jueves, 1 de noviembre de 2012

TODOS LOS SANTOS


1 DE NOVIEMBRE DE 2012

SOLEMNIDAD DE TODOS LOS SANTOS

“Alégrense y regocíjense entonces,
porque ustedes tendrán una gran recompensa en el cielo.”

La Iglesia nos convoca hoy para celebrar y recordar a todos los santos. Es un día esplendoroso que nos repite algo ya conocido: son muchos los hombres y mujeres que pasaron por esta tierra tratando de hacer el bien, siguiendo las huellas de Jesucristo. La fiesta nos dice, también, que vivir en esta tierra no es caminar desorientados o perdidos en la noche. Nos dice que estamos sobre la tierra como producto del amor de Dios. Su llamada universal a la santidad es la certeza de que ante Él todos somos iguales y a todos nos espera cumpliendo su deseo. La llamada, por tanto, afecta a todos ya que todos somos hijos de Dios. Muchos hombres y mujeres a lo largo de la historia respondieron con fidelidad a esa llamada. Hoy los recordamos a todos, englobados en esa unidad donde no se destacan nombres o particularidades. Son multitud, gracias a Dios, y son la constatación de que la santidad está al alcance de todos. Es día para dar gracias por el triunfo de la gracia en estas buenas personas. Ellas siguen señalando el camino por donde imitar a Jesucristo.

La santidad, en este sentido, no es otra cosa que vivir coherentemente esa condición filial, conscientes de que responder a esa llamada es responsabilidad de cada uno. Es verdad que en esa respuesta nos jugamos nuestra felicidad. Es lo que nos propone Jesús en el Evangelio al ofrecernos las bienaventuranzas como camino seguro hacia una vida dichosa ya aquí, mientras vamos caminando hacia el encuentro definitivo y pleno con Dios.

CONTEMPLAMOS LA PALABRA

PRIMERA LECTURA

Estos santos que cantan delante del trono de Dios pertenecen al pueblo de Israel y a todas las naciones de la tierra. Son todos esos hombres y mujeres que en su vida terrenal han sido "servidores de Dios". Con su presencia, han hecho que nuestro mundo tenga un anticipo de la alegría celestial. Y ahora están gozando de esa alegría definitiva.

Lectura del libro del Apocalipsis 7, 2-4. 9-14

Yo, Juan, vi a un Ángel que subía del Oriente, llevando el sello del Dios vivo. Y comenzó a gritar con voz potente a los cuatro Ángeles que habían recibido el poder de dañar a la tierra y al mar: "No dañen a la tierra, ni al mar, ni a los árboles, hasta que marquemos con el sello la frente de los servidores de nuestro Dios". Oí entonces el número de los que habían sido marcados: eran ciento cuarenta y cuatro mil, pertenecientes a todas las tribus de Israel. Después de esto, vi una enorme muchedumbre, imposible de contar, formada por gente de todas las naciones, familias, pueblos y lenguas. Estaban de pie ante el trono y delante del Cordero, vestidos con túnicas blancas; llevaban palmas en la mano y exclamaban con voz potente: "¡La salvación viene de nuestro Dios que está sentado en el trono, y del Cordero!". Y todos los Ángeles que estaban alrededor del trono, de los Ancianos y de los cuatro Seres Vivientes, se postraron con el rostro en tierra delante del trono, y adoraron a Dios, diciendo: "¡Amén! ¡Alabanza, gloria y sabiduría, acción de gracias, honor, poder y fuerza a nuestro Dios para siempre! ¡Amén!". Y uno de los Ancianos me preguntó: "¿Quiénes son y de dónde vienen los que están revestidos de túnicas blancas?". Yo le respondí: "Tú lo sabes, señor". Y él me dijo: "Estos son los que vienen de la gran tribulación; ellos han lavado sus vestiduras y las han blanqueado en la sangre del Cordero".
Palabra de Dios.

SALMO

Salmo 23, 1-6

R. ¡Benditos los que buscan al Señor!

Del Señor es la tierra y todo lo que hay en ella, el mundo y todos sus habitantes, porque él la fundó sobre los mares, él la afirmó sobre las corrientes del océano. R.

¿Quién podrá subir a la Montaña del Señor y permanecer en su recinto sagrado? El que tiene las manos limpias y puro el corazón; el que no rinde culto a los ídolos ni jura falsamente. R.

Él recibirá la bendición del Señor, la recompensa de Dios, su Salvador. Así son los que buscan al Señor, los que buscan su rostro, Dios de Jacob. R.

SEGUNDA LECTURA

"Aún no se ha manifestado lo que seremos". En esta existencia, ya renovada por la gracia de Dios, todavía no percibimos totalmente nuestra condición de hijos e hijas de Dios. Todavía, en este mundo, el pecado ensombrece esa dignidad filial. Pero caminamos en la esperanza de llegar a vivir, en forma plena y definitiva, nuestra comunión con Dios.

Lectura de la primera carta de san Juan 3, 1-3

Queridos hermanos: ¡Miren cómo nos amó el Padre! Quiso que nos llamáramos hijos de Dios, y nosotros lo somos realmente. Si el mundo no nos reconoce, es porque no lo ha reconocido a él. Queridos míos, desde ahora somos hijos de Dios, y lo que seremos no se ha manifestado todavía. Sabemos que cuando se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal cual es. El que tiene esta esperanza en él, se purifica, así como él es puro.
Palabra de Dios.

EL EVANGELIO PARA EL DÍA DE HOY

Las bienaventuranzas nos presentan un modo de santidad que se realiza en la vida cotidiana: en vez de imponerse por la fuerza, actuar con mansedumbre; en vez de buscar el lujo o la opulencia, tener alma de pobre; en vez de aspirar al aplauso y el éxito fácil, trabajar constantemente por la paz y la justicia. Esa es la santidad a la que nos llama Jesús, la que el mundo necesita.

Ì Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 4, 25-5, 12

Seguían a Jesús grandes multitudes, que llegaban de Galilea, de la Decápolis, de Jerusalén, de Judea y de la Transjordania. Al ver a la multitud, Jesús subió a la montaña, se sentó, y sus discípulos se acercaron a él. Entonces tomó la palabra y comenzó a enseñarles, diciendo: "Felices los que tienen alma de pobres, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos. Felices los afligidos, porque serán consolados. Felices los pacientes, porque recibirán la tierra en herencia. Felices los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados. Felices los misericordiosos, porque obtendrán misericordia. Felices los que tienen el corazón puro, porque verán a Dios. Felices los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios. Felices los que son perseguidos por practicar la justicia, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos. Felices ustedes, cuando sean insultados y perseguidos, y cuando se los calumnie en toda forma a causa de mí. Alégrense y regocíjense entonces, porque ustedes tendrán una gran recompensa en el cielo; de la misma manera persiguieron a los profetas que los precedieron".
Palabra del Señor.

