martes, 1 de noviembre de 2016

TODOS LOS SANTOS


¡Felices los pobres…!

La multitud incontable

Hoy la Iglesia nos propone celebrar y recordar, en una fiesta única a todos los Santos, los conocidos y desconocidos. La minoría de los “canonizados” son los más conocidos seguramente pero la inmensa mayoría de ellos son desconocidos. Hoy estamos invitados a recordarlos; son hermanos y hermanas nuestros que han vivido con fidelidad las bienaventuranzas proclamadas por Jesús de Nazareth: mártires, niños, jóvenes, esposas, esposos, religiosos, religiosas, obispos, papas; laicos y consagrados, pertenecientes a la jerarquía de la Iglesia y también grandes anónimos… es la multitud de la que habla el Apocalipsis, entre los cuales estarán, sin duda, familiares y amigos nuestros. ¿Quién no ha conocido gente “santa”, humilde, pacífica, anónima y servicial alguna vez?
Muchos piensan que la santidad es cosa “seria”, solo para algunos pocos elegidos, para una élite, para poca gente... Descartemos esta idea, ya que el Concilio Vaticano II nos enseña que “es, completamente claro que todos los fieles, de cualquier estado o condición, están llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección de la caridad, y esta santidad suscita un nivel de vida más humano incluso en la sociedad terrena” (LG 40). “Quedan, invitados y aun obligados todos los fieles cristianos a buscar insistentemente la santidad y la perfección dentro del propio estado” (LG 42). ¿Qué concepto tengo de la santidad? ¿Me siento llamado a la santidad?

DIOS NOS HABLA. CONTEMPLAMOS SU PALABRA

I LECTURA

Esta descripción nos muestra a los santos, que están ante el trono de Dios. Allí se encuentran los que pertenecen a “las doce tribus de Israel” y los que provienen de todas las naciones de la tierra. Con la vestidura blanca que recibimos en el bautismo, nosotros también esperamos llegar a cantar algún día ante el trono de Dios.

Lectura del libro del Apocalipsis 7, 2-4. 9-14

Yo, Juan, vi a un ángel que subía del Oriente, llevando el sello del Dios vivo. Y comenzó a gritar con voz potente a los cuatro ángeles que habían recibido el poder de dañar a la tierra y al mar: “No dañen a la tierra, ni al mar, ni a los árboles, hasta que marquemos con el sello la frente de los servidores de nuestro Dios”. Oí entonces el número de los que habían sido marcados: eran 144.000 pertenecientes a todas las tribus de Israel. Después de esto, vi una enorme muchedumbre, imposible de contar, formada por gente de todas las naciones, familias, pueblos y lenguas. Estaban de pie ante el trono y delante del Cordero, vestidos con túnicas blancas; llevaban palmas en la mano y exclamaban con voz potente: “¡La salvación viene de nuestro Dios que está sentado en el trono, y del Cordero!”. Y todos los ángeles que estaban alrededor del trono, de los ancianos y de los cuatro seres vivientes, se postraron con el rostro en tierra delante del trono, y adoraron a Dios, diciendo: “¡Amén! ¡Alabanza, gloria y sabiduría, acción de gracias, honor, poder y fuerza a nuestro Dios para siempre! ¡Amén!”. Y uno de los ancianos me preguntó: “¿Quiénes son y de dónde vienen los que están revestidos de túnicas blancas?”. Yo le respondí: “Tú lo sabes, Señor”. Y él me dijo: “Estos son los que vienen de la gran tribulación; ellos han lavado sus vestiduras y las han blanqueado en la sangre del Cordero”.
Palabra de Dios.

Salmo 23, 1-6

R. ¡Benditos los que buscan al Señor!

Del Señor es la tierra y todo lo que hay en ella, el mundo y todos sus habitantes, porque él la fundó sobre los mares, él la afirmó sobre las corrientes del océano. R.

¿Quién podrá subir a la Montaña del Señor y permanecer en su recinto sagrado? El que tiene las manos limpias y puro el corazón; el que no rinde culto a los ídolos ni jura falsamente. R.

Él recibirá la bendición del Señor, la recompensa de Dios, su Salvador. Así son los que buscan al Señor, los que buscan tu rostro, Dios de Jacob. R.

II LECTURA

Hay muchos santos en este mundo que viven como hijos e hijas de Dios. Su condición aún no se ha manifestado plenamente, porque en esta tierra siempre habrá males y pecados que impidan que se vea claramente su santidad. A pesar de ello, quienes sabemos que somos amados por Dios, queremos hacer presente su amor en el mundo.

Lectura de la primera carta de san Juan 3, 1-3

Queridos hermanos: ¡Miren cómo nos amó el Padre! Quiso que nos llamáramos hijos de Dios, y nosotros lo somos realmente. Si el mundo no nos reconoce, es porque no lo ha reconocido a él. Queridos míos, desde ahora somos hijos de Dios, y lo que seremos no se ha manifestado todavía. Sabemos que cuando se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal cual es. El que tiene esta esperanza en él, se purifica, así como él es puro.
Palabra de Dios.

ALELUYA        Mt 11, 28

Aleluya. “Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré”, dice el Señor. Aleluya.

EVANGELIO

“Manso tiene, con mucha frecuencia, el sentido de pobre. Es una manera de representar a quienes están bien dispuestos para reconocer y aceptar la pobreza del rey mesías, según los proyectos insondables y muchas veces desconcertantes de Dios. La mansedumbre es puesta por Jesús como expresión del camino para acceder al reino definitivo” (Ángel Macín, “Felices los mansos”, en La Palabra está muy cerca de ti, Ed. Ppc).

✜ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 4, 25—5, 12

Seguían a Jesús grandes multitudes, que llegaban de Galilea, de la Decápolis, de Jerusalén, de Judea y de la Transjordania. Al ver la multitud, Jesús subió a la montaña, se sentó, y sus discípulos se acercaron a él. Entonces tomó la palabra y comenzó a enseñarles, diciendo: “Felices los que tienen alma de pobres, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos. Felices los afligidos, porque serán consolados. Felices los pacientes, porque recibirán la tierra en herencia. Felices los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados. Felices los misericordiosos, porque obtendrán misericordia. Felices los que tienen el corazón puro, porque verán a Dios. Felices los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios. Felices los que son perseguidos por practicar la justicia, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos. Felices ustedes, cuando sean insultados y perseguidos, y cuando se los calumnie en toda forma a causa de mí. Alégrense y regocíjense entonces, porque ustedes tendrán una gran recompensa en el cielo; de la misma manera persiguieron a los profetas que los precedieron”.
Palabra del Señor.

MEDITAMOS LA PALABRA DE DIOS.

Y le siguió una gran muchedumbre…

Mateo nos da el detalle no menor: una multitud de varios lugares seguía a Jesús. Viendo esta multitud, Jesús comienza a desgranar su proyecto del Reino de Dios; desde la montaña, como un “nuevo Moisés” anima al pueblo con el ideal más alto y humano al que están llamados sus seguidores si quieren construir y/o formar parte del Reino. Es el programa de vida de todo discípulo y discípula.

