domingo, 23 de diciembre de 2012

DOMINGO 4º DE ADVIENTO


“¡Dichosa tú que has creído!”

 “¡Dichosa tú que has creído!, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá”

En los anteriores domingos de este Adviento las celebraciones eucarísticas nos han anunciado la esperanza y la fortaleza que los creyentes estamos llamados a vivir en los dramas de la historia, porque Dios viene para liberarnos del mal y sus consecuencias en nuestras vidas y en nuestro tiempo. Juan Bautista, Isabel y, sobre todo, María son modelos magníficos para nuestra experiencia cristiana.

Dios manifiesta su predilección por lo pequeño y por la grandeza de ánimo de los pequeños y humildes. Lo que hay que hacer en la vida cotidiana está, pues, al alcance de todos y de cada uno. Es Dios quien acrecienta el resultado de nuestros esfuerzos.

Nada nos exime de colaborar con el Dios que se acerca anunciando un mundo mejor. Las grandes dificultades que vivimos son un desafío para la creatividad y la solidaridad, y también para la fe en que Dios mismo, hecho uno de nosotros, nos acompaña con su ternura y con su poder.

CONTEMPLAMOS LA PALABRA

I LECTURA

Dios nos invita a mirar con sus ojos, y nosotros a veces pensamos que la salvación está en manejar el poder y los recursos de las grandes potencias. Y Dios nos hace mirar a Belén, la más pequeña de las aldeas de Judá. Cuando el antiguo Israel se vio amenazado por el gigante Goliat, desde Belén salió David, un adolescente que llegó a ser el jefe del pueblo. Ahora miramos nuevamente hacia Belén, porque de allí saldrá el Buen Pastor.

Lectura de la profecía de Miqueas 5, 1-4a

Así habla el Señor: "Tú, Belén Efratá, tan pequeña entre los clanes de Judá, de ti, me nacerá el que debe gobernar a Israel: sus orígenes se remontan al pasado, a un tiempo inmemorial. Por eso, el Señor los abandonará hasta el momento en que dé a luz la que debe ser madre; entonces el resto de sus hermanos volverá junto a los israelitas. Él se mantendrá de pie y los apacentará con la fuerza del Señor, con la majestad del nombre del Señor, su Dios. Ellos habitarán tranquilos, porque él será grande hasta los confines de la tierra. ¡Y él mismo será la paz!".
Palabra de Dios.
SALMO

Salmo 79, 2ac. 3b. 15-16. 18-19

R. Restáuranos, Señor del universo.

Escucha, Pastor de Israel, tú que tienes el trono sobre los querubines, resplandece, reafirma tu poder y ven a salvarnos. R.

Vuélvete, Señor de los ejércitos, observa desde el cielo y mira: ven a visitar tu vid, la cepa que plantó tu mano, el retoño que tú hiciste vigoroso. R.

Que tu mano sostenga al que está a tu derecha, al hombre que tú fortaleciste, y nunca nos apartaremos de ti: devuélvenos la vida e invocaremos tu Nombre. R.

SEGUNDA LECTURA

"Me formaste un cuerpo" Es en esta realidad concreta, sensible, corporal, en la que damos culto a Dios. Cuando la vida entera se convierte en ofrenda, ya no hay separación entre lo espiritual y lo corporal: todo el ser es una oblación. Así fue la vida de Jesús, entrega total.

Lectura de la carta a los Hebreos 10, 5-10

Hermanos: Cristo, al entrar en el mundo, dijo: "Tú no has querido sacrificio ni oblación; en cambio, me has dado un cuerpo. No has mirado con agrado los holocaustos ni los sacrificios expiatorios. Entonces dije: Dios, aquí estoy, yo vengo ?como está escrito de mí en el libro de la Ley? para hacer tu voluntad". Él comienza diciendo: "Tú no has querido ni has mirado con agrado los sacrificios, los holocaustos, ni los sacrificios expiatorios, a pesar de que están prescritos por la Ley". Y luego añade: "Aquí estoy, yo vengo para hacer tu voluntad". Así declara abolido el primer régimen para establecer el segundo. Y en virtud de esta voluntad quedamos santificados por la oblación del cuerpo de Jesucristo, hecha de una vez para siempre.
Palabra de Dios.

EL EVANGELIO PARA EL DÍA DE HOY

Esta lectura nos trae una escena que se repite en muchas casas: dos mujeres embarazadas, parientes, se encuentran y comparten sus esperanzas y sus deseos. En este acto sencillo, cotidiano, familiar, Dios gesta su presencia en medio de los hombres. Esta manifestación no viene impuesta "desde arriba" ni busca deslumbrar desde los centros de poder. Por el contrario, aparece en el encuentro fraternal, en los corazones que reconocen el paso de Dios, que trae alegría y renovación a cada hogar y a todas las personas.

Ì Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 1, 39-45

María partió y fue sin demora a un pueblo de la montaña de Judá. Entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel. Apenas ésta oyó el saludo de María, el niño saltó de alegría en su vientre, e Isabel, llena del Espíritu Santo, exclamó: "¡Tú eres bendita entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a visitarme? Apenas oí tu saludo, el niño saltó de alegría en mi vientre. Feliz de ti por haber creído que se cumplirá lo que te fue anunciado de parte del Señor".
Palabra del Señor.

COMPARTIMOS LA PALABRA

“¡Dichosa tú que has creído!, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá”

Como hombres y mujeres de nuestro tiempo y nuestra cultura estamos acostumbrados a valorar los acontecimientos como manifestación de nuestros deseos, nuestra creatividad y nuestro poder. Y desde ahí determinamos qué es lo pequeño y lo grande, quiénes son los pequeños y los grandes.

La Palabra de Dios nos trasmite otra posible forma de pensar, de valorar, y de situarnos ante los hechos que llenan la experiencia de cada día y las aspiraciones para el futuro.

El gran protagonista de la historia que rememoran el Adviento y la Navidad es Dios mismo. No se conformó con crear el mundo y a los hombres para después mantenerse al margen, Es él quien toma la iniciativa, quien lanza metas y propone caminos, quien nos acoge en nuestros quebrantos y quien tercamente nos insiste en que, más allá de lo circunstancial y pasajero, sigue habiendo un margen para la esperanza.

Esa convicción tan cristiana no está reñida con nuestra responsabilidad. Y nos interpela a una sencilla y productiva colaboración con Él.

Claro que esto tiene sus consecuencias en nuestro modo de ver la vida y situarnos ante ella.

Una primera consecuencia es la valoración de lo pequeño. Belén de Judá es un buen ejemplo. El Mesías no llegará a nosotros desde lo deslumbrante de una gran ciudad, sino desde una pequeña aldea. Los ojos de los que esperaban algo grande sólo lo descubrirán si se fijan en lo pequeño, si no desprecian lo que fácilmente pudiera pasar desapercibido.

Una segunda consecuencia es el enaltecimiento de lo cotidiano. Cristo cuando entra en el mundo no ofrece al Padre holocaustos o víctimas costosas. Ofrece su propio cuerpo: lo que le hace vulnerable al cansancio, la enfermedad, el dolor y la muerte. También a los sencillos gozos de la vida y la amistad. El que “pasó por uno de tantos” lleva en la sencillez de su persona la salvación de todos.

Otro tanto hizo María al llegar a la casa de Isabel en la montaña. No viene cargada de ricos regalos, trae su presencia, su cercanía, su solidaridad.

Isabel pone palabra a la actitud de fondo: María es feliz porque ha creído. La fe no es una experiencia que atormente o eche pesados fardos sobre nuestras espaldas. Tampoco es una ideología que encubra nuestras frustraciones. Ni el opio que nos haga olvidar a las personas y a los pueblos los dramas y las injusticias de la historia. La mejor historia de los creyentes es también la de los más lúcidos y esforzados compromisos con los más pequeños de la Tierra.

Pero María no es feliz por cualquier cosa. Es feliz porque confía en que lo que le ha dicho el Señor se cumplirá.

¿Es así nuestra fe? ¿Va más allá de la memoria de algunas doctrinas, el cumplimiento de unas normas y el servicio del culto? ¿Nos lleva a valorar lo pequeño a los ojos del mundo como lo grande a los ojos de Dios? ¿Nos pone, tal como somos, al servicio del Reino y al de los demás humanos? ¿Nos mantiene en esta historia compleja con la alegría de saber que lo que Dios nos promete se cumplirá?

ESTUDIO BÍBLICO

El silencio de María en la fe y la esperanza

Iª Lectura: Miqueas (5,1-4): El misterio de lo pequeño

I.1. Las lecturas de este domingo quieren magnificar todo esto que está llegando como lo más concreto de la Navidad. El profeta Miqueas, contemporáneo del gran profeta Isaías, con palabras menos brillantes que ese maestro, pero con intuición no menos radical, presenta los tiempos salvíficos desde la humildad de Belén, donde había nacido David. Por lo mismo, el Mesías  debe venir de otra manera a como se le esperaba. Su experiencia de la invasión asiria y su escándalo de cómo siente y vive Jerusalén, la capital, le inspira un mensaje que ha sido “adaptado” como oráculo mesiánico sobre Belén, el pueblo donde nació el rey David.