COMPARTIMOS LA PALABRA

Entre el desafío y la nostalgia

La frase es de León Bloy y refleja muy bien la conclusión, que una reflexión general de la existencia, nos puede ofrecer si queremos medirla en su profundidad más auténtica: “Hay una sola tristeza: la de no ser santos”. Es la única tristeza porque define que la existencia vivida al margen de los valores del evangelio no ha logrado su objetivo, ha quedado varada escuchando de lejos la llamada del mar infinito que es Dios. Que sea la única tristeza que hay que valorar es signo de que la santidad debería ser lo que definiera la vida de todo seguidor de Jesús. Por eso, la fiesta de todos los santos que hoy celebramos nos recuerda que el santo ha acertado al diseñar y vivir el sentido de toda su existencia; le ha dado plenitud desarrollando lo que de él espera Dios y ha puesto en funcionamiento lo mejor que de Él ha recibido. El recordar hoy a esa multitud, un tanto anónima, que ha logrado traspasar la barrera de lo ordinario para vivir desde una exigencia intensa su condición de persona, se convierte para todos en un desafío. Ellos lo hicieron ¿por qué yo no?
La fiesta nos habla también de nostalgia. Estamos hechos para caminar hacia Dios, ya que solo Él puede saciar nuestra sed de absoluto. La frase de San Agustín explica una vez más esta realidad: “Nos hiciste Señor para ti y nuestro corazón está inquieto hasta descansa en ti”. En el fondo toda persona en la que brilla la bondad de manera especial nos remite a ese deseo de santidad que está presente también en nuestro interior. No canalizarlo adecuadamente hacia quien puede satisfacerlo, es quedarnos a mitad de camino. Esta muchedumbre de buenas personas que hoy conmemoramos nos dice que es posible realizar este sueño. Los santos nos recuerdan que ese deseo profundo está presente en todos y la mayor tristeza es no haberle encontrado salida. Desviarnos, por tanto, del camino, es optar por separarnos, cada vez más, de lo que a todos nos atrae porque estamos hechos para seguirlo y obtener así nuestro deseo: vivir para Dios y en Dios. Esta muchedumbre de personas a las que hoy recordamos no tuvieron aptitudes extraordinarias que hicieran fácil su camino; sintieron como todos el anhelo de Dios y, por encima de todas sus carencias, trataron de encauzarlo siguiendo a Jesucristo. La llamada a la santidad sigue resonando en nuestro interior aunque afanes diversos nos lo oculten.

La identidad más depurada del hombre cristiano

La primera lectura nos sitúa ante la gran muchedumbre que se contempla al final del camino y que se sitúa ante el Cordero tributándole honor, participando así de su gloria. La pregunta surge con naturalidad: “Éstos que están vestidos con vestiduras blancas, ¿quiénes son y de dónde han venido?” Y la respuesta deja clara su identidad: “son los que vienen de la gran tribulación; han lavado sus vestiduras y las han blanqueado con la sangre del Cordero”. Es decir, ellos adoptaron una forma de vida que procede del mismo Jesús y no se acomodaron a lo que el mundo les ofrecía; al contrario, permanecieron fieles a las exigencias del evangelio. Y esto no ha sido una tarea fácil; al contrario, les ha ocasionado dificultades y sufrimiento, pero han vencido. La gran tribulación fue la prueba donde se curtió su fidelidad. Al final del camino viven la alegría de estar ante quien ha presidido sus vidas y ahora viven la gran fiesta donde se premia su fidelidad.

La segunda lectura ahonda en esa identidad. “Ahora somos ya hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que cuando se manifieste seremos semejantes a Él”. Lo que somos es parte de un proceso que hemos de ir viviendo para desembocar en la plenitud. Estamos en camino y es en ese camino donde se ha de ir reflejando nuestra condición de hijos. No caminamos como apátridas, sabemos hacia dónde vamos y quién nos acompaña. Cuanto más vivo sea ese carácter filial y mejor se reproduzca en nuestra conducta más claro será el camino por donde avanzamos y más auténticamente seremos nosotros mismos, más nítidamente aparecerá nuestra identidad. Dios no viene a borrar nuestra condición personal para diluirla en un todo neutralizador del individuo. En esa semejanza brillará su luz iluminando lo que realmente somos partiendo de nuestra individualidad.

Las dos lecturas proclaman que nuestro ser cristiano se define por la fidelidad a nuestra condición de hijos de Dios. Una fidelidad que acepta la paternidad amorosa de Dios y que la explicita día a día, entre incertidumbres y dudas, pero que vive de ella sabiendo que pide esfuerzo. Es esa condición filial la que convierte a los hombres en hermanos y define a una gran multitud que viene de toda nación, raza, pueblo y lengua para aclamar juntos al Cordero inmolado. Una condición reconocida y aceptada de hijos que abarca a todos los que están abiertos a acoger, explícita o implícitamente, el mensaje del Reino.

Invitación a seguir sus huellas

Las bienaventuranzas que se proclaman en el evangelio del día ajustan ese modo de vida. Ellas nos explicitan cómo vivió Jesús. Solo desde esa experiencia suya puede proclamarlas. No son una imposición, tampoco una expresión de buen deseo. Son una constatación de lo que significa vivir según los valores del evangelio y las consecuencias que de ello se siguen. El proceso para llegar a comprender y asumir esas actitudes no es nada fácil ya que parecen ir contra corriente. Desde la educación que recibimos a las pautas que rigen en la sociedad, se nos invita a lo contrario e, incluso, en su ejecución parece subyacer el riesgo de encontrar la oposición y la muerte. Pese a todo, el resultado que Jesús enuncia es claro: la felicidad.

En un mundo un tanto desnortado las bienaventuranzas manifiestan cómo dar sentido a la vida y, en ese aspecto, nos hablan de algo que es nuclear en los seguidores de Jesús. Vivir esas bienaventuranzas es acercarnos, por una parte, al sentido más profundo de la vida del mismo Jesús y, por otra, a la felicidad, el deseo más intenso que todos llevamos dentro. Son la propuesta que hace Jesús ante la aspiración de todo ser humano de encontrar la felicidad, ese espacio donde todos gastamos nuestras fuerzas. Bien es verdad que, con frecuencia, esas fuerzas se van en conformarnos con una felicidad a corto plazo. El riesgo de buscarla en los sitios más equivocados y de la manera más errónea está presente en nuestra vida. Por eso, no es extraño que en la lucha diaria nos quedemos en la superficie de todo aquello que son compensaciones inmediatas. Y ahí puede surgir una constatación un tanto pesimista: concluir que la felicidad no existe y acabar desconfiando de las grandes promesas y de las palabras hermosas. No es extraño, por eso, que se acabe recortando las aspiraciones más hondas y se renuncie a la dicha que todos buscamos en el fondo de nuestro ser.

Ante el escepticismo o el desaliento las palabras de Jesús surgen claras: es posible alcanzar la felicidad, pero hay que subvertir valores y seguir sus palabras con fidelidad. Los santos supieron escuchar y poner en práctica sus palabras. Cada uno, a su manera, supo encarnar alguna de estas bienaventuranzas de forma especial. Hoy, desde la experiencia vivida, nos llega su mensaje: fueron auténticos hijos de Dios que, viviendo en fidelidad, atravesaron todas las inclemencias que el mundo opuso a esa fidelidad. Hoy los recordamos como modelos a seguir. Sus nombres tienen poco interés, son muchedumbre. Su vida es constatación de que la gracia sigue operando entre los hombres cuando vivimos abiertos a su fuerza.