Es muy interesante que Jesús no empieza dando una serie de mandamientos ni normas a cumplir, sino que alaba, declara felices (makarioi) a gente inesperada... Jesús sorprende, descoloca, invierte los valores convencionales de la sociedad de su época y de la nuestra también. Es un discurso muy humano.

En nuestra lengua tenemos varias traducciones de la primera bienaventuranza, es un detalle a tener en cuenta: “pobres de espíritu”, “alma de pobres”, “pobres de corazón”, “pobres en espíritu”, “espíritu del pobre”… El texto original tiene todas estas posibilidades y esto nos debe invitar a pensar y reflexionar, orar y escudriñar la Palabra que nos es dada. ¡El significado es inagotable!

Jesús declara “felices” a aquellos que son marginados, olvidados, dejados de lado, ignorados, desechados, maltratados, excluidos, etc. Sabemos que el pobre real de la época de Jesús habría conocido muy poco de la felicidad. Hoy también. Al pobre no le queda otra salida que poner su confianza en Dios, su único auxilio, ya que este mundo normalmente no le tiene en cuenta. Tener espíritu de pobre o un alma de pobre es una actitud vital de abandono y confianza en Dios, Padre y Madre que cuida de sus hijos, aunque, muchas veces, la evidencia diga lo contrario (en griego ptojói, tiene un significado preciso, rico, pero no ambiguo, los que no tienen nada, equivalente a mendigos).

El pobre es el manso y sufrido, es también el que llora; el que tiene hambre y sed de justicia; es el que tiene misericordia y compasivamente se relaciona con el otro; es también el que tiene su corazón limpiado por las lágrimas del sufrimiento y del dolor, propios o ajenos; es el que trabaja por la paz entre todos sus hermanos y hermanas. El pobre es el perseguido por este mundo que no tiene aprecio por quien reclama y exige un poco de justicia en su barrio, su ciudad o su país. Todas estas características están presentes en el pobre real y en aquellos que tienen alma de pobres. ¿Cómo vemos a los pobres de nuestra sociedad?, ¿Cómo vemos al que llora, al que lucha por la justicia, al que es compasivo, a los que trabajan por la paz? ¿Conocemos gente así? Están con nosotros… y si queremos ser discípulos y discípulas de Jesús, debemos aprender de ellos…

Vivir las bienaventuranzas es un desafío fuerte y actual para mí, hoy, en este momento.

Vivir el Evangelio en su radicalidad exige de mí, encarnar estas cualidades en mi vida, y esto puede traer problemas, persecuciones, calumnias y difamaciones de todo tipo.

Querer ser un poco más humanos en esta sociedad tan deshumanizada y deshumanizante tiene su precio… ¿estoy dispuesto/a?

Alégrense y regocíjense: una Iglesia compasiva que busca ser bienaventurada

Vivir la santidad no es otra cosa que encarnar en nosotros las bienaventuranzas de Jesús, no nos compliquemos con cosas, normas, estructuras caducas, etc., que solo dificultan el anuncio de la Buena Nueva en el mundo de hoy. Nuestra Iglesia necesita hoy más que nunca mostrarse compasiva, misericordiosa, acogedora y alegre, que busca la felicidad y el regocijo de todos sus hijos e hijas. Una Iglesia que se embarra por rescatar y acompañar a sus hijos; una comunidad que sufre y llora con las injusticias de este mundo y busca incansablemente la paz, entre todos sus miembros, y no genera divisiones por motivos secundarios e intrascendentes, es una iglesia que vive las bienaventuranzas. Una Iglesia que acoge con caridad a los pobres, perseguidos, afligidos, sufridos, mansos, humildes, constructores de paz y que no persiga a sus mismos hijos…esa es la Iglesia declarada “Bienaventurada”. ¿Estás dispuesto/a un proceso de conversión en el cual el Señor invierta tus valores y te regale un corazón de pobre?

Las bienaventuranzas de Jesús son humanas, demasiado humanas, quizás por eso se nos complica tanto. No habla de fe, de mandamientos, de normas ni disciplinas; esto es un aspecto central que merece nuestra reflexión más atenta… Algunos autores afirman que la santidad es humanidad, es decir, a más santidad más humanidad. Si la santidad es directamente proporcional a la humanidad, entonces ¿cómo estamos? ¿Somos más humanos/as después de cada Eucaristía, cada día, cada semana, cada año? Recordemos la promesa que se hace realidad aquí y ahora pero que será plenificada algún día: la recompensa será grande en los cielos…


ESTUDIO BÍBLICO

Saber ser hijos de Dios como programa de santidad

La liturgia de este día nos brinda la celebración de una de las fiestas más populares y entrañables: la festividad de todos los Santos y, a la vez, la ocasión para reconsiderar nuestra vida cristiana mirando hacia adelante, hacia el final de la historia de cada uno y de la humanidad.

Iª Lectura: Apocalipsis (7,2-4.9-14):El canto de los redimidos

I.1. En la primera lectura, en dos visiones, se nos muestra la apertura del misterio de la historia con la visión del ángel que trae el sello para guardar a aquellos que deben ser liberados de la destrucción. El libro del Apocalipsis, como sucede en la literatura de este tipo, literatura religiosa por excelencia, pero radicalmente mítica, necesita ser interpretado con la riqueza de los símbolos. Este tipo de literatura se produce en tiempos de crisis y debemos estar atentos a no confundir simbolismo con realidad. El sello sobre los siervos de Dios sella su pertenencia a El y, por lo mismo, la garantía de ser salvados.- La visión de la multitud inmensa, incontable, es un paso más en este simbolismo y probablemente propone algo que se relaciona con las diferencias entre el Antiguo y el Nuevo Testamento, entre la antigua y la nueva Alianza. Por eso se dice que, si en la primera visión se habla 144.000, era para hablar del pueblo de la Antigua Alianza, mientras que el “número incontable” representa al nuevo pueblo de Dios que ha ganado Cristo, el Cordero sacrificado, con su sangre. Los ángeles, los mensajeros de Dios, realizan sus planes del juicio y de salvación. Por eso, cuatro de ellos están en los cuatro puntos cardinales, dispuestos a desencadenar los vientos que destruyan el mal de la historia; pero de Oriente llega otro mensajero (donde nace el Sol: Dios), que trae la gran noticia, de que antes deben poner un señal en las puertas como sucedió a los israelitas en el momento de la Pascua de Egipto. Estamos, pues, ante una famosa liturgia Pascual, del día del Señor, en la que el autor nos ha querido situar al principio de su obra.

I.2. En el texto se nos quiere hablar de mártires, pero también de todos aquellos que han pasado por la tribulación de la historia, se han lavado en el bautismo, en nombre de Jesucristo, en el misterio Pascual...y están ante el trono de Dios. Las palmas, en la antigüedad, son signo de los vencedores. Y, aunque pudiera centrarse en los que han sido martirizados y han vencido por el martirio, no se puede pensar que todos son mártires. Por eso, más bien se trata de una palma para alabar a Dios y a Cristo que son los auténticos vencedores de la historia. El tema que se propone es el de la salvación (aparece aquí y en Ap 12,10 y 19,1). Se insinúa algo de los Salmos 118,25, 3,9. El sentido es que Dios ha liberado a los hombres del poder del mal, representado en el Imperio, como Satanás y como la gran prostituta en las otras dos citas que hemos mencionado. La victoria, pues, de los hombres y de los mártires pertenece muy especialmente al Cordero, quien ha dado su vida precisamente para que sea vencido el poder de los hombres que engendra el odio y la muerte.