I.2. Como sucede en muchos oráculos proféticos no hay nitidez entre el presente inmediato y el futuro. Si miramos el texto en profundidad podría inferir algunos aspectos interesantes y teológicos: Del nuevo rey se destaca: 1) sus orígenes humildes, como humildes fueron los orígenes de David, significados en la aldea de Belén; 2) su continuidad con la dinastía davídica, que gobierna al pueblo "desde tiempo inmemorial"; 3) será el final del tiempo actual de abandono y dispersión: el pueblo entero, incluso el Reino del Norte destruido, será nuevamente reunido; 4) en él se manifestará la obra de Dios que, a través de este rey, velará por su pueblo; 5) el objetivo es que el pueblo pueda vivir en paz, liberado de las angustias que ahora sufre: por eso este rey tiene como nombre la misma paz.

I.3. Este oráculo del profeta Miqueas sobre Belén de Éfrata es asumido en la tradición cristiana por el uso que hacen de él claramente Mateo (2,5-6) y Juan (7,42), con una pregunta con la que se quiere parafrasear una tradición judía. Se consigna la villa de Belén de Judá como el lugar de nacimiento del Mesías esperado. Pero la verdad es que Jesús nunca dio a entender que hubiera nacido en Belén de Judá y más bien parece nacido en Nazaret (cf. Jn 1,45-46; 19,19). Por eso habría que pensar que, fuera de este texto que la tradición cristiana valora en profundidad, el judaísmo oficial pensaba más en Jerusalén, como “ciudad de David” que le pertenecía por conquista. Luego, los cristianos, al aceptar a Jesús como Mesías, después de la resurrección, vieron lógico que naciera en Belén. Pero, asimismo, quisieron ver en el cumplimiento de este oráculo el sentido de lo pequeño y de lo insignificante frente al poder de la capital, donde se decidió la muerte de Jesús. Porque ése es, sin duda, el sentido que también tiene el texto del profeta Miqueas.

IIª Lectura: Hebreos (10,5-10): Una vida personal para unirnos a Dios

II.1. En la carta a los Hebreos (10,5-10) aparece otro lenguaje distinto para hablar también de la encarnación y de la disponibilidad del Hijo eterno de Dios para ser uno de nosotros, para acompañarnos en ser hombres. Su vida es una ofrenda, no de sacrificios y holocaustos, que no tienen sentido, sino de entrega a nosotros. El texto está construido con el apoyo en el Salmo 40. El autor de la carta rechaza los sacrificios (cuatro géneros de sacrificios) para mostrar su inoperancia: en realidad todos los sacrificios de animales y ofrendas de cualquier tipo, y presenta la vida de Cristo, el Sumo Sacerdote, como verdadero sacrificio: porque es personal.

II.2. El autor considera que es un oráculo de la venida y de la presencia de Cristo: “He aquí que vengo para hacer tu voluntad”. La “encarnación”, pues, viene a sustituir los sacrificios antiguos, porque “Alguien” ha venido de parte de Dios para personalizar humanamente la voluntad de Dios. El culto ritual, pues, frente a la encarnación es lo que el autor infiere de todo este contexto del Sal 40. De esa manera ya desde su “venida”, desde su encarnación, desde su nacimiento, se muestra el misterio de la ofrenda que va a la par con la conciencia más radical. Por eso, en virtud de esta voluntad de Dios, la historia humana y religiosa no se resuelve con la inoperancia de ofrendas sin alma y sin corazón. Dios tenía un proyecto de estar con nosotros para siempre (de una vez por todas). El “cuerpo” en este caso es la persona, su historia desde el primer momento hasta el final.

Evangelio: Lucas (1,39-45): María: confianza absoluta en Dios

III.1. El evangelio de Lucas relata la visita de María a Isabel; una escena maravillosa; la que es grande quiere compartir con la madre del Bautista el gozo y la alegría de lo que Dios hace por su pueblo. Vemos a María que no se queda en el fanal de la “anunciación” de Nazaret y viene a las montañas de Judea. Es como una visita divina, (como si Dios saliera de su templo humano) ya que podría llevar ya en su entrañas al que es “grande, Hijo del Altísimo” y también Mesías porque recibirá el trono de David. ¡Muchos títulos, sin duda! Es verdad que discuten los especialistas si el relato permite hacer estas afirmaciones. Podría ser que todavía María no estuviera embarazada y va a la ciudad desconocida de Judea para experimentar el “signo” que se le ha dado de la anunciación de su pariente en su ancianidad. Por eso es más extraño que María vaya a visitar a Isabel y que no sea al revés. La escena no puede quedar solamente en una visita histórica a una ciudad de Judá. Sin embargo, esa visita a su parienta Isabel se convierte en un elogio a María, “la que ha creído” (he pisteúsasa). Gabriel no había hecho elogio alguno a las palabras de María en la anunciación: “he aquí la esclava del Señor…”, sino que se retira sin más en silencio. Entonces esta escena de la visitación arranca el elogio para la creyente por parte de Isabel e incluso por parte del niño que ella lleva, Juan el Bautista.

III.2. Vemos a María ensalzada por su fe; porque ha creído el misterio escondido de Dios; porque está dispuesta a prestar su vida entera para que los hombres no se pierdan; porque puede traer en su seno a Aquél que salvará a los hombres de sus pecados. Este acontecimiento histórico y teológico es tan extraordinario para María como para nosotros. Y tan necesario para unos y para otros como la misma esperanza que ponemos en nuestras fuerzas. Eso es lo que se nos pide: que esa esperanza humana la depositemos en Jesús. Pero es verdad que leído en profundidad este relato tiene como centro a María, aunque sea por lo que Dios ha hecho en ella. Dios puede hacer muchas cosas, pero los hombres pueden “pasar” de esas acciones y presencias de Dios. El relato, sin embargo, quiere mostrarnos el ejemplo de esta muchacha que con todo lo que se le ha pedido pone su confianza en Dios. Por el término que usa Lucas en boca de Isabel “he pisteúsasa”, la que ha creído, significa precisamente eso: una confianza absoluta en Dios. Si no es así, la salvación de Dios puede pasar a nuestro lado sin darnos cuenta de ello. María y Dios o Dios es María son la esencia de este relato. No es que carezca de su dimensión cristológica, pero todavía no es el momento, para Lucas, de conceder el protagonismo necesario a su hijo Jesús. Asimismo, el salto en el vientre de Juan también es primeramente por la “confianza” de María en Dios. Eso es lo que la hace, pues, la “hija de Sión” del profeta Sofonías.

III.3. Porque hoy también hay una "hija de Sión" y una presencia de Dios en nuestro mundo: Es la comunión de los servidores, de las personas audaces, de los profetas sin nombre, de los que hacen la paz y de los que sufren por la justicia. Una hija o comunidad que supera los límites de cualquier Iglesia determinada y configurada como perfecta. Son como la prolongación de María de Nazaret ante la necesidad que Dios tiene de los hombres para estar cercano a cada uno de nosotros. De ahí que en el Cuarto Domingo de Adviento la liturgia expone el misterio de Dios a nuestra devoción. Y debemos aprender, no a soportar el misterio, sino a amarlo, porque ese misterio divino es la encarnación. Ello significa que la vida se realiza en conexiones mayores de las que el hombre puede disponer y comprender. La vida tiene cosas más profundas para que el hombre pueda gobernarlas, comprenderlas o producirlas a su antojo. Y es que todo lo que nosotros creemos que es lo último, en realidad es lo penúltimo; así nos sucede casi siempre. Y por eso es tan necesaria la fe. De ahí que, con toda razón, este Domingo propone como clave de vivencias la fe; fe en la encarnación, en que Dios siempre esta a nuestro lado, en que debe existir un mundo mejor que este. Y esa fe se nos propone en María de Nazaret, para que advirtamos que el hombre que quiere ser como un dios, se perderá; pero quien acepte al Dios verdadero, vivirá con El para siempre.

