nos recuerda con una imagen muy humana una característica esencial de nuestro Dios. Escuchemos con atención.

Lectura del libro de Isaías 49, 14-15

Sión decía: «El Señor me abandonó, mi Señor se ha olvidado de mí». ¿Se olvida una madre de su criatura, no se compadece del hijo de sus entrañas? ¡Pero aunque ella se olvide, yo no te olvidaré!

Palabra de Dios.
SALMO                       

Salmo 61, 2-3. 6-9

R. Sólo en Dios descansa mi alma.

Sólo en Dios descansa mi alma, de Él me viene la salvación. Sólo Él es mi Roca salvadora; Él es mi baluarte: nunca vacilaré. R.

Mi salvación y mi gloria están en Dios: Él es mi Roca firme, en Dios está mi refugio. R.

Confíen en Dios constantemente, ustedes, que son su pueblo, desahoguen en Él su corazón, porque Dios es nuestro refugio. R.

II LECTURA                 

San Pablo, en la segunda lectura, reflexiona sobre el juicio de Dios y de los hombres. Es Dios quien conoce el fondo del corazón de cada una de sus criaturas.

Lectura de la primera carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Corinto 4,  1-5

Hermanos: Los hombres deben considerarnos simplemente como servidores de Cristo y administradores de los misterios de Dios. Ahora bien, lo que se pide a un administrador es que sea fiel. En cuanto a mí, poco me importa que me juzguen ustedes o un tribunal humano; ni siquiera yo mismo me juzgo. Es verdad que mi conciencia nada me reprocha, pero no por eso estoy justificado: mi juez es el Señor. Por eso, no hagan juicios prematuros. Dejen que venga el Señor: Él sacará a la luz lo que está oculto en las tinieblas y manifestará las intenciones secretas de los corazones. Entonces, cada uno recibirá de Dios la alabanza que le corresponda.

Palabra de Dios.
EVANGELIO                     

El evangelio de hoy nos hace un claro llamado a relativizar el apego a los bienes materiales a favor de la confianza en Dios y su providencia.

Ì Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 6, 24-34

Dijo Jesús a sus discípulos: Nadie puede servir a dos señores, porque aborrecerá a uno y amará al otro, o bien, se interesará por el primero y menospreciará al segundo. No se puede servir a Dios y al Dinero. Por eso les digo: No se inquieten por su vida, pensando qué van a comer o qué van a beber, ni por su cuerpo, pensando con qué se van a vestir. ¿No vale acaso más la vida que la comida y el cuerpo más que el vestido? Miren los pájaros del cielo: ellos no siembran ni cosechan, ni acumulan en graneros y, sin embargo, el Padre que está en el cielo los alimenta. ¿No valen ustedes acaso más que ellos? ¿Quién de ustedes, por mucho que se inquiete, puede añadir un solo instante al tiempo de su vida? ¿Y por qué se inquietan por el vestido? Miren los lirios del campo, cómo van creciendo sin fatigarse ni tejer. Yo les aseguro que ni Salomón, en el esplendor de su gloria, se vistió como uno de ellos. Si Dios viste así la hierba de los campos, que hoy existe y mañana será echada al fuego, ¡cuánto más hará por ustedes, hombres de poca fe! No se inquieten entonces, diciendo: «¿Qué comeremos, qué beberemos, o con qué nos vestiremos?» Son los paganos los que van detrás de estas cosas. El Padre que está en el cielo sabe bien que ustedes las necesitan. Busquen primero el Reino de Dios y su justicia, y todo lo demás se les dará por añadidura. No se inquieten por el día de mañana; el mañana se inquietará por sí mismo. A cada día le basta su aflicción.
Palabra del Señor.

COMPARTIMOS LA PALABRA

Yo no te olvidaré

En estos términos es como Dios habla por boca del profeta Isaías al pueblo elegido, mostrando ante todo ternura, amor y gran generosidad. Para ello utiliza un lenguaje tierno, protector, propio de un amor maternal, porque una madre nunca abandona a sus hijos, bajo ninguna circunstancia.

El contexto que rodea la lectura de Isaías está condicionado por el destierro en Babilonia, donde las esperanzas y los motivos de alegría desaparecen del pueblo de Israel. Todo parece perdido y condenado a la desaparición, una vez más el pueblo es sometido al fracaso, a la esclavitud.