La fiesta nos invita a dar gracias a Dios por tantas personas buenas que han sido fieles a Jesucristo y han contribuido con su bondad a hacer un mundo más humano donde se refleja mejor la realidad del Reino. Al mismo tiempo nos invita a revisar nuestra propia vida a la luz de lo que esa muchedumbre de santos proclama, desde el convencimiento de que ser hijos de Dios es un compromiso que encuentra en las bienaventuranzas su mejor expresión.

ESTUDIO BÍBLICO

Saber ser hijos de Dios como programa de santidad

La liturgia de este día nos brinda la celebración de una de las fiestas más populares y entrañables: la festividad de todos los Santos y , a la vez, la ocasión para reconsiderar nuestra vida cristiana mirando hacia adelante, hacia el final de la historia de cada uno y de la humanidad.

Iª Lectura: Apocalipsis (7,2-4.9-14): El canto de los redimidos

I.1. En la primera lectura, en dos visiones, se nos muestra la apertura del misterio de la historia con la visión del ángel que trae el sello para guardar a aquellos que deben ser liberados de la destrucción. El libro del Apocalipsis, como sucede en la literatura de este tipo, literatura religiosa por excelencia, pero radicalmente mítica, necesita ser interpretado con la riqueza de los símbolos. Este tipo de literatura se produce en tiempos de crisis y debemos estar atentos a no confundir simbolismo con realidad. El sello sobre los siervos de Dios sella su pertenencia a El y, por lo mismo, la garantía de ser salvados.- La visión de la multitud inmensa, incontable, es un paso más en este simbolismo y probablemente propone algo que se relaciona con las diferencias entre el Antiguo y el Nuevo Testamento, entre la antigua y la nueva Alianza. Por eso se dice que, si en la primera visión se habla 144.000, era para hablar del pueblo de la Antigua Alianza, mientras que el “número incontable” representa al nuevo pueblo de Dios que ha ganado Cristo, el Cordero sacrificado, con su sangre. Los ángeles, los mensajeros de Dios, realizan sus planes del juicio y de salvación. Por eso, cuatro de ellos están en los cuatro puntos cardinales, dispuestos a desencadenar los vientos que destruyan el mal de la historia; pero de Oriente llega otro mensajero (donde nace el Sol: Dios), que trae la gran noticia, de que antes deben poner un señal en las puertas como sucedió a los israelitas en el momento de la Pascua de Egipto. Estamos, pues, ante una famosa liturgia Pascual, del día del Señor, en la que el autor nos ha querido situar al principio de su obra.

I.2. En el texto se nos quiere hablar de mártires, pero también de todos aquellos que han pasado por la tribulación de la historia, se han lavado en el bautismo, en nombre de Jesucristo, en el misterio Pascual...y están ante el trono de Dios. Las palmas, en la antigüedad, son signo de los vencedores. Y, aunque pudiera centrarse en los que han sido martirizados y han vencido por el martirio, no se puede pensar que todos son mártires. Por eso, más bien se trata de una palma para alabar a Dios y a Cristo que son los auténticos vencedores de la historia. El tema que se propone es el de la salvación (aparece aquí y en Ap 12,10 y 19,1). Se insinúa algo de los Salmos 118,25, 3,9. El sentido es que Dios ha liberado a los hombres del poder del mal, representado en el Imperio, como Satanás y como la gran prostituta en las otras dos citas que hemos mencionado. La victoria, pues, de los hombres y de los mártires pertenece muy especialmente al Cordero, quien ha dado su vida precisamente para que sea vencido el poder de los hombres que engendra el odio y la muerte.

I.3. Pero la “palma” se la lleva el himno que es una confesión de fe: la salvación se debe a Dios y al Cordero. La salvación, la liberación... no dependen de los hombres, sino que es una gracia de Dios que ellos han acogido y se han mantenido fieles a la fuerza salvífica del amor crucificado, de la Pascua. Por eso lo proclaman en la liturgia celeste. Y entonces, toda la asamblea celeste (ángeles, ancianos y vivientes), se prosternan ante Dios y lo adoran cantando: Amen… Bendición y gloria, sabiduría y acción de gracias, honor, poder y fortaleza a nuestro Dios por los siglos de los siglos. Amen (v. 12). Los que han muerto fieles a Dios y a Cristo, bien en el martirio, bien en su fidelidad a la fe cristiana centrada en el misterio Pascual, han pasado por la tribulación de la historia, donde reina el poder del mal. Pero ahora gozan de la fidelidad eterna, aunque hayan pasado por la muerte. Lavar sus vestiduras en la sangre del Cordero es una teología bautismal, también eucarística, inspirada en algunos textos del AT (Ex 19,10.14).

I.4. La muerte y la resurrección de Cristo son el punto clave de la teología del bautismo y de la eucaristía. La imagen que se ha escogido para expresar la felicidad es que están ante el trono: y Dios los cobija en su tienda, la shekiná, la presencia de Dios, como Jn 1,14 había escogido para expresar el misterio de la encarnación. Ahora es cuando se cumple la profecía del Enmanuel verdaderamente, porque Dios estará con los resucitados para siempre. No tendrán más hambre, ni tendrán más sed: expresiones de debilidad, de necesidad; ni caerá sobre ellos el sol, como si estuvieran en el desierto, porque Dios mismo es la razón de su existencia. Y Cristo, el Cordero, será el que apaciente a su pueblo, será pastor siendo Cordero, para llevarlos a las fuentes de agua viva. Efectivamente, los vv. 15-17 son las imágenes escogidas por el autor del Ap para hablar de la vida futura, escatológica, de la victoria sobre la muerte según muchas expresiones que podemos encontrar en los textos del AT (v.g. Is 25, 8) y de la teología joánica (Jn 4,14; 7,38), que son las fuentes de la revelación.

IIª Lectura: Iª de Juan (3,1-3): La imagen de hijos de Dios

II.1. Este texto es una teología sobre la vida cristiana que se representa bajo la imagen y la experiencia de “ser hijos de Dios”. Se trata de una alta teología como corresponde al círculo de las comunidades cristianas de Juan, tanto del evangelio como de las cartas. Y en este marco teológico deberíamos pensar que, precisamente el misterio de la santidad que hoy se celebra hace referencia directa a que lo más importante de la vida cristiana es ser, y no perder, la imagen de hijos de Dios.

II.2. Si el título cristológico más coherente de la teología joánica, justamente, es lo que afecta a la filiación divina de Jesús, también para sus seguidores debe existir una posibilidad de vivir en el ámbito de las relaciones entre el Padre y el Hijo. Por ello se dice que seremos semejantes a Él. Muchos santos ,desconocidos para nosotros, lo son porque han sabido guardar sencillamente la imagen de hijos de Dios en sus vidas. Por eso, la expresión “veremos a Dios tal cual es” viene a ser una de las afirmaciones más teológicas. El misterio de Dios se hará luz y “hijos de Dios” no tendremos miedo de contemplar el “rostro” de Dios, la intimidad de Dios, la misericordia de Dios. Para eso se nos ha creado y para eso hemos nacido. ¡Vivamos con esperanza!