III.4. El Cuarto Domingo de Adviento es la puerta a la Navidad. Y esa puerta la abre la figura estelar del Adviento: María. Ella se entrega al misterio de Dios para que ese misterio sea humano, accesible, sin dejar de ser divino y de ser misterio. Y por eso María es el símbolo de una alegría recóndita. En la anunciación, acontecimiento que el evangelio de hoy presupone, encontramos la hora estelar de la historia de la humanidad. Pero es una hora estelar que acontece en el misterio silencioso de Nazaret, la ciudad que nunca había aparecido en toda la historia de Israel. Es en ese momento cuando se conoce por primera vez que existe esa ciudad, y allí hay una mujer llamada María, donde se llega Dios, de puntillas, para encarnarse, para hacerse hombre como nosotros, para ser no solamente el Hijo eterno del Padre, sino hijo de María y hermano de todos nosotros.

domingo, 16 de diciembre de 2012

DOMINGO 3 DE ADVIENTO



“Alégrense siempre en el Señor”

Introducción

Juan y Jesús aparecen en la vida pública en una época de crisis en Palestina: la mayor parte de la población vivía en una gran pobreza, mientras que sólo unos pocos disfrutaban de abundantes riquezas; esa misma población estaba sometida a la dura colonización del imperio romano, a sus impuestos y arbitrariedades; además, los sacerdotes del templo de Jerusalén habían perdido toda su credibilidad entre la gente, porque no era el servicio a Yahvé lo que les movía, sino la usura y los privilegios propios. En palabras del profeta Juan, aquella sociedad necesitaba un vuelco radical, una conversión y un arrepentimiento. Esa visión radical sobre la situación de maldad de Israel no sólo la compartió Jesús en sus inicios, sino que permaneció también a lo largo de toda su misión posterior.

También hoy nuestra sociedad de la abundancia necesita un cambio radical, una conversión y un arrepentimiento de los que la formamos, porque somos pocos los que la disfrutamos y muchísimos –cada día más– los que padecen la exclusión, el hambre, la enfermedad, el analfabetismo, el paro, el desalojo de sus viviendas y otras dolorosas miserias. Los cristianos estamos llamados a ser colaboradores del Jesús que está presente y es el profeta de la salvación. ¿Cómo? Llevando la ayuda allá donde la gente esté padeciendo cualquier tipo de esclavitud, de carencia o de sufrimiento.

CONTEMPLAMOS LA PALABRA

PRIMERA LECTURA

Se alegra el pueblo, se alegra Dios, todo es fiesta porque el dolor ha terminado. Así esperamos la Navidad, como esperamos el final de los dolores del mundo. Y así festejaremos un día, todos los hijos de Dios.

Lectura de la profecía de Sofonías 3, 14-18

¡Grita de alegría, hija de Sión! ¡Aclama, Israel! ¡Alégrate y regocíjate de todo corazón, hija de Jerusalén! El Señor ha retirado las sentencias que pesaban sobre ti y ha expulsado a tus enemigos. El Rey de Israel, el Señor, está en medio de ti: ya no temerás ningún mal. Aquel día, se dirá a Jerusalén: ¡No temas, Sión, que no desfallezcan tus manos! ¡El Señor, tu Dios, está en medio de ti, es un guerrero victorioso! Él exulta de alegría a causa de ti, te renueva con su amor y lanza por ti gritos de alegría, como en los días de fiesta.
Palabra de Dios.
SALMO

Salmo Isaías 12, 2-6

R. ¡Aclamemos al Señor con alegría!

Éste es el Dios de mi salvación: yo tengo confianza y no temo, porque el Señor es mi fuerza y mi protección; él fue mi salvación. R.

Ustedes sacarán agua con alegría de las fuentes de la salvación. Den gracias al Señor, invoquen su Nombre, anuncien entre los pueblos sus proezas, proclamen qué sublime es su Nombre. R.

Canten al Señor porque ha hecho algo grandioso: ¡Que sea conocido en toda la tierra! ¡Aclama y grita de alegría, habitante de Sión, porque es grande en medio de ti el Santo de Israel! R.

SEGUNDA LECTURA

Pablo se une a esta espera alegre. No es una alegría evasiva, individual o frívola. Es la alegría de tener a Dios y de que Dios se acerque a nosotros. No hay alegría más profunda y más sincera que la que nos provoca la misma presencia de Dios.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Filipos 4, 4-7
Hermanos: Alégrense siempre en el Señor. Vuelvo a insistir, alégrense. Que la bondad de ustedes sea conocida por todos los hombres. El Señor está cerca. No se angustien por nada y, en cualquier circunstancia, recurran a la oración y a la súplica, acompañadas de acción de gracias, para presentar sus peticiones a Dios. Entonces la paz de Dios, que supera todo lo que podemos pensar, tomará bajo su cuidado los corazones y los pensamientos de ustedes en Cristo Jesús.
Palabra de Dios.

EVANGELIO

Juan presentaba un camino de conversión. Y su bautismo exigía un cambio de vida, tan concreto como definitivo. Observemos que la conversión lleva a dejar un estilo de vida por el que se aprovecha de los demás, o por el que se desentiende de los otros, para pasar a vivir en la justicia, en la caridad.

Ì Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 3, 2-3. 10-18

Dios dirigió su palabra a Juan Bautista, el hijo de Zacarías, que estaba en el desierto. Éste comenzó a recorrer toda la región del río Jordán, anunciando un bautismo de conversión para el perdón de los pecados. La gente le preguntaba: "¿Qué debemos hacer entonces?". Él les respondía: "El que tenga dos túnicas, dé una al que no tiene; y el que tenga qué comer, haga otro tanto". Algunos publicanos vinieron también a hacerse bautizar y le preguntaron: "Maestro, ¿qué debemos hacer?". Él les respondió: "No exijan más de lo estipulado". A su vez, unos soldados le preguntaron: "Y nosotros, ¿qué debemos hacer?". Juan les respondió: "No extorsionen a nadie, no hagan falsas denuncias y conténtense con su sueldo". Como el pueblo estaba a la expectativa y todos se preguntaban si Juan no sería el Mesías, él tomó la palabra y les dijo a todos: "Yo los bautizo con agua, pero viene uno que es más poderoso que yo, y yo ni siquiera soy digno de desatar la correa de sus sandalias; él los bautizará en el Espíritu Santo y en el fuego. Tiene en su mano la horquilla para limpiar su era y recoger el trigo en su granero. Pero consumirá la paja en el fuego inextinguible". Y por medio de muchas otras exhortaciones, anunciaba al pueblo la Buena Noticia.
Palabra del Señor.

COMPARTIMOS LA PALABRA

El pueblo llano padecía un sistema sociopolítico colonizador y por eso buscan la liberación. Los judíos sencillos que acudían a ser bautizados por Juan y a transformar totalmente su vida vivían en un país reducido a la miseria a causa de la discriminación social que sufrían por parte de los judíos ricos, de la dominación cultural y de la opresión imperialista de los romanos. Ante esta situación, Juan y esta gente sencilla esperaban como liberación una intervención divina a gran escala, una auténtica conmoción universal.

 Jesús no solo cambió la forma de Juan de entender el reino de Dios, sino también al Dios de ese reino. Para Juan, el Reino de Dios estaba por venir y era inminente su llegada. Para Jesús, en cambio, el Reino de Dios es ya una realidad presente: está entre nosotros. Además, para Juan el Dios de Israel es un Dios justiciero y vengador, que pronto habría de realizar una gran limpieza entre los hombres. Dios es presentado primero como un leñador provisto de su hacha que separa los árboles buenos de los malos, y luego como un trillador que separa el grano de la paja. Juan no es portador de un «evangelio» o de un mensaje gozoso de salvación: es un profeta de desgracias, que amenaza con el juicio inminente de Dios a quien no cambie de rumbo en la vida. El núcleo del mensaje de Jesús, por el contrario, es un euangelion, es decir, una buena noticia de Dios: «el reino de Dios está aquí». Y esto significa para Jesús, que están presentes la absoluta voluntad salvífica de Dios, su compasiva misericordia y su generosa bondad y, por tanto, la oposición a todas las formas de mal, de miedo y de sufrimiento.

¿Intervención solo de Dios o también colaboración humana en la transformación del mundo? Para Juan, Dios es el que tiene todo el protagonismo en esta limpieza del mundo. En cuanto a Jesús, los primeros destinatarios de su mensaje debieron de quedar perplejos ante la proclamación de la presencia ya actual del reino. Porque ¿dónde estaba el mundo transfigurado por Dios? ¿Había cambiado algo en un mundo de pobres campesinos, de injusticia local y de opresión imperialista? Pero para Jesús, el reino de Dios está aquí, pero solo en la medida en que lo aceptemos, entremos en él, lo vivamos y, de ese modo, lo establezcamos los seres humanos. No podemos seguir esperando a que Dios intervenga, porque, al contrario, es Él quien espera nuestra colaboración e intervención. Curar a los enfermos, comer con los pobres y las viudas es participar en que el Reino de Dios se haga presente. El reino de Dios no comienza, no puede continuar y no concluirá sin nuestra participación, potenciada –eso sí– por Dios, y sin nuestra colaboración, también impulsada por él.