Pero el Dios de la alianza permanece fiel, sigue acompañando al pueblo a pesar de la adversidad. En el último momento Yahvé va a devolver la dignidad a su pueblo, y por tanto nunca los abandonará a su suerte. Por ello la imagen maternal, muestra excelsamente la gran bondad que Dios tiene a su pueblo, y en definitiva a toda la humanidad.

No juzguéis antes de tiempo: dejad que venga el Señor

La misión de todos los cristianos va orientada a hacer posible la implantación del Reino de Dios en este mundo, y para ello necesitamos no solo predicar la Palabra de Dios, sino actuar de acuerdo al proyecto de Jesucristo.

La gran predicación ejercida por San Pablo en sus comunidades le llevó a enfrentarse a diversas incomprensiones, así como una serie de juicios sobre su persona. Sin embargo el Apóstol está convencido de que hace lo correcto a los ojos de Dios, y de ahí que no le importe lo que digan los demás.

Esto puede llevarnos a pensar si realmente somos justos con los demás, o los juzgamos a veces dejándonos llevar por una primera impresión personal. Pues un hecho concreto de una persona, no la define en su totalidad. Un ser humano es mucho más que una acción determinada en un momento preciso. De ahí que conviene ser cautos y no lanzar juicios a la ligera, que tan solo sirve para hacer daño y es tremendamente injusto.

San Pablo lleno del Espíritu de Cristo va dedicando su vida y su misión a extender el Reino de Dios, en palabras y en obras. Y aunque está a veces en terreno hostil y algo convulso, se siente coherente con lo que hace, y no le interesa lo que piensen de él. Sabe que al final será juzgado por el mismo Dios de Jesucristo, que ante todo es la justicia personificada.

Sobre todo buscad el reino de Dios y su justicia

Este texto que Jesús dedica a todos sus discípulos, de antes y de ahora, trata de cuestionarnos si somos verdaderos portadores del Reino de Dios en nuestras vidas. Porque el Reino del que habla Jesús no es ficticio, ni un concepto abstracto, sino más bien es un Reino que se inicia en la tierra y consiste en sembrar amor y justicia en nuestras vidas y en las obras que hacemos.

Vivimos dentro de un contexto histórico, social, económico, y a veces implica que estamos más preocupados de cuestiones transitorias y superfluas, idolatrando muchas cosas que en realidad no son tan importantes. Y es precisamente en este aspecto en el que Jesús incide una y otra vez, si de verdad estamos centrados en el mensaje de Dios en nuestras vidas.

Con esta advertencia Jesús no intenta condenar el mundo sin más, ni que huyamos de lo que sucede a nuestro alrededor. Más bien es tener claro nuestras prioridades de ser hijos e hijas de Dios, y por tanto tenemos la tarea de ser testigos de Jesús siendo coherentes en nuestras vidas de cristianos. Y de esta manera nos pide que seamos portadores de esperanza, que logremos establecer caminos de paz, demostrando ante todo que somos dignos hijos suyos.

El centro de nuestra vida y misión de ser cristianos, es estar atentos a la implantación de la justicia de Dios, que pasa por vivir de acuerdo a un estilo de vida que intenta superar obstáculos y dificultades. Pasa por ponernos en el lugar del otro, siendo participes de sus alegrías y sufrimientos, estar cerca de los que peor lo pasan, de los que menos posibilidades tienen en la vida, y de este modo, seremos auténticamente cristianos.

Dios a través de Jesús nos invita a ser hombres y mujeres que ponen su confianza en él, y que en nuestro camino debemos de construir una verdadera humanidad. Todo mensaje de Dios tiene como destinatario a todos nosotros, para que seamos personas auténticas y plenas, que nos sintamos identificados con Dios y con las personas. Porque Dios quiere que seamos su comunidad fraterna, que sepamos compartir todo, que alejemos la falsedad y nos encaminemos a la alegría, a la esperanza, en definitiva a implantar el Reino en todo lo que hacemos y decimos.



ESTUDIO BÍBLICO

I. Lectura (Isaías 49,14-15): Dios y su amor como "madre"

Este poema materno sobre Sión es de mucho calado. De fondo sabemos que está la guerra, el abandono del marido, quizás, aunque no sepamos la razón. Pero el profeta quiere levantar los ánimos y los corazones. Por eso se representa a Dios como madre que sola, con sus hijos de Sión, abre sus entrañas maternas. Dios, con su amor divino, se muestra de parte de Sión: no la ha abandonado, no puede olvidarse de ella. Sión es la ciudad santa y sus hijos los hijos del Dios materno. Este es uno de los simbolismos proféticos (aunque lo podemos encontrar en Num 11,12).