I.3. Pero la “palma” se la lleva el himno que es una confesión de fe: la salvación se debe a Dios y al Cordero. La salvación, la liberación... no dependen de los hombres, sino que es una gracia de Dios que ellos han acogido y se han mantenido fieles a la fuerza salvífica del amor crucificado, de la Pascua. Por eso lo proclaman en la liturgia celeste. Y entonces, toda la asamblea celeste (ángeles, ancianos y vivientes), se prosternan ante Dios y lo adoran cantando: Amen… Bendición y gloria, sabiduría y acción de gracias, honor, poder y fortaleza a nuestro Dios por los siglos de los siglos. Amen (v. 12). Los que han muerto fieles a Dios y a Cristo, bien en el martirio, bien en su fidelidad a la fe cristiana centrada en el misterio Pascual, han pasado por la tribulación de la historia, donde reina el poder del mal. Pero ahora gozan de la fidelidad eterna, aunque hayan pasado por la muerte. Lavar sus vestiduras en la sangre del Cordero es una teología bautismal, también eucarística, inspirada en algunos textos del AT (Ex 19,10.14).

I.4. La muerte y la resurrección de Cristo son el punto clave de la teología del bautismo y de la eucaristía. La imagen que se ha escogido para expresar la felicidad es que están ante el trono: y Dios los cobija en su tienda, la shekiná, la presencia de Dios, como Jn 1,14 había escogido para expresar el misterio de la encarnación. Ahora es cuando se cumple la profecía del Enmanuel verdaderamente, porque Dios estará con los resucitados para siempre. No tendrán más hambre, ni tendrán más sed: expresiones de debilidad, de necesidad; ni caerá sobre ellos el sol, como si estuvieran en el desierto, porque Dios mismo es la razón de su existencia. Y Cristo, el Cordero, será el que apaciente a su pueblo, será pastor siendo Cordero, para llevarlos a las fuentes de agua viva. Efectivamente, los vv. 15-17 son las imágenes escogidas por el autor del Ap para hablar de la vida futura, escatológica, de la victoria sobre la muerte según muchas expresiones que podemos encontrar en los textos del AT (v.g. Is 25, 8) y de la teología joánica (Jn 4,14; 7,38), que son las fuentes de la revelación.

IIª Lectura: Iª de Juan (3,1-3): La imagen de hijos de Dios

II.1. Este texto es una teología sobre la vida cristiana que se representa bajo la imagen y la experiencia de “ser hijos de Dios”. Se trata de una alta teología como corresponde al círculo de las comunidades cristianas de Juan, tanto del evangelio como de las cartas. Y en este marco teológico deberíamos pensar que, precisamente el misterio de la santidad que hoy se celebra hace referencia directa a que lo más importante de la vida cristiana es ser, y no perder, la imagen de hijos de Dios.

II.2. Si el título cristológico más coherente de la teología joánica, justamente, es lo que afecta a la filiación divina de Jesús, también para sus seguidores debe existir una posibilidad de vivir en el ámbito de las relaciones entre el Padre y el Hijo. Por ello se dice que seremos semejantes a Él. Muchos santos ,desconocidos para nosotros, lo son porque han sabido guardar sencillamente la imagen de hijos de Dios en sus vidas. Por eso, la expresión “veremos a Dios tal cual es” viene a ser una de las afirmaciones más teológicas. El misterio de Dios se hará luz y “hijos de Dios” no tendremos miedo de contemplar el “rostro” de Dios, la intimidad de Dios, la misericordia de Dios. Para eso se nos ha creado y para eso hemos nacido. ¡Vivamos con esperanza!

Evangelio: Mateo (5,1-12): Las opciones del Reino

III.1. El evangelio de esta fiesta es ya proverbial; se trata de las bienaventuranzas de Mateo, cuyo texto, además, tiene la solemnidad de una proclamación, sobre un monte (de ahí el Sermón de la Montaña en que está contextualizado), y para toda la multitud, como sería la multitud incontable del texto de Apocalipsis ( primera lectura). Es la carta magna del discipulado, de la vida cristiana, del seguimiento de Jesús, de la salvación futura. Las bienaventuranzas son creativas, no cuantitativas. Son los puntos más determinantes con los cuales Jesús ha pretendido una nueva humanidad, un nuevo pueblo. No se trata de proponer algo exótico, mágico o taumatúrgico, sino algo bien humano. No obstante, es verdad que se plantea un auténtico esfuerzo por conquistar la gloria, la libertad y la paz. Se propone la pobreza que libera el corazón de muchas ataduras, la misericordia que introduce en las relaciones humanas la benevolencia y el perdón, la limpieza de corazón para juzgar y ser juzgados, la lucha por la justicia, porque Dios es justo. Se proclaman bienaventurados por haber elegido lo que el mundo no elige, simplemente porque odia; por haberse decidido por el sentido mejor de la vida. Se trata de una posibilidad de santidad que se debe vivir ya desde ahora, aquí en nuestra historia; no queda para después de que todo haya acabado.

III.2. Se ha insistido mucho en los aspectos literarios y exegéticos de las bienaventuranzas de Mateo (5,1-12) y de Lucas (6,20-22) sobre el tenor original, es decir, aquellas que están más cerca de las palabras de Jesús. Sin duda, todo tiene su sentido, pero quedan muchas preguntas sobre la mesa, porque se permiten diferentes interpretaciones. El texto original que se tomó del texto de Q (sea simplemente Documento o Evangelio como algunos defienden hoy) podría estar bien representado en Lucas, pero no es algo absoluto. Sabemos que las bienaventuranzas tienen un ámbito muy coherente en la literatura sapiencial, la que enseña a vivir, a comportarse, a elegir lo que da o no da sentido a la vida. La propuesta de Jesús, por lo tanto, no está lejos de este contexto sapiencial: con las bienaventuranzas Jesús quiere proclamar el Reino de Dios y quiere enseñar a vivir en ese Reino al que dedica su vida. Son expresiones que nos muestran a un Jesús “profeta escatológico” (no necesariamente apocalíptico), que quería anunciar lo que debería cambiar esta historia.