El pacifismo de Juan y de Jesús. ¿Cómo debe responder un pueblo oprimido ante la tremenda seducción de la nueva cultura romana, la aplastante superioridad militar, la brutal explotación económica que sufría, y la inapelable discriminación social por parte del opresor romano y de sus colaboradores judíos? Ni Juan ni Jesús están por la rebelión armada, aunque hay en sus respectivas visiones imágenes acerca del futuro juicio que son muy agresivas: la del hacha puesta en la raíz de los árboles está tomada de las guerras orientales de exterminio, ¡en las que se llegaba incluso a destruir los árboles frutales para que no fueran fuente permanente de alimento! (Lc 3, 9). También la gran parábola del juicio universal, que durante siglos fue el modelo de la actuación cristiana, termina con la separación entre justos e injustos; estos últimos son condenados a un castigo eterno (Mt 25,46). La carga de violencia es tan intensa en estas imágenes, que se llega a «llorar y a rechinar de dientes» –y tal es precisamente la intención de estas imágenes (Mt 8,12; 13,42, y passim)–. Con ellas el movimiento de Jesús quería incitar a los hombres a que cambiaran su vida. Estimulaba fantasías agresivas y ¡quería incitar a la vez a una acción no agresiva! Pero, por otra parte, Jesús presentó la no violencia de Dios como la razón de su propia negativa a recurrir a la violencia. «… vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre los malvados y los buenos, y manda su lluvia sobre los justos y los injustos...». Juan y Jesús participaron en una resistencia pública, pero no violenta, frente a la ley y el orden de Roma. Por eso fueron matados. Los seguidores de Juan y de Jesús no «lucharon», no usaron la violencia ni siquiera para intentar liberar a sus líderes.

La actividad de Juan –y también la de Jesús– tenía mucho de provocación. No es la espiritualidad del templo de Jerusalén, sino la espiri¬tualidad del desierto la que domina en la actividad de Juan. El rito del bautismo de Juan quitaba los pecados tan radicalmente como los borraba la intervención de los sacerdotes del Templo de Jerusalén. Se trataba a todas luces de una alternativa deliberada al sistema oficial de purificación, del culto oficial. Convendría que nuestros dirigentes religiosos tuvieran en cuenta y no olvidaran este euangelion. Es más, en las recomendaciones que da Juan a los que acuden a él, no hay nada de actos de culto y sí conductas morales.

Para Juan, la esperanza del futuro está unida al compromiso ético: ¿qué tenemos que hacer? Entre los que preguntan a Juan hay tres grupos. El primero lo forma la gente corriente. La respuesta para ellos es: repartid. Los otros dos grupos –publicanos y soldados– son pilares importantísimos del dominio romano: unos cobrando elevados impuestos para los romanos, los otros aplicando la fuerza para someter a los judíos. ¿Qué tienen que hacer estos “colaboracionistas”? Juan no está por invitarles a que dejen de ser servidores de los romanos y que se pasen a la resistencia judía. Simplemente, les pide que moderen sus acciones: que no extorsionen ni cobren abusivos impuestos. Juan, lo mismo que Jesús, es pacifista.

Estad siempre alegres. La alegría brota de la esperanza, de que algo deseado llegará. Pablo esperaba la segunda venida de Jesús antes de que él muriera. Por eso invitaba a la alegría. Pablo se equivocó, porque esta segunda venida no se produjo. Pero de lo que sí estamos seguros los cristianos de hoy es de que Jesús viene a diario en los pobres, necesitados y desvalidos. Ahí lo encontraremos. Jesús y ellos nos comprometen en su salvación. Si realmente creemos a Jesús, ayudar a estas personas sí que traerá una gran alegría a nuestras vidas.


ESTUDIO BÍBLICO

El Señor está cerca. El Domingo de la Alegría

La liturgia del Tercer Domingo de Adviento está sembrada de llamadas a la alegría. Por eso, en la tradición litúrgica de la Iglesia se ha conocido éste como el Domingo de "Gaudete!", según el mensaje de la carta a los Filipenses (4,4-5) que introduce la celebración y, asimismo, es el texto de la segunda lectura del día, diciéndonos que el Señor esta cerca. Ya no solamente se nos invita a prepararnos a la Navidad mediante un cambio de vida y de mentalidad; sino que se nos invita a prepararnos con “alegría” porque el Salvador está cerca. La liturgia es expresiva.

Este domingo Tercero de Adviento nos envuelve en el proceso de las condiciones de la verdadera alegría. El Adviento tiene mucha razón al proclamar este mensaje que es más necesario que nunca. Bajemos de todos los pedestales y de todas las petulancias para reconocer el valor de nuestros límites. En el fondo, es una cosa bien concreta: dejemos de vivir por encima de nuestras posibilidades, porque así no es posible la verdadera alegría.

Iª Lectura: Sofonías (3,14-18): No tengas miedo a la paz ¡Jerusalén!

I.1. En la primera lectura del profeta Sofonías, la llamada es tan ardiente y tan profética como en Pablo a su comunidad. Es una llamada a Jerusalén, la ciudad de la paz, la hija de Sión, porque si quiere ser verdaderamente ciudad de Dios y de paz, tiene que caracterizarse frente a las otras ciudades del mundo como ciudad de alegría. ¿Quién rompe hoy el corazón de Jerusalén? ¿La religión, el fanatismo, el fundamentalismo? Ya en su tiempo, el del rey reformador Josías (640-609 a. C.), el profeta debe hablar contra los que en tiempo de Manasés y Amón habían pervertido al “pueblo humilde”. El profeta no solamente es el defensor, la voz de Dios, sino del pueblo sin rostro y que no puede cambiar el rumbo que los poderosos imponen, como ahora. Fue un tiempo prolongado de luchas, de sometimientos religiosos a ídolos extraños y a los señores sin corazón. El profeta reivindica una Sión nueva donde se pueda estar con Dios y no avergonzarse. Y lo que suceda en Jerusalén puede ser en beneficio de todos: ¡como ahora!

I.2. ¡Qué lejos está ahora la ciudad de esa realidad teológica! Hoy sería necesario que judíos, musulmanes y cristianos dejaran clamar al profeta para escuchar su mensaje de paz. Es verdad que el profeta ofrecía la única alternativa posible, ya entonces, y que es decisiva ahora: sólo el Dios de unos y otros, que es el mismo, es quien puede hacer posible que las tres religiones monoteístas alaben a un mismo Señor: el que nos ofrece el don de la alegría en la fraternidad y en la esperanza. Porque solamente podrá subsistir una ciudad, todos sus habitantes, si se dejan renovar por el amor de su Dios, como pide el profeta a los israelitas de su tiempo. ¿Es esto realizable? Pues hay que proponer que una religión que no proporciona alegría, no es una verdadera religión. Más aún: una religión que no proponga la paz, con todas sus renuncias, no es verdadera religión. ¡Jerusalén, no tengas miedo a la paz!

IIª Lectura: Filipenses (4,4-5): La terapia teológica de la alegría

II.1. El texto de la carta viene a ser como una conclusión, casi proverbial en la tradición y religiosidad cristiana: Así traduce la Vulgata: gaudete in Domino semper el “chairete en Kyríô pántote” (alegraos siempre en el Señor). Incluso no sabemos si estos versos están en su sitio, porque parece ser que Pablo escribe en distintos momentos algunas notas a la comunidad de Filipos. Sea como fuere desde el punto de vista literario, lo que el apóstol pide a su querida comunidad, sigue siendo decisivo para nosotros los cristianos de hoy. Dos veces repite el “gaudete” ¿qué más se puede pedir? Pero es verdad que hay alegrías y alegría. Pablo dice “en el Señor” y esto no debe ser simplemente estético o psicológico. Bien es verdad que la terapia humana de la alegría es muy beneficiosa. Pues con más razón la terapia religiosa de que el Señor nos quiere alegres. Es una terapia teológica muy necesaria.

II.2. No podemos olvidar que ésta debe ser la actitud cristiana, la alegría que se experimenta desde la esperanza, de tal manera que de esa forma nunca se teme al Señor, sino que nos llenamos de alegría, como recomienda San Pablo a su querida comunidad de Filipos. Nuestro encuentro definitivo con el Señor, cuando sea, debe tener como identidad esa alegría. Ya sabemos que la alegría es un signo de la paz verdadera, de un estado de serenidad, de sosiego, de confianza. De ahí que nuestro encuentro con el Señor no puede estar enmarcado en elementos apocalípticos, sino en la serenidad y la confianza de la alegría de encontrarnos con Aquél que nos llama a ser lo que no éramos y a vivir una felicidad que procede de su proyecto liberador. Es decir, encontrarse con el Señor del Adviento debe ser una liberación en todos los órdenes. Por tanto, el hombre, y más el hombre de hoy, debe tomarse en serio la alegría, como se toma en serio a sí mismo. El hombre sin alegría no es humano; y la persona que no es humana, no es persona.