Por eso mismo no deja de ser extraño que esta visión profética de Dios, como madre, no haya podido mantenerse en el judaísmo por muchas razones evidentes: la exigencia, la pureza, la santidad por encima de todo y la ley como única garantía. Para "una madre", para Dios en este caso todas esas cosas no serían nada frente al verdadero amor divino. El profeta consuela así a su pueblo en medio de la destrucción. Si queremos es una enseñanza de que los castigos de guerras no vienen de Dios de ninguna manera.

II. Lectura (1ª Corintios 4,1-5): Los evangelistas son servidores de Dios

Ya a punto de concluir el conjunto sobre la "theologia crucis" en cuanto terapia espiritual frente a las divisiones que se han podido enquistar en la comunidad, Pablo nos confiesa que él y los demás predicadores del evangelio (puede estar refiriéndose a Apolo o a algunos otros) no son otras cosa que "ministros y servidores" de Dios, del evangelio. Eso significa que quiere desmarcarse rotundamente de las divisiones, de las banderías; no quiere cubrirse de gloria y ninguno de los predicadores lo deben hacer, aunque muchas veces la gente identifica demasiado lo anunciado con el anunciador. Este es el peligro que se debe evitar por encima de todo.

Con un lenguaje recurrente a lo apocalíptico pide que por ello será juzgado y por eso no le importa el juicio que sobre él se haga por algunos, quizás mal intencionados en este debate inocuo o mal planteado en algunos círculos. Pide ser juzgado por el Señor y no por dimes y diretes de algunos. Apelando a su conciencia deja bien a las claras que todo este debate ha podido ser "una cruz" para la comunidad y cada uno debe enmendarse a conciencia, sin juicios falsos sobre los demás.

Evangelio (Mateo 6,24-34): Despegarse de lo material

El texto de Mt 6,24-34 es un conjunto de elementos que pro-ceden del "evangelio" de Q, aunque como en su caso en Lc (cf 11,34-36;16,13;12,22-32) intervienen otros factores formales y redacciones tomados del AT o revelando un estilo más propio, para mostrarnos las palabras de Jesús en la actitud y las preocupaciones del Reino que debemos tener. El texto y su significado, aceptémoslo en principio, es muy complejo y la crítica que ha suscitado a las exigencias concretas que se exponen ha dado para libros enteros de ética y de moral. En un mundo injusto, donde lo económico es casi todo, parece que no hay, para estas palabras de Jesús, o de los cristianos de Q, más que problemas éticos. La vida humana tiende a asegurarse por encima de cualquier otra cosa, pero nuestro texto propone algo que no es considerado como alternativa más que para los utópicos de este mundo, que los hay y no precisa o exclusivamente cristianos. Desde el punto de vista de un científico social estas palabras de Jesús destruirían el sistema social del mundo y no traería la justicia a los pobres.

Bien es verdad que debemos estar abiertos a toda crítica, pero el sentido de las palabras de Jesús es que no podemos vivir el mensaje del reino obsesionados por lo económico o lo material y que ello debe traer la justicia a la tierra ¿Es eso verdad? ¿Es posible? Las palabras de Jesús, con los arreglos de los itinerantes de Q que las conservaron y la vivieron, sin duda, no pierden su sentido profético y radical. ¿Estamos ante invitaciones sapienciales o escatológicas? Podríamos decir que los dos aspectos están presentes en nuestro texto. El cristianismo primitivo estuvo encandilado porque pronto vendría el final y de ahí que no podría construirse un mundo obsesionado por la riqueza, el poder o lo económico. Pero si descartáramos que esto ya no tiene sentido, porque el fin del mundo y la plenitud del Reino no han llegado, entonces estas palabras mantienen su sabor de sabiduría. Toda la preocupación por el "cuerpo", es decir, por la vida de aquí, debe estar guiada con sabiduría y prudencia.