Evangelio: Mateo (5,1-12): Las opciones del Reino

III.1. El evangelio de esta fiesta es ya proverbial; se trata de las bienaventuranzas de Mateo, cuyo texto, además, tiene la solemnidad de una proclamación, sobre un monte (de ahí el Sermón de la Montaña en que está contextualizado), y para toda la multitud, como sería la multitud incontable del texto de Apocalipsis ( primera lectura). Es la carta magna del discipulado, de la vida cristiana, del seguimiento de Jesús, de la salvación futura. Las bienaventuranzas son creativas, no cuantitativas. Son los puntos más determinantes con los cuales Jesús ha pretendido una nueva humanidad, un nuevo pueblo. No se trata de proponer algo exótico, mágico o taumatúrgico, sino algo bien humano. No obstante, es verdad que se plantea un auténtico esfuerzo por conquistar la gloria, la libertad y la paz. Se propone la pobreza que libera el corazón de muchas ataduras, la misericordia que introduce en las relaciones humanas la benevolencia y el perdón, la limpieza de corazón para juzgar y ser juzgados, la lucha por la justicia, porque Dios es justo. Se proclaman bienaventurados por haber elegido lo que el mundo no elige, simplemente porque odia; por haberse decidido por el sentido mejor de la vida. Se trata de una posibilidad de santidad que se debe vivir ya desde ahora, aquí en nuestra historia; no queda para después de que todo haya acabado.

III.2. Se ha insistido mucho en los aspectos literarios y exegéticos de las bienaventuranzas de Mateo (5,1-12) y de Lucas (6,20-22) sobre el tenor original, es decir, aquellas que están más cerca de las palabras de Jesús. Sin duda, todo tiene su sentido, pero quedan muchas preguntas sobre la mesa, porque se permiten diferentes interpretaciones. El texto original que se tomó del texto de Q (sea simplemente Documento o Evangelio como algunos defienden hoy) podría estar bien representado en Lucas, pero no es algo absoluto. Sabemos que las bienaventuranzas tienen un ámbito muy coherente en la literatura sapiencial, la que enseña a vivir, a comportarse, a elegir lo que da o no da sentido a la vida. La propuesta de Jesús, por lo tanto, no está lejos de este contexto sapiencial: con las bienaventuranzas Jesús quiere proclamar el Reino de Dios y quiere enseñar a vivir en ese Reino al que dedica su vida. Son expresiones que nos muestran a un Jesús “profeta escatológico” (no necesariamente apocalíptico), que quería anunciar lo que debería cambiar esta historia.

III.3. Algunos especialistas han hecho una traducción sobre las bienaventuranzas en las que siempre es determinante el verbo “elegir”. Considero que puede ser discutible, pero es esclarecedor. Eso significa que proclamar bienaventurado (makários) a alguien no es porque sí, por su cara bonita, porque es un desgraciado o porque es o ha nacido en esta o aquella situación. En las bienaventuranzas, por su tono sapiencial, son muy importante las opciones: elegir ser pobre y no rico en este mundo; elegir la justicia y no otra cosa; elegir la paz. Aquí están representados los valores del reino, los valores de la vida ante Dios. Esto, independientemente de las bienaventuranzas auténticas de Jesús o las añadidas por la tradición catequética de la comunidad de Mateo. Es verdad que el término “elegir” no está en el texto, pero lo implica necesariamente. ¿Por qué? Porque no se trata de una proclamación sin contar con la voluntad soberana del hombre que vive y hace la historia.

III.4. Un factor muy importante de lectura e interpretación sería hacer el intento de traducir a un lenguaje de hoy el texto de las bienaventuranzas; teniendo en cuenta ese sentido sapiencial del que hemos hablado y esa “opción” o “elección” que hemos planteado como necesaria. Debemos conservar las palabras del evangelio, de Mateo o de Lucas, si es posible en su tenor y en su sentido original. Pero hoy debemos enriquecer nuestra comprensión de las mismas con el “espíritu” que emana de ellas. Es como cuando hemos vivido y atravesado un puente romano durante todo la vida, pero ahora, sin destruir ese puente, porque la ciudad ha crecido, hacemos uno nuevo, con tecnología punta. Subsisten los dos, pero quizás por el romano no pueden pasar todos los vehículos pesados de hoy. Los limpios de corazón, por ejemplo, son dichosos porque están abiertos a los demás y los valoran como hijos de Dios. Es decir, seamos creativos y proféticos al interpretar las bienaventuranzas del Reino.

jueves, 25 de octubre de 2012

DOMINGO 30 DEL TIEMPO ORDINARIO


 
"Maestro, que yo pueda ver"
Nuestro mundo, plural y globalizado, con un avance en las ciencias como nunca antes y con reconocimientos de derechos e igualdades cada día en ascenso, muestra la grandeza del ser humano capaz de modificar su entorno y de crear herramientas para vivir y conocer. Este avance, que es propio de la naturaleza humana siempre en desarrollo, no ha podido dar respuestas a las interrogantes más profundas de la humanidad.

Generación tras generación, el sentido de la vida, la búsqueda de la salud y de la felicidad han sido un reto a conquistar. ¿Existe ya alguna respuesta o habrá que seguir buscando?

Las lecturas de este XXX domingo del Tiempo Ordinario nos ayudan a descubrir en Jesús una fuente inagotable de luz y salud, y una respuesta a la condición humana de vulnerabilidad y de búsqueda de sentido.

CONTEMPLAMOS LA PALABRA

I LECTURA

Dios quiere derramar sobre nosotros toda su ternura paternal. Su cuidado es el que nos restablece las fuerzas, nos pone de pie y nos permite caminar. Quien reconoce su propia flaqueza y debilidad, puede alegrarse con este obrar de Dios, y expresar con alegría la salvación.

Lectura del libro de Jeremías 31, 7-9

Así habla el Señor: ¡Griten jubilosos por Jacob, aclamen a la primera de las naciones! Háganse oír, alaben y digan: "¡El Señor ha salvado a su pueblo, al resto de Israel!". Yo los hago venir del país del Norte y los reúno desde los extremos de la tierra; hay entre ellos ciegos y lisiados, mujeres embarazadas y parturientas: ¡es una gran asamblea la que vuelve aquí! Habían partido llorando, pero yo los traigo llenos de consuelo; los conduciré a los torrentes de agua por un camino llano, donde ellos no tropezarán. Porque yo soy un padre para Israel y Efraím es mi primogénito.
Palabra de Dios.

SALMO

Salmo 125, 1-6

R. ¡Grandes cosas hizo el Señor por nosotros!

Cuando el Señor cambió la suerte de Sión, nos parecía que soñábamos: nuestra boca se llenó de risas y nuestros labios, de canciones. R.

Hasta los mismos paganos decían: "¡El Señor hizo por ellos grandes cosas!". ¡Grandes cosas hizo el Señor por nosotros y estamos rebosantes de alegría! R.

¡Cambia, Señor, nuestra suerte como los torrentes del Négueb! Los que siembran entre lágrimas cosecharán entre canciones. R.

El sembrador va llorando cuando esparce la semilla, pero vuelve cantando cuando trae las gavillas. R.

SEGUNDA LECTURA

Los sacerdotes del antiguo Israel se casaban y formaban una familia. El cargo de sacerdote se transmitía en forma hereditaria, y solo podían ejercerlo los descendientes de Aarón. Jesús no pertenecía a ese linaje, pero fue hecho sacerdote para siempre porque consagra toda su vida como ofrenda a Dios.