Evangelio. Lucas (3,10-18): La alegría del compartir

III.1. El evangelio es la continuación del mensaje personal del Bautista que ha recogido la tradición sinóptica y se plasma con matices diferentes entre Mateo y Lucas. Nuestro evangelio de hoy prescinde de la parte más determinante del mensaje del Bautista histórico (3,7-9), en coincidencia con Mateo, y se centra en el mensaje más humano de lo que hay que hacer. Con toda razón, el texto de los vv. 10-18 no aparece en la fuente Q de la que se han podido servir Mateo y Lucas. Se considera tradición particular de Lucas con la que enriquece constantemente su evangelio. No quiere decir que Lucas se lo haya inventado todo, pero en gran parte responde, como en este caso, a su visión particular del Jesús de Nazaret y de su cristología.

III.2. Por tanto, podemos adelantar que Lucas quiere humanizar, con razón, el mensaje apocalíptico del Bautista para vivirlo más cristianamente. En realidad es el modo práctico de la vivencia del seguimiento que Lucas propone a los suyos. Acuden al Bautista la multitud y nos pone el ejemplo, paradigmático, de los publicanos y los soldados. Unos y otros, absolutamente al margen de los esquemas religiosos del judaísmo. Lucas no ha podido entender a Juan el Bautista fuera de este mensaje de la verdadera salvación de Dios. Este cristianismo práctico, de desprendimiento, es una constate en su obra.

III.3. Nos encontramos con la llamada a la alegría de Juan el Bautista; es una llamada diferente, extraña, pero no menos verídica: es el gozo o la alegría del cambio. El mensaje del Bautista, la figura despertadora del Adviento, es bien concreto: el que tiene algo, que lo comparta con el que no tiene; el que se dedica a los negocios, que no robe, sino que ofrezca la posibilidad de que todos los que trabajan puedan tener lo necesario para vivir en dignidad; el soldado, que no sea violento, ni reprima a los demás. Estos ejemplos pueden multiplicarse y actualizarse a cada situación, profesión o modo de vivir en la sociedad. Juan pide que se cambie el rumbo de nuestra existencia en cosas bien determinantes, como pedimos y exigimos nosotros a los responsables el bienestar de la sociedad. No es solamente un mensaje moralizante y de honradez, que lo es; es, asimismo, una posibilidad de contribuir a la verdadera paz, que trae la alegría.

domingo, 9 de diciembre de 2012

DOMINGO 2º DE ADVIENTO



“La justicia que Dios quiere”

La figura personal de este domingo es la figura del profeta (Baruc y Juan Bautista). Es su misión leer el momento, interpretar los signos de los tiempos, ver lo que está sucediendo. Es su misión transmitir la voluntad de Dios, decir al pueblo que Dios quiere de él, urgir una reacción inmediata, que siempre tendrá la dirección de una conversión a la justicia que Dios quiere. La palabra de los antiguos profetas sigue resonando hoy en este momento histórico y nos ayuda a discernir las crisis de los tiempos y a orientar la dirección de nuestra conversión a la justicia que Dios quiere. ¿Quiénes son los profetas de hoy? ¿Cuáles son los signos de nuestros tiempos? ¿Qué exige de nosotros la justicia que Dios quiere?

CONTEMPLAMOS LA PALABRA

I LECTURA

El dolor no es la última palabra de la historia, ni de una persona ni de un pueblo. Llegará el momento en que se pueda contemplar, desde la altura de la propia dignidad, lo que Dios ha podido reconstruir. Y ese será el tiempo de la alegría y la fiesta.

Lectura del libro de Baruc 5, 1-9

Quítate tu ropa de duelo y de aflicción, Jerusalén, vístete para siempre con el esplendor de la gloria de Dios, cúbrete con el manto de la justicia de Dios, coloca sobre tu cabeza la diadema de gloria del Eterno. Porque Dios mostrará tu resplandor a todo lo que existe bajo el cielo. Porque recibirás de Dios para siempre este nombre: "Paz en la justicia" y "Gloria en la piedad". Levántate, Jerusalén, sube a lo alto y dirige tu mirada hacia el Oriente: mira a tus hijos reunidos desde el oriente al occidente por la palabra del Santo, llenos de gozo, porque Dios se acordó de ellos. Ellos salieron de ti a pie, llevados por enemigos, pero Dios te los devuelve, traídos gloriosamente como en un trono real. Porque Dios dispuso que sean aplanadas las altas montañas y las colinas seculares, y que se rellenen los valles hasta nivelar la tierra, para que Israel camine seguro bajo la gloria de Dios. También los bosques y todas las plantas aromáticas darán sombra a Israel por orden de Dios, porque Dios conducirá a Israel en la alegría, a la luz de su gloria, acompañándolo con su misericordia y su justicia.
Palabra de Dios.
SALMO

Salmo 125, 1-6

R. ¡Grandes cosas hizo el Señor por nosotros!

Cuando el Señor cambió la suerte de Sión, nos parecía que soñábamos: nuestra boca se llenó de risas y nuestros labios, de canciones. R.

Hasta los mismos paganos decían: "¡El Señor hizo por ellos grandes cosas!". ¡Grandes cosas hizo el Señor por nosotros y estamos rebosantes de alegría! R.

¡Cambia, Señor, nuestra suerte como los torrentes del Négueb! Los que siembran entre lágrimas cosecharán entre canciones. R.

El sembrador va llorando cuando esparce la semilla, pero vuelve cantando cuando trae las gavillas. R.

SEGUNDA LECTURA

Hemos comenzado un camino, como dice san Pablo. Y justamente porque es un camino, nunca estará terminado. El apóstol reza para que Dios acompañe el crecimiento de esta comunidad de Filipos. Y así la oración es un gran signo de comunión: otros rezan por nosotros, y nosotros rezamos también por otros. Así, la comunidad sigue caminando unida en una oración solidaria y amorosa.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Filipos 1, 4-11

Hermanos: Siempre y en todas mis oraciones pido con alegría por todos ustedes, pensando en la colaboración que prestaron a la difusión del Evangelio, desde el comienzo hasta ahora. Estoy firmemente convencido de que Aquel que comenzó en ustedes la buena obra la irá completando hasta el Día de Cristo Jesús. Y es justo que tenga estos sentimientos hacia todos ustedes, porque los llevo en mi corazón, ya que ustedes, sea cuando estoy prisionero, sea cuando trabajo en la defensa y en la confirmación del Evangelio, participan de la gracia que he recibido. Dios es testigo de que los quiero tiernamente a todos en el corazón de Cristo Jesús. Y en mi oración pido que el amor de ustedes crezca cada vez más en el conocimiento y en la plena comprensión, a fin de que puedan discernir lo que es mejor. Así serán encontrados puros e irreprochables en el Día de Cristo, llenos del fruto de justicia que proviene de Jesucristo, para gloria y alabanza de Dios.
Palabra de Dios.

EVANGELIO

El evangelista Lucas ubica perfectamente para nosotros en tiempo y lugar la actividad de Juan el Bautista. Es un hombre de su tiempo, hijo de una cultura. Nosotros también, considerando el presente en el que estamos, tenemos que sentirnos comprometidos y enviados por Dios a predicar como lo hizo Juan.

Ì Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 3, 1-6

El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Filipo tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene, bajo el pontificado de Anás y Caifás, Dios dirigió su palabra a Juan, hijo de Zacarías, que estaba en el desierto. Éste comenzó entonces a recorrer toda la región del río Jordán, anunciando un bautismo de conversión para el perdón de los pecados, como está escrito en el libro del profeta Isaías: "Una voz grita en el desierto: Preparen el camino del Señor, allanen sus senderos. Los valles serán rellenados, las montañas y las colinas serán aplanadas. Serán enderezados los senderos sinuosos y nivelados los caminos desparejos. Entonces, todos los hombres verán la Salvación de Dios".
Palabra del Señor.

COMPARTIMOS LA PALABRA

1. La figura personal de este domingo es la figura del profeta (Habacuc y Juan Bautista).Es su misión leer el momento, interpretar los signos de los tiempos, ver lo que está sucediendo. Es su misión transmitir la voluntad de Dios, decir al pueblo que Dios quiere de él, urgir una reacción inmediata, que siempre tendrá la dirección de una conversión a la justicia que Dios quiere. La palabra de los antiguos profetas sigue resonando hoy en este momento histórico y nos ayuda a discernir las crisis de los tiempos y a orientar la dirección de nuestra conversión a la justicia que Dios quiere. ¿Quiénes son los profetas de hoy? ¿Cuáles son los signos de nuestros tiempos? ¿Qué exige de nosotros la justicia que Dios quiere?