¿Son estas palabras para pobres que desean tener lo que otros poseen? Se ha dicho que como los seguidores de Jesús, al igual que su maestro, salieron de entre los pobres y hambrientos y no poseían nada, son advertencias para ellos y se les pone el ejemplo de los lirios y los pájaros. Algunos critican que esto es bucólico, pero de ninguna manera justo. Entonces se podría creer que el movimiento del reino que Jesús suscitó empezó haciendo de la necesidad social una virtud ética, es decir, negándose a aceptar la injusticia que experimentaban como normal y aceptable incluso para Dios. Pero eso no quiere decir que por la renuncia al "reino de dominio" se presente como alternativa el "reino del empobrecimiento y la miseria". No es eso lo que se pide en estos dichos, sino en no estar trastornados con lo que los dominadores imponen injustamente. Las explicaciones que algunos han buscado en comparaciones entre el movimiento cínico y el movimiento de Jesús no tienen ya sentido. En realidad estamos hablando de palabras proféticas con todo lo que ello suscita.

Mateo, pues, nos ha presentado este catecismo del "renuncia" con todas las consecuencias para la comunidad y como uno de los signos de identidad del reino anunciado por Jesús. Es posible que podamos intuir ciertos matices de grupos que han exigido esto de una forma muy particular. Los vv. 33-34 son un colofón muy determinado y práctico: "el reino de Dios y su justicia" es una crítica al reino del de este mundo, es decir, el reino del poder y el tener y de la injusticia. La renuncia a todo esto para el futuro, para el mañana, no es simplemente una afirmación del "hoy" exclusivamente (aunque suene a sapiencial); el mañana traerá su afán. Los planes para el futuro no están descartados, pues la urgencia del reino ya está presente y debemos saber vivirlo e incluso esperarlo para el futuro. Es verdad que la trivialización de estos dichos ha dado para críticas al pensamiento cristiano. Pero debemos decir que, por encima de esas críticas, el ser humano de hoy, tan "planificado", necesita la alternativa de lo real, de lo armonioso, de los lirios del campo y de las aves de cielo. Necesita experimentar que hay planes que no están en nuestras manos y que confiar en la "Providencia", aunque sin la actitud de las manos cruzadas, es irrenunciable en la verdadera vida cristiana.





domingo, 23 de febrero de 2014

DOMINGO 7° DEL TIEMPO ORDINARIO


Ser como el Padre

Jesús nació en un pueblo, una cultura, una fe. Vivió en ese marco concreto como uno de tantos. Pero no se quedó anclado en la herencia recibida, dejándose llevar por la inercia, sino que elaboró su propia síntesis personal. En la experiencia de la vida, de las relaciones; en la escucha profunda de los acontecimientos, se fraguó su mundo interior. Tampoco este caudal se quedó contenido en su propia existencia sino que lo brindó como luz para todos. Como percibió el amor del Padre, así ofreció su amor a los demás.

I LECTURA    

“Amarás a tu prójimo como a ti mismo” es una de las formas en que se expresa lo que se ha dado en llamar “la regla de oro”. Esta “regla” aparece en varias versiones, positivas y negativas, pero todas consisten básicamente en que tengamos hacia los otros el mismo tipo de trato que tenemos con nosotros mismos. Rabi Akiba (sabio judío de los siglos I y II d.C.) declaró que esta regla era el gran principio de toda la ley. Por ella, nos vemos libres de celos o de envidias cuando a nuestro prójimo le está yendo bien.

CONTEMPLAMOS LA PALABRA

Lectura del libro del Levítico 19, 1-2. 17-18

El Señor dijo a Moisés: Habla en estos términos a toda la comunidad de Israel: Ustedes serán santos, porque yo, el Señor su Dios, soy santo. No odiarás a tu hermano en tu corazón; deberás reprenderlo convenientemente, para no cargar con un pecado a causa de él. No serás vengativo con tus compatriotas ni les guardarás rencor. Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Yo soy el Señor.
Palabra de Dios.
Salmo 102, 1-4. 8. 10. 12-13

R. El Señor es bondadoso y compasivo.

Bendice al Señor, alma mía, que todo mi ser bendiga a su santo Nombre; bendice al Señor, alma mía, y nunca olvides sus beneficios. R.

Él perdona todas tus culpas y sana todas tus dolencias; rescata tu vida del sepulcro, te corona de amor y de ternura. R.

El Señor es bondadoso y compasivo, lento para enojarse y de gran misericordia; no nos trata según nuestros pecados ni nos paga conforme a nuestras culpas. R.

Cuanto dista el oriente del occidente, así aparta de nosotros nuestros pecados. Como un padre cariñoso con sus hijos, así es cariñoso el Señor con sus fieles. R.