Lectura de la carta a los Hebreos 5, 1-6

Hermanos: Todo Sumo Sacerdote del culto antiguo es tomado de entre los hombres y puesto para intervenir en favor de los hombres en todo aquello que se refiere al servicio de Dios, a fin de ofrecer dones y sacrificios por los pecados. Él puede mostrarse indulgente con los que pecan por ignorancia y con los descarriados, porque él mismo está sujeto a la debilidad humana. Por eso debe ofrecer sacrificios, no solamente por los pecados del pueblo, sino también por sus propios pecados. Y nadie se arroga esta dignidad, si no es llamado por Dios como lo fue Aarón. Por eso, Cristo no se atribuyó a sí mismo la gloria de ser Sumo Sacerdote, sino que la recibió de Aquél que le dijo: "Tú eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy". Como también dice en otro lugar: "Tú eres sacerdote para siempre, según el orden de Melquisedec".
Palabra de Dios.

EL EVANGELIO PARA EL DÍA DE HOY

En los últimos domingos, el evangelio de Marcos nos ha presentado diversas escenas que relatan lo que pasaba entre Jesús y los discípulos mientras iba camino a Jerusalén. En esta ocasión, el texto nos presenta a alguien que estaba "al borde del camino". Hoy lo llamaríamos un marginal, un excluido. Desde su marginalidad, Bartimeo reconoce a este que pasa y confía en él. Aunque los discípulos, en su incomprensión, quieren callarlo, él no deja de gritar. Para él, sanación y liberación llegan juntas, en la visión y en ese decidido "lo seguía por el camino", que expresa lo que es su nueva vida.

Ì Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos 10, 46-52

Cuando Jesús salía de Jericó, acompañado de sus discípulos y de una gran multitud, el hijo de Timeo -Bartimeo, un mendigo ciego- estaba sentado junto al camino. Al enterarse de que pasaba Jesús, el Nazareno, se puso a gritar: "¡Jesús, Hijo de David, ten piedad de mí!". Muchos lo reprendían para que se callara, pero él gritaba más fuerte: "¡Hijo de David, ten piedad de mí!". Jesús se detuvo y dijo: "Llámenlo". Entonces llamaron al ciego y le dijeron: "¡Ánimo, levántate! Él te llama". Y el ciego, arrojando su manto, se puso de pie de un salto y fue hacia él. Jesús le preguntó: "¿Qué quieres que haga por ti?". Él le respondió: "Maestro, que yo pueda ver". Jesús le dijo: "Vete, tu fe te ha salvado". En seguida comenzó a ver y lo siguió por el camino.
Palabra del Señor.


COMPARTIMOS LA PALABRA

El conocido grito de Bartimeo: “Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí”, expresa no únicamente el anhelo de recibir por parte de Jesús la salud visual, sino principalmente la necesidad humana de hallar el faro de luz al cual dirigir la existencia. Por esta razón, luego de Jesús devolverle la vista al ciego, Bartimeo, decide seguirle por el camino.

Promesas de restauración con trasfondo mesiánico

En el fragmento del capítulo 31 del libro del profeta Jeremías, que forma parte del conjunto conocido como el “Libro de la consolación”, se anuncia el regreso del resto del Reino de Israel (norte) que había sido deportado durante la invasión Asiria. El profeta, que realiza su ministerio en el Reino de Judá (sur), ante la inminente invasión Babilónica, profetiza primero en favor del reino del norte, prometiendo de parte de Dios la llegada del tiempo de la restauración.

Este tiempo prometido destacará por peculiaridades mesiánicas: restauración del reino unificado bajo el rey David (la casa de David), alegría y gozo en Yahvé consecuencia del final de las miserias humanas y de amenazas extranjeras, e implantación de la justicia y el derecho, donde los débiles y marginados gozarán de pleno reconocimiento de su dignidad y reintegración social.

Partiendo de estas promesas de Dios a su pueblo, se puede presentar a Jesús como el cumplimiento de las mismas desde su mensaje y su praxis, en la predicación e instauración del Reino de Dios.

Jesús, Luz y Salud del mundo

Ante la visión cristiana de reconocer a Jesús como “el esperado de los tiempos”, las profecías veterotestamentarias alcanzan en él su cumplimiento: unidad de todos los pueblos entorno a un centro, Alianza renovada y presencia restauradora del poder de Dios.

La persona de Jesús puede presentarse, por tanto, como la Luz y la Salud del mundo. Luz, como fue para Bartimeo, tanto al recobrar el sentido de la vista como al reconocer en Jesús algo más que un curandero itinerante. Sus palabras atestiguan el trasfondo mesiánico de su proceder: “Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí”. Recibe, pues, al mismo tiempo la capacidad de poder poner rostros a las personas, colores y contornos a la vida, como la capacidad de poder ver un camino, un senda, un sentido vital. Por esto, luego, decide seguir a Jesús.

También, desde la convergencia de la perspectiva mesiánica con la praxis de Jesús, podemos ver en él la Salud del mundo. Jesús ciertamente le devuelve la vista a un ciego, signo patente de la llegada del Reino de Dios, pero al mismo tiempo le restaura su dignidad socialmente reducida. Bartimeo ya no tendrá que vivir de la limosna como lo hacía, podrá insertarse en la sociedad y gozará del reconocimiento de todos, principalmente dentro de un mundo en el cual los discapacitados eran excluídos sociales y religiosos.

Cristo sigue otorgando Luz y Salud en y a través de su Iglesia

En la predicación del Evangelio, la vida litúrgico-sacramental y el ejercicio de la caridad de la comunidad de discípulos de Jesucristo, él sigue obrando de la misma manera que lo realizó con Bartimeo: el Evangelio es fuente de luz y salud liberadora de la condición humana y de los pueblos, la caridad es reflejo del ser luminoso de Dios y de la realidad salvadora a la que estamos vocacionados, la vida sacramental es el ejercicio de la comunicación divino-humana tendente hacia la plenitud en Cristo, nuestra Luz y Salud.

La nueva vida a la que nace Bartimeo puede presentarse de manera análoga con la vida del bautizado. Se nace a la luz de Dios, se recibe la salud moral-espiritual y se comienza un camino de sentido existencial hacia un fin determinado. Durante este camino, acompañado de la gracia de los demás sacramentos, principalmente en la eucaristía, Dios sigue comunicando su luz y su salvación a todos; desde el sacerdocio de Cristo, como símbolo de Dios.

La fe es necesaria para poder decir: “Maestro, que yo pueda ver”

Si bien es cierto que la frase más famosa de Bartimeo es la que gritaba a toda voz y la que permitió que Jesús le recibiera, la frase que fue el fundamento de todo su actuar en busca de la salud fue la que le debió susurrar a Jesús cuando ya le tuvo en frente: “Maestro, que pueda ver”. Esta expresión, llena de esperanza y confianza en Jesús, fue la que “produjo” el Milagro. Por eso, Jesús le responde: “anda, tu fe te ha curado”.

Desde este presupuesto se puede hacer una conexión con el Año de la fe. Sólo desde la fe podemos recibir la Luz y la Salud de Dios. Únicamente desde este don de Dios es que se hace posible la comunicación divino-humana. Y finalmente, hacer una invitación a crecer y fortalecer la fe, desde la práctica sacramental, el anuncio de la Buena Noticia de Jesús y el ejercicio del amor. 