2. La figura, el tema, el valor… central del mensaje profético hoy es la JUSTICIA. A ella hacen referencia las tres lecturas. Pero no se trata de cualquier justicia, sino de la justicia que Dios quiere. Es la justicia que anuncian quienes vienen desde el desierto, de aquella situación en la que tiene lugar la experiencia de Dios, la victoria sobre los demonios, la conciencia lúcida sobre lo esencial en la vida de las personas, sobre la diferencia entre lo necesario y lo superfluo (de esta conciencia estamos muy necesitados en esta sociedad del bienestar, aunque estemos en tiempo de crisis y de recortes, o precisamente porque son tiempos de crisis y de recortes).

3. Es en el desierto así entendido, de donde viene Juan, donde se conoce de veras cuál es la justicia que Dios quiere. Es aquella que no se conforma con dar a cada uno “lo que es suyo”, “lo que merece”, “a los que tiene derecho según la ley”. Esta es, en el mejor de los casos, la justicia que se promueve en los palacios de Tiberio, Pilato, Herodes, Anás y Caifás… ayer, y en los centros políticos y financieros de hoy. Pero el resultado de esta justicia es cada vez más injusticia, cada vez más excluidos, cada vez más pobres y más indocumentados a quienes se les niegan los derechos del ciudadano. .

4.       La justicia que Dios quiere es aquella que da a toda persona, sin distingos ni discriminaciones, lo que necesita para (lo esencial y necesario) para vivir con dignidad como persona y como hijo o hija de Dios, desde el pan de cada día al reconocimiento efectivo de la dignidad humana. Esta es la Justicia del Reino que Jesús proclamará como lo único necesario; todo lo demás vendrá por añadidura. Para que esto llegue a ser verdad en esta sociedad es necesario abajar muchas montañas de bienes materiales y dineros acumulados y levantar muchos valles de pobreza y humillación, abajar muchas colinas de poder y levantar muchos barrancos de marginación, exclusión, desempleo, indefensión jurídica… Esto es allanar los caminos del Señor, para que Dios pueda transitar por esta sociedad y venir hacia nosotros o para que esta humanidad esté en condiciones de reconocer y acoger su presencia.

5.       Sin hacer de menos la invitación a abajar las cumbres de la soberbia de la vida y levantar los valles de la falta de autoestima, Juan Bautista nos invita en este adviento a allanar los caminos de la justicia que Dios quiere. Esta es la invitación a la conversión integral. Porque la justicia que Dios quiere se refiere a todas las dimensiones de la vida, desde el solidario reparto de los bienes materiales hasta el efectivo reconocimiento de la dignidad de toda persona, desde las relaciones fraternas en las relaciones cortas a las relaciones justas y solidarias en las relaciones largas.

ESTUDIO BÍBLICO

Iª Lectura. Baruc (5,1-9): Dios nos conduce con alegría, a la luz de su gloria

I.1. La primera lectura está tomada del libro de Baruc, conocido como el secretario de Jeremías (Jr 36). Este libro representa una serie de oráculos que algunos sitúan casi en el s. II a. C. Lo que leemos hoy forma parte de una liturgia de acción de gracias, expresada en un oráculo de restauración de Jerusalén. Aunque se hace referencia al destierro de Babilonia, que es la experiencia más dura que tuvo que vivir el pueblo de Dios, el texto se puede y se debe actualizar en cada momento en que la comunidad pasa por un trance semejante. Es esta una ensoñación, una fascinación profética por llenar Jerusalén de justicia, de paz y de piedad. Si este libro se pudiera garantizar que pertenece al secretario de Jeremías (cf Jr 36), podríamos decir que ahora las penas y las lágrimas que vivió junto al maestro se han convertido en milagro y en utopía, no solamente mesiánica, sino cósmica, como en Is 52.

I.2. Por su visión esplendorosa fluyen palabras y conceptos de contraste: frente al luto y la aflicción, la gloria de Dios (la doxa, que el hebreo sería el famoso kabod si el libro se hubiera encontrado en hebreo). Hasta cinco veces se repite este concepto tan germinal de la teología del AT y especialmente de la teología profética. Sabemos que es uno de los términos más densos y que entraña distintos matices. En este caso deberíamos hablar de la acción de Dios en la historia que cambia la suerte de Jerusalén, del pueblo, del mundo, para siempre. Si Dios no actúa, mediante su kabod, entonces todo es aflicción, luto, miseria, llanto. Tener la experiencia de la gloria de Dios es lo contrario de tener la experiencia del “infierno”, es decir, la guerra, el hambre, el destierro.

I.3. Paz y justicia, pues, de la gloria de Dios. Están ahí para infundir ánimo y esperanza. Estas dos palabras expresan uno de los conceptos más teológicos y humanos del Adviento cristiano. Y de entre todas las promesas que se hacen a Jerusalén, en este caso a la comunidad cristiana, debemos retener aquello de “paz en la justicia y gloria en la piedad”. Se invita a Jerusalén que crea en su Dios, que espere en su Dios, que siempre tiene una respuesta a las tragedias que los hombres provocamos en el mundo por la injusticia y las opresiones. Sus armas son la misericordia y la fuerza salvadora de Dios que se expresa por el concepto de gloria. Aunque la gloria (kabod) sea la majestad con la que Dios se muestra a los hombres, digamos que expresa el poder que Dios tiene por encima de los poderosos de este mundo. Porque los dioses y los hombres de este mundo quieren gloria para esclavizar, mientras que la gloria de Dios es para liberar y salvar.

IIª Lectura: Filipenses (1,4-11): Convocados a la alegría

II.1. La segunda lectura expresa la alegría de Pablo porque el evangelio los ha unido entrañablemente, de tal manera que así reconocen juntos lo que Dios comenzó en aquella comunidad, mientras el apóstol espera que se mantengan fieles hasta la venida del Señor. El proemio de esta carta resuena, pues, en el Adviento con la energía de quien está orgulloso de una comunidad, sencillamente por una cosa, porque han acogido el “evangelio”. El afecto que Pablo muestra por su comunidad, desde la cárcel, desde las cadenas, es muy elocuente. Es un orgullo que él esté en la cárcel por el evangelio y que la comunidad de Filipos se haya interesado vivamente por él. De esa manera se da cuenta Pablo que su misión de Apóstol, de emisario del evangelio, es su “gloria”; todo ello vale su peso en oro; no hay consuelo como ese. La retórica del texto deja traslucir, sin embargo, la verdad de su vida.

II.2. Por otra parte, mantenerse a la espera de la venida del Señor, no es estar pendientes de catástrofes apocalípticas, sino de estar unidos siempre al Señor que ha traído la justicia a este mundo que se pierde en su injusticia. Jesucristo, pues, es el horizonte de la justicia en el mundo; eso por lo que luchan muchos creyentes y también personas que no creen. Y ese, en definitiva, es el “evangelio” del que habla Pablo. El lenguaje escatológico que Pablo usa en estos versos no le hacen desviar su mirada de la historia concreta de los cristianos que tienen que mantenerse fieles hasta el final. Y todo con alegría (chara), un tema verdaderamente recurrente en esta carta (cf 1,4.18.25; 2,2,17-18.28-29; 3,1; 4,1.4), que fue escrita en la cárcel de Éfeso con toda probabilidad. Y porque la alegría es una de las claves del Adviento, es por lo que se ha escogido este texto paulino.

Evangelio: Lucas (3,1-6): La salvación llega a la historia humana

III.1. El evangelio de hoy nos ofrece el comienzo de la vida pública de Jesús. El evangelista quiere situar y precisar todo en la historia del imperio romano, que es el tiempo histórico en que tienen lugar los acontecimientos de la vida de Jesús y de la comunidad cristiana primitiva. Los personajes son conocidos: el emperador Tiberio sucesor de Augusto; el prefecto romano en Palestina que era Poncio Pilato; Herodes Antipas, hijo de Herodes el Grande, como tetrarca de Galilea, donde comenzó a resonar la buena noticia para los hombres; al igual que Felipe, su hermano, que lo era de Iturea y Traconítide; los sumos sacerdotes fueron Anás y Caifás. De todos ellos tenemos una cronología casi puntual. Es un “sumario” histórico, muy propio de Lucas ¿Y qué?, podemos preguntarnos. Es una forma de poner de manifiesto que lo que ha de narrar no es algo que puede considerarse que ocurriera fuera de la historia de los hombres de carne y hueso. La figura histórica de Jesús de Nazaret es apasionante y no se puede diluir en una piedad desencarnada. Sería una Jesús sin rostro, un credo sin corazón y un evangelio sin humanidad.