II LECTURA    

Los corintios corrían el peligro de quedar prendados de la sabiduría del predicador que habían escuchado: Pablo, Apolo, Cefas… Cuando damos prioridad a esas preferencias humanas, olvidamos que la sabiduría que queremos para nuestra vida es la que viene de Dios, es la que él nos comunica por su Espíritu Santo. Este espíritu vive dentro de nosotros, nos anima y nos da el discernimiento para la vida.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Corinto 3, 16-23

Hermanos: ¿No saben que ustedes son templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en ustedes? Si alguno destruye el templo de Dios, Dios lo destruirá a él. Porque el templo de Dios es sagrado, y ustedes son ese templo. ¡Que nadie se engañe! Si alguno de ustedes se tiene por sabio en este mundo, que se haga insensato para ser realmente sabio. Porque la sabiduría de este mundo es locura delante de Dios. En efecto, dice la Escritura: “Él sorprende a los sabios en su propia astucia”, y además: “El Señor conoce los razonamientos de los sabios y sabe que son vanos”. En consecuencia, que nadie se gloríe en los hombres, porque todo les pertenece a ustedes: Pablo, Apolo o Cefas, el mundo, la vida, la muerte, el presente o el futuro. Todo es de ustedes, pero ustedes son de Cristo y Cristo es de Dios.
Palabra de Dios.

EVANGELIO     

¿Cómo frenar la sucesión de odios, violencias y venganzas? Si obramos del mismo modo que quien nos agrede, solo lograremos multiplicar el mal. Pero ¿de dónde sacar fuerzas para sobreponernos a todo esto? De nuestra condición de hijos e hijas del Padre celestial, que ama con un amor sin límites a toda la humanidad. Él vive en perfecta comunión de amor con el Hijo y el Espíritu Santo. Ese mismo espíritu habita en nosotros y nos mueve al amor que nos hace capaces de superar la venganza y la enemistad.

Ì Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 5, 38-48

Jesús dijo a sus discípulos: Ustedes han oído que se dijo: “Ojo por ojo y diente por diente”. Pero yo les digo que no hagan frente al que les hace mal: al contrario, si alguien te da una bofetada en la mejilla derecha, preséntale también la otra. Al que quiere hacerte un juicio para quitarte la túnica, déjale también el manto; y si te exige que lo acompañes un kilómetro, camina dos con él. Da al que te pide, y no le vuelvas la espalda al que quiere pedirte algo prestado. Ustedes han oído que se dijo: “Amarás a tu prójimo” y odiarás a tu enemigo. Pero yo les digo: Amen a sus enemigos, rueguen por sus perseguidores; así serán hijos del Padre que está en el cielo, porque él hace salir el sol sobre malos y buenos y hace caer la lluvia sobre justos e injustos. Si ustedes aman solamente a quienes los aman, ¿qué recompensa merecen? ¿No hacen lo mismo los publicanos? Y si saludan solamente a sus hermanos, ¿qué hacen de extraordinario? ¿No hacen lo mismo los paganos? Por lo tanto, sean perfectos como es perfecto el Padre que está en el cielo.
Palabra del Señor.

COMPARTIMOS LA PALABRA

El Señor es compasivo y misericordioso

La belleza poética del salmo 102- a menudo desterramos la riqueza en contenido de los salmos- nos brinda la piedra angular en la que engarzar adecuadamente las tres lecturas de la liturgia de este domingo.

En el libro del Levítico se intuye el corazón de Dios y se constituye como referencia para la relación con los demás. Podríamos acentuar el hecho que subraya la responsabilidad que tenemos los unos para con los otros. Somos responsables de los demás, lo cual, no sintoniza esos criterios tan habituales de desapego, indiferencia y ese falso respeto que nos hace descuidados con respecto de los hermanos. Hemos de hacernos cargo unos de otros, la corrección fraterna es un modo de traducir que el otro nos importa de verdad.

Todo es vuestro, vosotros de Cristo

La profunda conciencia de nuestra dignidad nos sitúa en la realidad con dos implicaciones: la gratitud y la responsabilidad.

Gratitud por reconocernos en nuestra esencia constitutiva: imagen del Padre, hijos en Jesús, cauces del Espíritu.

Responsabilidad de traducir en actitudes concretas la presencia del modo nuevo de vivir como discípulos enviados.