III.3. Algunos especialistas han hecho una traducción sobre las bienaventuranzas en las que siempre es determinante el verbo “elegir”. Considero que puede ser discutible, pero es esclarecedor. Eso significa que proclamar bienaventurado (makários) a alguien no es porque sí, por su cara bonita, porque es un desgraciado o porque es o ha nacido en esta o aquella situación. En las bienaventuranzas, por su tono sapiencial, son muy importante las opciones: elegir ser pobre y no rico en este mundo; elegir la justicia y no otra cosa; elegir la paz. Aquí están representados los valores del reino, los valores de la vida ante Dios. Esto, independientemente de las bienaventuranzas auténticas de Jesús o las añadidas por la tradición catequética de la comunidad de Mateo. Es verdad que el término “elegir” no está en el texto, pero lo implica necesariamente. ¿Por qué? Porque no se trata de una proclamación sin contar con la voluntad soberana del hombre que vive y hace la historia.
III.4. Un factor muy importante de lectura e interpretación sería hacer el intento de traducir a un lenguaje de hoy el texto de las bienaventuranzas; teniendo en cuenta ese sentido sapiencial del que hemos hablado y esa “opción” o “elección” que hemos planteado como necesaria. Debemos conservar las palabras del evangelio, de Mateo o de Lucas, si es posible en su tenor y en su sentido original. Pero hoy debemos enriquecer nuestra comprensión de las mismas con el “espíritu” que emana de ellas. Es como cuando hemos vivido y atravesado un puente romano durante todo la vida, pero ahora, sin destruir ese puente, porque la ciudad ha crecido, hacemos uno nuevo, con tecnología punta. Subsisten los dos, pero quizás por el romano no pueden pasar todos los vehículos pesados de hoy. Los limpios de corazón, por ejemplo, son dichosos porque están abiertos a los demás y los valoran como hijos de Dios. Es decir, seamos creativos y proféticos al interpretar las bienaventuranzas del Reino. (Fray Miguel de Burgos Núñez O. P.).


domingo, 30 de octubre de 2016

DOMINGO 31º DEL TIEMPO ORDINARIO


“Hoy ha llegado la salvación a esta casa”

Cada domingo, como comunidad cristiana, venimos a encontrarnos con Jesús. De ese encuentro ha da salir la conversión que, poco a poco, vaya sacando de nosotros lo mejor que en nosotros hay y que se ve anegado, muchas veces, por todo un mundo superficial y materialista.

El pasaje de Zaqueo nos invita a pensar de qué cosas nos sentimos ricos e importantes y, sin embargo, nos hacen pequeños ante Dios y nos impiden ver al Jesús que pasa cerca de nosotros ofreciéndonos la salvación.

DIOS NOS HABLA. ESCUCHAMOS SU PALABRA.

I LECTURA

El sabio debe comenzar su acto de asombro considerando su pobreza y la grandeza de Dios. Desde esta verdad más profunda, podrá luego reflexionar, meditar y contemplar el resto de las cuestiones, que según este texto serán el perdón, el amor, la providencia, y la fe.

Lectura del libro de la Sabiduría 11, 22—12, 2

Señor, el mundo entero es delante de ti como un grano de polvo que apenas inclina la balanza, como una gota de rocío matinal que cae sobre la tierra. Tú te compadeces de todos, porque todo lo puedes, y apartas los ojos de los pecados de los hombres para que ellos se conviertan. Tú amas todo lo que existe y no aborreces nada de lo que has hecho, porque si hubieras odiado algo, no lo habrías creado. ¿Cómo podría subsistir una cosa si tú no quisieras? ¿Cómo se conservaría si no la hubieras llamado? Pero tú eres indulgente con todos, ya que todo es tuyo, Señor que amas la vida, porque tu espíritu incorruptible está en todas las cosas. Por eso reprendes poco a poco a los que caen, y los amonestas recordándoles sus pecados, para que se aparten del mal y crean en ti, Señor.
Palabra de Dios.

Salmo 144, 1-2. 8-11. 13c-14

R. Bendeciré al Señor siempre y en todo lugar.

Te alabaré, Dios mío, a ti, el único Rey, y bendeciré tu Nombre eternamente; día tras día te bendeciré, y alabaré tu Nombre sin cesar. R.

El Señor es bondadoso y compasivo, lento para enojarse y de gran misericordia; el Señor es bueno con todos y tiene compasión de todas sus criaturas. R.

Que todas tus obras te den gracias, Señor, y tus fieles te bendigan; que anuncien la gloria de tu reino y proclamen tu poder. R.

El Señor es fiel en todas sus palabras y bondadoso en todas sus acciones. El Señor sostiene a los que caen y endereza a los que están encorvados. R.

II LECTURA

Ser considerados por Dios dignos de la vocación significa que hemos sido fieles a la vida a la cual el Señor nos ha llamado. Esta fidelidad se vive en cada momento de la vida, y en cada opción que vamos haciendo.

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Tesalónica 1, 11—2, 2

Hermanos: Rogamos constantemente por ustedes a fin de que Dios los haga dignos de su llamado, y lleve a término en ustedes, con su poder, todo buen propósito y toda acción inspirada en la fe. Así el Nombre del Señor Jesús será glorificado en ustedes, y ustedes en él, conforme a la gracia de nuestro Dios y del Señor Jesucristo. Acerca de la Venida de nuestro Señor Jesucristo y de nuestra reunión con él, les rogamos, hermanos, que no se dejen perturbar fácilmente ni se alarmen, sea por anuncios proféticos, o por palabras o cartas atribuidas a nosotros, que hacen creer que el Día del Señor ya ha llegado.
Palabra de Dios.

ALELUYA        Jn 3, 16

Aleluya. Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único; todo el que cree en él tiene Vida eterna. Aleluya.

EVANGELIO

 “Cuando entra Jesús al corazón de un hombre, este entra en la dinámica de Dios, que es el Don. Cuando entra Jesús en el corazón no podemos hacer otra cosa que ser nosotros mismos, darnos, ser imagen y semejanza de Dios. Cuando Jesús entra en el corazón, uno aprende a dar y cuando se hace don, es feliz”.

✜ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 19, 1-10

Jesús entró en Jericó y atravesaba la ciudad. Allí vivía un hombre muy rico llamado Zaqueo, que era jefe de los publicanos. Él quería ver quién era Jesús, pero no podía a causa de la multitud, porque era de baja estatura. Entonces se adelantó y subió a un sicómoro para poder verlo, porque iba a pasar por allí. Al llegar a ese lugar, Jesús miró hacia arriba y le dijo: “Zaqueo, baja pronto, porque hoy tengo que alojarme en tu casa”. Zaqueo bajó rápidamente y lo recibió con alegría. Al ver esto, todos murmuraban, diciendo: “Se ha ido a alojar en casa de un pecador”. Pero Zaqueo dijo resueltamente al Señor: “Señor, yo doy la mitad de mis bienes a los pobres, y si he perjudicado a alguien, le doy cuatro veces más”. Y Jesús le dijo: “Hoy ha llegado la salvación a esta casa, ya que también este hombre es un hijo de Abraham, porque el Hijo del hombre vino a buscar y a salvar lo que estaba perdido”.
Palabra del Señor.

MEDITAMOS LA PALABRA DE DIOS.

Evangelio: el libro de los encuentros con Jesús

Alguien ha definido los evangelios como una historia de salvación a través del encuentro con Jesús. Jesús trae un mensaje de salvación para todos y en la predicación de ese mensaje se va topando con distintas personas. Unas reaccionan acercándose a él, aceptando su mensaje y dejándose transformar por él; por eso deciden seguirle. Otras lo escuchan con curiosidad, pero se mantienen indiferentes, sus vidas no cambian. Otras se revuelven ante su mensaje porque, o no lo comprenden, o temen perder la situación privilegiada en que viven. Se convierten en sus enemigos. Es por lo que lo atacan y tienden constantemente celadas para poder sorprenderlo en alguna contradicción y tener motivos que justifiquen su oposición. Él, sin embargo, sigue su camino anunciando a todos la salvación, sin presionar ni forzar a sus oyentes. Lo hace porque él ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido.