III.2. El evangelio es absolutamente histórico y llega como mensaje de juicio y salvación para los que lo escuchan. Incluso hubo toda una preparación: Juan el Bautista, un profeta de corte apocalíptico que anuncia, en nombre de Dios, apoyándose en el profeta Isaías, que algo nuevo llega a la historia, a nuestro mundo. Dios siempre cumple sus promesas; lo que se nos ha presentado en el libro de Baruc comienza a ser realidad cuando los hombres se abren al evangelio. Juan el Bautista es presentado bajo el impacto de Is 40,3-5, para llegar a la última expresión “y todo hombre verá la salvación de Dios”. Mt 3,3 no nos ha trasmitida la cita de Isaías más que haciendo referencia a “voz que clama en el desierto: preparad el camino al Señor y haced derechas sus sendas”. Lucas se engolfa, fascinado, en el texto del Deutero-Isaías para poner de manifiesto que ya desde Juan el Bautista la “salvación” está a las puertas. En la tradición cristiana primitiva, Juan el Bautista es el engarce entre el AT y el NT. Eso significa que no viene a cerrar la historia salvífica de Dios en el pasado, sino que quiere hace confluir en el profeta de Nazaret toda la acción salvadora que Dios ya había realizado en momentos puntuales y volvía a prometer por los profetas, en una nueva dimensión, para el futuro.

III.3. Efectivamente, para Lucas, la salvación “sôtería”, si cabe, es la clave de su evangelio. Jesús, al nacer, recibirá el título de “salvador” (sôtêr) (Lc 2,11) y su vida no debe ser otra cosa que hacer posible la salvación de Dios. Por eso mismo se encuentra muy a gusto el tercer evangelista cuando, al presentar la figura de Juan el Bautista, que es la de un profeta de juicio, subraye que ese juicio será, con Jesús, un juicio de salvación para toda la humanidad. Para Lucas, Juan el Bautista, que era un profeta de penitencia, quiere entregar el testigo para que el profeta de salvación, Jesús, entre en escena. Todo eso independientemente de si Jesús tuvo algo que ver, alguna vez y por corto tiempo, como discípulo del Bautista. De hecho, Lucas no está muy interesado en la actividad penitencial o bautismal de Juan, sino que más bien le importa su actividad de predicador, de profeta, por eso lo presenta amparado por todo el texto de Is 40,3-5 que Mt se ahorra en parte y en lo más positivo. Juan el Bautista, para Lucas, es pre-anunciador de la salvación de Dios.

III.4. Y no podemos menos de poner de manifiesto, al hilo de la cita de Isaías y del término “todo” (pas: todo valle, todo monte y colina, todo hombre –aunque el texto griego diga “toda carne”-), que aparece tres veces, ese carácter universal de la salvación que ahora preanuncia Juan. ¿Qué significa esto? Pues que esa salvación no es para un pueblo, ni está encerrada en una tradición religiosa determinada. Lo que ha de ocurrir rompe todos los esquemas con que se esperaba que Dios actuara. Los oráculos proféticos de salvación, como el de Baruc de hoy, todavía se quedan estrechos, aunque sean muy hermosos y esperanzadores. Jerusalén, aún bajo un simbolismo especial, seguía siendo el centro del judaísmo y de un pueblo que se empeñaba en que él era diferente, por elegido. Ahora el pasaje del texto isaiano nos descubre un secreto, el verdadero proyecto del Dios de la salvación: todos serán salvados. Todos “verán” es como decir “experimentarán”.

domingo, 2 de diciembre de 2012

DOMINGO 1° DE ADVIENTO CICLO C


“A ti, Señor; elevo mi alma. Muéstrame, Señor, tus caminos.”

Ya es un tópico decir que el mundo está en crisis. Una crisis que se presenta de un modo cada vez más claro como no sólo económica, sino también social y de valores: ¿Qué hemos hecho para que este sistema no funcione? ¿Qué cambios decisivos tenemos que hacer para que la salida no sea puramente coyuntural, sino, aleccionados por la experiencia, encontrar soluciones más justas, humanas y solidarias que las anteriores? ¿Qué nos tiene que decir el Señor en este tiempo de Adviento que comenzamos hoy?

CONTEMPLAMOS LA PALABRA

PRIMERA LECTURA

Hoy el profeta nos ayuda a sostener la esperanza de un tiempo nuevo. Lo que hoy vemos no será para siempre. Hoy comenzamos un tiempo de espera de liberación.

Lectura del libro de Jeremías 33, 14-16

Llegarán los días -oráculo del Señor- en que yo cumpliré la promesa que pronuncié acerca de la casa de Israel y la casa de Judá: En aquellos días y en aquel tiempo, haré brotar para David un germen justo, y él practicará la justicia y el derecho en el país. En aquellos días, estará a salvo Judá y Jerusalén habitará segura. Y la llamarán así: "El Señor es nuestra justicia".
Palabra de Dios.
SALMO

Salmo 24, 4-5. 8-10. 14

R. A ti, Señor; elevo mi alma.

Muéstrame, Señor, tus caminos, enséñame tus senderos. Guíame por el camino de tu fidelidad; enséñame, porque tú eres mi Dios y mi salvador. R.

El Señor es bondadoso y recto: por eso muestra el camino a los extraviados; Él guía a los humildes para que obren rectamente y enseña su camino a los pobres. R.

Todos los senderos del Señor son amor y fidelidad, para los que observan los preceptos de su alianza. El Señor da su amistad a los que lo temen y les hace conocer su alianza. R.

SEGUNDA LECTURA

¡Preparemos el encuentro con Jesús! El apóstol nos dice cómo hacerlo: viviendo el amor en la comunidad. Porque ese encuentro no es individual, sino el de un pueblo con su Dios.

Lectura de la primera carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Tesalónica 3,12-4, 2

Hermanos: Que el Señor los haga crecer cada vez más en el amor mutuo y hacia todos los demás, semejante al que nosotros tenemos por ustedes. Que él fortalezca sus corazones en la santidad y los haga irreprochables delante de Dios, nuestro Padre, el Día de la Venida del Señor Jesús con todos sus santos. Amén. Por lo demás, hermanos, les rogamos y les exhortamos en el Señor Jesús, que vivan conforme a lo que han aprendido de nosotros sobre la manera de comportarse para agradar a Dios. De hecho, ustedes ya viven así: hagan mayores progresos todavía. Ya conocen las instrucciones que les he dado en nombre del Señor Jesús.
Palabra de Dios.

EVANGELIO

Nuestra vida cristiana está marcada por la esperanza. Nos moviliza que las cosas "no sean siempre como son", buscando lo mejor para nosotros y para todos. Este tiempo ha de ser, entonces, de espera en la liberación, alzando los ojos para entender que Dios quiere la liberación y que ésta se gesta desde su propio deseo.

Ì Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 21, 25-28. 34-36

Jesús dijo a sus discípulos: "Habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas; y en la tierra, los pueblos serán presa de la angustia ante el rugido del mar y la violencia de las olas. Los hombres desfallecerán de miedo ante la expectativa de lo que sobrevendrá al mundo, porque los astros se conmoverán. Entonces se verá al Hijo del hombre venir sobre una nube, lleno de poder y de gloria. Cuando comience a suceder esto, tengan ánimo y levanten la cabeza, porque está por llegarles la liberación. Tengan cuidado de no dejarse aturdir por los excesos, la embriaguez y las preocupaciones de la vida, para que ese día no caiga de improviso sobre ustedes como una trampa, porque sobrevendrá a todos los hombres en toda la tierra. Estén prevenidos y oren incesantemente, para quedar a salvo de todo lo que ha de ocurrir. Así podrán comparecer seguros ante el Hijo del hombre".
Palabra del Señor.

COMPARTIMOS LA PALABRA

El evangelio de hoy, nos puede resultar agobiante pues nos sigue hablando de crisis, pero también tremendamente aleccionador y sugerente. Nos sitúa radicalmente ante nuestra responsabilidad personal y social frente a lo que le pasa y pasará al mundo. Ante tal cúmulo de inquietudes, los interrogantes surgen solos: ¿Pero, yo puedo hacer algo? Y más profundamente aún: ¿Tengo yo la responsabilidad ineludible y de la que se me pedirá cuenta, de hacer algo? ¿Soy únicamente juguete de las circunstancias y de las estructuras o he de tomarme en serio como cooperador activo, bien para aumentar el problema o bien para formar parte de la solución?

Este mismo evangelio nos da pistas: frente a la inquietud y al miedo “por lo que se nos viene encima”, no poderos aturdirnos con drogas como la bebida, el vicio o la preocupación por el dinero (como si la única solución fuese la económica). Por el contrario: por ser solidarios con todas las víctimas y con todos los que sufren no resignarnos, sino “alzar la cabeza” ansiando, esperando, trabajando por y atisbando nuestra liberación. Estar despiertos, orantes y activos.
En eso consiste la esperanza teologal, la virtud propia del Adviento, este nuevo tiempo litúrgico que empezamos. La esperanza, que fue definida por el poeta francés Peguy como “la fe más agradable a Dios” porque supone confianza total en Dios y, juntamente y gracias a ello, disponibilidad total para ponerse al servicio de su Reino. En el “Año de la fe” no podemos olvidar que la fe sin esperanza que no lleve a la caridad es una pura ideología alienante, una “fe muerta”.