ESTUDIO BÍBLICO

El milagro de la fe

Iª Lectura: Jeremías (31,7-9): En las manos de Dios, que es Padre

I.1. Esta lectura, de profeta Jeremías, nos ofrece un mensaje de salvación que es digno de resaltar, ya que a este profeta le tocó vivir la tragedia más grande de su pueblo: el destierro de Babilonia. El destierro y su vuelta es semejante al éxodo. El destierro ha marcado a Israel casi como el éxodo. En realidad estos veros que hoy leemos no los podríamos clasificar de fáciles. Se habla ¿a Israel o a Judá? ¿son de Jeremías o de sus discípulos? La vuelta se describe no solamente como posesión de de la tierra, sino también como nueve hermanamiento de los del norte y los del sur, de Israel y Judá. Es un retorno idílico, utópico que solamente está en las manos de Dios. Para un profeta verdadero toda la historia está en las manos de Dios y el pueblo debe estar abierto a las mejores sorpresas.

I.2. Jeremías fue un profeta crítico, radical, pero en este caso saca de su corazón la mejor inspiración para poner de manifiesto que de un «resto», de lo que es insignificante, puede resurgir la esperanza, e incluso el antiguo pueblo del norte, Israel, volverá a unirse al del sur, Judá, para juntos emprender un marcha hacia la fuente de agua viva, que es Dios. Desde los cuatro puntos cardinales afluirán hacia una gran asamblea (que no se dice dónde), en la que caben ciegos, cojos, mujeres encinta; es decir, todos están llamados a la esperanza. ¿Por qué? La razón de este oráculo la encontramos al final: porque Dios es un Padre. Esta será también la teología de Jesús. Dios está cerca de los suyos como un padre, algo a lo que no se había atrevido la teología oficial judía. Y la verdad es que mientras no experimentemos a Dios como un padre y como una madre, no entenderemos que creer en Dios tiene sentido eterno.

IIª Lectura: Hebreos (5,1-6): Solidaridad sacerdotal de Jesús

II.1. La carta a los Hebreos sigue ofreciéndonos la teología de Jesucristo como sumo sacerdote, que es uno de los temas claves de esta carta. Como sacerdote debe ser sacado de entre los hombres. No comienza siendo sacerdote “desde el cielo”, sino desde la tierra, desde lo humano. Y además, este sacerdote “humano”, para introducirnos en lo “divino”, no ofrece cosas extrañas o externas a él, sino su propia vida como “expiación” porque se siente compasivo con sus hermanos y los pecados del pueblo. Es un lenguaje sacrificial, imprescindible para aquella mentalidad, pero que va más allá de lo puramente sacrificial o ritual. En su vida sacerdotal, Jesús, no necesito más que su propia vida para ofrecerla a Dios. Esta es la verdadera solidaridad con sus hermanos los hombres.

II.2. En la lectura de hoy, pues, se resalta especialmente que este sacerdote está «entre los hombres», no está alejado de nosotros. Y aquí es donde Jesús es único, porque sabemos que entre los hombres se viven las miserias de pecado. Y está ahí, justamente, para intervenir en favor nuestro, nunca estará contra nosotros. Está ahí para disculparnos, para explicar nuestras debilidades, para defendernos contra toda arrogancia. Estando entre nosotros, percibe mejor que nadie que muchas veces nos equivocamos por ignorancia o por debilidad. Esta tarea de Cristo como Sumo Sacerdote viene a poner de manifiesto que no era así en las instituciones del pueblo judío y que los sacerdotes hicieron todo más difícil para el pueblo alejándose de él. Sabemos que los sacrificios son signos y símbolos de lo que se busca y de lo que se tiene en el corazón, y es ello lo que Jesús (que recibe esta misión de Dios) realiza ante Dios por nosotros.

III. Evangelio: Marcos (10,46-52): El seguimiento y la fe de un ciego

III.1. En el evangelio de hoy, Marcos nos relata la última escena de Jesús en su camino hacia Jerusalén. Se sitúa en Jericó, la ciudad desde la que se subía a la ciudad santa en el peregrinar de los que venían desde Galilea. Jesús se encuentra al borde del camino a un ciego. Por razones que se explican, incluso ecológicamente, los ciegos abundaban en aquella zona. Está al borde del camino, marginado de la sociedad, como correspondía a todos los que padecían alguna tara física. Pero su ceguera representa, a la vez, una ceguera más profunda que afectaba a muchos de los que estaban e iban tras Jesús porque realizaba cosas extraordinarias. El camino de Jesús hasta Jerusalén es muy importante en todos los evangelios (más en Lucas). En ese camino encontrará mucho gente. Los ciegos no tienen camino, sino que están fuera de él. Jesús, pues, le ofrecerá esa alternativa: un camino, una salida, un cambio de situación social y espiritual.

III.2. El gesto del ciego que abandona su manto y su bastón, donde se apoyaba hasta entonces su vida, contrasta con la fuerza que le impulsa a “ir a Jesús” que le llama. ¿Por qué le “llamó” Jesús y no se acerca él hasta el ciego? La misma gente vuelve a repetirle: él te llama. Las palabras y los gestos simbólicos de la narración hay que valorarlos en su justa medida. Diríamos que hoy en el texto son más importantes de lo que parece a primera vista. Jesús “le llama”. La llamada de Jesús, al que el ciego interpela como “hijo de David” tiene mucho trasfondo. Jesús ha llamado a seguirle a varias personas; ahora “llama” a un ciego para que se acerque. No le llama aparentemente para seguirle, sino para curarle, pero la curación verdadera será el “seguirle” camino de Jerusalén, en una actitud distinta de los mismos discípulos que habían discutido por el camino “quién es el mayor”. El ciego no estará preocupado por ello. De ahí que la escena del ciego Bartimeo en este momento, antes de subir a Jerusalén, donde se juega su vida, es muy significativa.

III.3. La insistencia del ciego en llamar a Jesús muestra que lo necesita de verdad y lo quiere seguir desde una profundidad que no es normal entre la multitud. Jesús le pide que se acerque, le toca, lo trata con benevolencia; entonces su ceguera se enciende a un mundo de fe y de esperanza. Después no se queda al margen, ni se marcha a Jericó, ni se encierra en su alegría de haber recuperado la vista, sino que se decide a seguir a Jesús; esto es lo decisivo del relato. En el evangelio de Marcos el camino que le lleva a Jerusalén le conducirá necesariamente hasta la muerte. La vista recuperada le hace ver un Dios nuevo, capaz de iluminar su corazón y seguir a Jesús hasta donde sea necesario. Vemos, pues, que un relato de milagro no queda solamente en eso, sino que se convierte en una narración que nos introduce en el momento más importante de la vida de Jesús: su pasión y muerte en Jerusalén.


domingo, 21 de octubre de 2012

DOMINGO 29 DEL TIEMPO ORDINARIO



“El que quiera ser grande, que se haga servidor de ustedes”

Todos buscamos afirmarnos en la vida, crecer, ser grandes, realizarnos como personas:

Algunos piensan que para alcanzar el “éxito y la gloria” tienen que dominar a los demás, tienen que adquirir poder, dinero, títulos o de tráfico de influencias.