Zaqueo y el desconocimiento de uno mismo

Hoy recordamos uno de esos encuentros salvadores. Los protagonistas son, por una parte Jesús, deseoso de rescatar a alguien que está perdido, alguien considerado pecador por aquella sociedad y, al mismo tiempo despreciado por colaborador de Roma. Por otra parte Zaqueo, alguien deseoso de conocer a Jesús, pero, seguramente, convencido de que no puede acceder directamente a Él. Seguramente teme encontrarse directamente con Jesús, él pecador y alejado de ese círculo de gente sencilla y cumplidora. Por eso se sube a un árbol desde donde contemplarlo a distancia, sin tener que afrontar una situación delicada para él.

Parece que a Jesús no le pasa inadvertida su actitud y, frente a la postura de desprecio de los demás, Él se acerca y se autoinvita a comer en su casa. Y es en esa comida donde tiene lugar el encuentro en profundidad con Jesús y es lo que ocasiona la conversión de Zaqueo. Ignoramos cuál fue el tema de conversación de aquella comida, pero sí conocemos los frutos de la misma. Jesús habló y Zaqueo se dejó interpelar por sus palabras. El fruto de aquella conversación es que Zaqueo pudo, tras ello, sacar lo mejor de sí mismo: donde había injusticia, fraude y egoísmo, van emergiendo justicia, reparación y generosidad sobreabundante.

Es bueno observar que la reacción de Zaqueo se centra fundamentalmente en aquellas cosas que hacen referencia a los demás. “La mitad de mis bienes se la doy a los pobres y si de alguno me he aprovechado, les restituiré cuatro veces más”.

 “Hoy ha llegado la salvación a esta casa”

Como dice Jesús, en respuesta al arrepentimiento y la conversión de Zaqueo, “hoy ha llegado la salvación a esta casa”. La salvación que ofrece Jesús no surge automáticamente; comienza por descubrir nuestra verdad más profunda. El contacto con Jesús nos acerca a lo que realmente somos. Es lo que nos facilita llegar a ser el que realmente somos. Sólo tras el encuentro con Jesús, Zaqueo empieza a ser él mismo. Jesús con su presencia ha rescatado al que, sí, estaba perdido, pero que era también hijo de Abraham.

Cada domingo, como comunidad cristiana, venimos a encontrarnos con Jesús. De ese encuentro ha da salir la conversión que, poco a poco, vaya sacando de nosotros lo mejor que en nosotros hay y que se ve anegado, muchas veces, por todo un mundo superficial y materialista.

¿Cuáles son nuestras riquezas?

El pasaje de Zaqueo nos invita a pensar de qué cosas nos sentimos ricos e importantes y, sin embargo, nos hacen pequeños ante Dios y nos impiden ver al Jesús que pasa cerca de nosotros ofreciéndonos la salvación. Los Padres de la Iglesia insisten en que, frecuentemente, no es el aliciente del mal al que estamos acostumbrados o la oposición que encontramos lo que nos impide comenzar una nueva vida; es el miedo al ridículo. Localizar esas realidades nos pueden ayudar a dar el primer paso para una conversión real. Ser conscientes de esas ataduras y de nuestra pequeñez es el mejor modo de hacer que el encuentro con Él sea fructífero. Es el camino que nos puede llevar a la gracia de acogerlo en nuestra casa y dejar que nos hable al corazón. Jesús trae la salvación, nos libera de nuestras esclavitudes, saca de nosotros lo mejor de nosotros mismos, nos descubre lo que realmente somos y lo que estamos llamados a ser: hijos de Dios.

 Nuestra salvación: Encontrarnos con Jesús

Pablo nos avisa hoy de que no nos calentemos la cabeza con supuestas revelaciones acerca del fin del mundo. Entonces, como hoy, hay quienes andan preocupados por venidas divinas terribles, llenas de amenazas y castigos por nuestros pecados, pero eso es algo que tiene poco que ver con el Dios compasivo que “cierra los ojos a los pecados de los hombres”, que no ha venido a condenar sino a salvar y a buscar lo que estaba perdido.

Por eso, la venida que nos debe interesar ante todo es este “pasar” cotidiano de Jesús a través de nuestra ciudad, de nuestra vida, siendo conscientes de que quiere encontrarse con nosotros y autoinvitarse a nuestra casa. Se trata de un encuentro que nos llama a iniciar un camino, una vocación que hemos de ir realizando día a día, pidiendo en la oración cotidiana, en la conversación con el Cristo que habla sentado a nuestra mesa. Solo el paso de Jesús por nuestra vida podrá transformar nuestra existencia y nos dará la fuerza para que, como en el caso de Zaqueo, no se quede sólo en buenos deseos, sino que nos lleve a dar frutos de buenas obras, mirando, sobre todo, a nuestra relación con los demás.

ESTUDIO BÍBLICO.

Todos están llamados a la salvación

Iª Lectura: Sabiduría (11,23–12,2): La bondad del ser creado

I.1. Hermoso texto del libro de la Sabiduría. Hermosa reflexión y plegaria a la vez que canta la grandeza de Dios en la creación como misterio de su “sabiduría”. Lo creado tiene sentido, no solamente porque sale de las manos de Dios, sino porque es bueno y tiene un sentido positivo. Es verdad que el texto viene a culminar un repaso a la historia del pecado de Egipto que tuvo en sus manos al pueblo elegido. Dios podía haber reducido a la “nada” a ese pueblo. Pero no fue así. El autor, probablemente escribe en Alejandría y ve todavía la grandeza de ese pueblo, aunque ahora en manos helenistas.

I.2. Por eso el final de este capítulo impresiona: Dios no puede destruir nada que haya creado con su poder. Se refiere al pueblo, a la humanidad, a los hombres, a las personas. Dios, el Dios de la Sabiduría, no puede destruir a nadie para triunfar Él; aunque se le haya presentado así muchas veces. Este texto respira sabiduría religiosa y contempla cómo todo tiene un sentido y cómo de la mano de Dios también salen las oportunidades para cambiar, para ser otras personas, para emprender un camino nuevo. El mundo vive de la mano de Dios y el hombre, de cualquier raza o religión, es un canto a la dignidad que cada uno lleva en su corazón. Por eso la religión debe ser lumbrera cuando se asoma a la interioridad de la persona, porque en esa interioridad es donde habita el “espíritu”, la “sabiduría” –que sería lo mismo-, de Dios.

IIª Lectura: 2ª Tesalonicenses (1,11–2,2): La vocación cristiana no debe ser la apocalíptica

II.1. La II Tes es una carta sobre la que existen verdaderas dudas de su autenticidad paulina. Esta opinión está cada día más extendida. Son numerosas las muestras literarias e incluso el sentido pastoral de la misma. Se piensa que los discípulos de Pablo se vieron en la obligación de escribir a una comunidad que estaba pasando una verdadera crisis de identidad. Y especialmente turbada por cuestiones escatológicas sobre la venida del Hijo del hombre o del fin del mundo. Pablo había abordado el tema escatológico en su primera carta (1Tes 4,15ss), tal como la suerte de los difuntos. Esto incrementó en alguna comunidad una crisis y un deseo por fijar cuándo y cómo acabará todo.