El modo de vivir esta esperanza nos lo muestra la segunda lectura: seguir “las instrucciones del señor Jesús”, gracias a las cuales “procedemos agradando a Dios”. Para ello, necesitamos que nos “fortalezca internamente” (y, entonces, la oración aparece como imprescindible). Este modo nuevo de vivir en esperanza se concreta y verifica en ese amor mutuo del que el Señor por su Espíritu nos colma y que es testimoniado por hombre y mujeres fieles al Evangelio como el mismo Pablo (“como nosotros os amamos”). ¡Ojalá cada cristiano pudiésemos decir lo mismo!

Para conseguirlo, y porque sabemos que esto no es una vana esperanza, suplicamos con el salmo: “A ti, Señor, levanto mi alma. Enséñame tus caminos. Tus sendas son misericordia y lealtad…”.

En una situación también de crisis profunda, Jeremías (1ª lectura), supo señalar a la Esperanza en persona: a ése Germen, entonces puramente futuro y hoy la espléndida realidad de Cristo Resucitado que nos atrae con nuestro mundo y nuestra historia hacia sí.

ESTUDIO BÍBLICO


Se acerca nuestra liberación

Iª Lectura: Jeremías (33,14-15): El Señor es nuestra justicia

I.1. Forma parte esta hermosa lectura de los oráculos de salvación del profeta, oráculos que presentan al pueblo la restauración, oráculos de esperanza (cc. 30-33). Todos estos epígrafes encuentran su equivalencia en esos oráculos que proponían la restauración del reino del Norte, Israel y también para Judá. Quizá no responden a una etapa demasiado concreta de su vida de profeta “quemado” por la palabra de Dios. Pero un profeta no sería verdadero si además de anunciar el “juicio” no se atreviera también con la salvación y la restauración. Jeremías, asimismo, tenía alma y sensibilidad para ello. Un profeta perseguido como él siempre se atreve a ver más allá de lo que los demás ven o experimentan. Es un oráculo que se repite en su obra como podemos cotejar en Jr 23,5-6. El profeta juega con el nombre nuevo que ha de llevar el descendiente de David: “Señor, justicia nuestra” (Yhwh sidquenû), de la misma manera que Isaías 7,14 le pondrá, simbólicamente, al descendente de Acaz, “Dios con nosotros” (Inmanûel), y ya sabemos la trascendencia que ese nombre ha tenido para la teología mesiánica cristiana. Los nombres significan mucho en la Biblia y si son simbólicos con más razón.


I.2. El exhorto del profeta Jeremías reza así: el Señor es nuestra justicia. No es un título, sino el proyecto y el compromiso del Dios de la Alianza, con Israel y con todos los pueblos. Ese es el Dios que se encarna, el que hace justicia. Que es más que dar a cada uno lo que le pertenece. Esa idea de justicia (sdq) es algo pobre para el Dios de Jesucristo. Significa mucho más: Dios levanta al oprimido; hace valer al que no vale, porque a Él todos los seres humanos le importan como hijos; hace abajarse al que se ha levantado hasta las nubes sin valer, apoyándose en un poder que no le pertenece. Ese proyecto y ese compromiso divino, sin embargo, no se impone por la fuerza, como hacen los poderosos de este mundo con sus estrategias, sino que se nos llama en el Adviento a considerarlo como una espera y esperanza para convertirnos a El. Así podemos precisar el primer paso del Adviento: la conversión al Dios de una justicia prodigiosa. Y la conversión es mucho mas que hacer penitencia; es un cambio de mentalidad, un cambio de rumbo en nuestra existencia, un cambio de valores. Porque cuando se cambian los valores de nuestra vida, transformamos nuestra forma de ser, de vivir y de actuar.

IIª Lectura: Iª Tesalonicenses (3,12-4,2): La dedicación a lo divino

II.1. Esta es una invocación de Pablo, urgido y urgiendo a la comunidad para preparase a la pronta “venida del Señor”. Hoy día no cabe duda que Pablo pensó ver este momento con sus ojos. Como la mayoría de los primeros cristianos pensaba que la “parusía”, la presencia efectiva del Señor resucitado estaba a punto de llegar. Después fue cambiando poco a poco esa mentalidad influida por un perfil apocalíptico por una visión histórica más concorde con la realidad de “transformar” el mundo y “transformarse” personalmente a imagen de Cristo, por medio del amor y de la muerte. Eso es lo que se infiere del final de esta invocación que habla de la “manifestación (parousía) de nuestro Señor Jesucristo”. Después Pablo llegaría a la conclusión personal de que esa experiencia de la manifestación había que vivirla personalmente en el momento de la muerte (cf 2Cor 4,7-15; Flp 3,7-11).

II.2. En todo caso ¿qué expone como punto práctico?: pues una disposición que hay que tener para el día del encuentro del Señor (también expresado en lenguaje apocalíptico): un amor más grande a todos los hombres, porque esa es la forma de progresar en la santidad. Muchas veces nos preguntamos qué es ser santo. Pues aquí encontramos una buena respuesta: es vivir amando siempre, cada vez más, sin excepción, como Dios mismo hace. Por eso se le define a Él como el Santo: porque no excluye a nadie de su amor. Sin duda que el Apóstol nos habla de algo inconmensurable, utópico: ¡cuando amemos a todos los hombres! Así es la respuesta, la conversión, al Dios de la justicia, al Dios de la encarnación, al Dios de la Navidad, para lo que nos prepara el Adviento. ¿Cómo podemos, pues, vivir dedicados a Dios? Amando a todos los hombres. Esa es la dedicación del cristiano a lo divino.

Evangelio: Lucas (21,25-28.34-36): Se acerca nuestra liberación

III.1. Todos los años comenzamos el nuevo ciclo litúrgico con el Adviento, que es presencia y es llegada. Es una presencia de siempre y constantemente renovada, porque nos preparamos para celebrar el misterio del Dios que se encarna en la grandeza de nuestra miseria humana. En el Primer Domingo de Adviento, "Ciclo C" del año litúrgico, que estará apoyado fundamentalmente en el evangelio de Lucas, se ofrece un mensaje lleno de fuerza, una llamada a la esperanza, que es lo propio del Adviento: Levantad vuestras cabezas porque se acerca vuestra liberación. Esa es la clave de la lectura evangélica del día. No son los signos apocalípticos los que deben impresionar, sino el mensaje de lo que se nos propone como oferta de parte de Dios. Los signos apocalípticos, en este mundo, siempre han ocurrido y siempre estarán ocurriendo.

III.2. Lucas también nos ha trasmitido el discurso apocalíptico en boca de Jesús (c. 21) a semejanza de lo que hace Mc 13. En Lucas comienza con una enseñanza que contrasta con la actitud de algunos que están mirando y contemplando la grandeza del templo (21,5ss). Los vv. 25-28 se centran en la famosa venida (parousía) del Hijo del hombre que ha de arrancar de los cristianos, ¡no pánico!, sino una actitud contraria: ¡levantar la cabeza, porque ese es el momento de la liberación!. Digamos que esta última expresión es lo propia de Lucas ante las palabras que le ha suministrado la tradición apocalíptica sobre la llegada misteriosa del Hijo del hombre. Lucas es muy conciso sobre los signos extraordinarios que acompañarán ese momento. Pero no puede sustraerse totalmente a esos signos. Y especialmente significativo es en Lucas la actitud que se ha de tener ante todo eso: vigilad (agrupneô) con la oración (v.36). Es lo propio de Lucas: la vigilancia que pide es teológica, la que mantiene abiertos los ojos del alma y de la vida. En la obra de Lucas, el talante de oración es la clave de las grandes decisiones de Jesús y de la comunidad. Y este momento que describe es clave en cada historia personal y de toda la humanidad. En definitiva, la llamada a la “vigilancia en la oración” responde muy bien a la visión cristológica del tercer evangelista: eso quiere decir que la conducta del cristiano debe inspirarse más en la esperanza que en el temor. No en vano Lucas se ha cuidado mucho de presentar a Jesús, en este caso sería el mismo Hijo del hombre, más como salvador de todos que como juez de todos.

III.3. A los hombres, continuamente se nos escapan muchas cosas por los "agujeros negros" de nuestro universo personal, pero la esperanza humana y cristiana no se puede escapar por ellos, porque eso se vive en la mismidad de ser humano. Lo apocalíptico, mensaje a veces deprimente, tiene la identidad de la profunda conmoción, pero no es más que la expresión de la situación desamparada del ser humano. Y sólo hay un camino para no caer en ese desamparo inhumano: vigilar, creer y esperar que del evangelio, del mensaje de Jesús, de su Dios y nuestro, nos viene la salvación, la redención, la liberación. Por eso, en la liturgia del Primer Domingo de Adviento se pide y se invoca a la libertad divina para que salga al encuentro del impulso desvalido de nuestra impotencia.