Seréis hijos si hacéis el bien

El texto del evangelio de Mateo para este domingo, es la cristalización del espíritu de las bienaventuranzas. No se trata de vivir correctamente, ni siquiera generosamente, sino de vivir enteramente disponibles, siempre y para todos, creyendo de verdad que nuestra sencilla y constante siembra de bondad, puede y deber transformar el mundo.

Es preciso ser discípulos en Jesús, hacer de la relación con el Padre el centro de la existencia y de la experiencia del amor gratuito, la razón de la más profunda alegría.


ESTUDIO BÍBLICO

I. Lectura (Levítico 19,1-18): El amor en el judaísmo no llegaba al enemigo

La primera lectura de este domingo está tomada del Levítico, uno de los cinco que componen el Pentateuco. Sirve esta lectura como introducción y, además, como telón de fondo necesario para el texto del evangelio. Lev 19 es como una especie de decálogo o código de santidad. De este capítulo solamente se toman algunas cosas, entre las que sobresale la exigencia de Dios para que seamos santos. Pero en este caso el concepto de santidad no es algo que parezca inaccesible al hombre, sino que en la lectura de hoy se propone específicamente no vengarse de nadie de los que constituyen la comunidad de Israel; en esa comunidad, pues, se establece el concepto de prójimo; algo que se antoja demasiado restringido para lo que hemos de oír de las palabras de Jesús.

No obstante, debemos reconocer que en el ámbito religioso - cultural de la época, supone para Israel una aportación dignificadora frente a otros pueblos y otras culturas. El "amarás a tu prójimo como a ti mismo", desde luego, es un hito humano y teológico, aunque quedará empequeñecido con lo que Jesús pide. El Dios de Israel, el Dios creador del mundo, hubiera pedido algo más determinante, si no fuera porque son los hombres los que no saben interpretar adecuadamente cuál es la anchura del corazón de Dios. Solamente Jesús se atreverá a dar un paso mucho más decisivo y arriesgado interpretando a Dios como Padre que ama a todos sus hijos, aunque no sean de Israel.

II. Lectura (I Corintios 3,16-23): Cristo y la comunidad

En la segunda lectura vamos a concluir el tema de la sabiduría cristiana frente a la sabiduría del mundo que se ha ido proponiendo todos estos domingos. Ahora, en una especie de diatriba, Pablo quiere decir algo importante a la comunidad para que se percate de una vez por todas de la importancia de todo lo que les ha dicho en estos tres capítulos. Con la imagen del templo, del templo nuevo, del templo del Espíritu, el apóstol quiere enmarcar de nuevo, el principio de la sabiduría cristiana: si alguien en la comunidad, en la Iglesia, quiere ser considerado sabio, que no le importe que lo consideren necio, como que no vale. Porque los criterios de la comunidad cristiana deben ser distintos de los del mundo. Los que más valen, pues, no son los que triunfan en el mundo, porque el mundo construye sus triunfos en lo que fenece.

Por eso vuelve a mencionar a los "líderes" por los cuales la comunidad se dividía (Pablo, Apolo, Cefas-Pedro). Y por ello queda claro que todos los grandes y pequeños en la comunidad deben estar ante Cristo. De ahí podríamos inferir que los de Cristo no constituían un grupo aparte en la comunidad. Cristo, justamente, es el que unifica criterios, el que libera las ideas de todo personalismo de la sabiduría de este mundo. Y por eso la comunidad cristiana no debe tener personajes que deslumbren o líderes que se posesionen para ellos de la verdad del evangelio. Esa verdad es de cada uno, sean más inteligentes o tenga una misión más determinada. Porque el "cuerpo" de Cristo dignifica a todos aquellos que en el mundo no tendrían dignidad alguna.