II.2. La referencia a “revelaciones” o a un supuesto escrito de Pablo debe interpretarse con verdadero cuidado. Es verdad que es eso lo que se intenta corregir, y todavía muchos autores piensan que Pablo mismo sale al paso de una falsa interpretación de sus palabras. Sobre ello habría mucho que decir, pero no es el momento. Pablo, de alguna manera, se vio envuelto también en esa tensión escatológica de los primeros años cristianos. E incluso esperó la pronta venida del Señor. Pero él mismo tuvo que centrarse en otras cosas y poco a poco fue precisando su pensamiento sobre estas cuestiones que apasionaba a las mentes apocalípticas. Lo que a Pablo le interesaba, de verdad, es la vocación cristiana, la suya y la de todos aquellos que aceptaban al Señor como el verdadero salvador. Es eso lo que se pone de manifiesto en los versos finales de 2Tes 1, y que corresponden a nuestra lectura.

Evangelio: Lucas (19,1-10): El Reino exige un pacto de justicia

III.1. El relato de Zaqueo es otro de esos episodios de Lucas que no tiene desperdicio. Es tan logrado, a todos los niveles, que habría que leerlo varias veces y cada una de ellas nos encontraríamos con matices que podría dar para una reflexión. No es un relato histórico. simplemente porque Jesús “tenía” que pasar por allí para ir a Jerusalén. Pero el que sea en la frontera de esta ciudad milenaria es un marco digno de consideración, porque la salvación llega hasta los confines de la tierra. Se enfrentan dos personajes… pero no solamente eso. También hay gente que está a la expectativa de qué hará Jesús. Aunque Jesús parece que no hace nada más que invitarse a casa de un “pecador”, tendrá la última palabra. Con esto está dicho todo. Zaqueo es un pecador para los puritanos, para los de religión legal. Para Jesús, y sin duda para Lucas, es un “rico”. Pero ¿también de los ricos es el Reino de los cielos? He aquí la gran cuestión de este episodio. Si los ricos renuncian a ello (dando la mitad de los bienes a los pobres y haciéndose como la gran mayoría de la gente) entonces sí.

III.2. Los bienpensantes de siempre especulaban que si Jesús entraba a casa de un publican, se contaminaba, ya que los publicanos trataban con las autoridades romanas que les concedían los privilegios de recolectores de impuestos. Pero para Lucas Jesús va buscando el verdadero “pecado”: haber acumulado riquezas y poder a costa de los otros. Y es eso lo que debe cambiar Zaqueo. No tiene por qué renunciar a ser colector de impuestos, ni a tratar con los paganos, los romanos, sino a no hacerse poderoso con las riquezas injustas. El tema es muy querido para Lucas, como sabemos. Y eso, sin duda, porque en su comunidad debía ser una cuestión puesta sobre la mesa de cómo se puede ser un buen seguidor de Jesús en este mundo donde hay riquezas y todo lo que ello conlleva.

III. 3. El narrador de este episodio nos muestra su maestría literaria, pero la instancia narrativa va mucho más allá de lo que podíamos esperar. El que ponga en labios de Jesús elementos que son muy característicos de su teología centra con precisión las perspectivas globales de su obra evangélica: mostrar a Jesús como profeta y salvador. El que seleccione sus informaciones es un indicio de buen narrador; insinúa las cosas y aunque no describa la psicología teológica de la conversión de Zaqueo no significa que no haya llegado hasta el fondo de las cosas: está, justamente, en la decisión de dar la mitad a los pobres. Esto no es signo de liberalidad solamente, sino de justicia. No pretende Lucas presentar a Zaqueo simplemente como un hombre desprendido o magnánimo (porque antes del encuentro con Jesús no lo había sido), sino como un convertido a la causa del Reino. También aquí las insinuaciones se transparentan: en la casa han hablado a fondo Jesús y Zaqueo, porque que rían conocerse mutuamente. Esta es, pues, una propuesta para los ricos (no para dirigirlos espiritualmente), aunque la conversión también se apoya, y mucho, en la magnanimidad, precisamente la que no muestran los con­troladores ortodoxos de los pecadores. Es un relato de grandes iniciativas: Zaqueo que quiere conocer a Jesús; Jesús que busca a Zaqueo; Zaqueo que renuncia a ser rico (sic: porque no de otra manera se ha de entender ofrecer la mitad de los bienes a los pobres, y restituir la injusticia) y, finalmente, Jesús (y desde luego Lucas está detrás), que le muestra que ese es el camino de la salvación.

III. 4. En el texto, los ricos y los poderosos se sienten aludidos hic et nunc. Y sabemos que Lucas quiere reconciliar a gente rica y poderosa con el mensaje cristiano y con las exigencias del Reino desde algo que esté de acuerdo con la exigencia social propia de su situación. El sentido práctico de lo que pide no puede obviarse con interpretaciones o escapatorias que no lleven a una praxis determinada. Lucas lo ha dejado bien sentado en su obra: la riqueza es muy peligrosa para vivir en cristiano, por injusta, como en el caso de Zaqueo, y porque los pobres no podrán nunca salir de su condición si no cambian las situaciones sociales, o mejor dicho, si los ricos no invierten «la mitad» de sus riquezas en los pobres. Esa es la forma en que los ricos se convierten y la manera en que hacen justicia con los que no conocen ya después de haberles exaccionado. Eso significa, asimismo, que Lucas mantiene un debate crítico con los ricos: su afán de dinero (philargyría) y su codicia (pleonexía), como le sucede a los fariseos (Lc 16,14), es la causa de su pecado, no el que traten con paganos y pecadores; de ahí que su con versión está adecuada a la de un hombre rico, porque cada uno debe tener la suya, según su historia y el sentido de su vida.

III. 5. Es una propuesta a nivel de la comunidad, o de personas concretas, de la que hay que extraer consecuencias inmediatas de alcance social; a posteriori debe tener reflejo en la sociedad que nos ha tocado vivir en el mundo de hoy, como es en el caso de los pueblos del Tercer Mundo y de su deuda externa frente a los países ricos y poderosos. Lucas debe tener claro que en la comunidad cristiana no puede haber desequilibrios y que los ricos y pudientes de ben compartir sus bienes como una exigencia de conversión verdadera. Esto significa, pues, que cuando Lucas se propone describir el tiempo nuevo como un tiempo de salvación, en esta historia, esa salvación se hace efectiva para él, para aquella casa, para aquella familia o para aquella comunidad, por la praxis de la justicia como ética de verdadera solidaridad. (Fray Miguel de Burgos Núñez, O. P.).





domingo, 23 de octubre de 2016

DOMINGO 30º DEL TIEMPO ORDINARIO


“El que se enaltece será humillado”

Aunque pueda parecer una cuestión redundante a veces los cristianos tenemos que preguntarnos a qué se debe nuestra necesidad de Dios; para qué necesitamos Dios. Podemos actuar como si opinásemos que es simplemente un juez que dictamina lo que está bien y lo que está mal y por ello que con nuestras propias fuerzas podemos llegar a la salvación. O podemos reflexionar sobre la necesidad viva de su Gracia paternal que nos purifica y nos perdona, regenerándonos y dándonos una nueva vida. Si pensamos la primera opción nos situaremos frente a Él como el fariseo que rinde cuenta de sus virtudes, tranquilo y orgulloso por ser todas ellas excelentes. Si vivimos la segunda dejaremos nuestra vida abierta al silencio sanador de su persona como el publicano, y esperaremos que su acción en nuestro silencio nos justifique y llene de sentido.