Jesús (el Hijo del Hombre) vivió un camino alternativo como Siervo sufriente del Señor (primera lectura), Sacerdote que sabe compadecerse de nuestras debilidades (segunda lectura), siervo de todos hasta el punto de “dar su vida en rescate por todos” (evangelio).

Él nos ofrece el camino de la grandeza humana: El que quiera la gloria que sea vuestro esclavo, el que quiera ser el primero, vuestro servidor.

CONTEMPLAMOS LA PALABRA

I LECTURA

El servidor de Yavé realiza su tarea por medio del dolor y la fatiga. Su entrega nos permite darle algún sentido a nuestro dolor. En ese camino misterioso, del que ningún ser humano está exento, se despliega la salvación de la humanidad. Quien se hace servidor debe estar preparado para pasar por el sufrimiento.

Lectura del libro de Isaías 53, 10-11

El Señor quiso aplastarlo con el sufrimiento. Si ofrece su vida en sacrificio de reparación, verá su descendencia, prolongará sus días, y la voluntad del Señor se cumplirá por medio de él. A causa de tantas fatigas, él verá la luz y, al saberlo, quedará saciado. Mi Servidor justo justificará a muchos y cargará sobre sí las faltas de ellos.
Palabra de Dios.

SALMO

Salmo 32, 4-5. 18-20. 22

R. Señor, que descienda tu amor sobre nosotros.

La palabra del Señor es recta y él obra siempre con lealtad; Él ama la justicia y el derecho, y la tierra está llena de su amor. R.

Los ojos del Señor están fijos sobre sus fieles, sobre los que esperan en su misericordia, para librar sus vidas de la muerte y sustentarlos en el tiempo de indigencia. R.

Nuestra alma espera en el Señor: Él es nuestra ayuda y nuestro escudo. Señor, que tu amor descienda sobre nosotros, conforme a la esperanza que tenemos en ti. R.

SEGUNDA LECTURA

Jesús conoció todas las limitaciones y dolores humanos. Por eso, puede hacerse solidario con todos los hombres y mujeres que sufren. Así, como uno más, Jesucristo se presentó ante el Padre. Acerquémonos confiadamente a Jesucristo; él conoce lo que nos pasa.

Lectura de la carta a los Hebreos 4, 14-16

Hermanos: Ya que tenemos en Jesús, el Hijo de Dios, un Sumo Sacerdote insigne que penetró en el cielo, permanezcamos firmes en la confesión de nuestra fe. Porque no tenemos un Sumo Sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades; al contrario, Él fue sometido a las mismas pruebas que nosotros, a excepción del pecado. Vayamos, entonces, confiadamente al trono de la gracia, a fin de obtener misericordia y alcanzar la gracia de un auxilio oportuno.
Palabra de Dios.

EL EVANGELIO PARA EL DÍA DE HOY

Jesús dijo a sus discípulos: "Ustedes saben que aquellos a quienes se considera gobernantes, dominan a las naciones como si fueran sus dueños, y los poderosos les hacen sentir su autoridad. Entre ustedes no debe suceder así. Al contrario, el que quiera ser grande, que se haga servidor de ustedes; y el que quiera ser el primero, que se haga servidor de todos. Porque el mismo Hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por una multitud".

Ì Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos 10, 35-45

Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo, se acercaron a Jesús y le dijeron: "Maestro, queremos que nos concedas lo que te vamos a pedir". Él les respondió: "¿Qué quieren que haga por ustedes?". Ellos le dijeron: "Concédenos sentarnos uno a tu derecha y el otro a tu izquierda, cuando estés en tu gloria". Jesús les dijo: "No saben lo que piden. ¿Pueden beber el cáliz que yo beberé y recibir el bautismo que yo recibiré?". "Podemos", le respondieron. Entonces Jesús agregó: "Ustedes beberán el cáliz que yo beberé y recibirán el mismo bautismo que yo. En cuanto a sentarse a mi derecha o a mi izquierda, no me toca a mí concederlo, sino que esos puestos son para quienes han sido destinados". Los otros diez, que habían oído a Santiago y a Juan, se indignaron contra ellos. Jesús los llamó y les dijo: "Ustedes saben que aquellos a quienes se considera gobernantes, dominan a las naciones como si fueran sus dueños, y los poderosos les hacen sentir su autoridad. Entre ustedes no debe suceder así. Al contrario, el que quiera ser grande, que se haga servidor de ustedes; y el que quiera ser el primero, que se haga servidor de todos. Porque el mismo Hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por una multitud".
Palabra del Señor.

COMPARTIMOS LA PALABRA

Aceptar la realidad vital desde el misterio

Jesús se ve obligado, una vez más, a reiterar que en la comunidad cristiana ha de prevalecer “el servicio” en quien quiera ser el primero. La comunidad cristiana tendrá una autoridad fundada en el servicio y no en el poder.

Jesús tiene que insistir en que los primeros puestos en el Reino se consiguen desviviéndose por los demás; el que aspire a los primeros puestos debe ponerse al servicio de los hermanos. Es el ejemplo que Jesús nos da: “porque no he venido a ser servido sino a servir y a dar la vida en rescate por todos”.

Como en tantas cosas, también en ésta de hacernos “servidores” de nuestros prójimos, vivimos en una contradicción.

En nuestro interior podemos descubrirnos con actitudes de “tiranizar y oprimir” a los que consideramos más “pequeños”, Establecemos relaciones con nuestros prójimos desde el dominio, el poder, la ley del más fuerte, el más inteligente o desde la opinión mayoritaria…

Buscamos los puestos de honor y que nos sirvan.

Por otra parte ¿Quién no ha sentido la satisfacción profunda que deja en nosotros un servicio que hemos prestado desinteresadamente?

¿No es esto un éxito personal?

En esta contradicción, la actitud permanente y abierta de servicio no nace espontáneamente, requiere esfuerzo y renuncia, esfuerzo constante y honrado.

De ahí la necesidad de despertar constantemente esa actitud de servicio… pero Jesús invita a ir un paso más allá; se trata no solo de tener la actitud de servicio; se trata de ser servidor, ser esclavo de todos.

Santiago y Juan le piden a Jesús ahorrarse el recorrer el camino de la entrega, “no saben lo que piden”.

No. No puede ser; no puede ser, querer construir el reino de la fraternidad, de la igualdad, con criterios del mundo.

No puede ser utilizar la fuerza, el dominio, las influencias, para ser el primero. Entre vosotros nada de eso, nada de hacerte el importante con los criterios del mundo.

El seguimiento de Jesús exige el servicio que es expresión palpable del mandato grande del amor que se hace realidad en las relaciones sociales de los miembros de la comunidad.

El servicio logra traducir el amor en obras que enriquecen la vida y la llenan de contenidos de humanización.

El servicio enciende la solidaridad, apacigua el corazón que anhela centrar su ritmo en la capacidad de amar y bendecir.

En el hacerse servidor; se acepta la realidad vital desde el misterio.

La comunidad cristiana está invitada a ser una comunidad de servicio y amor. En ella se aprende a relacionarse desde el servicio, la ayuda mutua, la igualdad según el único modelo que es Cristo.