Evangelio (Mateo 5,38-48): Frente a la violencia, el amor a los enemigos

El texto de Mt 5,38-48 es, como hemos adelantado, un hito prodigioso de luz y solidaridad para la humanidad. Nadie como Jesús se ha atrevido a hablar de esa forma y a jugarse la vida frente al odio del mundo y a la venganza entre enemigos. Es lo más típico y determinado de Jesús de Nazaret; así se reconoce en todos los ámbitos. Las antítesis veterotestamentarias, de las que sobresale la ley del talión, "ojo por ojo y diente por diente", no solamente quedan obsoletas, sino absolutamente anuladas en las propuestas de Jesús sobre el Reino. Las palabras de Jesús sobre el amor a los enemigos están insinuando el texto de Lev 19,18, la primera lectura de hoy. Es verdad que en el Antiguo Testamento, exactamente, no se dice "aborrecerás o odiarás a tu enemigo", pero como todos los que no son de la comunidad de Israel no pertenecen al pueblo de Dios, no había más que un paso para un tipo de relación de enemistad. Es decir, pueden ser excluidos del amor del buen israelita los que no son prójimo, los que no son de los nuestros. Aquí Jesús intenta poner el dedo sobre la llaga; intenta hablar y exigir que tengamos los mismos sentimientos de Dios, porque El no tiene enemigos, nadie es extraño para El, a nadie niega la lluvia y el sol. En las comunidades culturales-religiosas, como la de los esenios de Qumrán, se justifica más que sobradamente el odio a los que no pertenecen a la comunidad de la luz. Esta actitud está reflejada en la postura de interpretación religiosa de un judaísmo bien determinado. Jesús, pues, con estas antítesis, y principalmente con la última quiere incorporarnos a la "familia de Dios, del Dios como Padre", y en Él no cabe odio alguno. Por lo mismo, el amor al enemigo es la concreción más radical, por parte de Jesús, del amor al prójimo. No basta decir que el prójimo es el que piensa como yo, quien es de los míos; el prójimo son todos los hijos de Dios, y ningún hombre o mujer están excluidos de este derecho.

La quinta antítesis nos enfrenta a la no-violencia (5,38-42) teniendo como frontispicio la famosa ley del talión: "ojo por ojo y diente por diente". Las citas que están a la base de esta construcción tan particular y heterogénea son Ex 21,24; Lev 24,20; Dt 19,21. Y el texto, en término generales, es de Q (así se refleja en Lc 6,27-36), aunque los añadidos de Mateo son también realmente inconfundibles (vv. 38-39.41). Lo que se pide es tan extremo que muchos autores piensan que nos encontraríamos ante "dichos" auténticos de Jesús por el "criterio de disimilitud", es decir, que no pueden proceder ni del judaísmo ni de la comunidad cristiana, sencillamente porque Jesús "va más allá" siempre, en lo que piensa y en lo que dice, del judaísmo y del cristianismo primitivo; es más audaz, más profético y más arriesgado. Si la ley del talión había sido como un protocolo de no excederse en el mal que se ha causado, como casi todo lo de la Torá, quedará "cumplido" siendo más humano y más radical lo que se pide a un cristiano o a una comunidad cristiana. En el lenguaje popular la expresión de "poner la otra mejilla" ya tiene visos de leyenda para muchos y, sin duda, así se vive porque nadie está dispuesto a hacerlo. La bofetada en la "derecha" habla casi de infamia, del algo grave; de la misma manera el dúo túnica-capa y el quitar-dar es dejar a alguien desnudo, sin protección, sin personalidad, sin ser uno mismo. ¿Qué pretendía, pues Jesús con todo esto? Muchos se hacen esta pregunta y no encuentran fácil respuesta. Pero la cosa es más sencilla que todo eso: se trata de radicalizar la renuncia a la violencia... y todo lo demás podemos considerarlo como leyenda. Toda la comunidad cristiana debe saberlo y tenerlo en cuenta, aunque esté pasando por momentos críticos de persecución (en el caso de Mateo podía ser así) y de incomprensión. Estaríamos de acuerdo con el comentario de U. Luz, al respecto: "estos logia... tratan de causar extrañeza, de sacudir, de protestar simbólicamente contra el círculo de la violencia". Eso debe ser santo y seña de los seguidores de Jesús, porque él lo vivió personalmente así y de esa manera debe comportarse ideal y prácticamente una comunidad cristiana. Eso es lo que Jesús quiere que descubramos en el ámbito de la vida y en este estilo se muestra la categoría del Reino de Dios predicado por él. Así se explica el credo cristiano del rechazo a toda violencia, a la pena de muerte, a la respuesta de infamia y venganza por el mal que nos hayan podido hacer. El asunto no deja lugar a cualquier resquicio que justifique violencia o venganza. Este es uno de los aspectos más específicos del la verdad del Reino.