DIOS NOS HABLA. ESCUCHAMOS SU PALABRA.

I LECTURA

El sabio considera que la imparcialidad de Dios se juega, justamente, en escuchar al pobre. Es que no escucharlo es practicar una justicia parcial, torcida, y contra los derechos de todos.

Lectura del libro del Eclesiástico 35, 12-14. 16-18

El Señor es juez y no hace distinción de personas: no se muestra parcial contra el pobre y escucha la súplica del oprimido; no desoye la plegaria del huérfano, ni a la viuda, cuando expone su queja. El que rinde el culto que agrada al Señor, es aceptado, y su plegaria llega hasta las nubes. La súplica del humilde atraviesa las nubes y mientras no llega a su destino, él no se consuela: no desiste hasta que el Altísimo interviene, para juzgar a los justos y hacerles justicia.
Palabra de Dios.

Salmo 33- 2-3. 17-19. 23

R. El pobre invocó al Señor, y él lo escuchó.

Bendeciré al Señor en todo tiempo, su alabanza estará siempre en mis labios. Mi alma se gloría en el Señor: que lo oigan los humildes y se alegren. R.

El Señor rechaza a los que hacen el mal para borrar su recuerdo de la tierra. Cuando los justos claman, el Señor los escucha y los libra de todas sus angustias. R.

El Señor está cerca del que sufre y salva a los que están abatidos. El Señor rescata a sus servidores, y los que se refugian en él no serán castigados. R.

II LECTURA

San Pablo considera que su búsqueda de Dios ha sido una carrera. Usando imágenes de las competencias de entonces, él se ha estado preparando para este momento. Ha llegado a la meta, es decir, al final de su vida, y su fe está firme.

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo 4, 6-8. 16-18

Querido hijo: Ya estoy a punto de ser derramado como una libación, y el momento de mi partida se aproxima: he peleado hasta el fin el buen combate, concluí mi carrera, conservé la fe. Y ya está preparada para mí la corona de justicia, que el Señor, como justo Juez, me dará en ese Día, y no solamente a mí, sino a todos los que hayan aguardado con amor su manifestación. Cuando hice mi primera defensa, nadie me acompañó, sino que todos me abandonaron. ¡Ojalá que no les sea tenido en cuenta! Pero el Señor estuvo a mi lado, dándome fuerzas, para que el mensaje fuera proclamado por mi intermedio y llegara a oídos de todos los paganos. Así fui librado de la boca del león. El Señor me librará de todo mal y me preservará hasta que entre en su Reino celestial. ¡A él sea la gloria por los siglos de los siglos! Amén.
Palabra de Dios.

Aleluya        2Cor 5, 19

Aleluya. Dios estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo, confiándonos la palabra de la reconciliación. Aleluya.

EVANGELIO

“Jesús enfrentó esa forma de espiritualidad equivocada que coloca sobre la conciencia de las personas sentimientos insoportables de culpa por no alcanzar metas excesivamente altas. Esa forma de comprender las Escrituras es un verdadero obstáculo a la vida que procede del Evangelio, cuyo núcleo central es la liberación de todas las personas.”

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 18, 9-14

Refiriéndose a algunos que se tenían por justos y despreciaban a los demás, Jesús dijo esta parábola: Dos hombres subieron al Templo para orar; uno era fariseo y el otro, publicano. El fariseo, de pie, oraba así: “Dios mío, te doy gracias porque no soy como los demás hombres, que son ladrones, injustos y adúlteros; ni tampoco como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago la décima parte de todas mis entradas”. En cambio el publicano, manteniéndose a distancia, no se animaba siquiera a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: “¡Dios mío, ten piedad de mí, que soy un pecador!”. Les aseguro que este último volvió a su casa justificado, pero no el primero. Porque todo el que se eleva será humillado, y el que se humilla será elevado.
Palabra del Señor.

MEDITAMOS LA PALABRA DE DIOS.

El Señor es un Dios justo que no desoye a la viuda cuando repite su queja.

La primera lectura del Evangelio de esta semana enlaza con las lecturas que se proclamaron el domingo anterior. Vuelven a aparecer la figura del juez, dibujado por la exaltación de la virtud de la justicia divina, y de la viuda insistente que es finalmente escuchada. Dios juez y viuda desamparada son dos figuras típicas de la Biblia, quizás porque una encarna uno de los atributos divinos por antonomasia y la otra el nivel más grande de desvalimiento para un israelita. Sin embargo es interesante ver en que ámbito semántico se mueve esta virtud de la justicia en la lectura de hoy. Ser justo en Dios se relaciona con la escucha y la atención. Dios escucha, atiende y hace justicia al pobre. Toda una lección para muchos hombres que no escuchamos, atendemos poco y hacemos parva justicia especialmente con los pobres.

"Ahora me aguarda la corona merecida con la que el Señor juez justo me premiará aquel día"

Las palabras de despedida de Pablo a Timoteo son uno de los testimonios de fe más conmovedores de sus epístolas. El apóstol con dos símiles muestra cómo ha entendido su vida en Cristo: ha combatido el combate y ha corrido hasta la meta. En definitiva ha luchado por lo que creía y ha recorrido un camino de fe duro y lleno de dificultades. Y lo importante es el final de todo ello, el poder recibir la corona del juez justo. En las guerras y competiciones sólo uno recibía la corona pero en la vida en Cristo son todos los que le siguen fielmente los que reciben la corona. Lo importante no es ya quién llega el primero sino saber el por qué de la carrera, el por quién corremos y a quien encontraremos en la meta. La meta no es un final sino un encuentro, una persona y una coronación; sobreabundancia de todas nuestras expectativas. Sólo así podemos entender como el apóstol finaliza su mensaje. Cuando el hombre va a morir por su amor al crucificado no mira su gloria sino la de Cristo. Cuando la gloria del hombre llega a su fin es cuando proclama la eternidad de la gloria de Dios. La gloria del hombre es así la alabanza eterna de Dios.

"Porque todo el que se enaltece será humillado y el que se humilla será enaltecido"

Jesús utiliza esta parábola para enseñar a todos los que le escuchan cuál es la oración grata a Dios, cuál es la oración que Dios escucha y por ello cuál la que consigue la justificación y la sanación del hombre. Jesús muestra estos dos personajes tan diversos y contrastados para hacer captar al oyente por sí sólo su enseñanza. Puede ser que en nuestra vida no nos encontremos con situaciones tan extremas pero sí que en muchos momentos seamos bastante parecidos al fariseo erguido y en demasiadas pocas ocasiones similares al publicano contrito.