Hoy día del DUM, la comunidad eclesial nos estimula a ser misioneros del Evangelio dando testimonio de la fe en actitud de servicio permanente.

ESTUDIO BÍBLICO


La grandeza del Dios que sirve a los hombres

Iª Lectura: Isaías (53,10-11): Un Mesías que ha de sufrir

I.1. La primera lectura corresponde a un texto que se conoce actualmente como Trito-Isaías, un discípulo lejano, quizá después del destierro de Babilonia (s. VI) del gran maestro del s. VIII, que ha dado nombre al libro. Pero además, este es uno de los textos más claros en los que se pone de manifiesto el valor redentor del sufrimiento (forma un conjunto con Is 52,13-53,12), de tal manera que es la Iglesia primitiva, después de lo que sucedió con la muerte y resurrección de Jesús, quien se atrevió a desafiar a la teología oficial del judaísmo y hablar de un Mesías que podía sufrir para salvar a su pueblo.

I.2. Esto era lo que no admitía el judaísmo y lo que encontró la Iglesia primitiva como la identidad de su Mesías salvador. ¿Cómo podía ser eso que el Mesías no participara de los sufrimientos del pueblo? Un Mesías que viniera a pasearse en medio del pueblo sin experimentar sus llantos no sería un verdadero liberador. Si Dios sufre con su pueblo, también debía sufrir su enviado.

IIª Lectura: Hebreos (4,14-16): La misericordia sacerdotal de Jesús

II.1. La segunda lectura continúa con la carta a los Hebreos en la que se nos muestra el papel del Hijo de Dios como Sumo Sacerdote. El autor quiere marcar las diferencias con el sumo sacerdote de esta tierra, que tenía el privilegio de entrar en el “Sancta Sanctorum” del templo de Jerusalén. Pero allí no había nada, estaba vacío. Por ello, se necesitaba un Sumo Sacerdote que pudiera introducirnos en el mismo seno del amor y la misericordia de Dios que está en todas partes, cerca de los que le buscan y le necesitan. Para ser sacerdote no basta estar muy cerca de Dios, sino también muy cerca de los hombres y de sus miserias. Es eso lo que se muestra en este momento en el texto de la carta a los hebreos en que se comienza una sección sobre la humanidad del Sumo Sacerdote.

II.2. Este Sumo Sacerdote, aprendió en la debilidad, como nosotros, aunque nunca se apartó del camino recto y verdadero: ¡nunca pecó!. Es uno de los pasajes más bellos en esta teología que el autor de la carta hace sobre el sacerdocio de Jesús. Esto da una confianza en el Dios al que El nos lleva, que supera la rigidez de un sacerdocio ritualista o simplemente formal. El sacerdocio de Jesús se amasa en la debilidad de nuestra existencia para conducirnos al Dios vivo y verdadero, al que no le importan los sacrificios rituales, sino el corazón del hombre. Si bien el título de Sumo Sacerdote no es muy halagüeño y se usa poco en el NT, debemos reconocer que estos versos de la carta a los Hebreos logran una teología nueva del verdadero sacerdocio de Jesús: es sumo sacerdote, porque es misericordioso.

Evangelio: Marcos (10,35-45): La propuesta de la gloria “sin poder”

III.1. El evangelio nos ofrece una escena llena de paradojas, en las que se ponen de manifiesto los intereses de sus discípulos y la verdadera meta de Jesús en su caminar hacia Jerusalén. Ha precedido a todo esto el tercer anuncio de la pasión (Mc 10,33). La intervención de los hijos del Zebedeo no estaría en sintonía con ese anuncio de la pasión. Es, pues, muy intencionado el redactor de Marcos al mostrar que el diálogo con los hijos del Zebedeo necesitaba poner un tercer anuncio. El texto tiene dos partes: la petición de los hijos del Zebedeo (vv.35-40) y la enseñanza a los Doce (vv. 42-45). Es un conjunto que ha podido componerse en torno al seguimiento y al poder. De la misma manera que antes se había reflexionado sobre el seguimiento y las riquezas (10,17ss), en el marco del “camino hacia Jerusalén”.

III.2. Pensaban los discípulos que iban a conseguir la grandeza y el poder, como le piden los hijos del Zebedeo: estar a su derecha y a su izquierda, ser ministros o algo así. Incluso están dispuestos, decían, a dar la vida por ello; la copa y el martirio es uno de los símbolos de aceptar la suerte y el sufrimiento y lo que haga falta. Es verdad que en el AT la “copa” también puede ser una participación en la alegría (cf Jr 25,15; 49,12; Sal 75,9; Is 51,17).

Podemos imaginar que los hijos del Zebedeo estaban pensando en una copa o bautismo de gloria, más que de sufrimiento. Sin embargo la gloria de Jesús era la cruz, y es allí donde no estarán los discípulos en Jerusalén. Lo dejarán abandonado, y será crucificado en medio de dos bandidos (fueron éstos lo que tendrían el privilegio de estar a la derecha y la izquierda), como ignominia que confunde su causa con los intereses de este mundo. Esta es una lección inolvidable que pone de manifiesto que seguir a Jesús es una tarea incomensurable.

III.3. Es verdad que los discípulos podrán rehacer su vida, cambiar de mentalidad para anunciar el evangelio, pero hasta ese momento, Jesús camina hacia Jerusalén con las ideas lúcidas del profeta que sabe que su causa pude ser confundida por los que le rodean y por los que se han convertido en contrarios a su mensaje del Reino. Los grandes tienen una patología clara: dominan, esclavizan, no dejan que madure nadie en la esencia ética y humana. Por el contrario, el Dios del Reino, trata a cada uno con amor y según lo que necesita. Ahí está la clave de lo que quiere llevar adelante Jesús como causa, aunque sea pasando por la cruz. Un Dios que sirve a los hombres no es apreciado ni tenido como tal por lo poderosos, pero para el mensaje del evangelio, ese Dios que sirve como si fuera el último de todos, merece ser tenido por el Dios de verdad. Es eso lo que encarna Jesús, el profeta de Nazaret.

III.4. Llama la atención el v. 45, “el dicho” sobre el rescate (lytron) por todos. Este dicho puede estar inspirado en Is 53,12. No se trata propiamente de sacrificio ni de expiación, porque Dios no necesita que alguien pague por los otros. No es propiamente hablando una idea de sustitución, aunque algunos insisten demasiado en ello. Es, en definitiva, una idea de solidaridad con la humanidad que no sabe encontrar a Dios. Y para ello Él debe pasar por la muerte. No porque Dios lo quiera, sino porque los poderosos de este mundo no le han permitido hacer las cosas según la voluntad de Dios. Pensar que Jesús venía a sufrir o quería sufrir sería una concepción del cristianismo fuera del ámbito y las claves de la misericordia divina. El Hijo del Hombre debe creer en el ser humano y vivir en solidaridad con él. El Cur Deus homo? (por qué Dios se hizo hombre) de Anselmo de Canterbury, debería haberse inspirado mejor en esta idea de la solidaridad divina con la humanidad que en la visión “jurídica” de una deuda y un pago, que sería imposible. Dios no cobra rescates con la vida de su Hijo, sino que lo ofrece como don gratuito de su amor.