El amor a los enemigos (5,43-48) es la sexta y última antítesis de esa "plenitud" de la ley y los profetas que enmarca todo el conglomerado de las antítesis. Es la cumbre de todas ellas y el cenit de la radicalidad con que se pretendía esa plenitud de parte de Dios, revelado por Jesús. Así lo entiende Mateo quien sigue, no obstante, el texto de Q (Lc 6,27.32-35) e incluso reformula Q (Lc Lc 6,36) en el v. 48 de nuestro texto de hoy. En realidad el "odiarás a tu enemigo" no lo encontraremos en el AT, pero teniendo en cuenta que los que no son del pueblo de Dios, para el judaísmo, son pecadores, se entiende que se haya formulado de esta manera la exigencia de contraste del amor a los enemigos.

Estamos ante lo que es la esencia y el paradigma de lo verdaderamente cristiano; no hay algo más grandioso, más específico y más difícil de vivir que amar a quien nos odia, porque los enemigos son los que nos odian. Todos los elementos formarles o lingüísticos son de categoría y de contraste: amar, enemigos, hacer el bien, los que odian, bendecir, los que maldicen, orar, los que maltratan. Pero debemos tornar en consideración que en medio de estas oposiciones el punto de referencia es "el Padre del cielo", que es Dios. Esta antítesis no se puede entender sin esa referencia capital. El ejemplo del sol y de la lluvia es de una creatividad sin igual, que ningún humanista, filósofo o filántropo han podido imaginar. Hay que amar y perdonar a los enemigos, porque el "Padre del cielo" lo da todo a todos, es decir, no tiene enemigos. En el caso de Mateo, debernos entender que la "justicia" mayor que exige en el Sermón de la Montaña encuentra aquí toda su perfección. Es verdad que el amor o al menos la actitud del trato digno y justo o afirmaciones aproximadas las encontramos en otras religiones e incluso en círculos filosóficos o filantrópicos. Sin embargo, debemos reconocer que el amor a los enemigos es decididamente cristiano y por ello se entiende que el "logion" sale de la boca de Jesús. No podía ser de otra manera. Pero no es lo mismo la filfa o simpatía a todos los hombres incluso a los que nos son hostiles; en el mundo estoico nos encontramos con ciertas aproximaciones. Pero lo de Jesús va mucho más allá. No debemos olvidar que se habla de amar (agapaó) que es mucho más intenso y definitivo.

¿Es posible llegar a esta "justicia" tan perfecta? Lo que se nos dice en Mt 5,48 para rematar las antítesis es una propuesta de imitación: "sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto". Sabemos que ese es el sentido que tiene todo el sermón y las antítesis como elementos determinantes. Se nos pide que imitemos a Dios y no debe ser de otra manera, aunque nunca podamos ser como Dios, como el Padre. La "irnitatio Dei" es un planteamiento de la moral religiosa en todo su sentido cultural de la época y casi siempre ha sido así. Para Jesús, el modelo no puede ser sino Dios mismo, pero este como Padre. No obstante, la idea, tal como la formula Lucas 6,36 "sed compasivos" o "misericordiosos" (oiktírnzones) parece más conforme con lo que pudieron ser las palabras de Jesús, más en conformidad con el mismo hecho de tratar a Dios como Padre y no simplemente como Dios. Que a Dios se le considere perfecto es demasiado "jurídico" o "legal"; pero que a Dios-Padre se le considere como fuente de compasión y misericordia y que debamos hacer y sentir como El, es mucho más entrañable y humano. Querer ser perfectos como Dios es imposible, aceptar ser compasivos y misericordiosos como el Padre es lo propio de los seguidores de Jesús. En ese sentido no debemos tener miedo de tener a Dios, al Dios Padre, como modelo de nuestra vida, de la misma manera que lo experimentó Jesús.

Se ha hablado mucho de la utopía del amor a los enemigos como un imposible. Es verdad que es una propuesta "utópica", porque está fuera de lo normal, de lo que la antropología y la psicología nos dictan e incluso nos imponen. Pero si cambiáramos esta exigencia utópica del cristianismo toda caería por tierra. Si es imposible para cada uno de nosotros aceptémoslo, pero no por ello ignoremos las palabras de Jesús que lo llevó a la práctica, y de muchos seguidores. En todo caso, si es una utopía, se trata de una utopía irrenunciable que debe practicarse con todas nuestras fuerzas, las que tengamos, las que sintamos... lo demás, lo podemos dejar en las manos de Dios Padre que no ayudará a cambiar el corazón.