La gran diferencia entre ambos es que uno no necesita más que a sí mismo y el otro sólo busca la misericordia de Dios. El fariseo repasa sus méritos, los describe, los numera y así se contempla a sí mismo intachable ante el creador. Puede hacerlo en el templo o en su casa sólo, el lugar sacro es lo de menos. Al no postrarse físicamente ante Dios deja claro que no necesita de su acción, que no ve su vida como necesitada de su misericordia. El publicano abre su vida a Dios, a su misericordia. No expone sus méritos sino que deja espacio a Dios para que actúe. Abre su vida vacía al creador para que se llene de su acción regeneradora. La gloria del fariseo es su vida presente mientras que la gloria del publicano es la futura por la acción de Dios. La acción de gracias del fariseo no deja de ser un ejercicio de autocomplacencia donde Dios no tiene espacio, mientras que la petición de misericordia del publicano es el silencio del hombre ante su creador que implora la eficacia de su perdón. La humillación del publicano deja a Dios ser Dios mientras que la soberbia del fariseo simplemente expresa su no necesidad de misericordia. Por ello la gloria de la justificación de Dios se hace eficaz en quien como la viuda lo pide y no puede hacerse presente en quien como el fariseo la ignora.

ESTUDIO BÍBLICO.

Iª Lectura: Eclesiástico (35,12-14.16-18): El culto que agrada a Dios

El texto del Eclesiástico, o Sirácida, se enmarca originariamente en la descripción de la verdadera religión. Se pretende poner de manifiesto la relación estrecha que debe haber entre el culto y la vida moral. Por ello aparece, por una parte, la relación entre justicia y plegaria; de ahí que en primer lugar se hable de la rectitud y la justicia del Señor que se preocupa de los pobres y los débiles, de los humildes e indefensos. Y es después cuando se ensalza la plegaria perseverante de quien se siente pobre delante de Dios, de quien necesita de Él por encima de todas las cosas. Pero ¿hay alguien que no necesita de su misericordia y bondad? Dios no tiene preferencias de personas, aunque se preocupe especialmente de los indefensos, y el culto que le agrada debe estar en sintonía con la voluntad sincera de conversión.

IIª Lectura: IIª Timoteo (4,6-8.16-18): La victoria del evangelio

II.1. Leemos el texto de la IIª Timoteo en que el autor, como si fuera el mismo Pablo, se nos presenta en los últimos días de su vida, antes del martirio, sintiéndose abandonado de casi todos, pero no está solo: el Señor le acompaña. Es uno de los textos más elocuentes y bellos del epistolario paulino. La tradición es segura en cuanto al martirio del Apóstol de los gentiles, y aquí es descrita como una experiencia martirial. Es como un examen de conciencia evangélico lo que podemos escuchar y meditar en este domingo, que se proyecta elocuentemente en una dimensión sacramental de la vida cristiana, que debe ser una vida verdaderamente apostólica.

II.2. Con metáforas e imágenes desbordantes se habla de la muerte como la victoria del evangelio. Se percibe claramente que la muerte del Apóstol no es el final; como tampoco es para nosotros nuestra muerte. Su vida ha sido como una carrera larga, competitiva, por una corona, la de la justicia, que Dios otorga a los que se mantienen fieles. Por otra parte, los elementos autobiográficos de que se encuentra abandonado y en disposición de ser juzgado, son también parte de esa lucha hasta el final de quien ha hecho una opción por el evangelio con todas sus consecuencias. No le preocupa su autodefensa, sino que el evangelio sea conocido en todas partes.

Evangelio: Lucas (18,9-14): La verdadera religión según Jesús

III.1. El texto del evangelio es una de esas piezas maestras que Lucas nos ofrece en su obra. Es bien conocida por todos esta narración ejemplar (no es propiamente una parábola) del fariseo y el publicano que subieron al templo a orar. No olvidemos el v. 9, muy probablemente obra del redactor, Lucas, para poder entender esta narración: “aquellos que se consideran justos y desprecian a los demás”. Los dos polos de la narración son muy opuestos: un fariseo y un publicano. Es un ejemplo típico de estas narraciones ejemplares en las que se usan dos personajes: el modelo y el anti-modelo. Uno es un ejemplo de religiosidad judía y el otro un ejemplo de perversión para la tradiciones religiosas de su pueblo, sencillamente porque ejerce una de las profesiones malditas de la religión de Israel (colector de impuestos) y se “veía obligado” a tratar con paganos. Es verdad que era un oficio voluntario, pero no por ello perverso. Las actitudes de esta narración “intencionada” saltan a la vista: el fariseo está “de pie” orando; el publicano, alejado, humillado hasta el punto de no atreverse a levantar sus ojos. El fariseo invoca a Dios y da gracias de cómo es; el publicano invoca a Dios y pide misericordia y piedad. El escenario, pues, y la semiótica de los signos y actitudes están a la vista de todos.

III.2. Lo que para Lucas proclama Jesús delante de los que le escuchan es tan revolucionario que necesariamente debía llevarle a la muerte y, sin embargo, hasta un niño estaría de parte de Jesús, porque no es razonable que el fariseo “excomulgue” a su compañero de plegaria. Pero la ceguera religiosa es a veces tan dura, que lo bueno es siempre malo para algunos y lo malo es siempre bueno. Lo bueno es lo que ellos hacen; lo malo lo que hacen los otros. ¿Por qué? Porque la religión del fariseo se fundamenta en una seguridad viciada y se hace monólogo de uno mismo. Es una patología subjetiva envuelta en el celofán de lo religioso desde donde ve a Dios y a los otros como uno quiere verlos y no como son en verdad. En realidad solamente se está viendo a sí mismo. Esto es más frecuente de lo que pensamos. Por el contrario, el publicano tendrá un verdadero diálogo con Dios, un diálogo personal donde descubre su “necesidad” perentoria y donde Dios se deja descubrir desde lo mejor que ofrece al hombre. El fariseo, claramente, le está pasando factura a Dios. Esto es patente y esa es la razón de su religiosidad. El publicano, por el contrario, pide humildemente a Dios su factura para pagarla. El fariseo no quiere pagar factura porque considera que ya lo ha hecho con los “diezmos y primicias” y ayunos, precisamente lo que Dios no tiene en cuenta o no necesita. Eso se han inventado como sucedáneo de la verdadera religiosidad del corazón.

III.3. El fariseo, en vez de confrontarse con Dios y con él mismo, se confronta con el pecador; aquí hay un su vicio religioso radical. El pecador que está al fondo y no se atreve a levantar sus ojos, se confronta con Dios y consigo mismo y ahí está la explicación de por qué Jesús está más cerca de él que del fariseo. El pecador ha sabido entender a Dios como misericordia y como bondad. El fariseo, por el contrario, nunca ha entendido a Dios humana y rectamente. Éste extrae de su propia justicia la razón de su salvación y de su felicidad; el publicano solamente se fía del amor y de la misericordia de Dios. El fariseo, que no sabe encontrar a Dios, tampoco sabe encontrar a su prójimo porque nunca cambiará en sus juicios negativos sobre él. El publicano, por el contrario, no tiene nada contra el que se considera justo, porque ha encontrado en Dios muchas razones para pensar bien de todos. El fariseo ha hecho del vicio virtud; el publicano ha hecho de la religión una necesidad de curación verdadera. Solamente dice una oración, en muy pocas palabras: “ten piedad de mí porque soy un pecador”. La retahíla de cosas que el fariseo pronuncia en su plegaria han dejado su oración en un vacío y son el reflejo de una religión que no une con Dios. (Fray Miguel de Burgos Núñez, O. P.).